domingo, 14 de diciembre de 2014

Delicioso Martirio en el Echegaray


Con sus gafas de sol y su peineta, y un precioso vestido-túnica sencillo, y por supuesto, con su voz, llenó el escenario del Echegaray.
"Sólo" acompañada por Raúl Rodríguez a la guitarra y una mesa camilla con una botellita de agua y una esponjita para el sudor.
Y se nos comió el alma.
En algo menos de 2 horas que supieron a poco (por mí hubiera estado 12 horas escuchándola), nos hizo reír, estremecer, llorar de emoción y llorar de risa.
Una montaña rusa emocional musicada.

Era la primera vez que veía a Martirio en directo, a pesar de que llevo muchos años admirándola. Espero que no sea la última, porque ha sido uno de los mejores conciertos de mi vida.

La excusa para dar el concierto era "presentación" de su último disco, "De un mundo raro. Cantes por Chavela", que salió el año pasado. Lo compré el mismo día que salió a la venta, y en cuanto llegó a casa, lo puse. Y me hizo estremecer.
Si con esa primera escucha ya me emocioné, ayer, en el teatro, sentí durante el repertorio del disco lo mismo que esa primera vez pero multiplicado por mil.
Pero aparte de cantar por Chavela cantó por Sabina, por Concha Piquer, por Martirio (desde luego) y hasta la Bien pagá en inglés. Y entre canción y canción nos habló, nos contó, nos hizo reír con sus divertidas ocurrencias y explicaciones.

Martirio suda arte.
Cualquiera, por buena voz y años de conservatorio que tenga, se pondría en ridículo si se atreviera con ese repertorio. Pero ella no. Ella hace que te metas en la canción, en la melodía, en la historia. Juega con tus emociones como un reo. Cada uno de sus conciertos es comparable a una exposición en un museo, pero para los oídos. Alimenta el alma.
Y es que no vale con saber cantar, con tener bonita voz. Tienes que tener ESE arte.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Conocer al autor / Sangre de mi sangre

Me ha ocurrido en varias ocasiones: tras leer algún libro autobiográfico o de opinión de algún autor de ficción que me encantaba, le he terminado cogiendo tirria. Y la lectura de sus novelas no me ha vuelto a resultar tan placentera.
Es como si ese acercamiento a su intimidad rompiera una frontera y permitiera pasar justamente lo que menos me gusta del escritor.

Las veces que he buscado este tipo de lectura ha sido intentando escarbar en ese mundo interior del que salió una (o mil) historia que me fascinó o incluso, por qué no, intentando establecer alguna similitud con el mío, para no perder la esperanza de parir, alguna vez, una historia tan maravillosa como la que me haya encandilado.

Por supuesto, con autores más modestos a los que he conocido en persona, ha ocurrido lo mismo: al leer sus libros oía su voz narrando, le veía frente a mí. Y por bien que me caiga a nivel personal, no puedo disfrutar de sus novelas como lo haría si la hubiera escrito un desconocido.

Sé que hay gente a la que le ocurre al contrario: precisamente por conocer al autor en persona, o tener algún dato "especial" de su vida, disfrutan muchísimo más de sus libros. Llegando incluso a magnificar el escrito, una especie de fenómeno fan.
Hay también casos extravagantes de quien colecciona "amigos escritores", como si este hecho diera caché a su persona, pero eso es otro asunto (que no deja de hacerme cierta gracia).

Una cosa es conocer pequeñas pinceladas biográficas (época en que vivió, edad a la que escribió la obra, situación política o incluso familiar en ese momento...), es información que puede resultar valiosa antes y durante la lectura, para interpretarla con mayor exactitud. Después tiene poco sentido, salvo para hacer un análisis profundo; pero otro asunto es ya meternos en su vida, sus opiniones, sus gustos personales respecto a asuntos que nada tienen que ver con la historia que nos cuenta (dentro de que todo está relacionado... Si al autor le gusta el helado de chocolate probablemente en algún momento de la historia un personaje mencionará uno...).

Todo esto viene a cuento de mi última lectura: "Sangre de mi sangre".
Mientras lo leía, he sentido a veces rabia por las ideas sobre educación que expresa, pero especialmente por ciertas circunstancias vitales que no cuadran con la ideología que la autora defiende en algunos artículos de opinión que he leído puntualmente.

En este libro no cuenta una de esas maravillosas historias a las que nos tiene acostumbrados. Es autobiográfica: habla de su experiencia como madre de ¡5! criaturas, de cómo se ha sentido en algunos momentos de la crianza, de anécdotas (¿cómo no va a haber anécdotas de todos los colores con 5 churrumbeles en casa?), de momentos importantes en la educación de sus hijos...
Su narrativa no deja de ser estupenda, pero lo que cuenta no sólo no me ha interesado especialmente, sino que, como digo, en algunos casos, directamente no me ha gustado.
Si tenemos en cuenta que me ha pillado en una época de bajón lector (entre otros)... Tenemos el chasco que me he llevado.

Como decía antes, es muy probable que a otros lectores les encante este libro, lectores que disfrutan indagando en la vida de sus autores favoritos, a los que les supone un aporte positivo. Que incluso, después de su lectura, disfruten mucho más con posteriores lecturas de ficción de Rosa Regás, gracias a haber establecido cierta complicidad a través de este libro (creo que se publican, en muchos casos, con esta finalidad).
Pero en mi caso, entre la temática (no es secreto que tengo instinto maternal en negativo, y que mi relación con los niños intento que sea nula) y que no es ficción, incluso es demasiado personal... No.

lunes, 10 de noviembre de 2014

MiMascota Málaga 2014

Hace ya unas semanas, el domingo 19 de Octubre, estuvimos en la feria MiMascota de Málaga. No era la primera vez que íbamos, pero sí ha sido, con diferencia, la más decepcionante. Hasta el punto de que no creo que volvamos, a no ser que sepamos a ciencia cierta que ha cambiado MUCHO.

Para empezar, la organización no sabía absolutamente nada de "mascotas" (que mira que odio el término, pero eso ya es manía muy personal).

En lo tocante a los animales allí "expuestos" (primer error: quienes queremos a los animales no soportamos verles como mercancía. Cierto es que mucha gente fue a ver "lo bonito que es este ejemplar de tal raza", "lo gracioso que queda un Collie con el pelo verde y rizado", "trajecitos y zapatitos para perros y gatos" o exhibiciones de habilidades cuasihumanas en animales no humanos). Se notaba a la legua que esos animales estaban sufriendo. En jaulas reducidas y con una higiene más que deficiente, solos, rodeados de gente que se acercaba e intentaba tocarles y con un ruido ambiental más propio de una discoteca que de un palacio de congresos. Se me ha quedado clavado en el corazón el caso de un gatito, bien joven, que maullaba desesperado dentro de un transportín porque se habían llevado a su hermano y estaba asustadísimo. En este caso, fue en la exposición de Royal Canin. Negativo gordo para ellos. Pero la mayoría estaban así. Muy deprimente.

Otro aspecto que me desagradó enormemente: la venta ilegal de cachorros. No sé si la organización estaba al tanto de ello (supongo que inicialmente no), pero no era algo difícil de controlar, si se hubiera querido.
Por ejemplo, mientras miraba un stand, se me acercó una mujer y me puso en el regazo (yo iba en mi silla) un tembloroso cachorrito de perro. De alguna raza, probablemente, pero no suelo mirar esas cosas, salvo que sea muy evidente. Me lo ofreció, y le pregunté si lo daba en adopción. Por supuesto, la respuesta fue que no, que lo vendía, como a sus hermanos.

En lo tocante a los stands, la feria me resultó desangelada en comparación a otras veces que hemos ido. Me encantaría tener una relación de las marcas que han decidido no estar en esta ocasión, especificando sus motivos: si han sido meramente económicos (no sé el precio de poner un stand allí, pero supongo que en muchos casos no resultará ya no rentable, sino viable) o más éticos: si, al ver el trato que allí se da a las "mascotas", han renunciado a participar. Me gustaría tener esa relación para, precisamente, confiar en esas marcas ausentes en la feria por el segundo motivo.
No quiero con esto decir que todos los que estuvieron allí aprueben el enfoque y el trato a los animales.

Un claro ejemplo de una firma respetuosa y amorosa con los animales es el stand de MiMiga (para muestra, un botón: lo que su responsable está haciendo con Leo). MiMiga crea joyas muy ponibles (y preciosas) de todo tipo: colgantes de plata con formas felinas, camisetas bordadas personalizadas en función del número de gatos que quiera representar cada cual, el color... y la novedad: pulseras, colgantes o pendientes con bolitas hechas a partir de pelo (no arrancado ¡desde luego!, sino del que se les cae con el cepillado, por ejemplo) de nuestras mascotas (gatos, perros, conejos...). Puede sonar excéntrico, pero el resultado no es sólo bonito y simpático: resulta emotivo. Por ejemplo, para cuando, por desgracia, cruzan el arco iris.
Pero también para llevarles siempre cerquita.
No hace mucho Dani me regaló una de estas pulseras. Como pensábamos que este otoño (parece que el asunto se retrasa) me ingresarían durante más días de los que nos gustaría, él sabía que durante ese tiempo lo peor para mí sería, no ya los asuntos médicos, sino lo muchísimo que nos echaríamos de menos mutuamente las gatas y yo. De ellas se encargaría él, pero para mí pensó una manera de que pudiera tenerlas cerca durante esos días y, de sus sesiones de peinado, guardó pelo de cada una y se lo hizo llegar a MiMiga.

El resultado, esta preciosa pulsera, que no he podido evitar estrenar antes del ingreso.

Tienen muchísimas más cositas. La que más llamó mi atención (me la pido, por cierto) fue una bolita de cristal que contiene las bolitas de pelo.


Volviendo a los puntos negativos de la feria, la actitud de muchos de los visitantes humanos (permitían el acceso de "mascotas"). TODOS los "propietarios" (otro término que no) de perros, y la mayoría de los no-propietarios, conocen su obligación de llevar bolsitas para recoger las caquitas de sus perros, al menos fuera de su casa. En su casa, que hagan lo que les plazca. Bueno, pues había que ir esquivando. Había tramos en los que parecía que se estaba jugando a la rayuela.

El ruido que he mencionado antes, desde luego, también afectaba a los animales "visitantes": la mayoría estaban desconcertados, entre el jaleo y el exceso de estímulos, a los que muchos temían.

Aquí vuelve a entrar la organización: vamos a ver, ya nos ha quedado claro que los que consideran "mercancía" (los expuestos) les importaron un pimiento. Pero los visitantes, vía los humanos que les acompañaban, son potenciales clientes (lo que realmente les importa). No hay que ser experto para saber que la sensibilidad auditiva de los animales caninos es mucho más alta que la de los animales humanos. ¿Qué establecimiento que quisiera agradar a sus clientes no tendría en cuenta algo así?

Volviendo a los propietarios, y esto ya es opinión muy personal, algunos llevaron a sus perros para una sesión de peluquería (pero no para un corte o un lavado que les pudiera beneficiar, sino para que les pusieran rulos, tintes extravagantes o crueldades semejantes... ¡¡ponéoslos vosotros en el mismísimo, dejad al perro!!) o concursos de belleza...

También aquí había excepciones, desde luego.
La casualidad quiso que nos encontráramos con dos personas a las que me gustaría poner como ejemplo de adopción responsable.
Hace bastantes meses, entre varios, les intentamos convencer para que adoptaran un gato (o 2, o 3...). No hubo tutía.
Pero no se han quedado solitos, y hace un par de meses dieron El Gran Paso: adoptaron a Fantasma, un galgo al que, hasta ese momento, la vida no había tratado bien.
Por este motivo, los inconvenientes de su incorporación a la familia no se han limitado a los habituales (adaptación mutua, cambio de vida, obligaciones...). Su salud y, ante todo, sus miedos (pánicos, por lo que pude ver en MiMascota... con el rabito entre las piernas, las orejitas hacia atrás, pegadito a lo que pudiera parecer una pared...) están suponiendo un arduo trabajo para los humanos que, aún con todo esto, han tenido la fortuna de incorporarle a su vida. De todo esto dan cuenta en el diario que publican con sus avances, sus retrocesos y que ya tiene un montón de seguidores que, día tras día, nos alegramos con sus progresos y nos "añusgamos" con sus recaídas.

En resumen: gracias a MiMiga y a ellos, la feria tuvo también su punto positivo.

lunes, 20 de octubre de 2014

Chucho Valdés y amigos ----- Homenaje a Bebo Valdés


Aunque ya han pasado casi 3 días, aún estoy flotando. Como siempre que voy a un concierto de este Maestro.
Cada uno de los que he tenido la suerte de presenciar es especial y diferente. Pero todos me dejan vibrando por dentro durante días.

En este caso, se trataba un concierto especial para Chucho Valdés, porque, aparte de ser benéfico (a beneficio de Cudeca -con quienes suele colaborar- y Una luz para Ezequiel), se trataba de un concierto homenaje a su padre, el grandísimo Bebo Valdés.
Por tanto, aunque siempre toca con el alma (y se nota... Lo transmite), aquí también puso el corazón.
Y todo eso, junto con la maravillosa música (aunque me parece muy limitado llamar "música" a lo que crea Chucho Valdés cuando toca el piano, porque supera ese término con creces, es más bien magia), flota en el ambiente, y hace que no sólo  disfrutes las dos horas del concierto, sino que, como decía antes, varios días después aún esté en el cuerpo, en la mente de los asistentes.

En el escenario estaban con Chucho Valdés The Afro-Cuban Messengers, que le acompañan en su último disco, Border-Free, y en su gira. Ya les vimos tocar juntos en El Portón del Jazz de Alhaurín de la Torre hace un par de años. El conjunto que forman me fascina, pero claro... Desde nuestro palco en el Tívoli (es lo que tiene que ir sobre ruedas... que no se puede acceder a muchos patios de butacas, y te ponen en muy buenos sitios, lo que se agradece), tenía un ojo puesto en la esquizofrenia manual de Chucho Valdés, que no deja de fascinarme por más veces que le vea tocar, y el otro en Dreiser Durruthy Bombale, de quien me declaro fan absoluta. Si a esto le sumamos que, al son de la música, había otro artista, a la izquierda del escenario, en este caso de la pintura, Noé, que también les ha acompañado en otros directos, haciendo una performance de la que resultó un precioso retrato de padre e hijo... Pues tenía los ojos como Marujita Díaz. El cuadro resultante me encantó. Empezó dibujando algo que parecía abstracto, pero que luego resultó este retrato que comento. Pero claro, lo pintó "al revés": hasta que dio los últimos retoques, las cabezas dibujadas estaban invertidas... Me hubiera gustado mucho pujar por el retrato (la puja también era benéfica), pero a la salida llevábamos algo de prisa: teníamos frío y mis manos, entre los aplausos y la bárbara humedad que hizo (Chucho Valdés tuvo que pasar un paño a las teclas en alguna ocasión, para que sus dedos resbalaran bien), no estábamos para "paraditas". Una pena.


Aparte de Noé, como artistas invitados-colaboradores, estuvieron Yamila Hernández Becerra, Genara Cortés, Celia Flores, Estrella Morente y Javier Ojeda: Para todos los gustos, de todos los colores.

Como guinda, cantaron todos juntos "Lágrimas Negras". Aquí hubo un pequeño fallo, y es que el micrófono de Estrella Morente no funcionó. Una lástima. Pero me hubiera parecido un bonito gesto, y más teniendo en cuenta que el concierto era benéfico, que alguna de sus compañeras se acercara para cantar las dos con uno que sí.
Ese mal sabor de boca nos lo quitó otro artista invitado, al que no esperaba ni el mismísimo Chucho Valdés: un espontáneo del público se subió a "bailar" mientras los artistas cantaban y tocaban. Momentazo de gloria.

Como suele ocurrir, y más teniendo en cuenta la humedad y el fresquito que hacía, al día siguiente pagué las consecuencias, pero mereció la pena. 
Tanto, que si me dijeran que mañana repiten, no me lo pensaría dos veces y volvería.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Un ataque de lucidez


Una de las lecturas que Silvia Abascal recomendaba en "Todo un viaje" era ésta. Y a por ella me fui.

Desde LibroVicio's me ayudaron a encontrar el libro, y lo he colado (mucho) en mi pila.


Es el relato, en primera persona, del ictus que sufrió la neuroanatomista Jill B. Taylor y los 8 años que tardó en recuperarse casi por completo de sus efectos.

Un libro, me atrevería a decir, de lectura obligatoria para especialistas en neurología, médicos que también tengan alguna relación con esta especialidad (algún paciente con diagnóstico neurológico), familiares y amigos de afectados, afectados, por supuesto, y, en general, todo aquél que quiera saber un poco más. Sobre cómo funciona nuestro cerebro, sobre cómo se puede ayudar a alguien con problemas neurológicos, sobre algo que nos puede pasar a cualquiera (la MAV de la autora no estaba diagnosticada en el momento del ictus, es algo bastante frecuente).

Es, desde luego, una lectura interesante, instructiva e inspiradora. Pero, para qué engañarnos, también me ha hecho tener miedo. Bastante miedo.
No es que no supiera todo lo que puede pasar con un problema neurológico de este tipo. Es que verlo así relatado... Buff. Me ha obligado a ponerme en situación, a ver de cerca en lo que puede transformarse mi vida (al menos durante un tiempo), y me ha hecho sudar frío.

Me ha sorprendido la apertura de la autora, una científica, a la temática de las energías (tema para muchos "magufo"). Aunque antes de su accidente no lo tenía en cuenta, después vio la importancia de la percepción de esta realidad y de su aplicación a nuestro día a día.

Una de las partes más interesantes del libro son los 2 apéndices. En el A, plantea 10 preguntas para situarse en caso de duda. El B, Las 40 cosas que más necesité, me atrevo a transcribirlo aquí por la insistencia de la autora en la difusión de su mensaje. Me parecen 40 consejos interesantísimos, que cualquiera que trate con un enfermo neurológico (familiar, amigo, médico, personal de enfermería, terapeutas...) debe tener en cuenta. Aquí se enuncian, pero desde luego se comprenden mucho más ampliamente con la lectura del libro.

  1. No soy idiota, estoy herida. Por favor, respétenme.
  2. Acérquense, hablen despacio y vocalicen con claridad.
  3. Repítanse que deben suponer que no sé nada, y empiecen por el principio, una y otra vez.
  4. Sean tan pacientes conmigo la enésima vez que me enseñen algo como lo fueron la primera.
  5. Acérquense a mí con franqueza y pongan freno a su energía. Tómense tiempo.
  6. Sean conscientes de lo que me comunican su lenguaje corporal y sus expresiones faciales.
  7. Mírenme a los ojos. Estoy aquí. Vengan a mi encuentro. Anímenme.
  8. Por favor, no levanten la voz. No estoy sorda, estoy dañada.
  9. Tóquenme adecuadamente y conecten conmigo.
  10. Respeten el poder curativo del sueño.
  11. Protejan mi energía. Ni radio, ni televisión ni visitantes nerviosos. Sean breves en las visitas.
  12. Estimulen mi cerebro cuando tengo energía para aprender algo nuevo, pero sepan que una pequeñez puede dejarme agotada rápidamente.
  13. Para enseñarme, utilicen juguetes y libros educativos para la edad adecuada (niño pequeño).
  14. Preséntenme el mundo cinestésicamente. Déjenme sentirlo todo. (Soy otra vez un niño pequeño).
  15. Enséñenme con tareas de visualización e imitación.
  16. Confíen en que me estoy esforzando, sólo que no con su grado de habilidad ni siguiendo su horario.
  17. Háganme pregutnas de múltiples opciones. Eviten las preguntas de Sí o No.
  18. Háganme preguntas con respuestas concretas. Y denme tiempo para buscar una respuesta.
  19. No juzguen mi capacidad cognitiva por la rapidez con que puedo pensar.
  20. Trátenme con suavidad, como harían con un recién nacido.
  21. Háblenme directamente, no hablen entre ustedes de mí.
  22. Anímenme. Confíen en que me recuperaré por completo, aunque tarde veinte años.
  23. Confíen en que mi cerebro siempre puede seguir aprendiendo.
  24. Descompongan todas las acciones en pequeños pasos.
  25. Averigüen qué obstáculos me impiden hacer bien una tarea.
  26. Aclárenme cuál es el siguiente nivel o el siguiente paso, para que sepa a qué aspiro.
  27. Recuerden que tengo que dominar bien un nivel de acción antes de pasar al siguiente.
  28. Celebren todos mis pequeños logros. Eso me inspira.
  29. Por favor, no terminen por mí mis frases ni digan las palabras que no encuentro. Necesito hacer trabajar mi cerebro.
  30. Si no puedo encontrar un archivo viejo, insistan en crear uno nuevo.
  31. Es posible que quiera pensar que entiendo más de lo que entiendo en realidad.
  32. Céntrense en lo que puedo hacer, en lugar de lamentarse por lo que no puedo hacer.
  33. Háganme conocer mi antigua vida. No supongan que como ya no puedo tocar como tocaba antes, ya no me va a seguir gustando la música o un instrumento...
  34. Recuerden que, a falta de algunas funciones, he adquirido otras habilidades.
  35. Manténganme en contacto con mi familia, mis amigos y la gente que me apoya con cariños. Hagan un collage mural de tarjetas y fotos para que yo lo vea. Etiquétenlas para que pueda repasarlas.
  36. ¡Movilicen a las tropas! Formen un equipo para curarme. Avisen a todo el mundo para que puedan enviarme su amor. Manténganlos al corriente de mi situación y pídanles que hagan cosas concretas para ayudarme, como visualizarme tragando con facilidad o balanceando mi cuerpo para sentarme.
  37. Quiéranme por lo que soy ahora. No se empeñen en que sea la persona que era antes. Ahora tengo un cerebro diferente.
  38. Sean protectores conmigo, pero no obstaculicen mi progreso.
  39. Enséñenme vídeos en los que aparezca haciendo cosas, para recordarme cómo hablaba, andaba y gesticulaba.
  40. Recuerden que es probable que mi medicación me deje fatigada, además de reducir mi capacidad de saber qué se siente al ser yo.

sábado, 20 de septiembre de 2014

The Funamviolistas

Vaya tres fenómenas.

A raíz de su premio Max al Mejor Espectáculo Revelación de este año vi un vídeo, un fragmento de una actuación.

Y llamaron poderosamente mi atención. Así que cuando supe que venían al Teatro Cervantes, decidí ampliar mi experiencia.

Anoche fuimos a verlas, y a pesar del esfuerzo físico que tuvimos que hacer para ello, mereció la pena. Y el doble la hubiera merecido también. Maravillosas.

Sin palabras, sólo a través de su música, sus voces (cantando dulce pero potentemente) y su expresión corporal, con muy poquitos elementos en el escenario, cuentan una historia que toca la fibra sensible pero, ante todo, divierte. Hay momentos en los que el público tiene ataques de risa que duran, y duran... Sin palabras. Sólo con música.

Aunque no se tengan grandes conocimientos musicales se puede seguir perfectamente el argumento, porque sí, tocan a Vivaldi, a Piazzolla... Pero también melodías que todos reconocemos, muy populares: sintonías televisivas, la pantera rosa...
Y aunque no se reconocieran. Ellas transmiten lo que quieren con su música, con sus gestos. Incluso es un espectáculo apto para niños, se entiende perfectamente. Son unas virtuosas que dominan la expresión corporal, la música... y hasta el ballet. Se nota que detrás de este divertido espectáculo hay años y años de estudios y práctica.

Como muestra, este vídeo. Aunque YouTube está repleto.



Tuvimos la buena suerte de, a la salida, mientras picábamos algo, encontrarnos con alguien que nos las presentó (aunque no era necesario: a la salida del teatro ellas esperan al público, les gusta conocer cómo sale la gente). Estuvimos un buen rato charlando con Ana, una de ellas. Y da gusto.
Merecen los premios que han recibido y más. Sobre todo, se merecen seguir llenando teatros.

martes, 16 de septiembre de 2014

DEP, Elegido


Todos los meses de septiembre esta misma sensación.
El corazón encogido, triste. De luto. La mente, clamando venganza.
Todos los meses de septiembre (al menos los pasados, ojalá éste haya sido el último), siento vergüenza por pertenecer, no al mismo país, sino a la misma especie que los bárbaros que participan (directa o indirectamente, que los políticos que lo permiten no son menos culpables que el que empuña la lanza) en ese festival de sangre, dolor (ajeno, por supuesto) y sadismo.

Ahora, unos minutos después de la cruel muerte de Elegido, sólo puedo pensar en esos sádicos. Están sueltos por la calle. Evidentemente, que se diviertan con esta "actividad" y tomen por héroe a quien "remata" al pobre toro (al que llevan puteando ya un tiempo, anoche le dieron "una vueltecita" por ese pueblo maldito) nos dice mucho de su estabilidad mental y su grado de salvajismo.
Pero estos garrulos no son los únicos culpables. Los políticos que, a pesar de las solicitudes para cancelar esta "fiesta", lo permiten, lo siguen permitiendo año tras año, son tan culpables del sufrimiento y la muerte del toro como los que cogen la lanza.
Luego queremos que en el resto de Europa no nos vean como a garrulos, gañanes, como los involucionados del Sur.
En otros pueblos de España, como Mataelpino, han cambiado los encierros y "festejos" que incluían maltrato animal por otras actividades similares, con bolas y dos pelotas. Ojalá cundiera el ejemplo.

Me horroriza intentar pensar qué habrá sentido Elegido en los últimos días.

Elegido (y sus predecesores) lo único que habían hecho para desatar ese sadismo y tener esa muerte fue nacer toros. A veces me consuela pensar que, si existe la reencarnación, hayan sido toreros o "lanceros" o "emboladores" en la vida anterior. Pero aunque estuviera segura de esto, seguiría defendiendo y peleando por detener este tipo de diversión (me cuesta horrores unir no en la misma frase, sino en el mismo día, esta actividad y "diversión").
Nada más. Como tantos animales inocentes que sufren a diario la inhumanidad de ciertas "personas", su salvajismo, su crueldad, sus frustraciones, su complejo de inferioridad (hay que sentirlo, y grande, para tener que hacerte valer con estas actividades).

Descansa en Paz, por fin, Elegido. Ya han dejado de putearte. Espero que el Karma haga su trabajo. O, en su defecto, espero tener yo, algún día, la posibilidad de hacerlo. O al menos de evitar que vuelva a ocurrir. Tú solito vales (valías...) más que toda esa manga de pueblerinos sádicos.



martes, 9 de septiembre de 2014

El libro de los insectos humanos

Hasta ahora, toda mi experiencia con el Manga había sido "El dulce hogar de Chi", colección tristemente interrumpida. Creo que sólo falta por publicar en castellano el 10º y último tomo. Y espero que alguien se anime a hacerlo.
Anda, anime.
Ja ja.



Leí la reseña de "El libro de los insectos humanos" porque ya sólo con el título me atrajo, y me invitó a probar, no sin miedito.
Y me he enganchado.
Inmediatamente después de terminarlo (y porque antes me había contenido) busqué toda la obra de Tezuka, y ya he pedido 2 más. Como sean igual de buenos, estoy perdida.

En "El libro de los insectos humanos" hay, ante todo, crueldad. No sólo física (que también), sino crueldad emocional, palabras que, cuando las lees, por mucho que las merezca el personaje a quien van dirigidas, dices "¡Ouch! ¡Eso me ha dolido!".

La protagonista, Toshiko Tomura, es fascinante. De una maldad muy marcada, de las que, cada vez que sale, piensas "¡será cabrona...!". Sus motivos arrastra para haber terminado siendo, según la ocasión, una roba-vidas o una destroza-vidas, y su maldad está tan marcada, es tan refinada, que a la vez que repele, atrae con mucha fuerza. Tanto al lector como a todos los personajes con los que se cruza, a quienes fascina antes de destrozar. Después, algunos, intentan destapar su verdadera personalidad, (su maldad es tan efectiva por la dulzura e ingenuidad que es capaz de fingir el personaje). Incluso vengarse. Y eso es lo que constituye la trama de la historia, que resulta fascinante.

Así que, una vez que me he quitado el miedito inicial al Manga, me he tirado de cabeza. Ya he conseguido (y empezado) algún otro cómic de este género, pero se agradecen sugerencias.

martes, 27 de mayo de 2014

La mujer que buceó dentro del corazón del mundo

QUÉ MARAVILLA.

Dentro de que mis últimas lecturas han sido una gran experiencia, ésta destaca sobre todas ellas. Hacía mucho que no leía un libro tan delicioso y duro a la vez.

Esto, claro, ocurre cuando sigues el consejo lector de alguien que sabe mucho del tema. Leí que recomendaba su lectura, en una entrevista, Ana María Matute, y a por él fui.

Qué pena no poder pedirle más consejos, más ideas para mi pila.

Trata el tema del autismo, de la moral ecológica, de las relaciones personales, de por qué nos comportamos cartesianamente cuando, realmente, no tiene mucho sentido. ¿Tu teclado piensa? Y ¿existe? Pues eso.

En primera persona, Karen nos cuenta su interesante biografía, desde su particular punto de vista: es autista.

Algo que ya se probó con éxito con "El curioso incidente del perro a medianoche", pero que creo que aquí se amplía y mejora enormemente. Ya no es un niño quien habla, no hay lugar para el melodrama, sólo para las dificultades propias de su vida. Por tanto, es mucho más fácil empatizar y medir nuestro razonamiento, nuestra forma de actuar, con los de Karen.

Una interesante y apasionante lectura que desde aquí recomiendo. Desde luego, indiferente no deja.

lunes, 19 de mayo de 2014

Todo un viaje

El regalo simpático de los Reyes Majos de este año (vino "disimulado" con la carátula de "Cásate y sé sumisa") ha resultado una estupenda lectura, en el momento ideal.

Tras el último y fortuito diagnóstico de una más de mis "pupas", leer con qué positividad se enfrentó Silvia Abascal a un golpe tan duro ha resultado muy inspirador: sí, es una tragedia (bueno, más bien un putadón), pero a ella le ha servido como plataforma de crecimiento, y le ha plantado cara, desde el primer momento, con un optimismo del que no somos capaces la mayoría de los mortales.

Leer cómo cuenta que se enfrentó a cada paso, no sólo hace que se la admire (más), sino que, en mi caso, he decidido adoptarlo como manual de instrucciones. Cuando tenga que enfrentarme a pruebas, quizá intervención y lo que venga, repasaré sus páginas, sin duda.
Sirva como ejemplo frases como "Puede que el decorado del hospital llegara impuesto desde la producción, pero yo decido si a la enfermedad le doy el papel principal. Casi que no. Para ella, una colaboración especial." Ésa es la actitud.
No sé si yo sería capaz, hay que ser muy especial para tomarte así unas circunstancias tan adversas. Pero desde luego voy a intentarlo.

En realidad, de nada sirve la alarma, el derrotismo... Bueno, sí: sirve para complicar aún más las cosas. Pero es algo innato, y hay que trabajar para que no se asomen a la ventana ante cualquier ruidito.

Con este texto he llorado, he reído (aunque parezca increíble, lo consigue), sonreído MUCHO, me he sentido muy identificada en ciertos pasajes (casi escalofriante la multitud de coincidencias -lugares, fechas...-) y, ante todo, he aprendido y decidido.
He decidido que quiero tomarme las cosas así.

Y me ha admirado, no sólo su actitud, sino la percepción ampliada que ha desarrollado a partir del accidente: sonora y emocional. Una molesta, negativa; la otra... muy útil.
Hasta de los peores momentos se puede extraer algo bueno.

Sin duda, he crecido un poquito de la mano del crecimiento de Silvia Abascal. Una lectura muy recomendable para tomar ejemplo de cómo enfrentarse a las adversidades, no necesariamente cerebro-vasculares.

viernes, 16 de mayo de 2014

Ya iba tocando...

Cuando lo de venir a vivir a Benalmádena se hizo firme, nuestra intención era ir a Madrid, como poco, 1 ó 2 veces por año. Vamos: Navidades y vacaciones o algún puente.
Pero en el último par de años mi cuerpo ha puesto pegas, así que había pasado ya un año y medio desde la última vez. Y yo tenía una morriña tremenda. De amigos, de familia, de Gran Vía, Alcalá y Callao...

Aprovechando la comunión de Marina el día 10, el puente del 1 y mi cumple el 8, dijimos "de ésta no pasa". Y hemos estado por allí 11 días. 11 estupendos días. Que han fundido mi cuerpo, pero mira, por una vez: que le den. Ya nos había condicionado bastante. Ahora, a recuperarse para la próxima (espero que no pase tanto tiempo esta vez).

Esta vez nos alojamos en Alcorcón, en casa de Julio. Creímos que para nosotros (por comodidades como el ascensor) y para las gatas (porque no se encontrarían con su madre Pitbull, su hermana Teresita y su primo Pizca, con los que se llevan a bufidos), sería más relajado.

Hicimos compras, vimos a gente muy querida, paseamos por Gran Vía (¡ya lo echo de menos!)... Y nos inflamos a ver musicales.

El mismo sábado (llegamos allí el viernes) fuimos a ver "Marta tiene un marcapasos".


Yo lo pasé genial. No es (era, ya no está en cartel) un musical con una grandísima calidad, pero para las fans de entonces es un bonito recordatorio.

Las letras de las canciones no dan para mucho más argumento que el que tenían sus películas...

Para que a los "sufridos" acompañantes se les haga más ameno las bailarinas parecen sacadas del mítico local cercano que se anunciaba con tarjetas en las que invitaba: "ponga una teta en su copa".
Pero disfruté mucho. Hasta Dani, al final, se animó a dar palmas y cantar con la última canción.
Además, aquella noche estuvo allí Rafa... salió a saludar al final y a mí me hizo temblar el cuerpo entero... ¡¡qué alegrón!!

Como anécdota, comentar que la acomodadora me vio incómoda en la butaca, pasándolo un poco mal con la cadera. Así que en el descanso me ofreció (con algo de apuro) un altillo de los que ponen en las butacas para los niños, que no sólo me ayudó a ver mucho más a gusto la segunda parte, sino que he adoptado como idea para todas las veces que vayamos al teatro o al cine. Genial.
Sin embargo, nos comentó que le daba apuro comentárnoslo porque, unos días antes, había ofrecido lo mismo a una señora muy bajita, con toda su buena intención, y la señora bajita se le había ofendido por ello. Estamos gilipuertas del todo. Sólo espero que el toparse con estos gilipuertas no impida que se siga ofreciendo ayuda, porque algunos lo agradecemos, y mucho.

El día de la madre, por motivos familiares, comimos con nuestro amigo Juanmi en La Choza del Segoviano. Genial la compañía, genial la comida. Vamos: sin sorpresas. Nos faltó Almudena, que estaba malita y a la que no hemos podido ver al final, y bien que lo siento. Para la próxima va a ser cita prioritaria.

Después, mientras yo descansaba un poquito, Dani se fue a Valdebebas a ver el Castilla - Real Jaén, del que volvió con sabor agridulce: el empate no era malo pero pudieron ganar. Pero claro, había que aprovechar la coincidencia.

Al día siguiente ya celebramos el Día de la Madre y el cumpleaños de María con mi abuela y mis tíos (¡qué bien haber coincidido con ellos en este viaje, tenía muchas ganas de verles!), en uno de los sitios fijos cada vez que visitamos Madrid: Río Miño. Fue un bonito reencuentro, lo pasamos fenomenal, nos pusimos ginchos a marisquito (cómo echo de menos las nécoras por aquí abajo...) y nos pusimos un poquito al día. Para la siguiente vez que nos veamos espero que tengamos todos más ratito para dedicarnos, que supo a poco la compañía.

Después nos citamos con Laura (¡Gracias por ayudarme con el tema de la silla de ruedas!), Enrique y Miriam para tomar café. En Madrid es que tomamos unos cafés un poco peculiares... aquí piden un "sombra", allí, "un Brugal con Coca-cola". Así que tomamos 5 ó 6 cafés cada uno y nos retiramos forzosamente, que al día siguiente algunos tenían que trabajar...
Cuando volvíamos, tuvimos la suerte de encontrarnos con un control de alcoholemia a la entrada de Alcorcón y que no nos pararan... Es lo que tiene tener pinta de ser un matrimonio de bien y llevar una silla de ruedas en el maletero.
Digo lo mismo (sensación que se ha repetido en casi todas las reuniones de este viaje): fue genial volver a verles, pero supo a poco. A muy poco. Tenemos que volver a vernos pronto, que se les echa mucho de menos.

Al día siguiente, como preparativo para la comunión, fui a teñirme a Peluquería Madrigal, en el C.C. Tres Aguas. La busqué por internet, por cercanía. Ya escribiré mi opinión en ciao y google, pero recomiendo no ir por allí. Aparte del clavo y del acoso para que cojas "extras" (champú especial, crema, mascarilla, ampichas tratantes para, exfoliante...), algo que hacen en muchas peluquerías pero no a un nivel tan intimidatorio, el tinte me lo echaron mal, sólo en las raíces, y como dije que "peinado no, sólo secar" lo hicieron tan literal que me dieron 30 segundos con el secador y ni el cepillo cogieron: con los dedos medio-desenredaron, y a casita. Después de clavarme por esto más de 50€. Después de esta información, cada uno que haga lo que le parezca, pero yo no vuelvo.

Mientras, Dani aprovechó para visitar el Museo del Ejército del Aire de Cuatro Vientos, del que vino tan contento.

A estas alturas mi cuerpo ya estaba quejumbroso, así que tuve que cancelar planes para esa tarde, porque si no no llegaba a mi regalo de cumple: ¡El Rey León!


No puedo decir más que es UNA PASADA.

Es impactante, la música genial, los actores, bailarines y cantantes (con mención especial para los personajes de Simba niño, Scar y Rafiki) maravillosos... Es inolvidable.
Eso sí: vaya clavo los refrescos (con los que te endiñan, quieras o no, el "vaso oficial").

El día siguiente tocaba uno de los eventos más esperados y más echados de menos: día de shopping y comida en Imanol, con Noelia y mi camarero favorito.
Y no se puede hacer una persona normal a la idea del subidón que me dio comprobar que este año se lleva el fucsia. En todo. Todo. Y todo.
Claro: me inflé.
Dani se libró, con la excusa de la feria GENERA de energías renovables. Bueno... así no tuve más límite que el de mi tarjeta...

Esas jornadas agotan, así que ya tuve que reservarme para el jueves, mi cumple, en que comimos (suena como muy light eso de "comimos" para lo que hicimos: ponernos cerdos) con mi abuela en Da Nicola y descansar, porque esa noche tenía otro musical: "Hoy no me puedo levantar". (Preludio de la frase que voy a estar diciendo por lo menos el próximo mes enterito...)

Fui con Noelia, y lo disfrutamos muchísimo.
No es la calidad de El Rey León, pero el argumento está genialmente elaborado, el hilo conductor es un actor que representa a Nacho Cano, y entre canción y canción (versionadas con mucha caña) tiran a dar a algunos personajes, como Ana Torroja o Penélope Cruz.

El viernes tuvimos que tomarlo forzosamente de reposo hasta la noche. Era cita grande y quería estar lo mejor posible, aunque ya llevaba mucho tute encima.
Cenamos en el Alfredo's de Cuzco con Bárbara, Jose, Juanmi, Natalia, Juan... ¡¡¡y Guille!!! La compañía GENIAL. Había ganas de verles a todos, y digo lo mismo: ojalá hubiéramos tenido tiempo y fuerzas para alargarlo unas horitas. Pero el sitio... la comida, muy bien: la calidad de siempre. Pero el trato, deplorable. Vamos, que no volvemos. Probaremos en otros de la cadena, pero al de Cuzco, ni locos.
Al reservar (para las 21:00) nos dijeron "vale, os apunto en el primer turno". No nos avisaron de que a las 23:00 teníamos que estar zumbando de allí. Pero, llegada esa hora, no sólo nos metieron prisa, sino que no nos dejaron ni pedir postre. Además, con muy malos modos. Malos modos que ya habían mostrado a nuestra llegada, cuando vieron el carrito de Guille, y no hicieron más que poner pegas (lo ideal hubiera sido que ofrecieran soluciones).
Menos mal que, como digo, la compañía endulzó el sabor de la noche.
Después, todos menos los recientes papis y mi futuro novio, fuimos a tomar un cavita (ya que en Alfredo's no pudo ser) a Beaucoup!, un local cercano que voy a fichar para próximas visitas: la atención impresionantemente buena (además, con el contraste con la que acabábamos de tener, nos impactó más), el precio nada mal para una botella de buen cava, y encima nos pusieron aperitivos (almendras fritas, una tabla de quesos, chocolatinas para el que no le gustaba el queso...). Todo muy rico, así que cenar allí debe ser muy agradable. Volveremos.
Para rematar, nos fuimos con Juanmi al Real Café a tomar una copichuela, pero ahí mi cuerpo ya dijo "c'est fini, chatina". Y tuvimos que recogernos, con dolor de cuerpo y corazón.

El sábado, gran día de Marina, por la mañana fui a otra peluquería, ésta sí muy buena, a que me disimularan el desaguisado de la anterior. Quedé encantada con la atención y con el resultado. Ojalá la hubiera descubierto antes.
Dani repitió planazo y volvió al museo.
Y después, descansar un poquito para la comunión esa tarde-noche.
Dani tuvo que ir de primeras solito a la iglesia y después recogerme para el cocktail, porque mi cuerpo estaba de no.
Ya en el Club de Campo, todo genial: una organización muy detallista, todo muy rico, los niños pasándoselo teta-piruleta... ¡¡Una tarde preciosa!! Espero que, sobre todo, para la protagonista. ¡¡Estaba guapísima!!

Era el día de la final de Eurovisión, que nos hubiera encantado ver con Natalia, Juan y Guille... pero entre que salimos ya tarde de allí y que yo no podía con mi alma, no pudo ser. Habrá que organizarse mejor para el próximo año.

Y, para rematar(me), el domingo tomamos el vermú en La Choza nuevamente (sí, estamos enganchados, ¿qué pasa?) con algunas de las que nos faltaban (gracias por acercaros, fue genial volver a veros): Elena y Belén.
Con Belén pudimos estar poco rato, pero el ratito con Elena me supo a gloria... ¡¡¡Qué alegría el reencuentro!!! Ahora que hemos retomado, ¡no podemos dejar pasar mucho para la siguiente!
Después, comida con mi padre, su mujer y mi hermana allí mismo. Estuvo muy bien pero, para ser sinceros, yo ya me enteraba de poco. A veces me costaba seguir la conversación, porque el ritmo de los 10 días anteriores me tenía fundidísima.
Así que después nos despedimos de mi abuela, volvimos a Alcorcón y DESCANSAMOS. Bueno, un poquito. Pero era necesario.
Y, por la noche, cena-despedida-broche de oro: Natalia, Juan y Guille se acercaron y allí cerquita estuvimos en un Gino's. Guille algo molesto, pobrín, con sus dientecillos... Pero fue muy agradable, es una auténtica lástima vivir tan lejos, porque son de esas personas con las que quedaría varias veces por semana sin cansarme (¡no creo que ellos digan lo mismo de mí! Jajajajaja).

Con tristeza pero necesariamente, por la batería de mi cuerpo y el trabajo de Dani, hicimos (bueno, casi todo él, yo no podía casi mover los brazos) maleta, y al día siguiente, a casa.


Las niñas no lo han pasado tan bien como nosotros, pero bueno...


Hemos intentado que estuvieran lo mejor posible, y les damos estos disgustos muy de vez en cuando.

Se nos ha quedado gente por ver, espero ponerle solución pronto. Y ha sido genial, reconfortante, aunque apenas un bocadito de lo que me gustaría, ver a los que sí hemos podido. Gracias, de corazón, a los que habéis hecho esfuerzos para que pudiera ser. Ojalá repitamos muy prontito, aquí o allí, y tengamos más tiempo.

El reportaje fotográfico ha sido poco menos que escaso... porque somos unos linces: nos llevamos cámara de fotos y de vídeo, pero no sus respectivos cargadores. Arsa y ole por nosotros.

He vuelto muy cansadita, pero muy reconfortada. A pesar de la distancia física que nos impide achucharnos, por lo general estamos ahí unos para otros y, gracias a las tecnologías y la voluntad, mantenemos el contacto más o menos constante. Tocada por el momento delicado por el que están pasando algunas de las personas a las que quiero, algo frustrada por no tener un gadgeto-brazo para poder acercar una de mis manos más a menudo.
Eso sí: un achuchón de vez en cuando sienta de maravilla, y como suele ser recíproco, a ambas partes. El subidón moral que me ha proporcionado es lo que me está ayudando a llevar bien la inevitable factura física.

¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS 
A TODOS!

viernes, 4 de abril de 2014

Inefables

Empecé a engancharme a este autor por sus historias cotidianas, la narración íntima y naïf de su día a día que publicó Sins Entido en la colección "Las pequeñeces de Lewis Trondheim".
Me gustó cómo relataba su día a día, sus pensamientos e impresiones ante cualquier circunstancia.


Después descubrí a Bludzee, un gatito negro (claro, aquí terminó de atraparme) que se enfrenta a la desaparición de su humano y la aparición de los más diversos monstruos. Son historias más violentas de lo que suelen gustarme (sobre todo si incluyen gatos), pero disfruté mucho con los 2 tomos.

Y no hace mucho me topé con "Génesis apocalípticos" (aún en pila) e "Inefables". Son dos de los cómics que más baratos me han salido (suelen ser caros), no llegó a los 4 € cada uno. Vale que incluyen pocas páginas, pero cada una es oro.

"Inefables" consta de 30 páginas, con una historia diferente en cada una, relatos breves, pero preciosos, asombrosos, tremendos. He disfrutado y saboreado cada uno de ellos. He tardado más en su lectura que en, quizá, un tomo de 100 páginas, pero cada historia merece ser saboreada lentamente, disfrutada, y darle su tiempo a la mente para que la procese.

Absolutamente recomendable.

miércoles, 2 de abril de 2014

La soledad de las parejas

Geniales relatos, genialmente relatados.

No todos, como podría sugerir el título, hablan sobre parejas, aunque sí es el hilo conductor, algo que tienen en común la mayoría de ellos.
Por ejemplo, en "Vestir al desnudo" no hay en la trama principal ninguna pareja como tal, sino una abuela y su nieto invidente.

En los demás, todos en el mismo marco histórico, sí hay más referencias a las parejas (matrimonios en su mayoría), a la galantería (se echa de menos en estos tiempos tan "avanzados"), a la dependencia económica y social de la mujer y al racismo.
El primer relato de esta recopilación, "Arreglo en blanco y negro" es una irónica y divertida historia sobre la "tolerancia" de una mujer blanca hacia los negros, reflejada en su admiración por un artista negro. Su conversación con el anfitrión de una fiesta en honor de este artista acerca de éste y su color y lo poco que le importa, así como el breve diálogo que mantiene con él, son desternillantes. Y la última frase, genial: "¡Oh, cuando le cuente a Burton que lo he llamado "señor"!".

En definitiva, muy recomendable, como todo lo que he leído hasta el momento de Dorothy Parker.

Pyongyang



Desde hace un tiempo, cuando leo algún titular sobre las amenazas de Corea del Norte me inquieto bastante.

Así que, cuando vi este cómic, pensé que podría ayudarme a comprender mejor la situación y relativizar, y así ha sido.


Guy Delisle cuenta cómo pasó allí 3 semanas por trabajo (tras pedir permisos, enseñar toooodo lo que llevaba en el equipaje y estudiarse las listas de "recomendaciones"), y lo que vio.

Desde "voluntarios" que limpian las calles y carreteras hasta el silencio, no se sabe si respetuoso o por terror, hacia ciertos temas. Los boletines y discursos radiados, la única música que se podía escuchar, la decoración del hotel, las zonas que podía visitar sólo si iba acompañado de un "guía"...

La situación política internacional no me ha quedado mucho más clara después de la lectura, pero sí el carácter, la intención en el interior del país, y eso ayuda a comprender el por qué de algunas amenazas. No tranquiliza, porque desde luego el respeto por las opiniones y formas de vida "ajenas" no están en la cima de sus prioridades, pero sí se comprende mejor cómo se vive allí, cómo han organizado todo un país uniformado.
En cierto momento, el autor cuenta cómo presta un libro a su guía (que le dejan pasar probablemente por ignorancia), "1.984", y cómo el guía se lo devuelve al poco tiempo "porque la Ciencia Ficción no es un género que le guste".

Cuando se vive en un país así quizá lo más cómodo, o mejor dicho lo más seguro, sea no pensar, no plantearse el por qué, y limitarse a sobrevivir lo mejor posible, aunque eso implique apoyar el régimen que gobierna. Pero se debe sentir mucho miedo cuando una idea, aunque no sea expresada, despierta en tu cabeza y te hace plantearte cuestiones concretas...

lunes, 31 de marzo de 2014

Artistas DIY

El DIY está de moda. Pero algunos tenemos unas manitas que... bueno, sirven para rascarnos y eso... pero poco más. Entonces tenemos que recurrir a los artistas.
Como muchos sabéis, soy secretaria de vocación (de profesión ya -de momento- no puedo), y es bien sabido que el mayor valor de toda buena secretaria no está en saber hacer las cosas (no se puede saber hacer bien todo), sino en tener el teléfono del que sabe.
Y tengo la buenísima suerte de tener, no sólo el teléfono, sino la amistad de auténticos artistas que, cuando ven que pueden echar un cable para ayudarme, se ponen manos a la obra con aquello en lo que destacan. Algunos me ayudan con sus visitas, otros acompañándome al médico, y otros con apoyos más tangibles (y fotografiables).

Ya hace algo más de un año mi adorada Lourdes, una manitas de oro, cuando tuve una racha mala-malísima con mi ojo izquierdo, me hizo 3 parches divinos (que hasta dan ganas de ponérselos cuando no se necesitan) y dos neceseres para guardarlos.


La última colaboración me ha llegado desde Zaragoza.
Como estoy aprovechando mi jubilación para estudiar, pero mis condiciones físicas me limitan (y sigo con la costumbre, a pesar de las broncas de mis profesores en el colegio, de acercarme hasta dar con las pestañas en el cuaderno cuando escribo), tuve que apañar un altillo en mi escritorio, pero claro, "de aquella manera": una caja de cartón me servía para subir la zona de hacer esquemas a una altura en que mi columna no sufriera demasiado. Era útil, pero poco estético.

Así que nuestro padrino ejerció su cargo (no sólo con sus agradables, útiles y -de momento- no devueltas visitas), y se ha currado un altillo en condiciones. 
Sabiendo que le está dando a la madera (tendríais que ver los marcos y el billar que ha hecho, además de otros artilugios), le pedí una tabla sencillita, para ponerla en lugar de la caja. 

Pero él ha puesto su creatividad y su arte a currar, y lo que me ha llegado ha sido esta pocholada (útil. Una pocholada últil, ¿podéis creerlo?). 





Conociéndome como me conoce, no sólo ha tallado gatitos, ha incluido fotos de mis princesas y huellas por las que pueden guiarse para pisotear mis apuntes, cosa que les encanta, sino que lo ha hecho de tal manera que, con un simple giro a la tabla, el escritorio se transforma en un espejo-espejito mágico, de los sinceros, de los que dice "eres el espanto más espantoso de este Reino".

En definitiva: que estoy contentísima, que en cuanto mi cuello me lo permita (espero que sea entre mañana y pasado) voy a inaugurarlo retomando los dos cursos que tengo en marcha (uno atroz de Auxiliar de Veterinaria y otro de LSE), que entre contracturas, collarín, faringitis, fiebre y otros varios los tengo abandonados, y tengo que darme caña.

Si a alguien le ha gustado, o tiene alguna idea para "empocholar" su hábitat, debe saber que admite encargos. De momento, podéis dejar en los comentarios de esta entrada lo que os apetecería, y él en algún ratito os respondería (es una manera de hacerle que entre en mi blog. Le aburre soberanamente, como a la mayoría :p ).

(Podéis ampliar todas las fotos pinchando sobre ellas).

viernes, 28 de marzo de 2014

Las campanas al vuelo... han volado

Como no podía ser de otra manera.

Era muy consciente de mi casi milagrosa buena suerte al haber dado con un médico que se "complicara" y saliera de sota-caballo-rey con mi tratamiento y mi diagnóstico.
Pero me dio vida.

Ahora, después de todas las pruebas y consultas que me pidió, y estando a la espera de que vuelva a verme en abril para los resultados, ya me he desinflado.
No por las pruebas (aún no conozco los resultados), sino por los especialistas a los que me derivó para intentarlo con otro biológico. En concreto, me tocó otra vez con el doctor Cs. Su incompetencia y su soberbia han vuelto a escena. Y eso me complica la vida. Bueno, en realidad lo que complica es mi posibilidad de mejoría, pone trabas a mi esperanza.
Parece que no le ha sentado muy bien que otro médico (y menos un internista -tengo entendido que entre los especialistas están valorados a la baja-) le sugiriera qué tenía que hacer, cómo hacer su trabajo en mi caso. Bueno, en realidad, la sugerencia era que hiciera su trabajo... Le pidió que probara otro biológico conmigo, otro que quizá no me diera efectos secundarios tan brutos, y mejoraran mi estado. Pero la querencia del Dr. Cs con el Enbrel se puede calificar de obsesiva (eso, si pensamos bien. Si no... la cosa sería más grave). Así que se negó. Dijo que no se iba a arriesgar, con los efectos que me dio el Enbrel (chungos, realmente) a probar con otro diferente, a pesar de que yo le insistí en que, a pesar de mi miedo (cómo no tenerlo), estaba dispuesta a correr el riesgo. Pero él dijo que no.
Mi pregunta era obligada "Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Morfina vitalicia?" y su respuesta, desalentadora: "Pues sí".
Todo esto se desarrolló en una consulta en la que no me miró a la cara (estoy convencida de que 15 minutos después nos cruzamos en el pasillo o la cafetería y no me reconoce), no me exploró ni quiso saber nada del posible nuevo diagnóstico (Síndrome de Behçet): era algo que, a lo largo de las revisiones hace ya mucho tiempo había sugerido yo desde mi ignorancia: mi estado no podía deberse sólo a la EA: o tenía algo más, o el diagnóstico estaba equivocado. Pero claro: eso le haría pensar, le haría trabajar... y da perecita.
Así que me pidió rx y analíticas (¿mirará los resultados en esta ocasión?), y me mandó a un internista "de su confianza". Yo le dije que ya me estaba tratando un internista, y estaba muy contenta con él. Pero él insistió, y tengo cita en unos días con "el nuevo". Supongo que no le dará tanto trabajo, que volverá a abrir el gran saco (parece el maletín de Mary Poppins) de la EA, e incluirá "resina" a mi tratamiento.




Pero no me conformo. No quiero conformarme. No PUEDO conformarme. Va mi vida y la de mi marido en ello.



Soy defensora de la sanidad pública. Pero con "profesionales" como éste, me planteo si no sería mejor que pudiéramos decidir, de la parte que nos descuentan en nómina e impuestos para la Seguridad Social, cotizar a ésta o a la mutua que nos pareciera mejor, respecto a seguro médico y pensión. También que, como los funcionarios y políticos, los trabajadores de la Seguridad Social (funcionarios, a fin de cuentas) no tuvieran tan segurísimo su puesto de trabajo. Si lo hacen bien, desde luego. Puesto asegurado y bien remunerado (también para evitar "tentaciones de laboratorios"). Pero si no hacen su trabajo, o lo hacen con intereses que amplían su nómina "de aquella manera"... a su casa. Siento ser tan dura, pero ya no es sólo por mí. Es que "médicos" como éste tienen en sus manos la salud de muchas personas. Y la productividad. Quizá alguno de sus pacientes, incluyéndome, podríamos volver a ser productivos, reducir nuestra invalidez con un buen tratamiento, y no ser una "carga" en cuanto a pensiones, sino colaborar siendo laboralmente activos. Al menos, fue lo primero en lo que pensé cuando el internista me habló de posible mejoría: en volver a trabajar, en ser productiva, a pesar de la situación actual, del paro, de la crisis... no podía pensar en otra cosa (bueno, sí, luego ya pensé en bailar, en hacer deporte, en viajar...). Pero, al igual que, cuando aún trabajaba y estaba de baja, en cuanto veía que podía levantarme de la cama pedía el alta voluntaria (en contra de las recomendaciones del médico que me trataba entonces), el día que vea que puedo comprometerme a hacer un trabajo con cierta regularidad y garantías para quien me contrate, no esperaré a una revisión del Tribunal de Incapacidad, sino que la pediré, espero no precipitarme otra vez, pero es algo que me obsesiona: volver a trabajar.
Y no creo que sea la única "inválida" (qué mal suena, coño) que piense y sienta así. Y con médicos competentes, que peleen y se rompan los cuernos probando tratamientos para mejorar la calidad de vida, que los hay, quizá un porcentaje significativo de estos casos podríamos conseguirlo.
También hay casos, no lo neguemos, que tienen una pensión de invalidez cuando podrían trabajar. No me entra en la cabeza, pero supongo que cuando estás sano "vivir del cuento" se ve de otra manera... Y creo que son minoría.
Pero para los que estamos realmente mal, los que sentimos que somos una carga para nuestro entorno y la sociedad, cualquier atisbo de poder dejar de serlo es una ilusión, un sueño. En algunos casos, realizable.
Ojalá también sea realizable en el mío.

jueves, 20 de marzo de 2014

Sobre el amor y la muerte - Émile Zola

Descriptivo título para esta colección de relatos sobre estos temas.

Dividido en dos partes, una para cada temática, las historias incluidas están ordenadas según el poder adquisitivo de sus protagonistas. Incluyen noviazgos, bodas, matrimonios, agonías y funerales...

Desde luego, no es temática alegre, pero más dramáticas que la temática son las conclusiones: yo aún no llego a tener claro si es mejor vivir estos sucesos siendo muy rico o siendo muy pobre...
Realmente no hace tanto tiempo de esa sociedad que aquí se describe, de las bodas "para unir apellidos", "por la dote" o "por amor" (las menos); de las agonías y funerales en soledad porque los herederos están repartiéndose el botín o porque la familia está buscando la manera de pagarte un médico o de sobrevivir, al menos ellos, consiguiendo algo para comer.

No sólo está colocado el amor en primer lugar porque va, cronológicamente, antes que la muerte. También para contrastar el efecto de las decisiones tomadas en ese aspecto sobre cómo se desarrolla y termina una vida. Quién estará a tu lado (si es que está), cómo y por qué. Si ese final resulta trágico o, por el contrario, un alivio (para quien finaliza o para quien se queda).

Resumiendo: a través de breves relatos con una temática común, hace una crítica social dura, que puede servir, a quien quiera, para tomar nota e intentar hacer las cosas bien en lo referente a su vida.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Los 10 mandamientos para compartir el planeta con los animales que amamos

Una lectura dura, muy dura. Pero absolutamente necesaria.
Tanto, que creo que lo que en este libro se dice debería ser materia escolar obligatoria, con este libro como lectura recomendada.

Y es que somos unos puñeteros bestias, unos descerebrados, por mucho que vayamos de "animales superiores más evolucionados". 
Anda ya.

¿Qué pensarías de alguien que distribuye por su casa un par de periódicos deshojados y pringados con gasolina y, una vez ve su "obra de arte" se fuma un cigarrito delante para celebrar lo bonita que le ha quedado?
Pues eso es lo que estamos haciendo. Todos. Día tras día.
Unos más, otros menos. Pero lo estamos haciendo.

Cuando nos hablan de estos temas, la mayoría pensamos en exageraciones, en activistas obsesionados, incluso en gente que se está lucrando con ello. Y quizá algo de eso haya, no lo descarto. Pero también hay datos. Datos aterradores. Esta misma semana salía la noticia de que Stephen Hawking ha dado la voz de alarma: los recursos de la Tierra, oh sorpresa, son finitos. Y nosotros somos cada vez más, y cada vez menos cuidadosos.
Y no queremos ver.
Esto no es una profecía, no es imaginario. Es absolutamente real. Pero no queremos verlo. Al igual que no queremos leer libros como éste (reconozco que me costó seguir tras algunos pasajes que describían barbaridades especialmente duras). Barbaridades que, si no cometemos directamente, sí lo hacemos de forma indirecta el 99'9% apoyando con nuestro consumo a las industrias que los cometen.
Industrias que se han hecho propietarias del planeta de todos. No sólo de todos los humanos, sino de todos sus habitantes: animales no humanos y plantas incluidos.
Y que están ganando dinero a espuertas. Porque son muy listas. Pero no tanto como para darse cuenta de que ese dinero que están ganando no van a tener tiempo de gastarlo las (sus) generaciones venideras, porque no va a haber dónde.

Ahora estamos de lo más "entretenidos" con la crisis actual, con la política, con las leyes injustas, con los recortes... Pero todo esto nos está distrayendo de lo realmente importante.

Como dice este libro, cada uno, con nuestro granito de arena, podemos hacer. Y muchos poquitos hacen un muchísimo. En política, y en intentar que este planeta siga siendo habitable.
Y estamos obligados a hacerlo. Sobre todo los que están procreando (a los que no vamos a dejar descendencia... nos pillará algo, pero no la hecatombe, al menos eso espero... Pero quien tiene hijos, supongo que deseará que puedan tener un ciclo vital medianamente digno, con algo de esperanza). No sólo porque hemos sido nosotros los responsables de que se esté rompiendo. Sino porque, si queremos que haya un par de generaciones de humanos (y otras especies) más, hay que ponerse manos a la obra YA.

No es activismo, es instinto de supervivencia.

Eso, egoístamente.
Pero es que, además, no tenemos ningún derecho a disponer y torturar vidas ajenas. Ni de otros humanos, ni de ningún animal ni planta. Pero eso no nos entra en la cabeza, de puro superiores que somos. Nos hemos creído los dueños, los únicos con derechos. Y así nos va.

O cambiamos la actitud, o nos vamos a la mierda.
Allá nosotros.
La pena es que haya especies que estén pagando que, hasta ahora, esa decisión la hayamos tomado incorrectamente.



Cambiando un poquito de tema, un fallo grande que le he encontrado a la edición es que no está editado (o al menos no lo especifica) en papel reciclado / ecológico.
Se debería haber cuidado este "detalle".

lunes, 10 de febrero de 2014

Goya 2014

Esta noche he dormido poco y mal. Entre mi tocaya ciclogenética y el cabreo, la vergüenza ajena que sentía... No conciliaba. Y cuando lo conseguí, fue por poco tiempo.
Y me explico:
Anoche, como siempre que puedo, vi la retransmisión de la Gala de los Goya.

Eso sí: anoche la cogí ya empezada, por motivos que no vienen al caso (esta semana intentaré ver lo que me perdí). Conecté casi justo para ver el premio que entregaba la estupendísima Silvia Abascal. Y me enganché. Aunque este año me daba algo de perecita porque, para ser sincera, Manel Fuentes... no es mi debilidad, precisamente. Dejémoslo ahí.

Como otros años, lo que vi de Gala me gustó, por lo general, con partes salvables, como con todo. No olvidemos que es una entrega de premios que dura unas 3 horas. Difícil que en algún momento no haya tedio.
Hubo momentos emocionantes, momentos con los que me partí de risa, momentos reivindicativos (impagable la de Mariano Barroso, Goya al mejor guión adaptado por "Todas las mujeres" -que tendré que ver-): "Si el Ministro de Defensa no hubiera ido al desfile de las Fuerzas Armadas, su jefe le despediría al día siguiente. Pero parece que este jefe no manda mucho...") y momentos algo bochornosos, también, sí.

Ciertamente, muchos años la Gala ha sido un desfile de reivindicaciones políticas, pero este año se han cortado bastante. A pesar de todo por lo que hay que protestar, y todo por lo que este sector tiene derecho a quejarse (la ausencia del Ministro, lo más bochornoso de la noche). Quizá no sea el momento ni el lugar, pero es un altavoz estupendo. No me gusta que se politice un acto cultural, pero entiendo las reivindicaciones y estoy de acuerdo con la mayoría de ellas. Y no me molesta que se mencionen en la Gala, pero sí que sean las protagonistas.

La vergüenza ajena de la que hablaba antes vino después de la Gala, al leer los comentarios en Twitter, esa red que sirve (cada día más) de altavoz de la amargura.
Y yo que la consulto para estar al día...
La mayoría de los comentarios eran críticas, ensañamiento, un intento de ser gracioso echando abajo el trabajo de los organizadores, los actores, las películas... Pero ¿alguno de esos "críticos espontáneos" ha visto alguna de esas películas? ¿Alguno sería capaz de hacer, según su criterio, un buen videoclip, un buen guión, una buena representación, de organizar una gala medianamente aceptable?
Menos patriotismo y más chovinismo. Muchos de los que comentaban (me llegaban vía retweet en buena parte) han hecho frecuentemente comentarios patrióticos. ¿Y el cine español? Que, a pesar de la fama que le hemos creado, sí, tiene mucho truño, pero también muy buenas películas y muy buenos profesionales (es simplemente saber elegir qué ves, y si llevas una base previa sabes el trabajo de quién te va a gustar más y el de quién menos). Y es una noche de celebración de los mejores en ese trabajo (aunque muchos buenos, según mi criterio, quedaron fuera, y alguno no tan bueno se coló).
Por cierto, si tanto odian el cine español, si tan bodrio les parece... ¿qué hacen un domingo por la noche, durante más de 3 horas, pegados a la tele? ¿Les va la marcha, o qué?

¿Alguien se imagina que la mayoría de los franceses, al día siguiente de los César, o la mayoría de norteamericanos, en la jornada de resaca de los Óscar se dedicaran a echarlos abajo, a criticarlos (sin base en buena medida), y a casi nadie gustaran?

En general, aparte del erróneo concepto que tenemos de que tachar todo de malo nos da como superioridad, los españoles tenemos un gran problema. Y es un problema que, en momentos críticos como el actual, nos lastra enormemente. Vemos lo extranjero (lo americano, especialmente) como si viniera de los mismos dioses del Olimpo, adoramos hasta lo que es basura (cuánta más taquilla no han hecho auténticos bodrios de Hollywood que muchas buenas películas españolas. Lo mismo pasa con escritores, pintores y, en general, salvo casos aislados, buena parte de la Cultura). Pero lo nuestro lo rechazamos de primeras. Si la peli es española, es mala. Si nos intentan vender algo con nombre español, recelamos... nos inclinamos más por algo firmado en inglés. Qué triste. Cuánto cateto suelto.

martes, 4 de febrero de 2014

Arrugas

Quiso la casualidad que empezara la lectura de este cómic, al que tenía ganas hace tiempo, justo el día que emitían la película que se hizo basándose en él. En la 2, si no me equivoco.
Ahora también tengo pendiente la película. No sé cómo la habrán enfocado, si habrá sido muy fielmente o con un tono dramático más acusado. Espero que no me defraude.

El sabor que me ha dejado esta lectura es agridulce. Agrio por, evidentemente, la dura realidad que relata. Que sigue ocurriendo. Y que, sólo quizá, nos llegue a alguno. Dulce por el cariño y hasta humor tierno con el que está tratado un tema tan duro.
Es lo que más ha llamado mi atención en esta lectura: el trato que da el autor a algo que los demás vemos como dramático. Quizá sea porque lo escribió desde el cariño. Según declara, lo escribió por sus padres.
Se dio cuenta, durante un encargo laboral, de que los ancianos eran borrados, eliminados, invisibles pero porque no se les quiere ver. Algo parecido a lo que sucede con los discapacitados.

No dejaba de recordar, durante la lectura, esa frase de Terry Pratchett que dice que "Dentro de cada anciano hay un joven preguntándose qué demonios ha pasado".
Todos (al menos, los supervivientes) envejecemos. Y maduramos. Pero, a medida que el envejecimiento va avanzando, la maduración se va atascando: una vez hemos formado lo que somos, lo que pensamos, lo que creemos... se estabiliza dentro de nosotros y nos define. Y así seguimos, por regla general. Con algún cambio sutil, pero poco determinante. Sin embargo, el envoltorio sí va envejeciendo, perdiendo agilidad, elasticidad, ganando en achaques... En ese envoltorio está incluido el cerebro. Es algo así como que lo que somos es nuestra "alma" (o como quiera llamarlo cada quien) y el cuerpo, con cerebro incluido, es nuestra forma, simplemente. Almacena nuestros recuerdos, como cicatrices en los brazos o como el vídeo de nuestro 9º cumpleaños en un CD. Y cuando llegan los achaques al "disco duro"... Empiezan las contradicciones más fuertes entre ambas partes.

En el caso de ese monstruo, el Alzheimer, al que (creo) todos tememos, o de cualquier tipo de demencia senil, la realidad adquiere un tinte muy negro. Para quien lo padece (¡qué miedo, qué desconcierto se debe sentir!) y para su entorno. Y ahí entran las residencias.
Hace mucho tiempo trabajé en una. De lujo, se suponía. Y lo que vi fue terrible. Nunca había comprendido la negativa de irse a una residencia llegada una edad: facilitan tu vida y la de los tuyos, te dan cuidados físicos (neurología, rehabilitación, enfermería...). Pero no tenía en cuenta que no deja de ser un negocio. Que cuanta menos guerra den "los abuelitos", menor inversión. Que, si los familiares que los visitan (si es que los visitan) les ven tranquilos, piensan que están bien cuidados. No que están hasta arriba de Orfidal.
De aquella época recuerdo con especial cariño a Doña Aleida. Una abuelita dulce, siempre sonriente, siempre bien arregladita, cuya única obsesión era enterarse la primera del menú del día. Tenía pinta de haber sido una mujer culta, inquieta. Y todo se redujo a enterarse la primera del menú del día, cada día. Qué terror, ¿no?

Como en todos los campos científicos, la geriatría y la neurología avanzan a pasos agigantados (en los países que invierten en I+D). Espero que pronto den con la solución para esta enfermedad, para quien la quiera. No dejo de pensar que, en algunos casos, el Alzheimer debe ser hasta bueno: recordar la infancia, la juventud, la parte buena de la vida... Y no ser consciente de que has tenido hijos que no van a verte, o de todo lo malo que te ha ido sucediendo en los últimos años. Ni siquiera ser consciente de que estás en una residencia. No dudo que habrá algún caso que quiera que le dejen ahí, calentito.

martes, 21 de enero de 2014

Opiniones

Todos sabemos eso de que "son como los culos": todo el mundo tiene una, y cree que es la más importante.
Hace tiempo que quiero escribir sobre este tema (para desfogarme, para plasmarlo en palabras y así intentar comprenderlo mejor, como siempre), y últimamente cada vez más, pero antes de hablar de esto, quería comentar el tema de los ombligos, que llevaba barruntando hace tiempo también, y está bastante relacionado.

A pesar de la supuesta libertad de expresión y opinión, no siempre se respeta el derecho a opinar y argumentar. Y no hablo de la ley, sino del día a día. Es algo que llevo observando bastante tiempo. No sólo públicamente (en el Congreso, en la televisión, en tertulias de radio...) sino entre "particulares", en conversaciones de temas calientes con amigos, en foros de opinión, incluso en blogs o páginas de noticias que admiten comentarios.
Últimamente esto se ha hecho más patente: la actualidad, especialmente política, lo pone en bandeja. Uno de los temas que más ampichas está levantando es la nueva ley del aborto que pretenden aprobar.
En un blog que hablaba acerca de ello, he llegado a leer un comentario en el que a alguien, por decir que estaba en contra del aborto, se le ha llamado de fascista en adelante. Incluso he leído, a personas de una u otra idea, decir a quien pensaba de la forma "contraria" que gente así no debería existir, y deberían morir. Lo peor es que me ha dado la sensación de que REALMENTE desean esas muertes. O, al menos, si no tanto, sí que les gustaría que no existiesen personas que piensen de esa "otra" manera.
A este respecto recuerdo que, al leer un comentario sobre este tema, se me alzó una ceja... Alguien que se autoproclamaba "provida" decía que todas las que iban a abortar deberían morir en la operación. Aún no lo he digerido, creo que hay algo que no entendí.

Hasta tal punto llega nuestro fanatismo (y hablo en segunda persona del plural porque también hay temas con los que yo me obceco), que llegamos a la maldad: he escuchado algunos comentarios sobre el cáncer de Pedro Zerolo o los que, en su día, provocaron el accidente de Cristina Cifuentes o el accidentado vuelo en helicóptero de Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy que me han hecho sentir vergüenza ajena, por decirlo suavemente. Alegrarse de algo así, sólo porque le ha ocurrido a alguien que tiene una ideología diferente a la tuya, lo siento, pero es maldad. No es de recibo. Desea que se retiren de la política, que se dediquen a otra cosa... Pero no un cáncer o la muerte. No. Eso es cruzar un límite muy chungo.

Pero esto no sólo ocurre hablando del aborto: cualquier tema que levante pasiones (religión, temas políticos, incluso fútbol...) puede hacernos decir auténticas barbaridades, que no sé si expresan lo que realmente sentimos o pensamos, o son fruto del calentón del momento. Espero, de corazón, que sea esto último.

Esta "censura" llega hasta el punto de que si, en una conversación de cualquiera de estos temas entre amigos, se da el caso, por ejemplo, de que estás de acuerdo con lo que ha dicho un personaje público, pero la mayoría no... Es mejor que te calles mientras todos le ponen a parir, salvo que quieras ser lapidado, incluso perder amistades. ¿Estamos tontos o qué?

Hay algo que me reconcome especialmente, y está basado en mi experiencia personal. Espero que se deba sólo a que he tenido mala suerte, y no sea lo habitual. Salvo algún "extraviao", por lo general, los defensores de la libertad de una mujer a la hora de decidir un aborto son los defensores de las libertades en general. La de opinión incluida. Pero se ve que no.  Al menos, insisto, según mi experiencia.
En algunas conversaciones en las que he participado, o que simplemente he podido presenciar, sobre algún tema espinoso, en las que había tanto defensores como detractores de un determinado punto de vista, los más intransigentes eran los "liberales". También se da el caso de personas conservadoras con esta cerrazón, pero me llama mucho más la atención de alguien que se define como liberal. Incluso, cerca de mí hay gente con esta orientación ideológica que no se relaciona con X persona porque "son cerriles" (vamos, que no se han dejado convencer de su punto de vista), incluso "son unos fachas" (traducción: tienen una forma de ver las cosas más conservadora). Ellos pierden. Sobre todo, por esa negativa a no sólo respetar, sino estar abiertos a que cierta forma de ver o hacer las cosas no sólo es posible, sino en algunos casos quizá sea más efectiva que la que ellos propondrían.

Por lo general, me gusta presenciar, incluso participar, en discusiones respetuosas sobre temas "calientes": en ellas se aprende mucho, sobre todo si participan personas bien informadas del tema que se trate. Además, me ayudan a formar mi propia opinión respecto a algunos temas (tengo un buen cacao ideológico: no me siento "liberal" ni "conservadora". En algunos casos creo que unos tienen razón, y en otros creo que lo que dice la otra parte se acerca más a lo que yo pienso). Pero pocas veces tengo esta oportunidad. Enseguida salen los "facha", los "rojo"... y en ese momento me doy por vencida: no voy a tener la oportunidad de escuchar puntos de vista razonados e interesantes (esté de acuerdo con ellos o no).

jueves, 16 de enero de 2014

Ácido sulfúrico

Nueva sacudida. Salvo con "Biografía del hambre", en distintos grados cada libro que he leído de Nothomb ha sido un zarandeo mental.

Éste no es el primero en el que, con la excusa de una historia aparentemente lineal, toca temas de lo más variopintos, la mayoría de ellos, de los que nos afectan de cerca al
común de los mortales. 
Algo así como Carmen Martín-Gaite pero a lo bruto.

De hecho, en "Ácido sulfúrico" se explaya.
La historia en sí habla de "Concentración", un reality-show bastante radical, con unos límites demasiado amplios. Recrea un campo de trabajos forzados nazi. Para que resulte más creíble, los "concursantes" no lo son voluntariamente. Y las penas de muerte son reales. Los vigilantes, llamados aquí kapos, sí están allí voluntariamente.
Es el experimento de Milgram llevado a televisión.
No hay duda de que el poder emborracha. Nos hace sentirnos superiores. Un humano superior a otro. Un humano "vale más" que otro. Qué estupidez ¿verdad?
Como no podía ser de otra manera, bate récords de audiencia.

Incluso los espectadores tienen aquí un papel. No únicamente pasivo, que ya de por sí plantea un dilema moral: ¿ver este programa? ¿colaborar aumentando su audiencia? ¿ser capaz, incluso, de disfrutar viéndolo?
Así que, ¿quién es más responsable moralmente de la existencia y del éxito de este programa? ¿Los espectadores por verlo? ¿Los organizadores por idearlo y producirlo? ¿Los que participan voluntariamente como kapos, cámaras o realizadores? ¿El Gobierno por permitirlo?
Obviamente hace referencia exagerada a los realitys tipo Gran Hermano, incluso a ciertos programas "rosas". ¿Quién es el culpable del éxito de estos programas? ¿Quién el responsable moral último? ¿Quizá "la mayoría silenciosa" que no hace nada por impedir que ocurra, que, aunque horrorizada por lo que ve, se sienta delante de la tele?

Pero en estas no llega a 200 páginas la autora toca, también, otros temas peliagudos. Buena parte de ellos relacionados con "la culpa". ¿De quién es?

A pesar de datar de 2005, las referencias a la crisis económica, política y, según algunos, también de valores que nos está azotando actualmente está omnipresente en este libro. O quizá es que yo lo he querido ver así, estoy condicionada.
Las palabras con las que empieza han traído a mi mente esta situación, en concreto me han hecho pensar en la polémica Ley Mordaza:
"Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo.
No era necesaria ninguna cualificación para ser detenido. Las redadas se producían en cualquier lugar: se llevaban a todo el mundo, sin derogación posible. El único criterio era ser humano".

Algo que también está entre líneas aquí es la posición en la sociedad de cada uno: ¿Quién es el fuerte? ¿Quién el débil? ¿Depende de dónde te toque? ¿De tu actitud? ¿O hay algo más?
¿Somos lo que somos en nosotros mismos, o si nos sacan de nuestro entorno, de nuestra zona de seguridad, no somos así?
De hecho, otro de los dilemas planteados es el voto cualitativo: ¿debe valer más el voto de alguien con más formación, o el de alguien que aporte más -dinero, actividad- al conjunto social, o el de alguien poderoso, o...?
¿Quién es el culpable de nuestro comportamiento ante una situación moralmente complicada? ¿El sistema "creador" o el individuo "creado"? "Nos comportamos así porque la sociedad, el mundo es así". Muchas veces ni nos planteamos que podríamos salirnos del redil y actuar, no como se supone que se actúa en este mundo, ni siquiera como marca (cada vez más estrictamente) la ley, sino como nuestra moral nos dice que deberíamos hacer.

"Presos" y "kapos" se enfrentan a algunas situaciones que plantean este dilema. Ante ellas, pueden agachar la cabeza y pasar desapercibidos, haciendo "lo mismo que los demás", tirar de egoísmo y que cada cual pelee su supervivencia (la ley del más fuerte) o comportarse solidariamente. Pero, ay, esa solidaridad... también puede ser interesada. Una cosa es la solidaridad así, en general "con los niños de África". Otra, la solidaridad con el vecino. Nos motiva más (o menos, depende de la relación entre ambas partes) ayudar a alguien con quien tenemos relación, echar un cable al vecino es menos etéreo que donar 5€ al mes a una ONG (solución mucho más fácil y cómoda, por otro lado) y que ellos se encarguen. ¿Es esa solidaridad, en cierto modo, interesada? ¿Si no conociéramos a esa persona, pero supiéramos de sus problemas, y estuviera en nuestra mano echar un cable, la ayudaríamos igualmente?
Si esa persona en apuros no es consciente de que podemos ayudarla, no nos ve ¿también lo haríamos?

Y, hablando de culpas y moral, no podía faltar el tema teológico... Como dice la autora: "Sería fácil ser Dios si el mal no existiera, pero entonces tampoco habría ninguna necesidad de Dios".

Tampoco podía faltar el tema amoroso, romántico. Hablando de amores, de relaciones humanas, de prisioneros y kapos... también podemos plantearnos, ante ciertos pasajes de esta lectura, preguntas acerca de la naturaleza de la naturaleza del "amor verdadero", sea lo que sea eso.
El amor, de alguna manera, también te convierte en prisionero. Las relaciones sentimentales, al menos la mayoría de las que mantenemos en la sociedad tal como está ahora mismo, llevan implícito un alto grado de posesividad. El amor mejora tu vida, incluso en ciertos casos le da sentido (¿el amor o la persona amada?), te da muchas cosas... Entre ellas, una estupenda ceguera.

He dejado para el final de este ladrillo (casi estoy escribiendo yo más que la propia autora, me parece que me he liado...) mi tema predilecto entre los que ha tratado: el poder de las palabras.
Cómo una palabra puede cambiarlo todo. La palabra elegida, la dicha o la omitida, el momento y el tono en que se diga... Nos condicionan, indudablemente.
Incluso las palabras pueden cambiar cómo nos sentimos, cómo nos relacionamos con nuestro entorno. El tuteo puede implicar confianza o desprecio. Al llamar a alguien de usted, puede que estemos expresándole respeto o temor.
Incluso nuestro propio nombre. Un amasijo de letras, de sonidos, que nos resumen, incluso nos definen. Lo sentimos como si fuera nuestro y, a la vez, cada individuo fuera ESA palabra. Cuando alguien la pronuncia, nos evoca. Cuando nos despojan de él, nos sentimos perdidos. Lo dice fantásticamente la autora, que para eso es La Nothomb: "Habitar unas sílabas que forman un todo es uno de los asuntos más relevantes de esta vida".

En fin: recomiendo enfáticamente la lectura de "Ácido sulfúrico", ya sea de la historia que cuenta (muy entretenida) o de los blancos del interlineado (brutales). Aquí he intentado no hacer ningún spoiler, aunque, como se ve, lo importante en este libro (como en tantos otros) para mí no ha sido el argumento en sí, sino lo que te hace leer. Aunque no esté escrito.


Hay que ver lo que me gusta complicarme. Con lo fácil que hubiera sido, simplemente, disfrutar con la breve lectura sobre un programa de televisión.

PD: Otra collejita a Anagrama por las erratas. En este aspecto, irónicamente, son incorregibles.