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viernes, 16 de mayo de 2014

Ya iba tocando...

Cuando lo de venir a vivir a Benalmádena se hizo firme, nuestra intención era ir a Madrid, como poco, 1 ó 2 veces por año. Vamos: Navidades y vacaciones o algún puente.
Pero en el último par de años mi cuerpo ha puesto pegas, así que había pasado ya un año y medio desde la última vez. Y yo tenía una morriña tremenda. De amigos, de familia, de Gran Vía, Alcalá y Callao...

Aprovechando la comunión de Marina el día 10, el puente del 1 y mi cumple el 8, dijimos "de ésta no pasa". Y hemos estado por allí 11 días. 11 estupendos días. Que han fundido mi cuerpo, pero mira, por una vez: que le den. Ya nos había condicionado bastante. Ahora, a recuperarse para la próxima (espero que no pase tanto tiempo esta vez).

Esta vez nos alojamos en Alcorcón, en casa de Julio. Creímos que para nosotros (por comodidades como el ascensor) y para las gatas (porque no se encontrarían con su madre Pitbull, su hermana Teresita y su primo Pizca, con los que se llevan a bufidos), sería más relajado.

Hicimos compras, vimos a gente muy querida, paseamos por Gran Vía (¡ya lo echo de menos!)... Y nos inflamos a ver musicales.

El mismo sábado (llegamos allí el viernes) fuimos a ver "Marta tiene un marcapasos".


Yo lo pasé genial. No es (era, ya no está en cartel) un musical con una grandísima calidad, pero para las fans de entonces es un bonito recordatorio.

Las letras de las canciones no dan para mucho más argumento que el que tenían sus películas...

Para que a los "sufridos" acompañantes se les haga más ameno las bailarinas parecen sacadas del mítico local cercano que se anunciaba con tarjetas en las que invitaba: "ponga una teta en su copa".
Pero disfruté mucho. Hasta Dani, al final, se animó a dar palmas y cantar con la última canción.
Además, aquella noche estuvo allí Rafa... salió a saludar al final y a mí me hizo temblar el cuerpo entero... ¡¡qué alegrón!!

Como anécdota, comentar que la acomodadora me vio incómoda en la butaca, pasándolo un poco mal con la cadera. Así que en el descanso me ofreció (con algo de apuro) un altillo de los que ponen en las butacas para los niños, que no sólo me ayudó a ver mucho más a gusto la segunda parte, sino que he adoptado como idea para todas las veces que vayamos al teatro o al cine. Genial.
Sin embargo, nos comentó que le daba apuro comentárnoslo porque, unos días antes, había ofrecido lo mismo a una señora muy bajita, con toda su buena intención, y la señora bajita se le había ofendido por ello. Estamos gilipuertas del todo. Sólo espero que el toparse con estos gilipuertas no impida que se siga ofreciendo ayuda, porque algunos lo agradecemos, y mucho.

El día de la madre, por motivos familiares, comimos con nuestro amigo Juanmi en La Choza del Segoviano. Genial la compañía, genial la comida. Vamos: sin sorpresas. Nos faltó Almudena, que estaba malita y a la que no hemos podido ver al final, y bien que lo siento. Para la próxima va a ser cita prioritaria.

Después, mientras yo descansaba un poquito, Dani se fue a Valdebebas a ver el Castilla - Real Jaén, del que volvió con sabor agridulce: el empate no era malo pero pudieron ganar. Pero claro, había que aprovechar la coincidencia.

Al día siguiente ya celebramos el Día de la Madre y el cumpleaños de María con mi abuela y mis tíos (¡qué bien haber coincidido con ellos en este viaje, tenía muchas ganas de verles!), en uno de los sitios fijos cada vez que visitamos Madrid: Río Miño. Fue un bonito reencuentro, lo pasamos fenomenal, nos pusimos ginchos a marisquito (cómo echo de menos las nécoras por aquí abajo...) y nos pusimos un poquito al día. Para la siguiente vez que nos veamos espero que tengamos todos más ratito para dedicarnos, que supo a poco la compañía.

Después nos citamos con Laura (¡Gracias por ayudarme con el tema de la silla de ruedas!), Enrique y Miriam para tomar café. En Madrid es que tomamos unos cafés un poco peculiares... aquí piden un "sombra", allí, "un Brugal con Coca-cola". Así que tomamos 5 ó 6 cafés cada uno y nos retiramos forzosamente, que al día siguiente algunos tenían que trabajar...
Cuando volvíamos, tuvimos la suerte de encontrarnos con un control de alcoholemia a la entrada de Alcorcón y que no nos pararan... Es lo que tiene tener pinta de ser un matrimonio de bien y llevar una silla de ruedas en el maletero.
Digo lo mismo (sensación que se ha repetido en casi todas las reuniones de este viaje): fue genial volver a verles, pero supo a poco. A muy poco. Tenemos que volver a vernos pronto, que se les echa mucho de menos.

Al día siguiente, como preparativo para la comunión, fui a teñirme a Peluquería Madrigal, en el C.C. Tres Aguas. La busqué por internet, por cercanía. Ya escribiré mi opinión en ciao y google, pero recomiendo no ir por allí. Aparte del clavo y del acoso para que cojas "extras" (champú especial, crema, mascarilla, ampichas tratantes para, exfoliante...), algo que hacen en muchas peluquerías pero no a un nivel tan intimidatorio, el tinte me lo echaron mal, sólo en las raíces, y como dije que "peinado no, sólo secar" lo hicieron tan literal que me dieron 30 segundos con el secador y ni el cepillo cogieron: con los dedos medio-desenredaron, y a casita. Después de clavarme por esto más de 50€. Después de esta información, cada uno que haga lo que le parezca, pero yo no vuelvo.

Mientras, Dani aprovechó para visitar el Museo del Ejército del Aire de Cuatro Vientos, del que vino tan contento.

A estas alturas mi cuerpo ya estaba quejumbroso, así que tuve que cancelar planes para esa tarde, porque si no no llegaba a mi regalo de cumple: ¡El Rey León!


No puedo decir más que es UNA PASADA.

Es impactante, la música genial, los actores, bailarines y cantantes (con mención especial para los personajes de Simba niño, Scar y Rafiki) maravillosos... Es inolvidable.
Eso sí: vaya clavo los refrescos (con los que te endiñan, quieras o no, el "vaso oficial").

El día siguiente tocaba uno de los eventos más esperados y más echados de menos: día de shopping y comida en Imanol, con Noelia y mi camarero favorito.
Y no se puede hacer una persona normal a la idea del subidón que me dio comprobar que este año se lleva el fucsia. En todo. Todo. Y todo.
Claro: me inflé.
Dani se libró, con la excusa de la feria GENERA de energías renovables. Bueno... así no tuve más límite que el de mi tarjeta...

Esas jornadas agotan, así que ya tuve que reservarme para el jueves, mi cumple, en que comimos (suena como muy light eso de "comimos" para lo que hicimos: ponernos cerdos) con mi abuela en Da Nicola y descansar, porque esa noche tenía otro musical: "Hoy no me puedo levantar". (Preludio de la frase que voy a estar diciendo por lo menos el próximo mes enterito...)

Fui con Noelia, y lo disfrutamos muchísimo.
No es la calidad de El Rey León, pero el argumento está genialmente elaborado, el hilo conductor es un actor que representa a Nacho Cano, y entre canción y canción (versionadas con mucha caña) tiran a dar a algunos personajes, como Ana Torroja o Penélope Cruz.

El viernes tuvimos que tomarlo forzosamente de reposo hasta la noche. Era cita grande y quería estar lo mejor posible, aunque ya llevaba mucho tute encima.
Cenamos en el Alfredo's de Cuzco con Bárbara, Jose, Juanmi, Natalia, Juan... ¡¡¡y Guille!!! La compañía GENIAL. Había ganas de verles a todos, y digo lo mismo: ojalá hubiéramos tenido tiempo y fuerzas para alargarlo unas horitas. Pero el sitio... la comida, muy bien: la calidad de siempre. Pero el trato, deplorable. Vamos, que no volvemos. Probaremos en otros de la cadena, pero al de Cuzco, ni locos.
Al reservar (para las 21:00) nos dijeron "vale, os apunto en el primer turno". No nos avisaron de que a las 23:00 teníamos que estar zumbando de allí. Pero, llegada esa hora, no sólo nos metieron prisa, sino que no nos dejaron ni pedir postre. Además, con muy malos modos. Malos modos que ya habían mostrado a nuestra llegada, cuando vieron el carrito de Guille, y no hicieron más que poner pegas (lo ideal hubiera sido que ofrecieran soluciones).
Menos mal que, como digo, la compañía endulzó el sabor de la noche.
Después, todos menos los recientes papis y mi futuro novio, fuimos a tomar un cavita (ya que en Alfredo's no pudo ser) a Beaucoup!, un local cercano que voy a fichar para próximas visitas: la atención impresionantemente buena (además, con el contraste con la que acabábamos de tener, nos impactó más), el precio nada mal para una botella de buen cava, y encima nos pusieron aperitivos (almendras fritas, una tabla de quesos, chocolatinas para el que no le gustaba el queso...). Todo muy rico, así que cenar allí debe ser muy agradable. Volveremos.
Para rematar, nos fuimos con Juanmi al Real Café a tomar una copichuela, pero ahí mi cuerpo ya dijo "c'est fini, chatina". Y tuvimos que recogernos, con dolor de cuerpo y corazón.

El sábado, gran día de Marina, por la mañana fui a otra peluquería, ésta sí muy buena, a que me disimularan el desaguisado de la anterior. Quedé encantada con la atención y con el resultado. Ojalá la hubiera descubierto antes.
Dani repitió planazo y volvió al museo.
Y después, descansar un poquito para la comunión esa tarde-noche.
Dani tuvo que ir de primeras solito a la iglesia y después recogerme para el cocktail, porque mi cuerpo estaba de no.
Ya en el Club de Campo, todo genial: una organización muy detallista, todo muy rico, los niños pasándoselo teta-piruleta... ¡¡Una tarde preciosa!! Espero que, sobre todo, para la protagonista. ¡¡Estaba guapísima!!

Era el día de la final de Eurovisión, que nos hubiera encantado ver con Natalia, Juan y Guille... pero entre que salimos ya tarde de allí y que yo no podía con mi alma, no pudo ser. Habrá que organizarse mejor para el próximo año.

Y, para rematar(me), el domingo tomamos el vermú en La Choza nuevamente (sí, estamos enganchados, ¿qué pasa?) con algunas de las que nos faltaban (gracias por acercaros, fue genial volver a veros): Elena y Belén.
Con Belén pudimos estar poco rato, pero el ratito con Elena me supo a gloria... ¡¡¡Qué alegría el reencuentro!!! Ahora que hemos retomado, ¡no podemos dejar pasar mucho para la siguiente!
Después, comida con mi padre, su mujer y mi hermana allí mismo. Estuvo muy bien pero, para ser sinceros, yo ya me enteraba de poco. A veces me costaba seguir la conversación, porque el ritmo de los 10 días anteriores me tenía fundidísima.
Así que después nos despedimos de mi abuela, volvimos a Alcorcón y DESCANSAMOS. Bueno, un poquito. Pero era necesario.
Y, por la noche, cena-despedida-broche de oro: Natalia, Juan y Guille se acercaron y allí cerquita estuvimos en un Gino's. Guille algo molesto, pobrín, con sus dientecillos... Pero fue muy agradable, es una auténtica lástima vivir tan lejos, porque son de esas personas con las que quedaría varias veces por semana sin cansarme (¡no creo que ellos digan lo mismo de mí! Jajajajaja).

Con tristeza pero necesariamente, por la batería de mi cuerpo y el trabajo de Dani, hicimos (bueno, casi todo él, yo no podía casi mover los brazos) maleta, y al día siguiente, a casa.


Las niñas no lo han pasado tan bien como nosotros, pero bueno...


Hemos intentado que estuvieran lo mejor posible, y les damos estos disgustos muy de vez en cuando.

Se nos ha quedado gente por ver, espero ponerle solución pronto. Y ha sido genial, reconfortante, aunque apenas un bocadito de lo que me gustaría, ver a los que sí hemos podido. Gracias, de corazón, a los que habéis hecho esfuerzos para que pudiera ser. Ojalá repitamos muy prontito, aquí o allí, y tengamos más tiempo.

El reportaje fotográfico ha sido poco menos que escaso... porque somos unos linces: nos llevamos cámara de fotos y de vídeo, pero no sus respectivos cargadores. Arsa y ole por nosotros.

He vuelto muy cansadita, pero muy reconfortada. A pesar de la distancia física que nos impide achucharnos, por lo general estamos ahí unos para otros y, gracias a las tecnologías y la voluntad, mantenemos el contacto más o menos constante. Tocada por el momento delicado por el que están pasando algunas de las personas a las que quiero, algo frustrada por no tener un gadgeto-brazo para poder acercar una de mis manos más a menudo.
Eso sí: un achuchón de vez en cuando sienta de maravilla, y como suele ser recíproco, a ambas partes. El subidón moral que me ha proporcionado es lo que me está ayudando a llevar bien la inevitable factura física.

¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS 
A TODOS!

lunes, 18 de febrero de 2013

Restaurante tapería La Perlita

Hace (creo) unos 2 años fuimos a cenar a un restaurante de Benalmádena pueblo: La Perla.
Está muy bien, con una atención y decoración muy bien cuidadas, y una carta digna de gourmets. Eso sí: es un sitio "para ocasiones especiales": no el típico al que puedes permitirte ir (al menos yo) cuando te apetece salir a comer o cenar.

Ayer, por aquello de que nos diera un poco el aire, pisar la calle, no estar encerrados en casa todo el fin de semana... decidimos salir a picotear algo. Pero eso sí: poca cosa, que no andábamos nada hambrientos. Un par de tapitas y poco más.

Fuimos a un sitio aquí cerca que teníamos ganas de probar, pero estaba cerrado.
Al parecer, habían abierto, junto a La Perla, y de los mismos dueños, una tapería justo al lado: "La Perlita". Bueno, pues fuimos a probar.

Y menos mal que íbamos sin hambre...

A parte de la carta de tapas y raciones a bastante buen precio, tienen menú (en domingo también): 12€ por primero (a elegir entre 4), segundo (a elegir entre 2) y postre.

Estuvimos en la terracita, que tiene unas vistas preciosas: al mar, junto a la colina sobre la que está el mirador y la iglesia, frente a un parquecito... Pero también nos asomamos al interior: la decoración igual de cuidada o más que en La Perla: elegante pero con un toque moderno. La atención difícilmente mejorable. Y la comida riquísima.

Al final nos tentaron los menús, y tomamos uno cada uno: ensaladilla rusa y lubina rellena de langostinos yo; porra y pollo relleno de mantequilla y limón y empanado Dani. De postre, merengue de frutos rojos ambos. Y de segundo postre, milhoja de crema a compartir. No es que los platos sean escasos: para nada. Pero es que está todo buenísimo. Incluso la repostería es suya. Irresistible.

La presentación de los platos está en la línea de todo lo demás: muy bien cuidada, sin restarles sabor (estaba todo riquísimo).

Así que es un sitio para fichar: buen precio, buena calidad, buen servicio, cuidada decoración y presentación... Me han convencido.
(Eso sí: prohibido pisarlo durante la operación bikini).

domingo, 3 de febrero de 2013

Años 50

De vez en cuando hay que salir, aunque suponga un esfuerzo. Como suelo decir, cuando me salgo de la rutina pago 2 facturas después: la económica y la física. Pero es que, aunque sólo sea de vez en cuando, hay que hacer el esfuerzo y animarse un poco.


Anoche volvimos al Restaurante Años 50, en Torremolinos. Era la segunda vez que íbamos, y no creo que sea la última.
Se come de lujo: la calidad de las carnes (no hemos probado aún los pescados), los entrantes y los vinos va acompañada de una presentación estupenda y una atención elegante, pero muy simpática. Te sientes bien desde que entras.
Me chifla la decoración: elegante, cuidada al detalle, con fotos de mitos de aquella década dorada, pero muy cómoda: sofás, sillas bonitas pero no por eso incómodas... ¡hasta en el baño de mujeres (en el otro no sé) hay una butaca!

Además, en la zona de cocktelería los viernes hacen una fiesta cubana, y los sábados tienen música en vivo: también por lo general cubana. Ayer incluso hubo un momento de karaoke con una cumpleañera.
Todo esto amenizado por un personal atento, simpático y un par de animadores que hacen la noche muy divertida: enseñan a bailar, incluso bailan contigo si quieres. La chica baila muy bien y tiene un cuerpazo, y él, un cubano escultural... pues también. No para de bailar, y lo hace de escándalo. Da gusto verles, anima a intentarlo (aunque claro: la mayoría nos quedamos en patosos imitadores, pero intentarlo es divertido).
Los cocktails son, como la comida, de una calidad buenísima. Tienen variedad para aburrirte y los hacen con maestría.
También tienen hotel, pero no lo hemos probado.

Hoy estoy hecha polvo, como era de esperar. Pero bueno, que me quiten lo bailao. Literalmente. Hasta el "Au si te pego" cayó. Con garrota y todo.
La factura económica no fue muy alta para la estupenda noche que pasamos; la física, está siendo dura, pero ya pasará; la felina... bueno, pues por pendón, esta noche no ha dormido conmigo ninguna de las gatas.

lunes, 7 de enero de 2013

Madrid, Madrid, Madrid...

¡Ya se ha acabado! Pero mientras ha durado ha sido genial. Agotador, pero genial.

Hemos estado una semanita escasa, y claro: no ha dado tiempo a todo (mi cuerpo tampoco está para excesivos meneos), pero hemos visto a mucha gente querida, hemos ido a sitios que nos encantan y lo hemos pasado muy bien. Nos ha faltado por ver a algunas personas. Y por ver más a otras. Espero que no tarde en presentarse una nueva ocasión, aquí o allí.

El mismo día 30, ni 24 horas después de haber llegado, hicimos una noche teatral de chicas, y luego cena de parejas. Fue un comienzo dificilmente superable.



Ya en nochevieja, aperitivo marisquero en buena compañía y consiguiente "puntito". De ahí ya no hubo quien nos parara (mi hígado aún debe andar escribiendo la carta de reclamación): cenita de nochevieja con más gente de la que inicialmente esperábamos, así que más divertida (cuantos más semos, mejor lo pasemos). Hay un vídeo buenísimo de cuando nos comíamos las uvas, pero como me dio la risa dura como 5 minutos (lo que tardé en tomarme las 12 frutitas...), así que tampoco voy a colgarlo... Eso sí: la foto de Dani con su gorrito "viva el orgullo gay en Nochevieja" no me resisto a ponerla.



Luego, copichuelas por El Pardo city. "En mis tiempos" las noches por allí no me daban para tanto. Pero los 2 años que llevamos yendo en Nochevieja están siendo divertidísimas:

NOCHEVIEJA 2011

NOCHEVIEJA 2012

Cuando estás lejos de "tu sitio" estos reencuentros se saborean especialmente, y espero tener oportunidad de seguir saboreando y saboreando muuuuchos años más.

El día 1 de enero no es inhábil por nada... El cuerpo estaba para poco tute... Aún así salimos a cenar algo (teníamos pocos días, y había que disfrutar al máximo)...

Después vinieron días de compras, más reuniones de amigos y familiares, visiteo a zonas "míticas" para nosotros, también fuimos al museo naval (se nos quedó pendiente para otra visita ir a otros museos más artísticos).

Aprovechando que hace ya tiempo inauguré (y ahí lo dejé) la etiqueta de "crítica gastronómica", quiero recomendaros un sitio muy especial en El Pardo: La Choza del Segoviano. Un sitio con buenísima comida, no especialmente caro, muy agradable, y con un trato estupendo. En invierno, con la consumición en barra te ponen de aperitivo un caldito que resucita a un muerto de lo bueno que está. Y en verano, un gazpachito. Pescado no he comido más que salmón allí, y estaba bueno. Pero las carnes son espectaculares. Y de tapas, recomendaría TODAS: sesitos, tortilla con salmorejo, berenjenas con miel, el tradicional gamo de la zona (más rico que en cualquiera de los sitios de por allí), croquetas... No sigo, que me entra hambre.


Las gatas han estado mucho más a gusto que en otras visitas, incluso Cthulhu se enamoriscó de Pizca (fue mutuo), así que eso nos ha permitido mayor tranquilidad.

Les encantaron las hamaquitas de los radiadores, y se turnaban para ocupar la de la habitación donde estábamos.

Lo que han llevado peor han sido los viajes en el coche, aunque la ida fue peor para ellas que la vuelta.

Para mí los viajes también han sido una paliza, y ahora me costará unos días (espero que no demasiados) recuperarme. El ajetreo de Madrid ha sido tremendo, aunque "en caliente" (digo "caliente" por decir algo...) lo noté menos. Ahora me está llegando la factura física, y va a ser alta... Pero por alta que sea, ha merecido la pena, y repetiría con gusto. Espero que no tardemos en volver, cada vez tengo más mono de la capital y, sobre todo, de la gente a la que quiero que está allí. Pero si, por lo que sea, tardamos en volver... sabéis dónde estamos, y siempre seréis bienvenidos (de uno en uno, por favor, que la casa no es elástica...).

sábado, 13 de octubre de 2012

El Apagón

Bueno, pues otra vez al Alameda anoche... a ver si sacan la tarjeta de fidelización pronto y me dan puntos para una Coca-Cola y esas cosas que nos hacen ilusión a las coleccionistas de tarjetas fidelizatorias.

"El apagón" es una obra divertida, una comedia de enredo con un tipo de humor simplón, muy "Benny Hill". Es decir, humor del de desconectar el cerebro, olvidarse de preocupaciones, complicaciones ni complejidades argumentales y reírse. (Había un señor un par de filas detrás de nosotros que debió estar al borde del infarto por carcajada. Le iba a dar algo.)
A mí no es el tipo de humor que más me gusta (soy algo especialita y repelente, ya sabéis), pero aún así pasé un buen rato, no me reí de continuo, pero algún punto sí me hizo soltar la carcajada, y ante todo me divirtió el show que montan, y la estupenda interpretación de la que hacen gala.

Uno de los motivos que me movió a comprar la entrada, al leer el argumento, es ver cómo podían hacer entender al público (sin decirlo directamente) que, aunque el escenario estuviera iluminado, ellos estaban en pleno apagón y no veían ni torta: no se veían ni unos a otros. Es algo que desde el minuto 1 queda claro gracias al juego de luces invertidas: cuando se supone que ven, está a oscuras, y cuando se supone que no ven nada, está perfectamente iluminado... cuando se supone que ven un poquitín hay penumbra.

También me parecía interesante ver cómo se supone que actuamos cuando creemos que no nos ve nadie, y ahí la interpretación resulta un pelín exagerada para mi gusto. Debo decir que, salvo el papel del padre de la novia, un militar de mal carácter, que me pareció ya demasiado-demasiadísimo, los personajes están fenomenal, y de ellos destacaría el papel de la vecina, Miss Furnival, bordado por Aurora Sánchez, y el de Harold, interpretado por Diego Molero, que, para mi gusto, ilumina la obra desde que aparece: hasta que llegó su turno de salir a escena para mí la obra no era demasiado divertida, salvo por algún golpe de Miss Furnival... pero desde que llegó Harold, el vecino... mejoró enteros.

Ver a uno de los GRANDES (para mí), Gabino Diego, encima del escenario, también tenía su aquel, y la verdad es que no defrauda nada: está absolutamente metido en el papel, en ningún momento me dio la sensación de interpretación (salvo cuando "se caía" y esas cosas, claro), y eso, para mí, define a un actorazo. Como ya me he soltado, y me he aficionado a saludar a los artistas al final, me hubiera encantado quedarme a saludarle a él, pero tenían otra función una hora después: no procedía.
(Para los que veáis Modern Family: 
Gabino Diego es Luck de mayor... ¿que no?)

La obra dura en torno a una hora y media, y como digo, es un continuo de golpes de humor simplón: no paran en ningún momento.


Bueno, y por petición del público inauguro etiqueta en el blog: Crítica gastronómica.
Y aprovecho que anoche salí para incluirla aquí:
Estuve en un local de Benalmádena que me gusta bastante, por su ambientación y por su carta. La atención es muy buena también.

Se llama "Érase una vez...". Con ese nombre, claro, es ideal para ir después del teatro...

Siempre que voy allí pido la Fideuá "00" al nero di sepia con gambas pil-pil con una copita de buen vino. Y algo más, generalmente, pero ése es "el obligado".

Tienen cocina original y de calidad tanto para picotear como para sentarse a comer "con cuchillo y tenedor" y terminar hartito. La vinoteca es muy buena, y también tienen cocktails, que aún no he probado, pero no será por falta de ganas. Espero no tardar en hacerlo.

Así que, si pasáis por Benalmádena, os recomiendo que hagáis paradita allí.