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viernes, 16 de mayo de 2014

Ya iba tocando...

Cuando lo de venir a vivir a Benalmádena se hizo firme, nuestra intención era ir a Madrid, como poco, 1 ó 2 veces por año. Vamos: Navidades y vacaciones o algún puente.
Pero en el último par de años mi cuerpo ha puesto pegas, así que había pasado ya un año y medio desde la última vez. Y yo tenía una morriña tremenda. De amigos, de familia, de Gran Vía, Alcalá y Callao...

Aprovechando la comunión de Marina el día 10, el puente del 1 y mi cumple el 8, dijimos "de ésta no pasa". Y hemos estado por allí 11 días. 11 estupendos días. Que han fundido mi cuerpo, pero mira, por una vez: que le den. Ya nos había condicionado bastante. Ahora, a recuperarse para la próxima (espero que no pase tanto tiempo esta vez).

Esta vez nos alojamos en Alcorcón, en casa de Julio. Creímos que para nosotros (por comodidades como el ascensor) y para las gatas (porque no se encontrarían con su madre Pitbull, su hermana Teresita y su primo Pizca, con los que se llevan a bufidos), sería más relajado.

Hicimos compras, vimos a gente muy querida, paseamos por Gran Vía (¡ya lo echo de menos!)... Y nos inflamos a ver musicales.

El mismo sábado (llegamos allí el viernes) fuimos a ver "Marta tiene un marcapasos".


Yo lo pasé genial. No es (era, ya no está en cartel) un musical con una grandísima calidad, pero para las fans de entonces es un bonito recordatorio.

Las letras de las canciones no dan para mucho más argumento que el que tenían sus películas...

Para que a los "sufridos" acompañantes se les haga más ameno las bailarinas parecen sacadas del mítico local cercano que se anunciaba con tarjetas en las que invitaba: "ponga una teta en su copa".
Pero disfruté mucho. Hasta Dani, al final, se animó a dar palmas y cantar con la última canción.
Además, aquella noche estuvo allí Rafa... salió a saludar al final y a mí me hizo temblar el cuerpo entero... ¡¡qué alegrón!!

Como anécdota, comentar que la acomodadora me vio incómoda en la butaca, pasándolo un poco mal con la cadera. Así que en el descanso me ofreció (con algo de apuro) un altillo de los que ponen en las butacas para los niños, que no sólo me ayudó a ver mucho más a gusto la segunda parte, sino que he adoptado como idea para todas las veces que vayamos al teatro o al cine. Genial.
Sin embargo, nos comentó que le daba apuro comentárnoslo porque, unos días antes, había ofrecido lo mismo a una señora muy bajita, con toda su buena intención, y la señora bajita se le había ofendido por ello. Estamos gilipuertas del todo. Sólo espero que el toparse con estos gilipuertas no impida que se siga ofreciendo ayuda, porque algunos lo agradecemos, y mucho.

El día de la madre, por motivos familiares, comimos con nuestro amigo Juanmi en La Choza del Segoviano. Genial la compañía, genial la comida. Vamos: sin sorpresas. Nos faltó Almudena, que estaba malita y a la que no hemos podido ver al final, y bien que lo siento. Para la próxima va a ser cita prioritaria.

Después, mientras yo descansaba un poquito, Dani se fue a Valdebebas a ver el Castilla - Real Jaén, del que volvió con sabor agridulce: el empate no era malo pero pudieron ganar. Pero claro, había que aprovechar la coincidencia.

Al día siguiente ya celebramos el Día de la Madre y el cumpleaños de María con mi abuela y mis tíos (¡qué bien haber coincidido con ellos en este viaje, tenía muchas ganas de verles!), en uno de los sitios fijos cada vez que visitamos Madrid: Río Miño. Fue un bonito reencuentro, lo pasamos fenomenal, nos pusimos ginchos a marisquito (cómo echo de menos las nécoras por aquí abajo...) y nos pusimos un poquito al día. Para la siguiente vez que nos veamos espero que tengamos todos más ratito para dedicarnos, que supo a poco la compañía.

Después nos citamos con Laura (¡Gracias por ayudarme con el tema de la silla de ruedas!), Enrique y Miriam para tomar café. En Madrid es que tomamos unos cafés un poco peculiares... aquí piden un "sombra", allí, "un Brugal con Coca-cola". Así que tomamos 5 ó 6 cafés cada uno y nos retiramos forzosamente, que al día siguiente algunos tenían que trabajar...
Cuando volvíamos, tuvimos la suerte de encontrarnos con un control de alcoholemia a la entrada de Alcorcón y que no nos pararan... Es lo que tiene tener pinta de ser un matrimonio de bien y llevar una silla de ruedas en el maletero.
Digo lo mismo (sensación que se ha repetido en casi todas las reuniones de este viaje): fue genial volver a verles, pero supo a poco. A muy poco. Tenemos que volver a vernos pronto, que se les echa mucho de menos.

Al día siguiente, como preparativo para la comunión, fui a teñirme a Peluquería Madrigal, en el C.C. Tres Aguas. La busqué por internet, por cercanía. Ya escribiré mi opinión en ciao y google, pero recomiendo no ir por allí. Aparte del clavo y del acoso para que cojas "extras" (champú especial, crema, mascarilla, ampichas tratantes para, exfoliante...), algo que hacen en muchas peluquerías pero no a un nivel tan intimidatorio, el tinte me lo echaron mal, sólo en las raíces, y como dije que "peinado no, sólo secar" lo hicieron tan literal que me dieron 30 segundos con el secador y ni el cepillo cogieron: con los dedos medio-desenredaron, y a casita. Después de clavarme por esto más de 50€. Después de esta información, cada uno que haga lo que le parezca, pero yo no vuelvo.

Mientras, Dani aprovechó para visitar el Museo del Ejército del Aire de Cuatro Vientos, del que vino tan contento.

A estas alturas mi cuerpo ya estaba quejumbroso, así que tuve que cancelar planes para esa tarde, porque si no no llegaba a mi regalo de cumple: ¡El Rey León!


No puedo decir más que es UNA PASADA.

Es impactante, la música genial, los actores, bailarines y cantantes (con mención especial para los personajes de Simba niño, Scar y Rafiki) maravillosos... Es inolvidable.
Eso sí: vaya clavo los refrescos (con los que te endiñan, quieras o no, el "vaso oficial").

El día siguiente tocaba uno de los eventos más esperados y más echados de menos: día de shopping y comida en Imanol, con Noelia y mi camarero favorito.
Y no se puede hacer una persona normal a la idea del subidón que me dio comprobar que este año se lleva el fucsia. En todo. Todo. Y todo.
Claro: me inflé.
Dani se libró, con la excusa de la feria GENERA de energías renovables. Bueno... así no tuve más límite que el de mi tarjeta...

Esas jornadas agotan, así que ya tuve que reservarme para el jueves, mi cumple, en que comimos (suena como muy light eso de "comimos" para lo que hicimos: ponernos cerdos) con mi abuela en Da Nicola y descansar, porque esa noche tenía otro musical: "Hoy no me puedo levantar". (Preludio de la frase que voy a estar diciendo por lo menos el próximo mes enterito...)

Fui con Noelia, y lo disfrutamos muchísimo.
No es la calidad de El Rey León, pero el argumento está genialmente elaborado, el hilo conductor es un actor que representa a Nacho Cano, y entre canción y canción (versionadas con mucha caña) tiran a dar a algunos personajes, como Ana Torroja o Penélope Cruz.

El viernes tuvimos que tomarlo forzosamente de reposo hasta la noche. Era cita grande y quería estar lo mejor posible, aunque ya llevaba mucho tute encima.
Cenamos en el Alfredo's de Cuzco con Bárbara, Jose, Juanmi, Natalia, Juan... ¡¡¡y Guille!!! La compañía GENIAL. Había ganas de verles a todos, y digo lo mismo: ojalá hubiéramos tenido tiempo y fuerzas para alargarlo unas horitas. Pero el sitio... la comida, muy bien: la calidad de siempre. Pero el trato, deplorable. Vamos, que no volvemos. Probaremos en otros de la cadena, pero al de Cuzco, ni locos.
Al reservar (para las 21:00) nos dijeron "vale, os apunto en el primer turno". No nos avisaron de que a las 23:00 teníamos que estar zumbando de allí. Pero, llegada esa hora, no sólo nos metieron prisa, sino que no nos dejaron ni pedir postre. Además, con muy malos modos. Malos modos que ya habían mostrado a nuestra llegada, cuando vieron el carrito de Guille, y no hicieron más que poner pegas (lo ideal hubiera sido que ofrecieran soluciones).
Menos mal que, como digo, la compañía endulzó el sabor de la noche.
Después, todos menos los recientes papis y mi futuro novio, fuimos a tomar un cavita (ya que en Alfredo's no pudo ser) a Beaucoup!, un local cercano que voy a fichar para próximas visitas: la atención impresionantemente buena (además, con el contraste con la que acabábamos de tener, nos impactó más), el precio nada mal para una botella de buen cava, y encima nos pusieron aperitivos (almendras fritas, una tabla de quesos, chocolatinas para el que no le gustaba el queso...). Todo muy rico, así que cenar allí debe ser muy agradable. Volveremos.
Para rematar, nos fuimos con Juanmi al Real Café a tomar una copichuela, pero ahí mi cuerpo ya dijo "c'est fini, chatina". Y tuvimos que recogernos, con dolor de cuerpo y corazón.

El sábado, gran día de Marina, por la mañana fui a otra peluquería, ésta sí muy buena, a que me disimularan el desaguisado de la anterior. Quedé encantada con la atención y con el resultado. Ojalá la hubiera descubierto antes.
Dani repitió planazo y volvió al museo.
Y después, descansar un poquito para la comunión esa tarde-noche.
Dani tuvo que ir de primeras solito a la iglesia y después recogerme para el cocktail, porque mi cuerpo estaba de no.
Ya en el Club de Campo, todo genial: una organización muy detallista, todo muy rico, los niños pasándoselo teta-piruleta... ¡¡Una tarde preciosa!! Espero que, sobre todo, para la protagonista. ¡¡Estaba guapísima!!

Era el día de la final de Eurovisión, que nos hubiera encantado ver con Natalia, Juan y Guille... pero entre que salimos ya tarde de allí y que yo no podía con mi alma, no pudo ser. Habrá que organizarse mejor para el próximo año.

Y, para rematar(me), el domingo tomamos el vermú en La Choza nuevamente (sí, estamos enganchados, ¿qué pasa?) con algunas de las que nos faltaban (gracias por acercaros, fue genial volver a veros): Elena y Belén.
Con Belén pudimos estar poco rato, pero el ratito con Elena me supo a gloria... ¡¡¡Qué alegría el reencuentro!!! Ahora que hemos retomado, ¡no podemos dejar pasar mucho para la siguiente!
Después, comida con mi padre, su mujer y mi hermana allí mismo. Estuvo muy bien pero, para ser sinceros, yo ya me enteraba de poco. A veces me costaba seguir la conversación, porque el ritmo de los 10 días anteriores me tenía fundidísima.
Así que después nos despedimos de mi abuela, volvimos a Alcorcón y DESCANSAMOS. Bueno, un poquito. Pero era necesario.
Y, por la noche, cena-despedida-broche de oro: Natalia, Juan y Guille se acercaron y allí cerquita estuvimos en un Gino's. Guille algo molesto, pobrín, con sus dientecillos... Pero fue muy agradable, es una auténtica lástima vivir tan lejos, porque son de esas personas con las que quedaría varias veces por semana sin cansarme (¡no creo que ellos digan lo mismo de mí! Jajajajaja).

Con tristeza pero necesariamente, por la batería de mi cuerpo y el trabajo de Dani, hicimos (bueno, casi todo él, yo no podía casi mover los brazos) maleta, y al día siguiente, a casa.


Las niñas no lo han pasado tan bien como nosotros, pero bueno...


Hemos intentado que estuvieran lo mejor posible, y les damos estos disgustos muy de vez en cuando.

Se nos ha quedado gente por ver, espero ponerle solución pronto. Y ha sido genial, reconfortante, aunque apenas un bocadito de lo que me gustaría, ver a los que sí hemos podido. Gracias, de corazón, a los que habéis hecho esfuerzos para que pudiera ser. Ojalá repitamos muy prontito, aquí o allí, y tengamos más tiempo.

El reportaje fotográfico ha sido poco menos que escaso... porque somos unos linces: nos llevamos cámara de fotos y de vídeo, pero no sus respectivos cargadores. Arsa y ole por nosotros.

He vuelto muy cansadita, pero muy reconfortada. A pesar de la distancia física que nos impide achucharnos, por lo general estamos ahí unos para otros y, gracias a las tecnologías y la voluntad, mantenemos el contacto más o menos constante. Tocada por el momento delicado por el que están pasando algunas de las personas a las que quiero, algo frustrada por no tener un gadgeto-brazo para poder acercar una de mis manos más a menudo.
Eso sí: un achuchón de vez en cuando sienta de maravilla, y como suele ser recíproco, a ambas partes. El subidón moral que me ha proporcionado es lo que me está ayudando a llevar bien la inevitable factura física.

¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS 
A TODOS!

sábado, 16 de febrero de 2013

Los hombres no mienten

Ayer nos reímos mucho con esta obra en el Alameda (otra vez).

Los 3 actores, en un único escenario y en 3 actos, representaron una comedia con fondo: ¿hasta dónde hay que decir la verdad en un matrimonio? ¿qué es peor: la certeza de un engaño, o la duda? ¿es preferible una aventura ocasional con "cualquiera" o una algo más duradera con alguien cercano?

El estilo inconfundible (y diría hasta inimitable) de Arturo Fernández le va a su papel como anillo al dedo: es difícil que otro actor, con otro estilo, encajara mejor con su personaje.

La obra, de unas 2 horas sin descanso, tiene que suponer un agotamiento tremendo para los actores, ya que están los 3 solos en escena, a veces de 2 en 2, a veces los 3 juntos. No usan micrófonos. Se suceden situaciones de discusión de pareja, de "interrogatorios" medio encubiertos... Todo muy enérgicamente, así que supongo que en el camerino deben esperarles miel y caramelos de menta por kilos.

La figura del marido "díscolo" que duda de la fidelidad a él debida es el detonante para una serie de situaciones en las que "parece que..." pero quizá no sea así. O quizá sí.

Desde luego, lo que deja claro, es que por más pillo que se crea un hombre, las mujeres solemos darles varias vueltas, si nos lo proponemos.

lunes, 28 de enero de 2013

Mil y un sueños


Ayer, después de quizá demasiado tiempo, volvimos al Alameda.
No es que no hayan tenido en cartel nada apetecible, que ha habido bastantes cosas atractivas, sino que los meses fríos son difíciles... Y más para permanecer quietecita en una butaca un par de horas.
Pero no podíamos dejar pasar esta oporunidad, apetecía demasiado, y se hizo el esfuerzo. Eso sí: son 3 horas, que se dice pronto. Con un descanso de 15 minutos, pero la última parte ya no sabía ni cómo ponerme... Eso me aguó un poco la fiesta, pero aún así mereció la pena.

Es un espectáculo completísimo, tanto musicalmente, como desde el punto de vista de la danza, las coreografías y la historia. Las interpretaciones son, por lo general, bastante buenas, aunque claro, siempre hay quien te gusta más y quien menos.
Por ejemplo, había 2 bailarinas principales: una morena, y otra castaña, con el pelo más largo. La primera fue mi clara favorita desde el principio, no sólo porque me gustaba más cómo bailaba, cómo interpretaba (con muchísima más naturalidad), sino porque la primera vez que aparecen, la castaña me dio mal rollo: parecía la del cartel de The Ring, o la muerta de la curva, no sé... no sólo por su extrema delgadez (y me encantan las mujeres delgadísimas, pero hay un límite). También me fijé en que, cuando había algún momento de descoordinación entre ambas, solía ser por esta segunda... Que no es que lo haga mal, ni mucho menos... pero claro, la morena destacaba por excelencia.
Lo mismo me pasó con los personajes "cantores": desde el minuto 1 se me atravesó el personaje de Ana, me cayó mal como personaje, y ya no podía ser objetiva con sus actuaciones.
Los demás... fenomenal. Sin más. No sé qué se tienen que tomar para aguantar ese ritmo, pero tiene que ser durísimo: en las 3 horas no paran más que en el descanso (y ahí no sé si es que paran, o que simplemente no se les ve). Cantando, bailando, interpretando... pero a un nivel físico tremendo. Incluso, durante algunas canciones, ya sea por la coreografía o por exigencias escénicas, cantaban en unas posturas en las que, que te salga la voz, y encima bien, es dificilísimo.

El escenario no cambia: simplemente, mediante la iluminación, trasladan la acción a una u otra zona (un tablao, la calle, un banco con su farolita y todo, una consulta médica, la zona de ensayos...).

Durante todo el espectáculo recorren lo mejorcito del pop español de las últimas décadas (pasando 3 veces por Alejandro Sanz... por algo será...), y un montón de emociones: la ilusión, el enamoramiento, la alegría, la tristeza... De hecho, empieza con tristeza. Con mucha tristeza. A mí me costó no echarme a llorar, por identificación. A Daniel, el protagonista, un músico vocacional, le diagnostican la enfermedad de Still. Explican muy bien las emociones que surgen en ese momento, y las ilustran a la perfección con una canción (que es la que inaugura la parte musical): "Cuando nadie me ve", de Ale. Ahí me asomaron las lagrimillas. Quizá un fallo de esta primera parte es que, en la versión, se saltan una expresión de la canción que vendría al pelo para la situación que explican: "cuando nadie me ve no me limita la piel". Como digo, al verlo desde el punto de vista de una persona que ha pasado por algo similar, me costó no llorar.
Después se anima el argumento: intervienen los personajes secundarios (pero que son los que llevan el peso interpretativo y vocal), incluso hay momentos de humor bastante buenos.
Se vio su profesionalidad (y sentido del humor) en un momento en que tuvieron que improvisar porque se cayó un biombo. Salieron del paso magistalmente.

Si hubiera tenido otra disposición física probablemente hasta hubiera tarareado o incluso bailoteado en la butaca casi todas las canciones, porque utilizan un repertorio que todos conocemos, que ha formado parte de la banda sonora de todas nuestras vidas, y en casos como el mío, siguen siéndolo (que me he quedado un poco atascada en los '80 - '90): Alejandro Sanz, Sabina, Alaska, Los Secretos, Miguel Bosé... Un repertorio que me encantó, desde luego, pero que no deja que se luzca el potencial de voz del personaje Mia: estaría bien que pusieran algún tema más a su medida, no hace falta que sea rock (que le vendría al pelo)... con algo quizá de Rosana, bien versionado, podría dar mucho.

Resumiendo, que me enrollo: recomiendo el musical, no defrauda para nada, hace pasar un rato (largo) muy bueno y tiene una calidad muy buena en todos los aspectos. Podéis ver si pasa cerca de vuestra ciudad aquí.

(PD.: ¡Hasta me ha servido para ponerle cara a Gabriela, uno de los personajes de "El Gran Juego": el personaje de Lucía!).

sábado, 13 de octubre de 2012

El Apagón

Bueno, pues otra vez al Alameda anoche... a ver si sacan la tarjeta de fidelización pronto y me dan puntos para una Coca-Cola y esas cosas que nos hacen ilusión a las coleccionistas de tarjetas fidelizatorias.

"El apagón" es una obra divertida, una comedia de enredo con un tipo de humor simplón, muy "Benny Hill". Es decir, humor del de desconectar el cerebro, olvidarse de preocupaciones, complicaciones ni complejidades argumentales y reírse. (Había un señor un par de filas detrás de nosotros que debió estar al borde del infarto por carcajada. Le iba a dar algo.)
A mí no es el tipo de humor que más me gusta (soy algo especialita y repelente, ya sabéis), pero aún así pasé un buen rato, no me reí de continuo, pero algún punto sí me hizo soltar la carcajada, y ante todo me divirtió el show que montan, y la estupenda interpretación de la que hacen gala.

Uno de los motivos que me movió a comprar la entrada, al leer el argumento, es ver cómo podían hacer entender al público (sin decirlo directamente) que, aunque el escenario estuviera iluminado, ellos estaban en pleno apagón y no veían ni torta: no se veían ni unos a otros. Es algo que desde el minuto 1 queda claro gracias al juego de luces invertidas: cuando se supone que ven, está a oscuras, y cuando se supone que no ven nada, está perfectamente iluminado... cuando se supone que ven un poquitín hay penumbra.

También me parecía interesante ver cómo se supone que actuamos cuando creemos que no nos ve nadie, y ahí la interpretación resulta un pelín exagerada para mi gusto. Debo decir que, salvo el papel del padre de la novia, un militar de mal carácter, que me pareció ya demasiado-demasiadísimo, los personajes están fenomenal, y de ellos destacaría el papel de la vecina, Miss Furnival, bordado por Aurora Sánchez, y el de Harold, interpretado por Diego Molero, que, para mi gusto, ilumina la obra desde que aparece: hasta que llegó su turno de salir a escena para mí la obra no era demasiado divertida, salvo por algún golpe de Miss Furnival... pero desde que llegó Harold, el vecino... mejoró enteros.

Ver a uno de los GRANDES (para mí), Gabino Diego, encima del escenario, también tenía su aquel, y la verdad es que no defrauda nada: está absolutamente metido en el papel, en ningún momento me dio la sensación de interpretación (salvo cuando "se caía" y esas cosas, claro), y eso, para mí, define a un actorazo. Como ya me he soltado, y me he aficionado a saludar a los artistas al final, me hubiera encantado quedarme a saludarle a él, pero tenían otra función una hora después: no procedía.
(Para los que veáis Modern Family: 
Gabino Diego es Luck de mayor... ¿que no?)

La obra dura en torno a una hora y media, y como digo, es un continuo de golpes de humor simplón: no paran en ningún momento.


Bueno, y por petición del público inauguro etiqueta en el blog: Crítica gastronómica.
Y aprovecho que anoche salí para incluirla aquí:
Estuve en un local de Benalmádena que me gusta bastante, por su ambientación y por su carta. La atención es muy buena también.

Se llama "Érase una vez...". Con ese nombre, claro, es ideal para ir después del teatro...

Siempre que voy allí pido la Fideuá "00" al nero di sepia con gambas pil-pil con una copita de buen vino. Y algo más, generalmente, pero ése es "el obligado".

Tienen cocina original y de calidad tanto para picotear como para sentarse a comer "con cuchillo y tenedor" y terminar hartito. La vinoteca es muy buena, y también tienen cocktails, que aún no he probado, pero no será por falta de ganas. Espero no tardar en hacerlo.

Así que, si pasáis por Benalmádena, os recomiendo que hagáis paradita allí.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Más allá de la imaginación

Después de la experiencia de "No vengas solo" debo reconocer que iba con miedito.

Vamos, hasta el punto de que, cuando empezó la función y apagaron del todo las luces, me agarré a la mano de Dani como si me fueran a hacer la cera, o algo.

Pero este espectáculo es completamente diferente, no da miedo, aunque sí intriga mucho. Y, de la forma que tenemos de ser muchos humanos, que vamos "a pillar", pues te fijas, y te fijas, a ver si pillas el truco, porque lo que hace... vamos, tiene que tener truco. Porque la telepatía y esas cosas... no existen, todos lo sabemos, es evidente. Pero claro... con los "trucos" de este espectáculo (¿o son demostraciones de algo...?)
nos demuestra que algo "raro" sí existe... ¿O sólo son buenos trucos?

Es un show muy interactivo, el público participa en buena medida, pero como mucho te pones nervioso, no da miedo ni hace nada desagradable. Eso sí: si os saca, intentad no estar nerviosos, porque eso le complica a él el desarrollo del espectáculo (ayer una de las chicas que participó estaba nerviosísima, y bueno... se notó en el ritmo).

Hay un par de números que me impactaron especialmente, porque ya no se trata de "adivinar" lo que alguien está pensando, o un objeto que esté escondiendo... ya se trata de manipular su mente. Hacer creer a alguien que se le está tocando, cuando ni por asomo, por ejemplo... O hacer que alguien piense en algo a decisión del "manipulador". Me hace plantearme... ¿a cuántos de estos estímulos estamos expuestos cotidianamente sin, desde luego, ser conscientes de ello?

Si en el show que vimos el año pasado salí con el corazón encogido, anonadada, con miedo incluso... de éste he salido dándole muchas vueltas a la cabeza... ¿Cómo? ¿Dónde ha podido estar el truco en este caso? En este asunto quizá tenga un cómplice, o parece que lo había visto antes... Pero en este otro... ¿cómo narices lo ha hecho? ¡No hemos podido ser los únicos que compraran la entrada y que todos los demás estuvieran compinchados! No debe salir rentable, y menos al precio que han puesto las entradas (se agradece, en los tiempos que corren).

Y digo "el show que vimos el año pasado" y no "el show del año pasado" porque, si no me equivoco, va con varios shows a la vez por diferentes ciudades: aquí está (hasta el domingo, creo) con "Más allá de la imaginación", pero sigue representando otros shows, como el "No vengas solo" en otras, en la misma temporada. Eso sí que es un buen truco, y ya no como mentalista, sino como artista, en este caso, sí que me pregunto
¿CÓMO NARICES LO HACE?

Bueno, y para dar un poquito de envidia, diré que después tuvimos el placer de saludarle e inmortalizar el momento:

Qué chiquitita soy, leche...

Espero volver a verle pronto en el Alameda, y con otro show no-de-miedo, 
a ser posible.
Los que tengáis oportunidad, no os lo perdáis, porque se pasa un rato muy divertido, no es una tarde tirada.


viernes, 27 de julio de 2012

Dos hombres solos, sin punto com ni ná

Oy, oy, oy
Con la mala suerte que tengo yo pa'tó, y la tardecita que estaba teniendooooo.... ¿Tú no? Yo sí.

Bueno, voy a empezar a contar la historia por el principio. Mejor, ¿no? Yo sí. Sí, sí, sí, sí, sí.... Sí.

Como "mis adictos seguidores" conocéis, mi enganche con el Alameda se sale de lo normal. Hace unos meses, creo que fue cuando fuimos a ver "No vengas solo", vi el anuncio de esta obra. Me llamó la atención... pero bueno, por unas cosas o por otras, no salió. La he propuesto varias veces como posibilidad, pero nunca ha cuajado. Y la daba por perdida. Hasta que el otro día me dio por bajar a la piscina (oh, milagro) y mis vecinas del R me dijeron que pensaban ir. Con todo mi santo morro me apunté (¡iba yo a perder la ocasión, vamospordiós!) y qué bien que hice, oye. Sí. Sí, sí, sí, sí... Ah, sí.

Y esta tarde no estaba siendo de las mejores del año, así que, que el plan haya salido TAN bien, me parece hasta mentira.

3 horas riéndome. Que se dice pronto. En el teatro hacía calor (raro, cuando he ido otras veces tenían el aire bastante fuerte), pero he llegado a sudar de tanto reírme. Cosa mala. No sabía si aplaudir o darle al abanico.

Manolo, porque tiene un salero y unas tablas y un arte que no puede con ello con todo ese cuerpo grande que tiene. Qué guasa para improvisar, qué presencia tan firme en el escenario, qué gracia entre andaluza y la típica de maricón con acento en la o. Ha tenido momentos que nos ha dejado a todos petrificados. Con esas burradas que soltaba por esa boca. Pero irremediablemente te tenías que reír. Te lo mandaba tu cuerpo. Y al cuerpo no se le desobedece...

...al menos, al igual que a las mujeres, como ha defendido Rodrigo. Rodrigo aporta el toque divertido pero con más profesionalidad en el texto (aunque alguna improvisación se ha marcado, con mucho arte también). Aporta también presencia (muy buena presencia, que dirían en una oferta de trabajo), creo que hasta me he reído más con él. Cuestión de gustos.

La pareja que hacen en el escenario también da mucho juego.

Pero el caso es que no quiero desvelar demasiado de lo que, quien vaya, se puede encontrar. Y os recomiendo que vayáis, en serio. Para empezar, ¿cómo no arriesgarse con lo barata que es la entrada? Y aún así, a un par de horas del final de la función, estoy convencida de que aunque me hubiera costado el doble, me hubiera parecido dinero muy bien invertido. Porque tanta carcajada en tan poco tiempo es hasta adelgazante. Diurético seguro. Pero adelgazante seguro que también.


Desde luego, entre los asistentes se crea hasta un idioma propio, complicidad (la complicidad que ellos demuestran en el escenario, se transmite). Hay un par de frases que, de ahora en adelante, si se dicen en público, a quien sonría (o te conteste) le puedes considerar "compañero de espectáculo". Seguro.

Además, como oferta, de aquí al 12 de agosto en que estarán en el Alameda, si vas con 2 espectadores que paguen, con tu entrada puedes volver a entrar gratis. Y si siguen llenando, por algo será. Y si siguieran 6 meses más en cartel, 6 meses más que llenarían.

Así que, salvo que seas chino (si eres chino, mejor no), no tardes en comprar entradas para esta sesión de abdominales, porque de verdad: no te vas a arrepentir.

Estoy contentísima de no haberme perdido esta actuación finalmente. De verdad.
¿Tú no? Bah, porque no la has visto.

sábado, 31 de marzo de 2012

Crimen perfecto

Ayer, por fin, volvimos al teatro. Había mono.
Tenemos el Alameda un poco abandonado últimamente... Fuimos al de Torremolinos: cuando volví a ver Shirley Valentine, en la otra cara del flyer venía el cartel de ésta, y me apeteció.

El montaje es muy original, pero supongo que agotador para los actores: se trata de la recreación del rodaje de la película de Alfred Hitchcock. La trama no para, es continua, pero alrededor del bloque central están los camerinos con los ayudantes trabajando, y se ve tanto la escena de "Crimen perfecto" como las entradas, salidas y maquillaje de los actores.
De hecho, unos 10 minutos antes de que empiece la obra de teatro en sí, de que en el teatro se hagan las últimas llamadas y se apaguen las luces, mientras los espectadores terminamos de llegar y acomodarnos, ya están ellos en escena, interpretando los momentos previos al inicio del rodaje: saludos, pelucas, vestuarios, maquillaje... Algo inusual, muy original.
En el centro del escenario se sitúa el decorado de la película, que es móvil, por lo que, en función de lo que requiera cada escena, va girando, se quitan y ponen paredes... Y claro, se ve cómo los actores-operarios realizan todo ese trabajo mientras los actores-actores continúan la acción sobre esa plataforma.
De hecho, durante los 15 minutos de descanso de la obra, que dura 2 horas, los actores continúan en el escenario. Vamos, 2 horas y media de representación continuada.

El argumento no varía del de la película, por lo que hay momentos de tensión, humor, intriga, dolor de barriga...

Las representaciones en general me gustaron muchísimo. En alguna escena le salió a María Castro un tonillo un poco raro... como macarrilla... Pero por lo demás, podría dar el pego de Grace Kelly así, de lejos.

Había un alto porcentaje de espectadoras "maduritas", supongo que atraídas por el tirón de Jorge Sanz, "sexsimbol" español de una época (ahora algo fondón, pero no está mal). Pero creo que se les olvidaría Jorge Sanz con la primera escena de Pablo Puyol. Y a muchos de ellos les parecería bien la obra aunque sólo fuera por un par de momentos de lucimiento en paños menores de María Castro.

En general, un notable: la obra un poco larga para mis articulaciones, pero de eso no tiene la culpa nadie...


sábado, 25 de febrero de 2012

QUE APAGUÉIS LOS MÓVILES EN EL TEATRO

COÑO.

Por lo que tengo visto, pedirlo por favor hasta el momento no da resultado.



Anoche estuve viendo Shirley Valentine (sí, otra vez, ¿qué pasa? Es que es MUY buena). Y a lo largo de la representación, se escucharon hasta 5 móviles. Ya está bien. Y nadie dijo nada (yo me quedé, como siempre, con las ganas, pero no me atreví: todavía me hubieran contestado mal). Eso sí, el sonido (necesario porque ese teatro es muy grande) falló los últimos minutos del primer acto, la actriz subió su tono de voz, y sí hubo quejas de "¡No se escucha!". Para matarnos a todos.

Estoy convencida de que, si al primero que le suena el móvil le llega el conserje y le echa del teatro, los demás no hubieran sonado. 

Estamos por civilizar. Ya jode que suene el móvil en sitios como el cine (que hay hasta quien lo coge), donde perjudicas a todos los demás espectadores que han pagado una entrada, al igual que tú. Pero en un teatro estás, además, poniendo en juego la concentración de los actores, y encima en casos como éste, cuando es un monólogo, ya ni te cuento. Somos muy endebles con algunas cosas. Y ésta es una de ellas.

Me encantaría tener el coraje de, al próximo que le suene el móvil durante una representación teatral (que me lo cruzaré, estoy convencida), levantarme de mi asiento y decirle algo, o simplemente acercarme a su butaca y, para no joder aún más al resto, simplemente mirarle a 5 centímetros de su cara, con el bastón firmemente cogido. Pero no lo tengo. Una pena.

jueves, 24 de noviembre de 2011

La gran depresión

No defrauda, pero porque de por sí no crea grandes espectativas. 

Con el argumento y el reparto sabes más o menos qué vas a encontrarte, y por ahí van los tiros.

Me chafó un poco descubrir, según empezó, que utilizaban megafonía (algo que en el teatro no me gusta nada), pero bueno...

Por lo demás: argumento caótico, representaciones normalitas y quizá excesivmente estereotipadas (jugaban mucho con la imagen que se tiene de cada una de las dos), y un par de números musicales: uno metido con calzador, y el otro de aparición espontánea y desconcertante.

Fue, eso sí, divertida, tiene buenos momentos de humor una vez te metes en el surrealismo general, sin llegar al exceso (de diversión, que el de surrealismo está pasadísimo).

Bueno... una manera diferente y divertida de pasar una tarde, no me arrepiento, pero eso sí: si alguien piensa ir a verla, mejor sin grandes esperanzas. No es un obrón teatral. Es una representación caótica divertida.


sábado, 5 de noviembre de 2011

Quequé Antolojeta

Ayer, otra vez, al Alameda. Qué malo es el vicio.

Habíamos visto a Quequé en el Club de la Comedia y nos había hecho mucha gracia, pero no es lo mismo un monologuito que una hora y media en un escenario.

De hecho, en un momento, casi al principio del espectáculo, Quequé afirma que es gilipollas. A medida que avanzaba la función, cada vez estaba más de acuerdo con él.

El espectáculo consiste en varios monólogos enlazados, y claro, hay gracias que puntuales son la bomba, pero repetidas una y otra vez... son como una bomba. Entre ellas, las de contenido un tanto burdo. Que una da chispa y te ríes mucho, pero tantas, tantísimas, convierten un espectáculo divertido en soez.

Además, Quequé... no sé, se tiene en demasiada alta estima. Se ve guapo, y su círculo más cercano le habrá dicho que es divertidísimo, y se lo ha creído, pero demasiado.

No quiero decir con todo esto que no me divirtiera ni me riera, que sí lo hice... pero el espectáculo no era lo que me esperaba.

Uno de sus mejores puntos a favor es el guitarrista que lleva. El tío es un crack. Y sube enteros la calidad de la función.
Aunque... me dio la sensación de imitación al Gran Wyoming de los primeros tiempos, no sólo por el formato del espectáculo, el tipo de música, sino por muchas expresiones claramente plagiadas.

No siempre puedes salir del teatro con el estómago encogido y la cara iluminada.
Aunque sí que muchos de los asistentes lo hicieron, eran gente muy joven que probablemente no hubiera ido al teatro a ver otra cosa. Y si Quequé haciendo estas cosas hace que otro tipo de público se acerque al teatro, y hasta se enganche, pues oye, bendito Quequé.

sábado, 29 de octubre de 2011

Shirley Valentine

La bofetada más graciosa y más dulce 
que me han dado nunca.



Anoche estuvimos (oooootra vez) en el Alameda, viendo el estreno en Málaga de Shirley Valentine. Y no se arrepentirá quien me haga caso y, cuando esta Obra (con mayúsculas) pase por su ciudad (o cerca), vaya a verla.

Es un monólogo, de esos que no puede hacer cualquier actor: se requieren muchas tablas, maestría y un don especial para estar sola en un escenario durante casi 2 horas, no aburrir, y conectar con el público.
Además, el personaje protagonista es perfecto para Verónica Forqué: no podría haberlo hecho otra. Imposible. Intento imaginar a cualquier otra gran actriz de las que tenemos en España encarnando a Shirley Valentine y... no. Es que no me cuadra ninguna otra.
El argumento (intentaré, como siempre, no revelar mucho) se ocupa de un ama de casa de Liverpool que lleva una vida vacía, y que no se parece en nada a la joven que fue. Las circunstancias ponen en su mano una oportunidad de dar un giro, y ella la aprovecha. Y hasta aquí puedo leer.

Te ríes. Te ríes hasta que se te saltan las lágrimas, así que quien se pinte para ir, mejor con waterproof. Y no sólo por las risas, que son carcajadas de esas que te salen del alma, es RISA DE VERDAD. Entre carcajada y carcajada, asoma ese vacío del que hablaba, y eso es triste, por mucha Verónica Forqué que te lo cuente.
Y entre carcajada y carcajada, Shirley Valentine da una lección a quien la escucha de esas que te dan vueltas y vueltas por dentro durante días. O más. Sales del teatro con una gran sonrisa, recordando los puntazos humorísticos y volviendo a reír. Pero detrás de esa carcajada hay algo más. Hay una bolita que se está formando. Es como si aprovecharan cuando te ríes a carcajadas que tienes la boca abierta y te metieran una pildorita. Y esa pildorita empieza a crecer dentro de uno al final de la obra. Lo bueno es que deja de crecer cuando cada uno quiere. Habrá quien haya impedido hasta que empiece a crecer. Pero habrá quien la haya dejado hacerse grandota dentro de sí, y esas carcajadas de una obra de teatro que vio un día se hayan convertido en una gran sonrisa por el cambio que le hizo hacer. Quién sabe.
Yo, de momento, la estoy dejando crecer. A ver hasta dónde llega.

domingo, 2 de octubre de 2011

No vengas solo



Es que ya sólo el título acojona. 

Y el cartel, ni te cuento.

Bueno, pues aún así, decidimos comprar entradas para ir ayer, 1 de octubre, a verle al Alameda. Peeeroooo... jejeje.... con in-te-li-gen-cia. Compramos las entradas con vista: nada de centradas, ni en primera fila. No. En un lateral, ahí, camufladitos, no vaya a fijarse en nosotros y la (nos) caguemos. Las cosas hay que hacerlas bien.

No quiero destripar mucho del espectáculo. Así que a ver cómo lo hago.

Habla sobre el miedo. Eso queda claro. En el primer "número", sube a un ingenuo espectador, al que hace algo que a mí no me gustaría nada-nada que me hicieran. Pero nada, vamos.

Después, reta a otro a hacerle daño. Pero mucho, mucho daño.

Para otro número, empieza a mostrar fotos de asesinos en serie, se pregunta qué lleva a alguien a matar, y a sentir placer con ello. Y pregunta al público si serían capaces de matar. Y a quienes pregunta, les hace ponerse en pie, y quedarse así. Bueno, pues me preguntó a mí, "la chica de gafas". Qué encanto. Al menos no dijo "la señora de gafas". Me pregunta si yo creía que, al ver que alguien iba a hacer daño a mi familia, padres, hermanos... sería capaz de matar. No me dio la opción de sacar los pompones y jalear. Así que dije que suponía que no.
Vale. Cuando nos tiene a 4 "asesinos en potencia" en pie, nos dice que subamos al escenario. Ja. Jajajaja. Jajajaja. Ja. 
He busqueteado por la web, y el escenario está así decorado:


Vamos: el sueño de mi vida. Lalechequémiedo.
Cuando los otros 3 ya estaban arriba y casi habían envejecido, yo aún iba por la mitad del trayecto. En parte por mi gracia al caminar con bastón (ya le dije: vaya ojo), y en parte porque con el canguelo me temblaban las piernas cosa mala. Me moría de vergüenza, porque además, para subir, hay unos escalones pero muy precarios: muy altos, sin barandillas, como cajas superpuestas, muy estrechito. Vamos. Empezamos haciendo el ridículo. Menos mal que con el miedo que llevaba eso era lo de menos.
Bueno. Pues lo primero que nos dice es que uno de nosotros morirá esa noche. A manos de otro de los 4. Después de lo que había visto en el primer número, empecé a rezar... quenometoqueservíctima, quenometoqueservíctima... Pues me tocó. Es natural. La que no puede salir corriendo. El tío lo hizo bien, adivinó cuál era el rol de cada cual, pero al final no nos hizo matar entre nosotros ni nada, menos mal. Yo ya me lo esperaba todo. Los nervios y el miedo que tenía se aplacaron mucho al pensar que en ese mismo escenario había actuado (e iba a actuar en menos de un mes) Verónica Forqué. Pero me dejó al final a mí sola encima del escenario. Y volvió el canguelo. Y mis rodillas, entre la tensión y el rato que llevaba de pie, cantando por bulerías. Me dejó al final para explicarme por qué me había tocado ser la víctima. Tampoco quiero destripar todo el número, así que no digo mucho más. Cuando ya bajaba (me ayudaron a bajar él y 2 chavales de las primeras filas), me dijo que estaba muy bien acompañada, y que no hablaba de quien hubiera venido conmigo al teatro solamente. Ahí queda eso. Digo yo que será un guión, porque a ver quién me va a "acompañar" a mí, si no se me ha muerto aún afortunadamente nadie a quien estuviera unida. Pero ya me ha dejado con el runrún.
Casi al final del espectáculo, explica por qué el título es "No vengas solo". Y ahí lo entendí, porque si llevas una compañía como mi marío, que no saltó en mi defensa cuando quisieron subirme al escenario ni se ofreció a ir en mi lugar ni nada de nada... vas de culo.

Bueno, el caso es que a partir de ahí el espectáculo da un giro a lo sobrenatural y temas más personales de los espectadores. Cosas que es más fácil pensar "está trucado, estos están conchabados". Pero también te quedas con la cosa de... ¿y si no fuera así? La verdad es que cualquier cosa que diga aquí destripa mucho esta parte, que además, si es cierta, supongo que depende mucho de los espectadores que sean seleccionados ese día para formar parte del espectáculo.
Sólo diré que el número que me tocó era de los que menos te afectan si no sabes a lo que vas. Menos mal.

Y como siempre, terminó con sus palabras:
Recuerden: todo lo que han visto ha sido producto de su imaginación... 
no le den más vueltas, no tiene sentido.

(Pero, si es verdad lo que allí pasa, más de uno no durmió esa noche).

miércoles, 25 de mayo de 2011

Tarde de distracción

Después de la movida con el reumatólogo, necesitaba "dispersar la mente", y fue lo que intentamos ayer.

Fuimos a ver la representación de "La bella durmiente" y "Canción de mar" por parte del Joven Ballet de Málaga en el Teatro Alameda. Vale que la representación no fue para tirar cohetes, se les notaba muy nerviosos, y algunas lo hacían fenomenal, pero otras estaban bastante nerviosas y rígidas... Bueno, el caso era ver ballet, que hacía ya muchos años que no veía ninguno, y recordar los "tiempos mozos". 
A mí me gustó más la primera parte del programa, "La bella durmiente", era ballet clásico, con música clásica y tutús clásicos. A Dani casi le da el gran soponcio por aburrimiento. Sin embargo, a él le gustó más (sin llegar al exceso) la segunda parte: "Canción de mar", baile contemporáneo, con música de Dulce Pontes y Andrea Bocelli.


A la salida del teatro, pasó algo curioso: sin venir mucho a cuento, porque "me dio por ahí", le dije a Dani que cambiáramos de acera, a la de la derecha. Y no llevábamos ni 10 metros caminados, cuando dice Dani... "Anda, mira a quién tenemos aquí": en un portal había una placa indicando la consulta privada del ¿Dr.? Calero, "reumatólogo", y de un fisioterapeuta que llevaba su mismo apellido. Vamos, que la noche era para olvidarme de él, y la cosa estaba de que no...


Después, como Dani ha tenido especial paciencia conmigo en los últimos días, le invité a cenar (eso sí: en mi restaurante favorito :p ). 

Comimos muy bien, cosas muy ricas y originales, y claro, no podíamos dejar de pedir la tortilla deconstruída... ¡un manjar!
También migas con huevo, una gelatina de pipirrana con bacalao y una fideuá de verduras (fideuá de fideos de cabellín tostados).
Completamos con un chupito, y ¡a casa! Que era martes y algo tarde ya.




miércoles, 13 de abril de 2011

Espinete no existe

El domingo, por fin, fuimos a ver esta obra, al Teatro Alameda. Habíamos intentado ir a verla en Madrid varias veces, pero por una cosa u otra no pudo ser, y nos quedamos con las ganas. Al ver que la ponían aquí, compramos enseguida las entradas (¡como que las compramos en febrero!). Y merece con mucho la pena.

Es una obra con la que te ríes a carcajadas, cantas, das palmas, sonríes con nostalgia, rescatas un poquito al inocentón que llevabas dentro... Te llevas muy buen sabor de boca, sobre todo por la piruleta que te regalan. Eduardo Aldan está fenomenal (actuando y de lo otro).

Debo decir que no disfruté la obra todo lo que hubiera podido, porque iba con bastante fiebre, y porque mi afonía me impidió cantar como me hubiera gustado: a pleno pulmón. Eso de ver a Dani cantando Los Mosqueperros y yo sólo dar palmas... En fin, otra vez será. Ya le torturaré con el disco cuando recupere la voz.