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martes, 29 de septiembre de 2015

Sobre-protectoras, asociaciones anima-listas y similares

O cuando la protectora se convierte en un negocio.

Todos los que nos consideramos animalistas, o tenemos uno cerca, estamos al tanto de la crueldad humana en muchos sentidos, pero que se ceba especialmente con el resto de especies animales: abandonos, palizas, "actos culturales" basados en la tortura...
Pero no me parece mucho más ligera la crueldad cuando, en nombre de la ayuda y protección a estas especies, alguien decide (demostrando lo mucho que le importan en el fondo) sacar tajada, porque se carga las ganas de ayudar. Políticos, gestores de protectoras o particulares que, conscientes de las ganas de ayudar de muchas personas y la incapacidad de los animales para decir la verdad, inventan un cuento, una lucha... Y piden ayuda (económica, generalmente) para llevala a cabo: subvenciones, crowdfunding, donativos puntuales, ferias...
Esto no ocurre sólo en la defensa de los animales, pero es el tema que, últimamente, me tiene quemada, por mi sensibilidad hacia él.


Hace ya unos 8 años llegó mi primer desencanto relacionado con estas asociaciones (no todas, evidentemente. Pero tampoco voy a dar nombres): decidimos adoptar 1 (ó 2 ) gatas y, después de casi ser engañados por un veterinario que nos dijo que "salvaba a las camadas que llevaban para que sacrificara" (algo ilegal, si no me equivoco, si hubiera accedido), y nos ofreció adoptar a alguno de estos cachorros; cuando accedimos, quiso cobrarnos 250€ por cada uno... Lo siguiente fue consultar varios "catálogos" de gatos en adopción de diferentes asociaciones: nos decidimos y contactamos con la asociación elegida. Tuvimos mala suerte: justo Remi y Mantequilla, las gatas en las que nos habíamos fijado (sin más relación entre ellas que pertenecer a la misma asociación) acababan de ser adoptadas. PERO podíamos ayudarles haciendo un donativo a la cuenta XXXXXXX... (no fue un PERO había otras en adopción, no. Fue un PERO podéis darnos dinero). Vale, entre tantas como hay, alguna puede salir rana... Seguimos buscando. Pero debíamos tener la negra, porque obtuvimos en varias asociaciones (todas con las que contactamos, que no fueron pocas) LA MISMA RESPUESTA (o su variación "no podemos dárosla en adopción porque vivís en otra provincia y no podemos hacer el seguimiento", ante la que ofrecimos llevar a las revisiones que estimaran oportunas a la provincia que nos dijeran, pero tampoco les pareció conveniente. Sí les pareció conveniente el PERO podéis donar dinero). Dejamos de buscar. Y recogimos a una gata callejera, preñada, que oportunamente se cruzó en nuestro camino.
Es genial poner todo el celo en la difícil tarea de encontrar una buena familia para cada animal necesitado y, una vez encontrada, estar pendiente de que todo va bien, pero a base de poner trabas se consigue el efecto contrario. Varios amigos han desistido de adoptar a través de esas asociaciones después de recibir un "formulario previo" en el que se les pide hasta movimientos bancarios y saldo actual, ingresos... Que digo yo que habrá otra forma menos agresiva de confirmar que un posible adoptante puede hacerse cargo económicamente del perro o gato... O la idoneidad (por muy diversos motivos) del aspirante a adoptante.



Sé que me van a caer por todas partes por esta entrada, pero creo que no soy sospechosa de estar escribiendo con la intención de perjudicar a las asociaciones animalistas. De hecho, intento apoyar a aquellas en las que confío, o de cuya buena labor y honradez tengo constancia. Por desgracia, cada vez son menos y cada vez optamos más por la ayuda menos útil: la directa (en lugar de donar nunca se sabe con qué fin concreto y justificado, invertimos ese dinero/esfuerzo en ayudar de forma directa a casos que nos vamos encontrando -nunca faltan, por desgracia-). No dudo que las hay, de hecho en algunas sí confío. Pero mi decepción y cabreo aumentan según se van cayendo nombres de la lista. No hace mucho, llegué a este artículo que dice algo parecido -aunque exculpando a las asociaciones legalmente constituidas... pero legal era también Parque Animal, "el Auschwitz animal", y lo es Paraíso, con sus cuantiosas subvenciones, y no les donaría ni un céntimo: las legales también fallan, y algunas de las irregulares, como los particulares que ayudamos como podemos a las colonias cercanas, por ejemplo, hacen más que algunas que tienen su CIF y sus cositas-.

No quiero desencantar a nadie que tenga intención de ayudar (al contrario: ojalá haya un alud de ayuda y llegue al destino para el que se pide), pero necesitaba desahogarme, especialmente después del último caso que se ha cruzado en nuestro camino. En los últimos tiempos "nos hemos complicado" (así lo dice mucha gente de nuestro entorno) con algunos animales (gatos, mayoritariamente) que necesitaban ayuda urgente. Con muchos, más que cruzarnos, nos hemos dado de bruces.

Es algo relativamente habitual: encuentras un gato herido o enfermo, o evidentemente casero, perdido. Lo recoges (en nuestro caso, no tenemos dónde meterlo sin poner en riesgo la salud de nuestras gatas, lo que suele complicarnos mucho la vida) y empiezas a buscar ayuda. Y te ves más solo que la una.

Todas las asociaciones con las que has colaborado (ya sea simplemente difundiendo casos -y hastiando a tus amigos-, o con tu tiempo para colaborar en alguna actividad, comprando algo en alguna subasta benéfica o donando directamente) te dicen que no pueden hacerse cargo (si bien es cierto que, con la crisis, la mayoría tiene sus instalaciones saturadas, pero no hacen siquiera el intento de pedir una casa de acogida). Eso, cuando te cogen el teléfono o contestan tus correos.

En los últimos tiempos nos hemos visto hasta 3 veces en un aprieto importante.
Y a la tercera la ido la vencida: Con el caso de Lucy / Luna (una gata doméstica encontrada en nuestro bloque, cuyo dueño no aparecía, que afortunadamente ha tenido final feliz) he cruzado un límite.
Pocos días no me acuesto con el corazón encogido por algún caso difundido a través de las redes sociales (con sus fotos explícitas, que quizá sensibilicen al indiferente pero a los ya sensibles nos encogen las entrañas), aunque raro es el caso difundido que no me deja un poco (o mucho) tocada.

Comparto algunos de esos casos (los más urgentes, o los accesibles por zona u otros motivos para alguno de mis contactos, por lo que la mayoría deben tenerme silenciada, por cansina... ¡normal!), pero todos se quedan en mi cabeza, entristeciéndome.
A todas estas asociaciones he pedido ayuda, aunque fuera de difusión, para encontrar casa de acogida temporal o, si había mucha suerte, al dueño o una adopción. Ninguna lo ha hecho. De hecho, de algunas aún estoy esperando respuesta, aunque sea con una escusa.
No quiero decir con esto que "me lo deben" de alguna forma, que por haber colaborado en alguna ocasión ahora tengan obligación de ayudarme. Pero sí esperaba algo de la misma buena voluntad que yo he puesto cuando han pedido ayuda.
Muchas ONG o asociaciones que anuncian su intención de ayudar a tal o cual sector desdichado (animales callejeros o maltratados, refugiados, mujeres o niño maltratados...) son, en el fondo, una fuente de ingresos para sus creadores que, vía subvenciones o apelando a la sensibilidad de cada cual (será que no hay ámbitos en los que implicarse, y a cada uno "nos toca" uno diferente, cuando no varios), recogen básicamente dinero en efectivo (también valen otros donativos en algunos casos, incluso algunas aceptan voluntariado) que nunca llega, o si lo hace, es muy mermado, a la finalidad anunciada. Es una forma más de crueldad: a base de desengaños terminaremos por no donar, no ayudar... O, como ya hacemos nosotros, hacerlo con los casos más cercanos únicamente. Que tampoco está mal: si todos ayudásemos en nuestro círculo próximo, no harían falta asociaciones prácticamente.
Afortunadamente sí hay, aún, algunas asociaciones, dedicadas a diversos ámbitos, que pelean por el objetivo que proclaman y dedican lo donado y parte de lo propio a ese fin. Pero es muy triste tener que separar grano de paja y no saber de quién puedes fiarte (que ocurra con las personas con las que nos cruzamos, bueno; pero debería estar garantizado de algún modo que las ONG sean transparentes).


viernes, 3 de julio de 2015

LibroVicios

Muchas veces, a quienes nos gusta leer y no solemos tirar de bibliotecas (por afán coleccionista o romanticismo), no nos llega el presupuesto para comprar libros nuevos, o el que buscamos no está disponible en los sitios más habituales. Entran aquí los libros de segunda mano.
Hay varias opciones, como la compra directa en ferias o tiendas especializadas (donde tenemos la posibilidad de "catar" el libro antes de adquirirlo, ver en qué estado está, si se le caen las hojas, huele demasiado a viejo, está pintarrajeado...), o la compra on line. Esta segunda opción, en mi caso, no me había dado, hasta hace unos meses, buen resultado por lo general: libros que llegaban en muy mal estado, sucios (de tocar la cubierta y que se quedaran los dedos manchados), o les faltaban hojas, o...
Pero entonces tuve buena suerte y descubrí LibroVicios. No sólo tienen un catálogo muy amplio, sino que, si no encuentras entre los que tienen disponibles el libro que buscas, puedes pedirles que vayan a cazarlo por ti. Y, cuando te lo envían, viene limpio, cuidado, restaurado si es necesario. En cualquier caso, si el "fallo" no se puede solucionar, te avisan: si lleva alguna hoja pintada, si la cubierta tiene algún desgarrón... No te engañan, vamos. Esto no implica encarecimiento del producto: sus precios son muy competitivos.
Se nota que lleva la tienda gente a la que le gustan los libros: los miman, saben qué títulos son los más buscados y ponen empeño en tenerlos disponibles...
En su amplio catálogo hay libros de segunda mano y descatalogados (en castellano y catalán) y cómics.

Por eso, y porque mucha gente accede a este blog buscando opinión sobre alguna de mis lecturas, voy a añadir un banner en el lateral, para compartir el descubrimiento. No me vayáis a "robar" los libros raros que tengo fichados (pocos, mis lecturas son bastante comunes, pero nunca se sabe)...

lunes, 10 de noviembre de 2014

MiMascota Málaga 2014

Hace ya unas semanas, el domingo 19 de Octubre, estuvimos en la feria MiMascota de Málaga. No era la primera vez que íbamos, pero sí ha sido, con diferencia, la más decepcionante. Hasta el punto de que no creo que volvamos, a no ser que sepamos a ciencia cierta que ha cambiado MUCHO.

Para empezar, la organización no sabía absolutamente nada de "mascotas" (que mira que odio el término, pero eso ya es manía muy personal).

En lo tocante a los animales allí "expuestos" (primer error: quienes queremos a los animales no soportamos verles como mercancía. Cierto es que mucha gente fue a ver "lo bonito que es este ejemplar de tal raza", "lo gracioso que queda un Collie con el pelo verde y rizado", "trajecitos y zapatitos para perros y gatos" o exhibiciones de habilidades cuasihumanas en animales no humanos). Se notaba a la legua que esos animales estaban sufriendo. En jaulas reducidas y con una higiene más que deficiente, solos, rodeados de gente que se acercaba e intentaba tocarles y con un ruido ambiental más propio de una discoteca que de un palacio de congresos. Se me ha quedado clavado en el corazón el caso de un gatito, bien joven, que maullaba desesperado dentro de un transportín porque se habían llevado a su hermano y estaba asustadísimo. En este caso, fue en la exposición de Royal Canin. Negativo gordo para ellos. Pero la mayoría estaban así. Muy deprimente.

Otro aspecto que me desagradó enormemente: la venta ilegal de cachorros. No sé si la organización estaba al tanto de ello (supongo que inicialmente no), pero no era algo difícil de controlar, si se hubiera querido.
Por ejemplo, mientras miraba un stand, se me acercó una mujer y me puso en el regazo (yo iba en mi silla) un tembloroso cachorrito de perro. De alguna raza, probablemente, pero no suelo mirar esas cosas, salvo que sea muy evidente. Me lo ofreció, y le pregunté si lo daba en adopción. Por supuesto, la respuesta fue que no, que lo vendía, como a sus hermanos.

En lo tocante a los stands, la feria me resultó desangelada en comparación a otras veces que hemos ido. Me encantaría tener una relación de las marcas que han decidido no estar en esta ocasión, especificando sus motivos: si han sido meramente económicos (no sé el precio de poner un stand allí, pero supongo que en muchos casos no resultará ya no rentable, sino viable) o más éticos: si, al ver el trato que allí se da a las "mascotas", han renunciado a participar. Me gustaría tener esa relación para, precisamente, confiar en esas marcas ausentes en la feria por el segundo motivo.
No quiero con esto decir que todos los que estuvieron allí aprueben el enfoque y el trato a los animales.

Un claro ejemplo de una firma respetuosa y amorosa con los animales es el stand de MiMiga (para muestra, un botón: lo que su responsable está haciendo con Leo). MiMiga crea joyas muy ponibles (y preciosas) de todo tipo: colgantes de plata con formas felinas, camisetas bordadas personalizadas en función del número de gatos que quiera representar cada cual, el color... y la novedad: pulseras, colgantes o pendientes con bolitas hechas a partir de pelo (no arrancado ¡desde luego!, sino del que se les cae con el cepillado, por ejemplo) de nuestras mascotas (gatos, perros, conejos...). Puede sonar excéntrico, pero el resultado no es sólo bonito y simpático: resulta emotivo. Por ejemplo, para cuando, por desgracia, cruzan el arco iris.
Pero también para llevarles siempre cerquita.
No hace mucho Dani me regaló una de estas pulseras. Como pensábamos que este otoño (parece que el asunto se retrasa) me ingresarían durante más días de los que nos gustaría, él sabía que durante ese tiempo lo peor para mí sería, no ya los asuntos médicos, sino lo muchísimo que nos echaríamos de menos mutuamente las gatas y yo. De ellas se encargaría él, pero para mí pensó una manera de que pudiera tenerlas cerca durante esos días y, de sus sesiones de peinado, guardó pelo de cada una y se lo hizo llegar a MiMiga.

El resultado, esta preciosa pulsera, que no he podido evitar estrenar antes del ingreso.

Tienen muchísimas más cositas. La que más llamó mi atención (me la pido, por cierto) fue una bolita de cristal que contiene las bolitas de pelo.


Volviendo a los puntos negativos de la feria, la actitud de muchos de los visitantes humanos (permitían el acceso de "mascotas"). TODOS los "propietarios" (otro término que no) de perros, y la mayoría de los no-propietarios, conocen su obligación de llevar bolsitas para recoger las caquitas de sus perros, al menos fuera de su casa. En su casa, que hagan lo que les plazca. Bueno, pues había que ir esquivando. Había tramos en los que parecía que se estaba jugando a la rayuela.

El ruido que he mencionado antes, desde luego, también afectaba a los animales "visitantes": la mayoría estaban desconcertados, entre el jaleo y el exceso de estímulos, a los que muchos temían.

Aquí vuelve a entrar la organización: vamos a ver, ya nos ha quedado claro que los que consideran "mercancía" (los expuestos) les importaron un pimiento. Pero los visitantes, vía los humanos que les acompañaban, son potenciales clientes (lo que realmente les importa). No hay que ser experto para saber que la sensibilidad auditiva de los animales caninos es mucho más alta que la de los animales humanos. ¿Qué establecimiento que quisiera agradar a sus clientes no tendría en cuenta algo así?

Volviendo a los propietarios, y esto ya es opinión muy personal, algunos llevaron a sus perros para una sesión de peluquería (pero no para un corte o un lavado que les pudiera beneficiar, sino para que les pusieran rulos, tintes extravagantes o crueldades semejantes... ¡¡ponéoslos vosotros en el mismísimo, dejad al perro!!) o concursos de belleza...

También aquí había excepciones, desde luego.
La casualidad quiso que nos encontráramos con dos personas a las que me gustaría poner como ejemplo de adopción responsable.
Hace bastantes meses, entre varios, les intentamos convencer para que adoptaran un gato (o 2, o 3...). No hubo tutía.
Pero no se han quedado solitos, y hace un par de meses dieron El Gran Paso: adoptaron a Fantasma, un galgo al que, hasta ese momento, la vida no había tratado bien.
Por este motivo, los inconvenientes de su incorporación a la familia no se han limitado a los habituales (adaptación mutua, cambio de vida, obligaciones...). Su salud y, ante todo, sus miedos (pánicos, por lo que pude ver en MiMascota... con el rabito entre las piernas, las orejitas hacia atrás, pegadito a lo que pudiera parecer una pared...) están suponiendo un arduo trabajo para los humanos que, aún con todo esto, han tenido la fortuna de incorporarle a su vida. De todo esto dan cuenta en el diario que publican con sus avances, sus retrocesos y que ya tiene un montón de seguidores que, día tras día, nos alegramos con sus progresos y nos "añusgamos" con sus recaídas.

En resumen: gracias a MiMiga y a ellos, la feria tuvo también su punto positivo.

martes, 16 de septiembre de 2014

DEP, Elegido


Todos los meses de septiembre esta misma sensación.
El corazón encogido, triste. De luto. La mente, clamando venganza.
Todos los meses de septiembre (al menos los pasados, ojalá éste haya sido el último), siento vergüenza por pertenecer, no al mismo país, sino a la misma especie que los bárbaros que participan (directa o indirectamente, que los políticos que lo permiten no son menos culpables que el que empuña la lanza) en ese festival de sangre, dolor (ajeno, por supuesto) y sadismo.

Ahora, unos minutos después de la cruel muerte de Elegido, sólo puedo pensar en esos sádicos. Están sueltos por la calle. Evidentemente, que se diviertan con esta "actividad" y tomen por héroe a quien "remata" al pobre toro (al que llevan puteando ya un tiempo, anoche le dieron "una vueltecita" por ese pueblo maldito) nos dice mucho de su estabilidad mental y su grado de salvajismo.
Pero estos garrulos no son los únicos culpables. Los políticos que, a pesar de las solicitudes para cancelar esta "fiesta", lo permiten, lo siguen permitiendo año tras año, son tan culpables del sufrimiento y la muerte del toro como los que cogen la lanza.
Luego queremos que en el resto de Europa no nos vean como a garrulos, gañanes, como los involucionados del Sur.
En otros pueblos de España, como Mataelpino, han cambiado los encierros y "festejos" que incluían maltrato animal por otras actividades similares, con bolas y dos pelotas. Ojalá cundiera el ejemplo.

Me horroriza intentar pensar qué habrá sentido Elegido en los últimos días.

Elegido (y sus predecesores) lo único que habían hecho para desatar ese sadismo y tener esa muerte fue nacer toros. A veces me consuela pensar que, si existe la reencarnación, hayan sido toreros o "lanceros" o "emboladores" en la vida anterior. Pero aunque estuviera segura de esto, seguiría defendiendo y peleando por detener este tipo de diversión (me cuesta horrores unir no en la misma frase, sino en el mismo día, esta actividad y "diversión").
Nada más. Como tantos animales inocentes que sufren a diario la inhumanidad de ciertas "personas", su salvajismo, su crueldad, sus frustraciones, su complejo de inferioridad (hay que sentirlo, y grande, para tener que hacerte valer con estas actividades).

Descansa en Paz, por fin, Elegido. Ya han dejado de putearte. Espero que el Karma haga su trabajo. O, en su defecto, espero tener yo, algún día, la posibilidad de hacerlo. O al menos de evitar que vuelva a ocurrir. Tú solito vales (valías...) más que toda esa manga de pueblerinos sádicos.



martes, 21 de enero de 2014

Opiniones

Todos sabemos eso de que "son como los culos": todo el mundo tiene una, y cree que es la más importante.
Hace tiempo que quiero escribir sobre este tema (para desfogarme, para plasmarlo en palabras y así intentar comprenderlo mejor, como siempre), y últimamente cada vez más, pero antes de hablar de esto, quería comentar el tema de los ombligos, que llevaba barruntando hace tiempo también, y está bastante relacionado.

A pesar de la supuesta libertad de expresión y opinión, no siempre se respeta el derecho a opinar y argumentar. Y no hablo de la ley, sino del día a día. Es algo que llevo observando bastante tiempo. No sólo públicamente (en el Congreso, en la televisión, en tertulias de radio...) sino entre "particulares", en conversaciones de temas calientes con amigos, en foros de opinión, incluso en blogs o páginas de noticias que admiten comentarios.
Últimamente esto se ha hecho más patente: la actualidad, especialmente política, lo pone en bandeja. Uno de los temas que más ampichas está levantando es la nueva ley del aborto que pretenden aprobar.
En un blog que hablaba acerca de ello, he llegado a leer un comentario en el que a alguien, por decir que estaba en contra del aborto, se le ha llamado de fascista en adelante. Incluso he leído, a personas de una u otra idea, decir a quien pensaba de la forma "contraria" que gente así no debería existir, y deberían morir. Lo peor es que me ha dado la sensación de que REALMENTE desean esas muertes. O, al menos, si no tanto, sí que les gustaría que no existiesen personas que piensen de esa "otra" manera.
A este respecto recuerdo que, al leer un comentario sobre este tema, se me alzó una ceja... Alguien que se autoproclamaba "provida" decía que todas las que iban a abortar deberían morir en la operación. Aún no lo he digerido, creo que hay algo que no entendí.

Hasta tal punto llega nuestro fanatismo (y hablo en segunda persona del plural porque también hay temas con los que yo me obceco), que llegamos a la maldad: he escuchado algunos comentarios sobre el cáncer de Pedro Zerolo o los que, en su día, provocaron el accidente de Cristina Cifuentes o el accidentado vuelo en helicóptero de Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy que me han hecho sentir vergüenza ajena, por decirlo suavemente. Alegrarse de algo así, sólo porque le ha ocurrido a alguien que tiene una ideología diferente a la tuya, lo siento, pero es maldad. No es de recibo. Desea que se retiren de la política, que se dediquen a otra cosa... Pero no un cáncer o la muerte. No. Eso es cruzar un límite muy chungo.

Pero esto no sólo ocurre hablando del aborto: cualquier tema que levante pasiones (religión, temas políticos, incluso fútbol...) puede hacernos decir auténticas barbaridades, que no sé si expresan lo que realmente sentimos o pensamos, o son fruto del calentón del momento. Espero, de corazón, que sea esto último.

Esta "censura" llega hasta el punto de que si, en una conversación de cualquiera de estos temas entre amigos, se da el caso, por ejemplo, de que estás de acuerdo con lo que ha dicho un personaje público, pero la mayoría no... Es mejor que te calles mientras todos le ponen a parir, salvo que quieras ser lapidado, incluso perder amistades. ¿Estamos tontos o qué?

Hay algo que me reconcome especialmente, y está basado en mi experiencia personal. Espero que se deba sólo a que he tenido mala suerte, y no sea lo habitual. Salvo algún "extraviao", por lo general, los defensores de la libertad de una mujer a la hora de decidir un aborto son los defensores de las libertades en general. La de opinión incluida. Pero se ve que no.  Al menos, insisto, según mi experiencia.
En algunas conversaciones en las que he participado, o que simplemente he podido presenciar, sobre algún tema espinoso, en las que había tanto defensores como detractores de un determinado punto de vista, los más intransigentes eran los "liberales". También se da el caso de personas conservadoras con esta cerrazón, pero me llama mucho más la atención de alguien que se define como liberal. Incluso, cerca de mí hay gente con esta orientación ideológica que no se relaciona con X persona porque "son cerriles" (vamos, que no se han dejado convencer de su punto de vista), incluso "son unos fachas" (traducción: tienen una forma de ver las cosas más conservadora). Ellos pierden. Sobre todo, por esa negativa a no sólo respetar, sino estar abiertos a que cierta forma de ver o hacer las cosas no sólo es posible, sino en algunos casos quizá sea más efectiva que la que ellos propondrían.

Por lo general, me gusta presenciar, incluso participar, en discusiones respetuosas sobre temas "calientes": en ellas se aprende mucho, sobre todo si participan personas bien informadas del tema que se trate. Además, me ayudan a formar mi propia opinión respecto a algunos temas (tengo un buen cacao ideológico: no me siento "liberal" ni "conservadora". En algunos casos creo que unos tienen razón, y en otros creo que lo que dice la otra parte se acerca más a lo que yo pienso). Pero pocas veces tengo esta oportunidad. Enseguida salen los "facha", los "rojo"... y en ese momento me doy por vencida: no voy a tener la oportunidad de escuchar puntos de vista razonados e interesantes (esté de acuerdo con ellos o no).

domingo, 29 de diciembre de 2013

Ombligos



Los hay más bonitos y más feos. Con el nudo escondidito o asomándose al mundo desde su "ventanita". Decorados con piercings o tatuajes, o al natural... Pero la mayor distinción, una que se puede averiguar sin necesidad de verle la barriga a la persona, es su tamaño: hay ombliguitos, y otros del tamaño de Canadá. Depende del tiempo que uno pase mirándoselo, hurgándoselo, erosionándolo (y perdiendo de vista tooooodo lo que haya alrededor).

Hasta hace poco, los humanos propietarios de esos inmensos ombligos me ponían bastante nerviosa, me cabreaban. Para qué voy a decir que no.
Pero últimamente me divierten. Creo que he empezado a verlos con otros ojos. En lugar de calentarme por el egocentrismo mostrado, lo miro más fríamente y con cierta perspectiva, y resulta francamente divertido. Incluso podría llegar a verlo como algo triste (no deja de ser triste una persona tan solita en el mundo). Pero prefiero divertirme.
Desde personas que sólo contemplan como válido su punto de vista en cualquier tema general, hasta otras que hablan de su vida y sus cotidianidades como si fueran las únicas en el planeta (es normal que para cada uno su cotidianidad sea la más importante, pero no hay que perder de vista que no es la única), pasando por los que, directamente, se ponen en modo drama queen y, con la que está cayendo a nuestro alrededor, se regodean en que... yo qué sé... que en la peluquería le hayan puesto las mechas 2 tonos más oscuras de lo que las pidieron, y hablan de ello durante días o semanas, enfáticamente. al borde de las lágrimas. Será que el ombligo les hace función paraguas. Tampoco está mal.
En esta categoría también los hay optimistas. Optimistas consigo mismos, como no podía ser de otra manera: son la rehostia, pero el mundo aún no se ha dado cuenta. Así que tienen que abrirle los ojos a base de darse autobombo, hacerse publicidad, para que los demás (pobrecitos despistados) se puedan dar cuenta, y apreciarles en lo que valen. Estos casos sí suelen hablar de personas que no son ellos mismos, de vez en cuando. En tono peyorativo, humillante y burlesco. Pero reconocen que hay más gente en el mundo. No tienen nada que hacer con ellos aquí en prácticamente ningún campo, pero estar, están.

En lugar de escribir un blog (como algunas :p ), una fascinante autobiografía, o letras de canciones como para 25 discos, la relación social con estas personas se centra, como el mundo en sí mismo, en ellas.

Todos tenemos rachas en que perdemos un poco de vista el entorno, es normal. Según las circunstancias, o simplemente cómo te pille el cuerpo.
En la adolescencia la mayoría tenemos una etapa ombliguera, es normal: te estás descubriendo, formando. Y te alucina. Incluso es pura necesidad de verbalizarlo para comprenderlo.
Pero cuando se cronifica y convierte en un (marcado) trazo de tu personalidad, por más que creas que por hablar de ti, de ti y después de ti te hace importante... en realidad lo que hace es dejarte en ridículo. A parte de cansar, generalmente.

En una conversación entre amigos es normal que le cuentes a tu interlocutor tus cosas, tus preocupaciones, lo que has hecho o dejado de hacer... El problema viene cuando, de forma habitual, esa conversación se perpetúa en el yo-mi-me-conmigo y termina, invariablemente, sin que hayas dado lugar a que la otra persona te cuente las suyas.

Hace un tiempo saqué de mi vida a algunas personas con el ombligo grandote. Lo hice ante el hastío que me provocaban sus conversaciones y la mala leche por lo que consideraba una amistad unilateral. Me frustraba hablar con ellos (bueno, dejarles hablar de ellos mismos, sus desdichas y sus nunca suficientemente reconocidas virtudes) y no escuchar nunca un "y tú ¿qué tal?", ni siquiera por cortesía. Quizá por esa distancia que marqué ahora puedo divertirme cuando me cruzo con alguien con megaombligo.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Confesiones de un pecador





Es con lecturas como ésta cuando te das cuenta de hasta qué punto fomenta los prejuicios la educación que, por lo general, recibimos.

Evidentemente, en este libro nos cuenta San Agustín, en primera persona, su "cambio para bien". De ser un joven "crápula" pasó, gracias en buena medida al afán de su madre, al cristianismo más radical, llegando a ordenarse sacerdote y dedicar su vida, su obra y sus pensamientos a su Dios. Su Dios, que viene siendo el mío. El de muchísima gente.



Y por eso esto no nos extraña, y de hecho lo vemos "bien".
Pero, si en lugar de ser el Dios católico al que consagra su vida, es a cualquier otro de los muchos en los que puede llegar a creer la gente de este planeta loco, lo veríamos como lo contrario: un drama (¡está atrapado por una secta! ¡le han lavado el cerebro!) o incluso una enfermedad psiquiátrica (¡delira! ¡se ha vuelto completamente loco!). Por eso me duele no haber podido tener una lectura objetiva. Mucha gente no creyente, o educada en otras creencias, tampoco tendrían esa objetividad: lo verían directamente como algo malo, en lugar de automáticamente bueno. Probablemente.
Debe ser difícil dar una educación (en la familia, en la sociedad y en el colegio) neutral. Pero supongo que la sociedad mejoraría muchísimo si se lograra.

Algo que ha llamado mi atención en este libro es la similitud de discurso, en algunos puntos, con otras creencias.
Por ejemplo, una de las frases, algo así como que alguien "estaba lleno del Señor", es algo que he oído a algunos evangelistas.
Pero lo que más me ha divertido ha sido la de vueltas que le da San Agustín al concepto "tiempo". Llega a la conclusión de que el tiempo no es que no exista, sino que no existe como tal, por sí mismo: es una de las creaciones del Señor.
No hace mucho leí un libro que mucha gente toma a mofa: "Lo que los animales quieren que sepamos". En él, a parte de tratar el tema de la comunicación con los animales vía telepática, habla de todo un sistema de creencias. El mensaje es muy bonito, en el fondo.
Uno de los conceptos en que insiste Dawn Brunke, la autora, respecto a esta ideología, es que el tiempo no existe en realidad. La coincidencia de ambas, al menos desde el punto de vista de San Agustín, me resultó muy curiosa (¿qué puede tener que ver el cristianismo con creer en las energías, o como pueda llamarse esta creencia? En la base... sí, más o menos pueden parecerse. Pero enfrenta en un debate ideológico a un católico con un comunicador animal. Puede ser divertido). Habla también, por supuesto, de la próxima vida (Dawn Brunke defiende la teoría de la reencarnación). Una de las preguntas que se plantea es "¿Y qué es, Señor, lo que quiero decirte, sino que no sé de dónde vine yo a esta vida mortal o muerte vital?".
Bueno, quizá una creencia se base en la otra... Con radicales modificaciones, claro.

Una de las expresiones que más me han alucinado ha sido la demostración de su conocimiento del futuro (o, visto desde otro punto de vista, su increíble ego): hablando de sus escritos, los define como una narración que ha de aprovechar a muchos predicadores. Para pensarlo.

Para finalizar, una anécdota: durante la lectura de estas Confesiones, se ha dado una coincidencia que me ha dejado un poco... turbada. En los días que me ha durado el libro, vimos la película que adapta "El Monje", protagonizada por MI Vincent Cassel. En ella, interpreta al Padre Ambrosio. Curiosamente, esa misma noche, San Agustín me habló de la importante influencia que tuvo el Padre Ambrosio, un obispo al que conoce en Milán, sobre él. Será tontería, pero me dio mal rollito...

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Caraduras VS. Tonticos

Llevaba tiempo queriendo escribir sobre este tema, más para exorcizar demonios que por afán divulgativo. A modo terapéutico.

Quien me conoce sabe bien que, aunque disto de ser una santita, me pierde mi filosofía de intentar ayudar a mi entorno. No soy de donar dinero a una ONG (y menos después de haber trabajado en una), sino de las que, si sabe de alguien en su entorno que lo pasa mal, ayudarle directamente; animalista perdida, no soy colaboradora directa de ninguna asociación ni casa de acogida (por imposibilidad, básicamente), pero intento difundir casos, ayudar con pequeñas compras solidarias en casos puntuales, o esterilizar y mantener cuidada a una colonia cercana; no me trago los programas de televisión de desgracias ajenas y mando SMS al XXXX, pero si alguien me cuenta un problema intento ayudarle a solucionarlo, o al menos darle apoyo moral.

Y es increíble la cantidad de problemas y enemistades que me ha acarreado esta actitud.

Por eso hoy, tras leer el caso de una persona con problemas por actitudes semejantes me he puesto a darle a la tecla por fin. (¿Ves? Ya estoy otra vez: pide que se difunda su caso, y aquí estoy... sin siquiera conocerle. No tengo arreglo).


Cada día confirmo más eso de que "cree el ladrón que todos son de su condición": quien te miente piensa que lo que tú dices no es verdad; quien intenta aprovecharse de ti se guarda bien las espaldas porque cree que tú harás lo mismo; quien va de buenas, se cree que "to el mundo es güeno". Y qué va. Para nada.

No voy a ponerme a enumerar casos concretos, para qué: sólo me haría mala sangre. Pero muchos sabéis cómo ha complicado mi vida, cuántos problemas, y de qué calibre, me ha acarreado intentar ayudar a un par de trabajadores de esta urbanización, que me vinieron con el cuento de lo mucho que abusaban de ellos y lo mal que estaban laboralmente. Todo para manipularme para conseguir lo que querían, colarme cotilleos (ni uno bueno) de todos y cada uno de los vecinos de por aquí (falsos en un 99%) y, de paso, conseguir información "jugosa" en que basarse para inventarse otros sobre mí que colarles a otros vecinos.
También muchos sabéis que, por intentar mantener controlada (esterilizando) y en niveles de salubridad seguros la colonia de gatos de por aquí, hemos tenido problemas y enemistades como para hartarnos.
También conocéis cómo, con intención de engatusarme y meterme en trapicheos muy sucios, consiguieron casi sin que me diera cuenta que me hiciera cargo de una asociación de enfermos y qué pasó cuando no quise hacer las cosas de forma lucrativa (para mí ni para nadie), sino que intenté que los enfermos y sus familiares tuvieran la mejor atención e información dentro de las posibilidades.
O el caso de quien, acercándose "por amistad", quiso sacarme dinero (mientras no le faltaba, precisamente), y de paso "entretenerme" malmetiendo en mi relación de pareja.
También, con esa excusa de la amistad (lo reconozco: mi perdición hasta hace muy poco), quien quiso manipularme, llevarme por donde quería para conseguir apoyo y "poderío", pero cuando expresé mi opinión y me defendí llegó incluso a amenazarme.
El caso, también, de quien me ofreció ayuda para organizar nuestra boda, pero terminó intentando mangonear, malmetiendo también entre la pareja, "pinchando" a otros invitados amigos para enfrentarles con nosotros, y llevándose hasta provisiones de la celebración (que ya hay que ser cutre).
Personas (por desgracia, ahora abundan) que están pasado un mal momento económico, por lo que les intento ayudar (dentro de mis pocas posibilidades). Y no sólo aceptan esa ayuda (algunas estando mejor que yo financieramente), sino que piden más y más y cada vez más, incluso lo toman, sin pedirlo, como si fuera suyo. Caraduras, se les suele llamar.

Y sólo he mencionado los más recientes.

Como decía, no es que sea santa. Es que intento ayudar a mi entorno (tengo la filosofía de que, si todos lo hiciéramos, en lugar de ir a por lo grande, todo mejoraría mucho). No soy buena: soy simple. Tengo un sentido, quizá demasiado desarrollado, de lo que está bien y lo que no, e intento acoplarme a lo primero con fuerza.

A veces me da la sensación de que, las personas que buscan aprovecharse o, simplemente, buscar problemas por diversión a otros (jamás lo entenderé... ¿no tienen tele?), tienen una especie de radar para localizar víctimas facilonas. Bueno, eso o que se lo ponemos en bandeja: en cuando alguien nos viene, a las personas que vamos (de momento) así por la vida, con una cara compungida, un problema... dejamos todo para intentar ayudarles a salir de la situación complicada que sea, incluso aunque nos perjudique inicialmente.

Y hay un problema gordo añadido: una vez que haces un favor a alguien, en adelante lo va a tomar como si fuera tu obligación. Incluso consiguen (al menos en mi caso, que soy medio tonta) hacerte sentir mal si un día no puedes ayudarles o, simplemente, te has dado cuenta de su cara dura y cierras el grifo. Ser así es una putada, pero es muy difícil cambiar.
Como digo, cada vez voy con más precaución, me abro menos, estudio las situaciones y a las personas antes de brindar mi ayuda, mi amistad... Pero me la siguen colando. Como digo, tontita perdida que es una.

No quiero, insisto, en ningún momento dar a entender que soy buena, o que se me tenga que estar agradecida por ser así. En absoluto. De hecho, si fuera capaz, probablemente haría como la mayoría: ir a lo mío, y los demás que arreen con lo suyo y con el rastro que deje lo mío. Pero de momento no lo he conseguido.

Ni siquiera aspiro a que se me pague con la misma moneda, pero sí a que, al menos, no se me putee. Misión imposible. El común de los mortales no es capaz, aunque, como digo, jamás lo entenderé.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Seres excepcionales

No hay que mirar la prensa, ni buscar en libros de historia personajes como la Madre Teresa, o cualquier "gran personaje" que pase por nuestras mentes cuando nos hablan del concepto "ser excepcional".
Estamos rodeados.
Sí, también hay mucho mamón suelto, y hacen mucho más ruido y mucho daño, así que parece que hay más. Pero en ellos no merece la pena ni pararse a pensar.

Los corazones buenos, los valientes, abundan. Y cuando te cruzas con uno en tu camino, te deja tocado (para bien ¡por una vez!).

Estos últimos días debo estar de suerte, porque he estado rodeada. Algunos son habituales (no les queda otro remedio), otros no tanto, y otros son espontáneos. Pero siempre es un lujo tenerles cerca.

Anoche salimos a picar algo con Desi y Jose (muy buena gente también), y uno de esos seres excepcionales se cruzó en nuestro camino.
Claro, que ellos están acostumbrados a la excepcionalidad, porque tienen a sus sobrinas, a Carmen, a Teo, a Trini... Pero entre todos ellos destaca y brilla con luz propia Vero, una de sus sobrinas.
Es una niña de 11 años, y a muchos os sorprenderá que hable bien de un menor de 20 años, a los que suelo evitar como a la sarna. Pero es que Vero... es mucha Vero. Todo el mundo lo dice, y por algo será. Se lo gana a pulso, pero lo mejor es que ni siquiera lo intenta, no es una pose: le sale solo.
Como cualquier niño de su edad, tiene una energía agotadora, no para. Sobre todo de hablar. Y ahí es donde a mí me ha dado en el punto débil.

Recuerdo una noche, hace un año (es decir, ella tenía 10), que nos quedamos ella y yo cenando en casa mientras los demás se iban de marcha a una reunión de vecinos. Nada del otro barrio: peli y macarrones. Pero lo pasamos bien. Y me dejó alucinada: hasta que no me ayudó con la cena, la mesa, a recoger... no se quedó tranquila. Estuve de cháchara con ella más a gusto de lo que hubiera estado con muchos adultos.

En la piscina, alguna vez que hemos coincidido (no bajo muy a menudo) siempre está pendiente de que no me canse, de dejarme el churro para que flote cómoda aunque ella se quede sin él... Algo, desde luego, no propio de una niña. Algo que a muchos adultos ni se les pasa por la cabeza hacer.

La semana pasada estuvo aquí (viven en Córdoba, pero tienen un estudio en este edificio). Lo pasé genial con ella: todas las mañanas se vino a casa (sin una sola queja por que no bajábamos a la piscina), y algunas tarde-noches las pasamos los 3 juntos, bajaba a la piscina con Dani y luego subían y cenábamos, veíamos una peli, jugábamos al Pictionary... Ha sido divertidísimo, pero ha tenido unos detalles... Hemos tenido que estar pendientes de ella, pero no para que no destrozara nada, sino para que no fregara; no para que no acosara a las gatas, sino para que no las malacostumbrara a jugar tanto (y con tanta delicadeza); no para que se lo comiera todo, sino para que de verdad le gustara lo que habíamos puesto.

Ojalá las inevitables tortas no la cambien nunca.



Como decía antes, anoche se cruzó con nosotros otro de esos seres excepcionales.
Ya estábamos terminando de cenar, y pasó uno de los muchos senegaleses que por aquí venden bolsos, CDs, complementos... Él llevaba pulseras.
Ya nos habíamos cruzado alguna vez con él, y siempre hace reír a la gente. Ayer anunciaba su mercancía como "pulseras anti-crisis, anti-mala leche". No me encapriché de nada, pero quise echarle un cable. Le pedí 2 pulseras iguales (rosas), una para Vero y otra para mí. Pero era una excusa para preguntarle si quería cenar algo. Según se dice, todos estos vendedores ambulantes en realidad están controlados y amenazados por mafias, así que el dinero no va para ellos en realidad. No quiso tomar nada, pero se sentó un ratito con nosotros. Según dijo "estoy negro de tanto andar". Me recordó a Shirley Valentine: entre carcajada y carcajada, nos metió verdades como puños. Había una perrita muy mona en la mesa de al lado. Como él dijo (con una gran sonrisa, para que pensáramos que era otra broma) "tiene más papeles y más vacunas que yo". Brutal. También hablamos de economía, y de la locura consumista. Mucha crisis, mucha queja, pero todos con nuestro I-phone 5, nuestras vacaciones irrenunciables, nuestras pijadas...

No paro de pensar en la injusticia: cambiemos, por un momento, posiciones.
Si él hubiera nacido en otra parte (aquí, por ejemplo) y hubiera tenido acceso a una carrera universitaria, o formación, se estaría comiendo el mundo. Tiene ganas, tiene talento. Pero no ha tenido suerte.
Sin embargo, si cualquiera de nosotros hubiéramos corrido su suerte, o similar... ¿Nos quedarían ganas de hacer reír, de reírnos de nosotros mismos, como él? ¿Sonreiríamos perpetuamente? ¿Le echaríamos esos arrestos? ¿O estaríamos llamando a la puerta de la consulta de nuestro médico a por una recetita de Prozac, y quejándonos día y noche?

Creo que es a estas personas a las que merece la pena ayudar. Seguro que con una oportunidad mínima, de las que cualquiera de nosotros hemos dejado pasar, él se agarraría al tren con uñas y dientes y llegaría alto. Y además probablemente ayudaría a que otros pudieran seguir sus pasos. Pero no tendrá esa oportunidad. No ha nacido en el lugar correcto, aunque ahora esté aquí.
Ojalá estuviera en mi mano darle esa opción, ayudarle de alguna manera... Ojalá.

Ayer, nos dijo, era el cumpleaños de su hija. Cumplía 6 años. Está en Senegal, y aunque se le notaba que la echaba de menos... no dejaba de sonreír al hablar de ella.

No sé cómo será su vida. Pero lo que me quedó muy claro es que merece que sea mejor.

Me ha dejado muy tocada: me costó conciliar el sueño (a pesar del vinito) y hoy no dejo de pensar en él. Y me tiene entre la sonrisa y la rabia.

No puedo dejar pasar la oportunidad, al hablar de seres excepcionales (por eso no he puesto "personas excepcionales"), de hablar de los 3 ángeles de la guarda que me acompañan (en este caso, forzosamente, quizá si les dejáramos salir de casa me dejarían tirada... quién sabe). Mariana, Cthulhu y Mordisquitos son las mejores cuidadoras del mundo. Aunque las dos últimas tienen clara preferencia por Dani, no por ello me dejan sola.

Mordisquitos es menos cercana, pero suele estar siempre en la habitación en la que yo esté. Vigilante. Es todo simpatía (y bocaos).

Por lo general, exige poco.

Pero me ha demostrado que, cuando de verdad se la necesita, cuando por ejemplo, tengo un brote gordo... no falla: ahí está, aunque ha dejado claro que los arrumacos no son lo suyo.


De Mariana ya he hablado antes por aquí. Es mi compañerita. Siempre a mi lado, especialmente ronroneante cuando estoy malita. Ahora, por ejemplo,
está dormida a mi izquierda, con medio culete en el teclado.

Ella sí pide: mi compañía. No le gusta que no esté a su lado, perderme de vista. Y, si puede ser sobándola, mejor.

Y de Cthulhu... qué decir. Sólo pide jugar. Mucho, a veces. Pero es su único capricho.

Bueno, y beber agua del grifo.

Siempre digo que es el ser más bueno que he conocido. Se deja quitar la comida, los sitios estupendos que encuentra, los juguetes, la atención... por sus hermanas. Pero ella sigue siendo feliz, siempre la ves en paz, contenta... No se enfada por nada del mundo. Tengo mucho que aprender de ella.


Hay más seres excepcionales a mi alrededor, muchos más. Afortunadamente.
Pero, últimamente, estos son los que más han destacado, y no quería quedarme sin contarlo.


La entrada me ha quedado un poco larga, lo sé... Pero es que hay seres que merecen que nos explayemos cuando hablamos de ellos, como poco.

jueves, 6 de junio de 2013

Lo siento, Alejandrito

Esta va a ser la segunda vez en toda nuestra carrera (la tuya como artista y la mía como fan) en la que no voy a ir a ver el concierto que das en la gira al paso por la ciudad por la que vivo.

El primero me pilló en Madrid, ¿recuerdas? Era la gira de uno de tus mejores discos, "El alma al aire". Pero se te ocurrió darlo en el Calderón. Y por ahí no paso (como no sea de largo porque vaya por la M-30).

En esta ocasión me pillas viviendo en Málaga.

Cuando fui a comprar las entradas, aluciné con los precios. La más barata, cerca de 62€; la más cara, 120€. Gracias a Dios podría permitirme el lujo de comprarlas e ir a verte (aunque, como siempre, a base de llamar y escribir a un montón de sitios para saber en cuál de las zonas van a poner la plataforma para minusválidos).


Pero me escocía pagar semejante pastizal, especialmente después de, como seguidora tuya (en Twitter ya no, que eres muuu pesao) haber escuchado y leído entrevistas en las que expresabas tu pena, tu preocupación por la actual crisis en España.
Incluso has propuesto a Rajoy que "paguéis más los que más tenéis". Sobre todo tú: no creo que vaya Mariano a cobrarte en Miami...

Esas incoherencias me han escocido, y solidarizándome con las muchas fans que no van a poder ver tu concierto este año porque económicamente no pueden permitírselo (o, en caso de que puedan ir, muchas van a renunciar a muchísimo para pagar la entrada), he decidido que no voy.
Y me apetece, créeme. Sólo puedo verte en persona una vez cada 2 años, cuando haces gira. Y cantar contigo y con las demás fans, gritar, desfogarme... Compartir, que de eso se trata a fin de cuentas.

Otro pero que pongo a tu actual gira: en una de las canciones, desde la primera vez que escuché "La música no se toca" (el primer día que salió a la venta, como siempre. Compro el disco que saques lo antes que pueda, incluso las ediciones especiales que te sacas de la manga y que varían muy poquito respecto al disco original. Creo que el dinero te está gustando más de lo que esperaba de ti)... como digo, en cuanto escuché la canción "Mi marciana" decidí que no la corearía en el concierto. Porque me pareció machista. Sinceramente, me ofendieron algunas de las cosas que en ella dices, no las esperaba de ti.

Y eso que el último concierto tuyo al que fui, el de la gira "Paraíso Express" fue el mejor de tus conciertos al que haya asistido. Mejor que el de "Más" en Las Ventas, donde estabas casi al alcance de mi mano, después del que me quedó un moratón de guerra en el tórax, de dejarme aplastujar por miles de fans contra la barra de seguridad, que para eso estaba la primera, tras más de 12 horas de espera para entrar...

Como digo, el concierto de hace 2 años fue el mejor. No sólo por ti y tus músicos, que estuvisteis francamente fantásticos, el espectáculo fue alucinante. Una de las cosas que más me gustó del concierto fue la mezcla que hiciste entre tus temas ya clásicos y los del disco actual. Creo que a todas tus fans nos removiste aquella noche muchas cosas, muchos recuerdos.
Además, fue bastante enérgico, marchoso: mucha guitarra eléctrica, mucha percusión. Un espectáculo genial.

Pero cuando digo que fue el mejor concierto para mí, me refiero a la experiencia. Es algo que he contado muchas veces, pero nunca en este blog.

Era el primero de tus conciertos al que acudía en silla. Nada de ir a la arena, nada de pegar botes, nada de tener agujetas una semana, y disfrutarlas cada segundo, saboreando el recuerdo del conciertazo que me las había causado. Debo confesar el apuro que aún me da ir en silla, especialmente a sitios donde la gente va a divertirse y pasarlo bien. Aún me afectan las miradas de lástima.
Llevaba un par de días atormentando a Dani y vecinos con tu disco, lo ponía una y otra vez, a tope, lo cantaba, lo gritaba, y entre canción y canción, no podía resistirme a decir "¡¡¡¡¡AAAAA-LEJAN-DRO!!!!!". ¡Qué ganas tenía de verte! ¡Cómo me latía el corazón!

Y llegó el gran día. Y, como no podía ser de otra manera, me encontraba fatal. Estuve llamando a varias personas para regalar las entradas: no me veía capaz. Pero quienes estaban interesados en ir, claro, ya las tenían. Hasta el último momento estuve intentando que no se desperdiciaran. Al final, Dani me dijo "Mira, vamos a hacer una cosa: vamos, y en cuanto quieras, nos volvemos. Al menos escuchas una canción". Y eso hicimos.
Uno de los momentos más escalofriantes para mí en tus conciertos es el momento en que sales al escenario. Esa emoción, esos rugidos del público. Y, como íbamos bastante tarde, creí que me lo iba a perder. Dani condujo todo lo rápido que pudo, y tuvimos la suerte de poder aparcar en "paralímpicos", justo en la puerta. Enseguida una chica encantadora, de la Cruz Roja, nos llevó hasta la plataforma para minusválidos.
Y justo en ese momento saliste tú. Como si me hubieras estado esperando.

No puedo explicar el pellizco que se me cogió en el pecho. Entre las prisas, el encontrarme tan malita, el verme en la silla y no poder saltar y chillar para desahogar mi histeria... me puse a llorar como una magdalena. Dani, detrás de la silla, ni se enteró. Pero yo no podía parar de aplaudir y llorar. Y venga a llorar.
Como digo, Dani ni se enteró, pero a mi lado había otra chica, más joven que yo, también en silla. Me pareció que su discapacidad no era sólo física, tenía algo más, pero suplía todas esas carencias con un corazón más grande que el escenario en el que tú cantabas.
Yo no podía parar de llorar, y cantar. Y ella cantaba, aplaudía... y me miraba. Como me vio inconsolable, empezó a preocuparse. Casi me miraba más a mí que a ti. Y avisó a su acompañante (creo que era su madre). Su madre, pensando que era una histérica de las que lloran sólo por verte, intentó tranquilizarla. Ella se quedó conforme... de momento. Seguía mirándome, preocupada. Y yo venga a llorar y a cantar.
En una de las canciones "de mechero", una de ésas en las que, las que no llevamos mechero alzamos los dos brazos y los movemos a un lado y a otro, lentamente, al son, ella me cogió de la mano. Y me la apretó, consoladora.
Aún se me saltan las lágrimas (no se me acabaron esa noche, curiosamente) al recordarlo. Durante todo el concierto tuvimos una complicidad preciosa. Inolvidable.



A pesar de esa grandísima experiencia, este año... 
te lo agradezco, pero no.
No me parece ético ir a tu concierto este año. Otra vez será (espero).

domingo, 19 de mayo de 2013

Vecinos indeseables

Somos lo peor. Cotillas, metomentodos... unos auténticos vecinos coñazo.

No conocemos nuestro propio planeta a fondo, ni lo repetamos, y ya estamos dando por saco a los demás: visitas, estudios... y ahora, hasta pretendemos colonizar. Con un par. No tenemos arreglo.

Y encima, vamos de listos: como lo que encontramos por allí no cuadra en nuestro concepto de "habitable", lo damos por inhabitable. Como la posible vida que haya por ahí (que no creo que seamos el único planeta poblado, en ésta u otra galaxia) no se parece a la nuestra, o al concepto al que creemos que debe parecerse... pues no hay. Hale. ¿Y quién nos dice que no haya una posibilidad de forma de vida en el interior de esos planetas, en lugar de en su superficie, por ejemplo?
Es como con lo de los sentidos: como los seres (terrícolas) que analizamos no tengan uno de los 5 sentidos humanos, no tienen ninguno. ¿Quién cree, a estas alturas, que los vegetales no se comunican, no sienten, no perciben? Aunque sea de forma diferente a la nuestra. ¿Quién puede negar que los animales tienen un sentido diferente a los nuestros, tan limitados, que les ayuda a saber cuándo otro ser tiene dolor, por ejemplo?
Pero así somos: antropocéntricos hasta el ridículo.

También está el factor económico: con la pasta gansa que tiene que estar costando todo esto... ¿no podrían aliviarse (si no solucionarse) las penurias que pasan muchos terrícolas (no sólo humanos)? Es insultante (para ellos, supongo).

Además, dado el carácter humano, si ya entre nosotros nos dedicamos a aniquilarnos... ¿qué pueden esperar otros seres si les descubrimos? Nada bueno.

No les hemos encontrado aún, y ya les dejamos recuerdos propios de puerta de retrete de bar de mala muerte... Como para dejarse ver.

¿Qué haríamos en ese caso? ¿Intentar comunicarnos? ¿Para qué?

No es que me parezca mal la exploración espacial, desde un punto de vista científico puede ser muy interesante. Y si nuestro fondo fuera bueno, podría ser hasta productivo para ambas partes. Pero no es así.

Y, como decía al principio... Si no conocemos bien nuestro propio planeta, si no sabemos cuidarlo y tenerlo curioso... ¿a qué vamos a otras partes?

Me recuerda este tema a una vecina que tenía cuando vivía en Madrid: su hijo tenía problemas chungos, pero ella no se daba cuenta (o hacía como que no), eso sí: sabía hasta lo que habíamos desayunado todos los demás, y no paraba de comentarlo, analizarlo, criticarlo...

¿Quién va a querer relacionarse con vecinos así?

viernes, 29 de marzo de 2013

Nerviosita (como poco)

Desde hace un tiempo, creo que por desgracia, nos estamos acostumbrando (cosa que no creo que sea buena) a, de vez en cuando, leer titulares como estos, estos o estos.

Creo que todos somos conscientes de lo complejo del mundo en que vivimos. Complejo porque los propios humanos lo hacemos así, por diversidad y enfrentamiento de intereses, ideologías y a saber qué más (está claro que las noticias que nos llegan no lo dicen todo, que hay buena parte que nos perdemos).

La base de todos estos conflictos (no sólo estos tan gordos, incluso muchos insignificantes) está, por supuesto, en la falta de respeto, como ya he mencionado por aquí varias veces. En creer que tenemos derecho a imponer ideologías, formas de vida o costumbres por encima de las de otras personas.

Respecto al tema de Corea del Norte, como no entiendo demasiado de política, y menos aún de política de países tan lejanos (no sólo geográficamente), no me siento capaz de hacerme una idea de quién tiene razón y quién no. Pero tengo muy claro algo: en el momento en que todo esto afecte a una sola persona, cuando haya un sólo herido o afectado, el "malo" será el que haya utilizado un arma, y si otro mandatario le sigue, lo será igualmente. Porque no se pelean entre ellos, no se lían a tortas (o a tiros) entre ellos, sino que mandan a que lo haga gente cuyos nombres ni siquiera conocen, que les importan tirando a poco. Cuando cae una bomba en una región, no afecta a quien ordenó tirarla, ni siquiera a su "enemigo" (representado en el mandatario responsable de esa región), sino a personas, animales y plantas que sólo tienen la culpa de vivir allí, o pasar por allí.

A pesar de mi falta de conocimientos políticos, algo de historia he estudiado, y hay algo claro: tras una gran crisis económica, suele venir una gran guerra. Somos tristemente predecibles. Y fue mi gran temor cuando la actual crisis empezó: de una crisis económica, mal que bien se puede salir; de una guerra nuclear a gran escala... lo dudo. Y más cuando esas armas nucleares están en manos de gente fanática, a la que le importa tres pimientos que el planeta, con ellos dentro, se vaya al garete. Aunque al resto de seres que lo habitamos sí nos importe. Ahí entra la falta de respeto.

He leído todo tipo de opiniones, en las últimas horas, respecto al conflicto actual: que si EE.UU. está provocando porque necesita ganar dinero a través de la venta de armas; que si al líder Norcoreano se le ha ido la cabeza; que si se involucraría China, Venezuela, la OTAN... No sé quién tiene razón y quién no. Ni siquiera sé si la tiene alguien.

Pero no puedo evitar, en estos días, sentir inquietud, si no directamente miedo. Y eso es malo: el miedo es la mayor arma de estos mandatarios.

Espero que no quede más que en amenazas y titulares. 
Por el bien de todos.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Los lunes a la sombra

No pasa un lunes sin que mi muro del facebook se llene de "amargas quejas" por que es tal día. Empieza la semana laboral, para los que aún tienen la suerte de tener un trabajo. Y no me refiero sólo a la crisis.

No se trata de un "y yo más", pero para mí ya no hay lunes. Ni domingos, ni viernes, ni miércoles. Ya no trabajo: no puedo. Y mi "jornada laboral" lo mismo dura 8 horas, que 1 semana, que 2, que 8 meses (como la que me está tocando ahora): según le dé.
A veces envidio esas quejas, no porque lo mío sea "peor", sino porque, aunque parezca mentira, echo de menos el trabajo. Sonará estúpido, pero me gustaba mi trabajo. Tenía sus cosas malas, desde luego, pero en conjunto, me gustaba.
No hace mucho presencié una escena que era normal para mí hace unos años: llegó un mensajero a una oficina, recogieron el paquete, le preguntaron por otra referencia de envío que estaban esperando... Menuda tontería, pero casi me echo a llorar. Echo de menos esa rutina.


Ahora tengo un jefe más déspota que una de las que tenía en mi último trabajo: decide cuándo puedo levantarme de la cama, y cuándo no. Decide cuándo soy capaz de hablar por teléfono y cuándo no. Decide si mis vacaciones pueden coincidir con las de mi pareja y cuándo no. No suelen coincidir, mi jefe es un poco mamón.

Esto no es un "no os deberíais quejar porque hay quien está peor". Para nada. Cada uno que se queje de lo que le tiene harto, que cada vida es un mundo.
Pero sí quería hacer saber, para quienes se quejan con la intención de dar penita, que a veces, según quién le lea y sus circunstancias, lo que dan es envidia... Eso puede ser un halago: siempre se ha dicho "mejor que te tengan envidia a que te tengan pena". Simplemente a veces no se despierta la empatía por el lado que nos gustaría...

miércoles, 9 de enero de 2013

Cuando nos hacemos "mayores" (mentalmente)

...Que no es lo mismo que haber madurado. 

No me considero una persona inmadura. Al menos, no del todo.

Pero, a medida que pasa el tiempo y tenemos más claras nuestras ideas, optamos por una u otra opción, algo que no implica necesariamente descartar la validez de otras opciones, otras formas de pensar o hacer.

Cuando somos pipiolos somos como una esponja: todo nos parece válido, o al menos potencialmente válido; las formas de pensar o comportarse novedosas nos fascinan (de ahí que muchos se pasen de originales en ciertas etapas); todo es valorable, posible, una alternativa a tener en cuenta. Pero llevo un tiempo observando a personas algo mayores que yo, o más maduras, como se quiera ver. Personas con las ideas claras, con una escala de valores perfectamente definida. Supongo que eso les ayudará mucho en su vida: debe ser muy práctico tener todo clarísimo y poder tomar decisiones y emitir juicios en cuestión de segundos. La batidora debe haberse detenido para siempre en sus cabezas. Pero también les debe limitar mucho: todo lo que no se ajuste a sus cánones está mal.

Hay una diferencia, para mí (de momento...) entre madurar y envejecer. Todos hemos oído hablar de "ancianos" muy jóvenes, y de casos inversos. Creo que la diferencia radica en la tolerancia. Tú puedes tener las ideas muy claras, pero no por eso invalidar todo lo que no se ajuste a ellas. Simplemente, tomarlas como otra forma de hacer las cosas, que no se ajusta a tu forma.


Creo que hay dos formas de evolucionar: madurar o envejecer. 
Envejecer implica rigidez. Madurar, flexibilidad.
Yo trabajo por conducirme hacia la segunda, pero no sé dónde acabaré...

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Somos malos

...O, al menos, no somos buenos.

En general, nos mueve la avaricia, la envidia, el egoísmo... Y somos "los reyes de la creación". Vamos arrasando vidas ajenas (de animales, plantas y en casos extremos hasta de otras personas) por hobby, o por aburrimiento.
O, sin llegar a esos extremos, mentimos sobre otras personas sin plantearnos (y si nos lo planteamos, nos la trae al pairo) las consecuencias que ello pueda tener sobre sus vidas; malmetemos contra quien nos cae mal, por la simple diversión de buscarle un problemita; disfrutamos con la desgracia ajena (nos pierde el morbo...).
Desde pequeñitos nos han enseñado que "el hombre es el rey de la creación", ya sea por teorías evolucionistas (se supone que somos el ser más evolucionado de la tierra... poco observadores, u observadores a conveniencia diría yo) o religiosas ("Dios" -el que sea- nos puso a cargo de todo este "jardín". Nos estamos luciendo).
¿Os imagináis un rey (de cualquier país) que se comportara así, con ese descaro? De repente habéis pensado en los reyes de "aquellos países", con sus esclavos y su harén... ¿no?
Pues claro: así nos va.

Nos comportamos mal con los "seres inferiores" (¿inferiores? ¿en serio?... me encanta cuando llamamos "su instinto" a todo lo que se nos escapa) y entre nosotros mismos. De hecho, entre nosotros ya hay seres "superiores" e "inferiores". No me estoy volviendo anarquista. Creo. La estructura jerárquica es necesaria. Pero siempre que sea justa y respetuosa con todos.

Nos falta mucha empatía. Entre nosotros, y hacia el resto de seres con los que compartimos el planeta. Nos creemos que por haber pagado con dinero (sistema inventado por el ser humano) un trocito de tierra, ésta nos pertenece y ya podemos hacer con ella y los seres que contiene lo que nos venga en gana.
Somos muy inteligentes. Lo suficiente como para intentar comunicarnos con otros habitantes del universo, pero también lo suficiente como para no haber hallado la forma de dar voz a los que no se comunican como nosotros, aunque están aquí mismo: animales y plantas.
Probablemente nos venga bien (a nuestro egoísmo).

Todo esto no viene ni a que me esté volviendo pseudo-filósofa ni a que me haya pasado nada concreto últimamente (de hecho, este post lo llevo escribiendo a retales hace semanas): simplemente, cada día estoy más y más quemada... ¿Conocéis esas teorías de sonríe y te sonreirán, lo que das en la vida siempre te vuelve... etc...? Pues he sido tan idiota de creérmelas durante mucho tiempo. Y no funciona. Hubiera sido bonito, pero no. No funciona. Al menos, a mí no me ha funcionado. Y, desde luego, a la inmensa mayoría de los seres no humanos que he ido observando, tampoco les funciona. Me da la sensación de que son una criba para idiotas: el que se la crea, es más fácilmente pisoteable.
Aquí se impone la ley no del más fuerte,sino del más despiadado,del menos empatico,del más egocéntrico. Ésas son las personas que al final se alzan sobre las demás en la práctica. Moralmente no, pero... sinceramente, la moralidad es poco práctica...
¿Quien quiere,a priori,ser un desgraciado... Pero eso si: muy moral?

A la gente "mala" no suelen ocurrirle desgracias... y si les ocurren, como se la suda (por aquello de los sentimientos) pues no pueden llamarse desgracias... inconvenientes, tal vez.
A la gente "buena"... bueno, pues todo lo contrario. Les pierden los sentimientos, y llevan el corazón así, sin protección, y cualquier cosita escuece... Y todos los problemas terminan siendo para ellos.

...Con lo relativamente fácil que es hacer cada uno su vida,simplemente no molestando a los demás... Pero es que hay a quien le gusta.
Nos encanta estar "por encima del bien y del mal". Hacernos valer sobre la vida de otros (humanos, animales, plantas...) nos hace sentir, o pensar, que somos superiores a ellos... Pero si tenemos que valernos de ello es porque, en el fondo, no estamos tan seguros de esa superioridad... ¿No? Cuando tienes que demostrar permanentemente lo "más" (rico, guapo, listo, superior...) que eres, quizá sea porque no estés tan seguro de ello.

En fin: con esta filosofía nos va como nos va. No hablo de desigualdades. Hablo de guerras, de escasez de comida y agua potable, de energía, extinción de especies... Estamos imponiendo tanto nuestra superioridad a todo el planeta, que nos lo estamos cepillando.
En el fondo, veremos que estamos equivocados demasiado tarde... El planeta, nos guste o no, es más que nosotros, puñeteros individuos egoístas que, de tanto pensar en nuestra "superioridad", estamos consiguiendo que no haya planeta habitable... Se demostrará, como digo, que el hombre no es el rey del mundo: el mundo es el rey del hombre (y animales, y plantas)... Su casa. Pero de tanto demostrar que somos más que nuestra casa, nos vamos a quedar sin ella...

viernes, 24 de agosto de 2012

Petición

Tengo prevista otra entrada que ya debería haber publicado sobre una Chupifiesta de Verano que hubo en la urbanización el domingo pasado, pero esta semana no he tenido demasiadas ganas de escribir acerca de fiestas, y menos, como pretendía, en tono de guasa: mi abuelo está bastante malito y no estoy muy guasona que digamos... Así que dadme tiempo, pero todo llegará (con fotos y vídeos incluidos).

Pero antes, dados algunos acontecimientos que están teniendo lugar últimamente (sobre todo en lo que llevamos de verano) y ante todo, porque estoy HASTA LAS NARICES, me gustaría hacer una petición especialmente dedicada a las personas con las que tengo algún grado de amistad y/o intimidad:

Vamos a ver:

  1. Somos todos mayorcitos según Hacienda, que es quien manda para estas cosas; 
  2. Se supone que una relación de amistad o similares tiene una base importante de confianza mutua; 
  3. Vivimos en la era de las comunicaciones, y tengo correo postal, correo electrónico, teléfono fijo, móvil, whatsapp, twitter, facebook, blog y más cosas que ahora no recuerdo. Ah, timbre también, sí. 

En base a esas 3 cositas especialmente... si hay algo que hago/digo o dejo de hacer/decir o llega a ti información de algo así... que te molesta, ofende o toca los cojones, creo que lo suyo es que me lo digas, con cariño, tranquilidad y "de tú a tú".
Si te ha molestado tanto como para sentir algo parecido a la traición es porque consideras que nuestra relación tenía una confianza que traicionar... y si no lo hablas conmigo, estás haciendo exactamente lo mismo: estás traicionando una confianza. Si no, es que está claro que yo tampoco podía confiar en ti.
Una amistad es algo muy bonito, pero tiene altibajos, y hay que cuidarla por las dos partes. Si no, será otra cosa, pero desde luego no amistad.

Ante todo quiero dejar claro que éste no es un mensaje "en clave" para alguien en concreto (si fuera así, me dirigiría directamente a esa persona), más bien es una declaración de intenciones: han ocurrido (tanto a mí como a mi alrededor) suficientes tontadas que se cargan amistades bonitas como para que quiera dejar esto claro.
Si aprecias a alguien, tienes una amistad con esa persona o un proyecto que te merece la pena mantener, no dejes que se enquisten dudas ni rencorcitos que, si se aclaran, se pueden hablar ("oye, para otra que sepas que esto me ha dolido") o hasta aclarar, porque lo mismo hasta estás viendo humo y pensando en fuego cuando se trata de incienso.
Ahora, si das la amistad por finalizada o perdida, quédate con tu run-run y no se lo digas... entonces sí: ¿para qué?

miércoles, 6 de junio de 2012

Carta de una mujer indignada

Esto me pasa por intentar leer a intelectuales. Por meterme en camisas de once varas. Con lo que disfruto con mis cómics de gatitos. 
La leche.

Para empezar, si llego a mirar los "créditos" probablemente no hubiera comprado el libro:
Ver que el prólogo es de Carmen Romero ya puede dar una idea de que el tema va a llevar más tintes políticos de los que me gusta encontrar, pero ver que Amelia Valcárcel forma parte del "consejo asesor" me hubiera hecho desistir definitivamente. El poco trato que he tenido con ella me ha hecho que repela todo aquello con lo que "se mancha" (por lo poco que la conocí, es una persona que lleva una actitud permanente de asquito, y de mirar a los demás haciéndoles un inmenso favor...). Y desde luego sé de qué palo va en temas políticos, y no es que tenga problema ninguno con escuchar a feministas o izquierdistas o derechistas, que para nada (pero no me quedo con el discurso completo de nadie, ideológicamente estoy en un limbo un poco raro)... pero los histerismos, los fanatismos, los totalitarismos, los absolutismos... me dan mucha grimita.

Compré este libro con la intención de aprender, ante todo. Quería, a través de un testimonio en primera persona, SABER qué siente una mujer de una cultura de la que conozco poco (y de lo que conozco, como hay tanto interés político por medio -por eso no lo quería aquí-, buena parte debe estar manipulado). Quería saber POR QUÉ se siente así. Cómo viven, cómo quieren vivir... 
O, si no todo esto, al menos algo. 
Me hubiera gustado empezar a aprender para poder entender. 
Pero ni he aprendido, porque no explica las diferencias (que para ella y la gente lista como ella estarán muy claras, pero para muchos mortales no) entre términos frecuentes, pero que para los "no iniciados" se confunden: árabe / musulmán / islam / islamista / musulmán moderado / nacionalista identitario / magrebí... burka / velo / haik... Ni he entendido buena parte de lo que dice.
Y de lo que he entendido, con buena parte estoy de acuerdo. Pero con otra parte no. No estoy, en absoluto, de acuerdo con su idea de libertad, con su concepto de feminismo. Las exageraciones no me gustan, salvo que sean rosas 

Muestra de este feminismo exaltadísimo y puesto de cafeína (por lo menos) hasta las orejas, son frases como ésta:
"(...) espero una condena de todas las formas de violencia, de los crímenes y de otras barbaries, en particular contra las mujeres, cometidos por los islamistas de los llamados moderados y por los musulmanes en general".
Hostia. "(...) en particular contra las mujeres (...)". Y se le llena la boca diciendo que defiende la igualdad. Yo soy más tonta de lo que creía, y ella es mucho más lista de lo que jamás podré imaginar. Debe ser eso. Y de verdad que he intentado entenderlo en el sentido de "se han cometido crímenes y barbaries en particular contra las mujeres", no de "espero una condena de la violencia, especialmente la cometida contra las mujeres". Pero por contexto y por expresiones hermanas, todas en la misma línea, no ha sido viable.
Manifestaciones como ésta abundan en el libro, y la sensación que transmite es de ser una persona muy segura de su discurso. Demasiado. Tanto, que no le merece la pena ni siquiera escuchar (activamente, no pensando en la respuesta que dará) cualquier otro.
No coincido con su idea de igualdad (que para mí es que TODOS somos seres humanos, y por tanto todas las víctimas, todos los agresores, todo lo que se ponga por delante es absolutamente igual para todo, excepto físicamente). 
Tampoco coincido con su idea de libertad. Para mí, la libertad es (a grandísimos rasgos) la garantía de poder hacer, dentro de la ley, respetando al prójimo y asumiendo sus consecuencias, lo que estime oportuno. No lo que me diga esta señora. Y si yo fuera musulmana y me sintiera más en paz o como se sientan (me hubiera encantado entenderlo, buscaré por otro lado) poniéndome el velo, el burka o el periódico en la cabeza, poder ponérmelo sin que pelmas como ésta me digan que atenta contra mi dignidad de mujer. 
¿A qué nivel quedaría mi dignidad de PERSONA si, después de su discurso, agachara la cabeza y me lo quitara?


jueves, 17 de mayo de 2012

Ponga un tullido en su vida

Hace mucho tiempo que lo vengo observando.
Pero claro, como todo, cuando te pilla en primera persona ves las cosas más claras (bueno, a veces) y les prestas más atención.

A bastantes personas les gusta ponerse la medallita de "pues yo soy AMIG@ de una persona con una enfermedad jodida". No es que les guste que sus amigos estén enfermos. En absoluto. Es que conocer a alguien que está pasando por algo duro es como conocer a alguien que viaja mucho: da para contar, comentar. 
El "te admiro" que he referido por aquí en otras ocasiones está ahí, pero en la mayoría de los casos se queda en eso. En admiración. Bueno, y en anécdota que contar en las cenas con amigos. "Pues un amigo mío tiene una enfermedad muy jodida, y no veas qué bien lo lleva". Muy amigo, lo lleva muy bien, pero... ¿por qué no le has invitado a ir contigo a esa cena? o ¿por qué no estás cenando con él?
No sé si me estoy explicando bien. Hablo, por supuesto, de casos generales. Que hay muchas personas que no actúan así, por fortuna. Y no hay por qué estar SIEMPRE, PERMANENTEMENTE junto al "tullido". Sólo ser consciente de que, quizá, esté solo en casa, aburrido, triste... mientras hablas de él.
A lo que quiero llegar es a que las palmaditas en la espalda y el interés son muy intensos (y muy de agradecer) al principio: cuando te diagnostican, o los primeros meses de trato si cuando te conocen ya tienes diagnóstico. Luego el tema se va diluyendo... Claro: ven que es difícil quedar para ciertas actividades. O que no se está disponible al ritmo que llevan los demás. Y poco a poco, van dejando de llamar. A veces sí llaman, pero para preguntar qué tal, y rezando por que la respuesta no induzca a un compromiso de visita, o de favor (llevar a algún médico, por ejemplo, o ayudar con la compra, la casa...). Y cada vez llaman menos. Y menos.
Al final, se queda en pura anécdota esa AMISTAD.

Como decía, no lo digo únicamente por mí (que supongo que en mi caso, a parte de este factor, influirá que no hay quien me aguante). Es algo que había observado siempre, y ahora con mucha más intensidad, en casos que voy conociendo, con mayor o menor detalle.

Supongo que es algo inevitable. Nadie quiere complicarse la vida aún más (me incluyo). Y una "amistad" sincera con alguien de estas características exige mucho de ambas partes, pero especialmente de la sana: si alguien a quien aprecias necesita que le lleves, le traigas, le ayudes o simplemente le visites (en lugar de quedarte en tu casita o ir al cine)... Una lata.

Pero si alguien me lee, pido desde aquí que intentéis poneros en el lugar del otro. Eso tan manido de "a cualquiera nos puede tocar" es verdad. Doy fe. Y avergonzada reconozco que alguna vez conocí a alguien con una enfermedad jodida, y me sirvió para varias conversaciones algún domingo de tapas o en la sobremesa de alguna cena de conocidos. Y no llamé a esa persona para saber si, en lugar de hablar de ella en tercera persona, le apetecía venirse, que la recogiera y la llevara, o que trasladásemos la cena a su casa.


Es muy difícil tirar p'alante con una de estas enfermedades. Pero con apoyo social la cosa se suaviza mucho. Muchísimo.

sábado, 25 de febrero de 2012

QUE APAGUÉIS LOS MÓVILES EN EL TEATRO

COÑO.

Por lo que tengo visto, pedirlo por favor hasta el momento no da resultado.



Anoche estuve viendo Shirley Valentine (sí, otra vez, ¿qué pasa? Es que es MUY buena). Y a lo largo de la representación, se escucharon hasta 5 móviles. Ya está bien. Y nadie dijo nada (yo me quedé, como siempre, con las ganas, pero no me atreví: todavía me hubieran contestado mal). Eso sí, el sonido (necesario porque ese teatro es muy grande) falló los últimos minutos del primer acto, la actriz subió su tono de voz, y sí hubo quejas de "¡No se escucha!". Para matarnos a todos.

Estoy convencida de que, si al primero que le suena el móvil le llega el conserje y le echa del teatro, los demás no hubieran sonado. 

Estamos por civilizar. Ya jode que suene el móvil en sitios como el cine (que hay hasta quien lo coge), donde perjudicas a todos los demás espectadores que han pagado una entrada, al igual que tú. Pero en un teatro estás, además, poniendo en juego la concentración de los actores, y encima en casos como éste, cuando es un monólogo, ya ni te cuento. Somos muy endebles con algunas cosas. Y ésta es una de ellas.

Me encantaría tener el coraje de, al próximo que le suene el móvil durante una representación teatral (que me lo cruzaré, estoy convencida), levantarme de mi asiento y decirle algo, o simplemente acercarme a su butaca y, para no joder aún más al resto, simplemente mirarle a 5 centímetros de su cara, con el bastón firmemente cogido. Pero no lo tengo. Una pena.