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martes, 29 de septiembre de 2015

Sobre-protectoras, asociaciones anima-listas y similares

O cuando la protectora se convierte en un negocio.

Todos los que nos consideramos animalistas, o tenemos uno cerca, estamos al tanto de la crueldad humana en muchos sentidos, pero que se ceba especialmente con el resto de especies animales: abandonos, palizas, "actos culturales" basados en la tortura...
Pero no me parece mucho más ligera la crueldad cuando, en nombre de la ayuda y protección a estas especies, alguien decide (demostrando lo mucho que le importan en el fondo) sacar tajada, porque se carga las ganas de ayudar. Políticos, gestores de protectoras o particulares que, conscientes de las ganas de ayudar de muchas personas y la incapacidad de los animales para decir la verdad, inventan un cuento, una lucha... Y piden ayuda (económica, generalmente) para llevala a cabo: subvenciones, crowdfunding, donativos puntuales, ferias...
Esto no ocurre sólo en la defensa de los animales, pero es el tema que, últimamente, me tiene quemada, por mi sensibilidad hacia él.


Hace ya unos 8 años llegó mi primer desencanto relacionado con estas asociaciones (no todas, evidentemente. Pero tampoco voy a dar nombres): decidimos adoptar 1 (ó 2 ) gatas y, después de casi ser engañados por un veterinario que nos dijo que "salvaba a las camadas que llevaban para que sacrificara" (algo ilegal, si no me equivoco, si hubiera accedido), y nos ofreció adoptar a alguno de estos cachorros; cuando accedimos, quiso cobrarnos 250€ por cada uno... Lo siguiente fue consultar varios "catálogos" de gatos en adopción de diferentes asociaciones: nos decidimos y contactamos con la asociación elegida. Tuvimos mala suerte: justo Remi y Mantequilla, las gatas en las que nos habíamos fijado (sin más relación entre ellas que pertenecer a la misma asociación) acababan de ser adoptadas. PERO podíamos ayudarles haciendo un donativo a la cuenta XXXXXXX... (no fue un PERO había otras en adopción, no. Fue un PERO podéis darnos dinero). Vale, entre tantas como hay, alguna puede salir rana... Seguimos buscando. Pero debíamos tener la negra, porque obtuvimos en varias asociaciones (todas con las que contactamos, que no fueron pocas) LA MISMA RESPUESTA (o su variación "no podemos dárosla en adopción porque vivís en otra provincia y no podemos hacer el seguimiento", ante la que ofrecimos llevar a las revisiones que estimaran oportunas a la provincia que nos dijeran, pero tampoco les pareció conveniente. Sí les pareció conveniente el PERO podéis donar dinero). Dejamos de buscar. Y recogimos a una gata callejera, preñada, que oportunamente se cruzó en nuestro camino.
Es genial poner todo el celo en la difícil tarea de encontrar una buena familia para cada animal necesitado y, una vez encontrada, estar pendiente de que todo va bien, pero a base de poner trabas se consigue el efecto contrario. Varios amigos han desistido de adoptar a través de esas asociaciones después de recibir un "formulario previo" en el que se les pide hasta movimientos bancarios y saldo actual, ingresos... Que digo yo que habrá otra forma menos agresiva de confirmar que un posible adoptante puede hacerse cargo económicamente del perro o gato... O la idoneidad (por muy diversos motivos) del aspirante a adoptante.



Sé que me van a caer por todas partes por esta entrada, pero creo que no soy sospechosa de estar escribiendo con la intención de perjudicar a las asociaciones animalistas. De hecho, intento apoyar a aquellas en las que confío, o de cuya buena labor y honradez tengo constancia. Por desgracia, cada vez son menos y cada vez optamos más por la ayuda menos útil: la directa (en lugar de donar nunca se sabe con qué fin concreto y justificado, invertimos ese dinero/esfuerzo en ayudar de forma directa a casos que nos vamos encontrando -nunca faltan, por desgracia-). No dudo que las hay, de hecho en algunas sí confío. Pero mi decepción y cabreo aumentan según se van cayendo nombres de la lista. No hace mucho, llegué a este artículo que dice algo parecido -aunque exculpando a las asociaciones legalmente constituidas... pero legal era también Parque Animal, "el Auschwitz animal", y lo es Paraíso, con sus cuantiosas subvenciones, y no les donaría ni un céntimo: las legales también fallan, y algunas de las irregulares, como los particulares que ayudamos como podemos a las colonias cercanas, por ejemplo, hacen más que algunas que tienen su CIF y sus cositas-.

No quiero desencantar a nadie que tenga intención de ayudar (al contrario: ojalá haya un alud de ayuda y llegue al destino para el que se pide), pero necesitaba desahogarme, especialmente después del último caso que se ha cruzado en nuestro camino. En los últimos tiempos "nos hemos complicado" (así lo dice mucha gente de nuestro entorno) con algunos animales (gatos, mayoritariamente) que necesitaban ayuda urgente. Con muchos, más que cruzarnos, nos hemos dado de bruces.

Es algo relativamente habitual: encuentras un gato herido o enfermo, o evidentemente casero, perdido. Lo recoges (en nuestro caso, no tenemos dónde meterlo sin poner en riesgo la salud de nuestras gatas, lo que suele complicarnos mucho la vida) y empiezas a buscar ayuda. Y te ves más solo que la una.

Todas las asociaciones con las que has colaborado (ya sea simplemente difundiendo casos -y hastiando a tus amigos-, o con tu tiempo para colaborar en alguna actividad, comprando algo en alguna subasta benéfica o donando directamente) te dicen que no pueden hacerse cargo (si bien es cierto que, con la crisis, la mayoría tiene sus instalaciones saturadas, pero no hacen siquiera el intento de pedir una casa de acogida). Eso, cuando te cogen el teléfono o contestan tus correos.

En los últimos tiempos nos hemos visto hasta 3 veces en un aprieto importante.
Y a la tercera la ido la vencida: Con el caso de Lucy / Luna (una gata doméstica encontrada en nuestro bloque, cuyo dueño no aparecía, que afortunadamente ha tenido final feliz) he cruzado un límite.
Pocos días no me acuesto con el corazón encogido por algún caso difundido a través de las redes sociales (con sus fotos explícitas, que quizá sensibilicen al indiferente pero a los ya sensibles nos encogen las entrañas), aunque raro es el caso difundido que no me deja un poco (o mucho) tocada.

Comparto algunos de esos casos (los más urgentes, o los accesibles por zona u otros motivos para alguno de mis contactos, por lo que la mayoría deben tenerme silenciada, por cansina... ¡normal!), pero todos se quedan en mi cabeza, entristeciéndome.
A todas estas asociaciones he pedido ayuda, aunque fuera de difusión, para encontrar casa de acogida temporal o, si había mucha suerte, al dueño o una adopción. Ninguna lo ha hecho. De hecho, de algunas aún estoy esperando respuesta, aunque sea con una escusa.
No quiero decir con esto que "me lo deben" de alguna forma, que por haber colaborado en alguna ocasión ahora tengan obligación de ayudarme. Pero sí esperaba algo de la misma buena voluntad que yo he puesto cuando han pedido ayuda.
Muchas ONG o asociaciones que anuncian su intención de ayudar a tal o cual sector desdichado (animales callejeros o maltratados, refugiados, mujeres o niño maltratados...) son, en el fondo, una fuente de ingresos para sus creadores que, vía subvenciones o apelando a la sensibilidad de cada cual (será que no hay ámbitos en los que implicarse, y a cada uno "nos toca" uno diferente, cuando no varios), recogen básicamente dinero en efectivo (también valen otros donativos en algunos casos, incluso algunas aceptan voluntariado) que nunca llega, o si lo hace, es muy mermado, a la finalidad anunciada. Es una forma más de crueldad: a base de desengaños terminaremos por no donar, no ayudar... O, como ya hacemos nosotros, hacerlo con los casos más cercanos únicamente. Que tampoco está mal: si todos ayudásemos en nuestro círculo próximo, no harían falta asociaciones prácticamente.
Afortunadamente sí hay, aún, algunas asociaciones, dedicadas a diversos ámbitos, que pelean por el objetivo que proclaman y dedican lo donado y parte de lo propio a ese fin. Pero es muy triste tener que separar grano de paja y no saber de quién puedes fiarte (que ocurra con las personas con las que nos cruzamos, bueno; pero debería estar garantizado de algún modo que las ONG sean transparentes).


viernes, 28 de marzo de 2014

Las campanas al vuelo... han volado

Como no podía ser de otra manera.

Era muy consciente de mi casi milagrosa buena suerte al haber dado con un médico que se "complicara" y saliera de sota-caballo-rey con mi tratamiento y mi diagnóstico.
Pero me dio vida.

Ahora, después de todas las pruebas y consultas que me pidió, y estando a la espera de que vuelva a verme en abril para los resultados, ya me he desinflado.
No por las pruebas (aún no conozco los resultados), sino por los especialistas a los que me derivó para intentarlo con otro biológico. En concreto, me tocó otra vez con el doctor Cs. Su incompetencia y su soberbia han vuelto a escena. Y eso me complica la vida. Bueno, en realidad lo que complica es mi posibilidad de mejoría, pone trabas a mi esperanza.
Parece que no le ha sentado muy bien que otro médico (y menos un internista -tengo entendido que entre los especialistas están valorados a la baja-) le sugiriera qué tenía que hacer, cómo hacer su trabajo en mi caso. Bueno, en realidad, la sugerencia era que hiciera su trabajo... Le pidió que probara otro biológico conmigo, otro que quizá no me diera efectos secundarios tan brutos, y mejoraran mi estado. Pero la querencia del Dr. Cs con el Enbrel se puede calificar de obsesiva (eso, si pensamos bien. Si no... la cosa sería más grave). Así que se negó. Dijo que no se iba a arriesgar, con los efectos que me dio el Enbrel (chungos, realmente) a probar con otro diferente, a pesar de que yo le insistí en que, a pesar de mi miedo (cómo no tenerlo), estaba dispuesta a correr el riesgo. Pero él dijo que no.
Mi pregunta era obligada "Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Morfina vitalicia?" y su respuesta, desalentadora: "Pues sí".
Todo esto se desarrolló en una consulta en la que no me miró a la cara (estoy convencida de que 15 minutos después nos cruzamos en el pasillo o la cafetería y no me reconoce), no me exploró ni quiso saber nada del posible nuevo diagnóstico (Síndrome de Behçet): era algo que, a lo largo de las revisiones hace ya mucho tiempo había sugerido yo desde mi ignorancia: mi estado no podía deberse sólo a la EA: o tenía algo más, o el diagnóstico estaba equivocado. Pero claro: eso le haría pensar, le haría trabajar... y da perecita.
Así que me pidió rx y analíticas (¿mirará los resultados en esta ocasión?), y me mandó a un internista "de su confianza". Yo le dije que ya me estaba tratando un internista, y estaba muy contenta con él. Pero él insistió, y tengo cita en unos días con "el nuevo". Supongo que no le dará tanto trabajo, que volverá a abrir el gran saco (parece el maletín de Mary Poppins) de la EA, e incluirá "resina" a mi tratamiento.




Pero no me conformo. No quiero conformarme. No PUEDO conformarme. Va mi vida y la de mi marido en ello.



Soy defensora de la sanidad pública. Pero con "profesionales" como éste, me planteo si no sería mejor que pudiéramos decidir, de la parte que nos descuentan en nómina e impuestos para la Seguridad Social, cotizar a ésta o a la mutua que nos pareciera mejor, respecto a seguro médico y pensión. También que, como los funcionarios y políticos, los trabajadores de la Seguridad Social (funcionarios, a fin de cuentas) no tuvieran tan segurísimo su puesto de trabajo. Si lo hacen bien, desde luego. Puesto asegurado y bien remunerado (también para evitar "tentaciones de laboratorios"). Pero si no hacen su trabajo, o lo hacen con intereses que amplían su nómina "de aquella manera"... a su casa. Siento ser tan dura, pero ya no es sólo por mí. Es que "médicos" como éste tienen en sus manos la salud de muchas personas. Y la productividad. Quizá alguno de sus pacientes, incluyéndome, podríamos volver a ser productivos, reducir nuestra invalidez con un buen tratamiento, y no ser una "carga" en cuanto a pensiones, sino colaborar siendo laboralmente activos. Al menos, fue lo primero en lo que pensé cuando el internista me habló de posible mejoría: en volver a trabajar, en ser productiva, a pesar de la situación actual, del paro, de la crisis... no podía pensar en otra cosa (bueno, sí, luego ya pensé en bailar, en hacer deporte, en viajar...). Pero, al igual que, cuando aún trabajaba y estaba de baja, en cuanto veía que podía levantarme de la cama pedía el alta voluntaria (en contra de las recomendaciones del médico que me trataba entonces), el día que vea que puedo comprometerme a hacer un trabajo con cierta regularidad y garantías para quien me contrate, no esperaré a una revisión del Tribunal de Incapacidad, sino que la pediré, espero no precipitarme otra vez, pero es algo que me obsesiona: volver a trabajar.
Y no creo que sea la única "inválida" (qué mal suena, coño) que piense y sienta así. Y con médicos competentes, que peleen y se rompan los cuernos probando tratamientos para mejorar la calidad de vida, que los hay, quizá un porcentaje significativo de estos casos podríamos conseguirlo.
También hay casos, no lo neguemos, que tienen una pensión de invalidez cuando podrían trabajar. No me entra en la cabeza, pero supongo que cuando estás sano "vivir del cuento" se ve de otra manera... Y creo que son minoría.
Pero para los que estamos realmente mal, los que sentimos que somos una carga para nuestro entorno y la sociedad, cualquier atisbo de poder dejar de serlo es una ilusión, un sueño. En algunos casos, realizable.
Ojalá también sea realizable en el mío.

lunes, 10 de febrero de 2014

Goya 2014

Esta noche he dormido poco y mal. Entre mi tocaya ciclogenética y el cabreo, la vergüenza ajena que sentía... No conciliaba. Y cuando lo conseguí, fue por poco tiempo.
Y me explico:
Anoche, como siempre que puedo, vi la retransmisión de la Gala de los Goya.

Eso sí: anoche la cogí ya empezada, por motivos que no vienen al caso (esta semana intentaré ver lo que me perdí). Conecté casi justo para ver el premio que entregaba la estupendísima Silvia Abascal. Y me enganché. Aunque este año me daba algo de perecita porque, para ser sincera, Manel Fuentes... no es mi debilidad, precisamente. Dejémoslo ahí.

Como otros años, lo que vi de Gala me gustó, por lo general, con partes salvables, como con todo. No olvidemos que es una entrega de premios que dura unas 3 horas. Difícil que en algún momento no haya tedio.
Hubo momentos emocionantes, momentos con los que me partí de risa, momentos reivindicativos (impagable la de Mariano Barroso, Goya al mejor guión adaptado por "Todas las mujeres" -que tendré que ver-): "Si el Ministro de Defensa no hubiera ido al desfile de las Fuerzas Armadas, su jefe le despediría al día siguiente. Pero parece que este jefe no manda mucho...") y momentos algo bochornosos, también, sí.

Ciertamente, muchos años la Gala ha sido un desfile de reivindicaciones políticas, pero este año se han cortado bastante. A pesar de todo por lo que hay que protestar, y todo por lo que este sector tiene derecho a quejarse (la ausencia del Ministro, lo más bochornoso de la noche). Quizá no sea el momento ni el lugar, pero es un altavoz estupendo. No me gusta que se politice un acto cultural, pero entiendo las reivindicaciones y estoy de acuerdo con la mayoría de ellas. Y no me molesta que se mencionen en la Gala, pero sí que sean las protagonistas.

La vergüenza ajena de la que hablaba antes vino después de la Gala, al leer los comentarios en Twitter, esa red que sirve (cada día más) de altavoz de la amargura.
Y yo que la consulto para estar al día...
La mayoría de los comentarios eran críticas, ensañamiento, un intento de ser gracioso echando abajo el trabajo de los organizadores, los actores, las películas... Pero ¿alguno de esos "críticos espontáneos" ha visto alguna de esas películas? ¿Alguno sería capaz de hacer, según su criterio, un buen videoclip, un buen guión, una buena representación, de organizar una gala medianamente aceptable?
Menos patriotismo y más chovinismo. Muchos de los que comentaban (me llegaban vía retweet en buena parte) han hecho frecuentemente comentarios patrióticos. ¿Y el cine español? Que, a pesar de la fama que le hemos creado, sí, tiene mucho truño, pero también muy buenas películas y muy buenos profesionales (es simplemente saber elegir qué ves, y si llevas una base previa sabes el trabajo de quién te va a gustar más y el de quién menos). Y es una noche de celebración de los mejores en ese trabajo (aunque muchos buenos, según mi criterio, quedaron fuera, y alguno no tan bueno se coló).
Por cierto, si tanto odian el cine español, si tan bodrio les parece... ¿qué hacen un domingo por la noche, durante más de 3 horas, pegados a la tele? ¿Les va la marcha, o qué?

¿Alguien se imagina que la mayoría de los franceses, al día siguiente de los César, o la mayoría de norteamericanos, en la jornada de resaca de los Óscar se dedicaran a echarlos abajo, a criticarlos (sin base en buena medida), y a casi nadie gustaran?

En general, aparte del erróneo concepto que tenemos de que tachar todo de malo nos da como superioridad, los españoles tenemos un gran problema. Y es un problema que, en momentos críticos como el actual, nos lastra enormemente. Vemos lo extranjero (lo americano, especialmente) como si viniera de los mismos dioses del Olimpo, adoramos hasta lo que es basura (cuánta más taquilla no han hecho auténticos bodrios de Hollywood que muchas buenas películas españolas. Lo mismo pasa con escritores, pintores y, en general, salvo casos aislados, buena parte de la Cultura). Pero lo nuestro lo rechazamos de primeras. Si la peli es española, es mala. Si nos intentan vender algo con nombre español, recelamos... nos inclinamos más por algo firmado en inglés. Qué triste. Cuánto cateto suelto.

martes, 21 de enero de 2014

Opiniones

Todos sabemos eso de que "son como los culos": todo el mundo tiene una, y cree que es la más importante.
Hace tiempo que quiero escribir sobre este tema (para desfogarme, para plasmarlo en palabras y así intentar comprenderlo mejor, como siempre), y últimamente cada vez más, pero antes de hablar de esto, quería comentar el tema de los ombligos, que llevaba barruntando hace tiempo también, y está bastante relacionado.

A pesar de la supuesta libertad de expresión y opinión, no siempre se respeta el derecho a opinar y argumentar. Y no hablo de la ley, sino del día a día. Es algo que llevo observando bastante tiempo. No sólo públicamente (en el Congreso, en la televisión, en tertulias de radio...) sino entre "particulares", en conversaciones de temas calientes con amigos, en foros de opinión, incluso en blogs o páginas de noticias que admiten comentarios.
Últimamente esto se ha hecho más patente: la actualidad, especialmente política, lo pone en bandeja. Uno de los temas que más ampichas está levantando es la nueva ley del aborto que pretenden aprobar.
En un blog que hablaba acerca de ello, he llegado a leer un comentario en el que a alguien, por decir que estaba en contra del aborto, se le ha llamado de fascista en adelante. Incluso he leído, a personas de una u otra idea, decir a quien pensaba de la forma "contraria" que gente así no debería existir, y deberían morir. Lo peor es que me ha dado la sensación de que REALMENTE desean esas muertes. O, al menos, si no tanto, sí que les gustaría que no existiesen personas que piensen de esa "otra" manera.
A este respecto recuerdo que, al leer un comentario sobre este tema, se me alzó una ceja... Alguien que se autoproclamaba "provida" decía que todas las que iban a abortar deberían morir en la operación. Aún no lo he digerido, creo que hay algo que no entendí.

Hasta tal punto llega nuestro fanatismo (y hablo en segunda persona del plural porque también hay temas con los que yo me obceco), que llegamos a la maldad: he escuchado algunos comentarios sobre el cáncer de Pedro Zerolo o los que, en su día, provocaron el accidente de Cristina Cifuentes o el accidentado vuelo en helicóptero de Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy que me han hecho sentir vergüenza ajena, por decirlo suavemente. Alegrarse de algo así, sólo porque le ha ocurrido a alguien que tiene una ideología diferente a la tuya, lo siento, pero es maldad. No es de recibo. Desea que se retiren de la política, que se dediquen a otra cosa... Pero no un cáncer o la muerte. No. Eso es cruzar un límite muy chungo.

Pero esto no sólo ocurre hablando del aborto: cualquier tema que levante pasiones (religión, temas políticos, incluso fútbol...) puede hacernos decir auténticas barbaridades, que no sé si expresan lo que realmente sentimos o pensamos, o son fruto del calentón del momento. Espero, de corazón, que sea esto último.

Esta "censura" llega hasta el punto de que si, en una conversación de cualquiera de estos temas entre amigos, se da el caso, por ejemplo, de que estás de acuerdo con lo que ha dicho un personaje público, pero la mayoría no... Es mejor que te calles mientras todos le ponen a parir, salvo que quieras ser lapidado, incluso perder amistades. ¿Estamos tontos o qué?

Hay algo que me reconcome especialmente, y está basado en mi experiencia personal. Espero que se deba sólo a que he tenido mala suerte, y no sea lo habitual. Salvo algún "extraviao", por lo general, los defensores de la libertad de una mujer a la hora de decidir un aborto son los defensores de las libertades en general. La de opinión incluida. Pero se ve que no.  Al menos, insisto, según mi experiencia.
En algunas conversaciones en las que he participado, o que simplemente he podido presenciar, sobre algún tema espinoso, en las que había tanto defensores como detractores de un determinado punto de vista, los más intransigentes eran los "liberales". También se da el caso de personas conservadoras con esta cerrazón, pero me llama mucho más la atención de alguien que se define como liberal. Incluso, cerca de mí hay gente con esta orientación ideológica que no se relaciona con X persona porque "son cerriles" (vamos, que no se han dejado convencer de su punto de vista), incluso "son unos fachas" (traducción: tienen una forma de ver las cosas más conservadora). Ellos pierden. Sobre todo, por esa negativa a no sólo respetar, sino estar abiertos a que cierta forma de ver o hacer las cosas no sólo es posible, sino en algunos casos quizá sea más efectiva que la que ellos propondrían.

Por lo general, me gusta presenciar, incluso participar, en discusiones respetuosas sobre temas "calientes": en ellas se aprende mucho, sobre todo si participan personas bien informadas del tema que se trate. Además, me ayudan a formar mi propia opinión respecto a algunos temas (tengo un buen cacao ideológico: no me siento "liberal" ni "conservadora". En algunos casos creo que unos tienen razón, y en otros creo que lo que dice la otra parte se acerca más a lo que yo pienso). Pero pocas veces tengo esta oportunidad. Enseguida salen los "facha", los "rojo"... y en ese momento me doy por vencida: no voy a tener la oportunidad de escuchar puntos de vista razonados e interesantes (esté de acuerdo con ellos o no).

martes, 31 de diciembre de 2013

FELIZ 2014

Termino 2013 triste, para qué lo voy a negar. 
Bueno, más que triste, melancólica, morriñosa perdida. Hace ya 1 año que no piso mi pueblo: Madrid. 


Pero, si nada se interpone, voy a empezar 2014 también esperanzada. Esperanzada por ese nuevo tratamiento que me puede permitir recuperar calidad de vida (no sé hasta qué punto), y, por tanto, facilitar un próximo viaje Despeñaperros arriba (como mínimo: a saber dónde marca esa mejoría el límite de cosas que puedo ser capaz de hacer).

Ha sido un año difícil para todos. Las cosas no están para mucha celebración, en general. Pero, a pesar de los pesares, yo puedo considerarme (aún) una afortunada. La salud (lo más importante, sobre todo el 22 de diciembre) no es la mejor, y eso arrastra todo lo demás.
Pero prefiero quedarme con que han sido meses de buenas lecturas y ratitos muy divertidos.
También termino el año con una buena carga de aprendizaje. No en todos los casos agradable, pero útil a fin de cuentas. Eso siempre es positivo: me dolió en 2013 pero me ayudará en 2014 y más allá.
Algunos compañeros de viaje se han bajado del carro durante este tiempo (a veces voluntariamente, a veces les he tenido que empujar), y otros se han subido. Espero que su parada esté aún lejos.
He tenido que cancelar muchos planes, y aplazar otros. Espero completar algunos durante los próximos meses.

A nuestro alrededor está cayendo una buena... Espero que escampe pronto, y que recuperemos esa fe que no hemos tenido más remedio que perder. No hay nada más triste que no tener esperanza. Así que deseo que todos tengamos motivos para recuperarla pronto. Y fuerzas para agarrarnos a las oportunidades que se nos presenten. Y buena suerte para que ayuden a mejorar nuestras vidas. (A quien aún no tenga y se lo pueda permitir, seguro que le puede ayudar a todo eso adoptar un gato o un perro ;) ).
Me permito dar desde aquí un consejo:
Intentad manteneros alejados de las envidias durante 2014, las propias y las ajenas. Son malas, dañinas, guarraspuercas y asquerosas.

¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!




domingo, 29 de diciembre de 2013

Ombligos



Los hay más bonitos y más feos. Con el nudo escondidito o asomándose al mundo desde su "ventanita". Decorados con piercings o tatuajes, o al natural... Pero la mayor distinción, una que se puede averiguar sin necesidad de verle la barriga a la persona, es su tamaño: hay ombliguitos, y otros del tamaño de Canadá. Depende del tiempo que uno pase mirándoselo, hurgándoselo, erosionándolo (y perdiendo de vista tooooodo lo que haya alrededor).

Hasta hace poco, los humanos propietarios de esos inmensos ombligos me ponían bastante nerviosa, me cabreaban. Para qué voy a decir que no.
Pero últimamente me divierten. Creo que he empezado a verlos con otros ojos. En lugar de calentarme por el egocentrismo mostrado, lo miro más fríamente y con cierta perspectiva, y resulta francamente divertido. Incluso podría llegar a verlo como algo triste (no deja de ser triste una persona tan solita en el mundo). Pero prefiero divertirme.
Desde personas que sólo contemplan como válido su punto de vista en cualquier tema general, hasta otras que hablan de su vida y sus cotidianidades como si fueran las únicas en el planeta (es normal que para cada uno su cotidianidad sea la más importante, pero no hay que perder de vista que no es la única), pasando por los que, directamente, se ponen en modo drama queen y, con la que está cayendo a nuestro alrededor, se regodean en que... yo qué sé... que en la peluquería le hayan puesto las mechas 2 tonos más oscuras de lo que las pidieron, y hablan de ello durante días o semanas, enfáticamente. al borde de las lágrimas. Será que el ombligo les hace función paraguas. Tampoco está mal.
En esta categoría también los hay optimistas. Optimistas consigo mismos, como no podía ser de otra manera: son la rehostia, pero el mundo aún no se ha dado cuenta. Así que tienen que abrirle los ojos a base de darse autobombo, hacerse publicidad, para que los demás (pobrecitos despistados) se puedan dar cuenta, y apreciarles en lo que valen. Estos casos sí suelen hablar de personas que no son ellos mismos, de vez en cuando. En tono peyorativo, humillante y burlesco. Pero reconocen que hay más gente en el mundo. No tienen nada que hacer con ellos aquí en prácticamente ningún campo, pero estar, están.

En lugar de escribir un blog (como algunas :p ), una fascinante autobiografía, o letras de canciones como para 25 discos, la relación social con estas personas se centra, como el mundo en sí mismo, en ellas.

Todos tenemos rachas en que perdemos un poco de vista el entorno, es normal. Según las circunstancias, o simplemente cómo te pille el cuerpo.
En la adolescencia la mayoría tenemos una etapa ombliguera, es normal: te estás descubriendo, formando. Y te alucina. Incluso es pura necesidad de verbalizarlo para comprenderlo.
Pero cuando se cronifica y convierte en un (marcado) trazo de tu personalidad, por más que creas que por hablar de ti, de ti y después de ti te hace importante... en realidad lo que hace es dejarte en ridículo. A parte de cansar, generalmente.

En una conversación entre amigos es normal que le cuentes a tu interlocutor tus cosas, tus preocupaciones, lo que has hecho o dejado de hacer... El problema viene cuando, de forma habitual, esa conversación se perpetúa en el yo-mi-me-conmigo y termina, invariablemente, sin que hayas dado lugar a que la otra persona te cuente las suyas.

Hace un tiempo saqué de mi vida a algunas personas con el ombligo grandote. Lo hice ante el hastío que me provocaban sus conversaciones y la mala leche por lo que consideraba una amistad unilateral. Me frustraba hablar con ellos (bueno, dejarles hablar de ellos mismos, sus desdichas y sus nunca suficientemente reconocidas virtudes) y no escuchar nunca un "y tú ¿qué tal?", ni siquiera por cortesía. Quizá por esa distancia que marqué ahora puedo divertirme cuando me cruzo con alguien con megaombligo.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Caraduras VS. Tonticos

Llevaba tiempo queriendo escribir sobre este tema, más para exorcizar demonios que por afán divulgativo. A modo terapéutico.

Quien me conoce sabe bien que, aunque disto de ser una santita, me pierde mi filosofía de intentar ayudar a mi entorno. No soy de donar dinero a una ONG (y menos después de haber trabajado en una), sino de las que, si sabe de alguien en su entorno que lo pasa mal, ayudarle directamente; animalista perdida, no soy colaboradora directa de ninguna asociación ni casa de acogida (por imposibilidad, básicamente), pero intento difundir casos, ayudar con pequeñas compras solidarias en casos puntuales, o esterilizar y mantener cuidada a una colonia cercana; no me trago los programas de televisión de desgracias ajenas y mando SMS al XXXX, pero si alguien me cuenta un problema intento ayudarle a solucionarlo, o al menos darle apoyo moral.

Y es increíble la cantidad de problemas y enemistades que me ha acarreado esta actitud.

Por eso hoy, tras leer el caso de una persona con problemas por actitudes semejantes me he puesto a darle a la tecla por fin. (¿Ves? Ya estoy otra vez: pide que se difunda su caso, y aquí estoy... sin siquiera conocerle. No tengo arreglo).


Cada día confirmo más eso de que "cree el ladrón que todos son de su condición": quien te miente piensa que lo que tú dices no es verdad; quien intenta aprovecharse de ti se guarda bien las espaldas porque cree que tú harás lo mismo; quien va de buenas, se cree que "to el mundo es güeno". Y qué va. Para nada.

No voy a ponerme a enumerar casos concretos, para qué: sólo me haría mala sangre. Pero muchos sabéis cómo ha complicado mi vida, cuántos problemas, y de qué calibre, me ha acarreado intentar ayudar a un par de trabajadores de esta urbanización, que me vinieron con el cuento de lo mucho que abusaban de ellos y lo mal que estaban laboralmente. Todo para manipularme para conseguir lo que querían, colarme cotilleos (ni uno bueno) de todos y cada uno de los vecinos de por aquí (falsos en un 99%) y, de paso, conseguir información "jugosa" en que basarse para inventarse otros sobre mí que colarles a otros vecinos.
También muchos sabéis que, por intentar mantener controlada (esterilizando) y en niveles de salubridad seguros la colonia de gatos de por aquí, hemos tenido problemas y enemistades como para hartarnos.
También conocéis cómo, con intención de engatusarme y meterme en trapicheos muy sucios, consiguieron casi sin que me diera cuenta que me hiciera cargo de una asociación de enfermos y qué pasó cuando no quise hacer las cosas de forma lucrativa (para mí ni para nadie), sino que intenté que los enfermos y sus familiares tuvieran la mejor atención e información dentro de las posibilidades.
O el caso de quien, acercándose "por amistad", quiso sacarme dinero (mientras no le faltaba, precisamente), y de paso "entretenerme" malmetiendo en mi relación de pareja.
También, con esa excusa de la amistad (lo reconozco: mi perdición hasta hace muy poco), quien quiso manipularme, llevarme por donde quería para conseguir apoyo y "poderío", pero cuando expresé mi opinión y me defendí llegó incluso a amenazarme.
El caso, también, de quien me ofreció ayuda para organizar nuestra boda, pero terminó intentando mangonear, malmetiendo también entre la pareja, "pinchando" a otros invitados amigos para enfrentarles con nosotros, y llevándose hasta provisiones de la celebración (que ya hay que ser cutre).
Personas (por desgracia, ahora abundan) que están pasado un mal momento económico, por lo que les intento ayudar (dentro de mis pocas posibilidades). Y no sólo aceptan esa ayuda (algunas estando mejor que yo financieramente), sino que piden más y más y cada vez más, incluso lo toman, sin pedirlo, como si fuera suyo. Caraduras, se les suele llamar.

Y sólo he mencionado los más recientes.

Como decía, no es que sea santa. Es que intento ayudar a mi entorno (tengo la filosofía de que, si todos lo hiciéramos, en lugar de ir a por lo grande, todo mejoraría mucho). No soy buena: soy simple. Tengo un sentido, quizá demasiado desarrollado, de lo que está bien y lo que no, e intento acoplarme a lo primero con fuerza.

A veces me da la sensación de que, las personas que buscan aprovecharse o, simplemente, buscar problemas por diversión a otros (jamás lo entenderé... ¿no tienen tele?), tienen una especie de radar para localizar víctimas facilonas. Bueno, eso o que se lo ponemos en bandeja: en cuando alguien nos viene, a las personas que vamos (de momento) así por la vida, con una cara compungida, un problema... dejamos todo para intentar ayudarles a salir de la situación complicada que sea, incluso aunque nos perjudique inicialmente.

Y hay un problema gordo añadido: una vez que haces un favor a alguien, en adelante lo va a tomar como si fuera tu obligación. Incluso consiguen (al menos en mi caso, que soy medio tonta) hacerte sentir mal si un día no puedes ayudarles o, simplemente, te has dado cuenta de su cara dura y cierras el grifo. Ser así es una putada, pero es muy difícil cambiar.
Como digo, cada vez voy con más precaución, me abro menos, estudio las situaciones y a las personas antes de brindar mi ayuda, mi amistad... Pero me la siguen colando. Como digo, tontita perdida que es una.

No quiero, insisto, en ningún momento dar a entender que soy buena, o que se me tenga que estar agradecida por ser así. En absoluto. De hecho, si fuera capaz, probablemente haría como la mayoría: ir a lo mío, y los demás que arreen con lo suyo y con el rastro que deje lo mío. Pero de momento no lo he conseguido.

Ni siquiera aspiro a que se me pague con la misma moneda, pero sí a que, al menos, no se me putee. Misión imposible. El común de los mortales no es capaz, aunque, como digo, jamás lo entenderé.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Seres excepcionales

No hay que mirar la prensa, ni buscar en libros de historia personajes como la Madre Teresa, o cualquier "gran personaje" que pase por nuestras mentes cuando nos hablan del concepto "ser excepcional".
Estamos rodeados.
Sí, también hay mucho mamón suelto, y hacen mucho más ruido y mucho daño, así que parece que hay más. Pero en ellos no merece la pena ni pararse a pensar.

Los corazones buenos, los valientes, abundan. Y cuando te cruzas con uno en tu camino, te deja tocado (para bien ¡por una vez!).

Estos últimos días debo estar de suerte, porque he estado rodeada. Algunos son habituales (no les queda otro remedio), otros no tanto, y otros son espontáneos. Pero siempre es un lujo tenerles cerca.

Anoche salimos a picar algo con Desi y Jose (muy buena gente también), y uno de esos seres excepcionales se cruzó en nuestro camino.
Claro, que ellos están acostumbrados a la excepcionalidad, porque tienen a sus sobrinas, a Carmen, a Teo, a Trini... Pero entre todos ellos destaca y brilla con luz propia Vero, una de sus sobrinas.
Es una niña de 11 años, y a muchos os sorprenderá que hable bien de un menor de 20 años, a los que suelo evitar como a la sarna. Pero es que Vero... es mucha Vero. Todo el mundo lo dice, y por algo será. Se lo gana a pulso, pero lo mejor es que ni siquiera lo intenta, no es una pose: le sale solo.
Como cualquier niño de su edad, tiene una energía agotadora, no para. Sobre todo de hablar. Y ahí es donde a mí me ha dado en el punto débil.

Recuerdo una noche, hace un año (es decir, ella tenía 10), que nos quedamos ella y yo cenando en casa mientras los demás se iban de marcha a una reunión de vecinos. Nada del otro barrio: peli y macarrones. Pero lo pasamos bien. Y me dejó alucinada: hasta que no me ayudó con la cena, la mesa, a recoger... no se quedó tranquila. Estuve de cháchara con ella más a gusto de lo que hubiera estado con muchos adultos.

En la piscina, alguna vez que hemos coincidido (no bajo muy a menudo) siempre está pendiente de que no me canse, de dejarme el churro para que flote cómoda aunque ella se quede sin él... Algo, desde luego, no propio de una niña. Algo que a muchos adultos ni se les pasa por la cabeza hacer.

La semana pasada estuvo aquí (viven en Córdoba, pero tienen un estudio en este edificio). Lo pasé genial con ella: todas las mañanas se vino a casa (sin una sola queja por que no bajábamos a la piscina), y algunas tarde-noches las pasamos los 3 juntos, bajaba a la piscina con Dani y luego subían y cenábamos, veíamos una peli, jugábamos al Pictionary... Ha sido divertidísimo, pero ha tenido unos detalles... Hemos tenido que estar pendientes de ella, pero no para que no destrozara nada, sino para que no fregara; no para que no acosara a las gatas, sino para que no las malacostumbrara a jugar tanto (y con tanta delicadeza); no para que se lo comiera todo, sino para que de verdad le gustara lo que habíamos puesto.

Ojalá las inevitables tortas no la cambien nunca.



Como decía antes, anoche se cruzó con nosotros otro de esos seres excepcionales.
Ya estábamos terminando de cenar, y pasó uno de los muchos senegaleses que por aquí venden bolsos, CDs, complementos... Él llevaba pulseras.
Ya nos habíamos cruzado alguna vez con él, y siempre hace reír a la gente. Ayer anunciaba su mercancía como "pulseras anti-crisis, anti-mala leche". No me encapriché de nada, pero quise echarle un cable. Le pedí 2 pulseras iguales (rosas), una para Vero y otra para mí. Pero era una excusa para preguntarle si quería cenar algo. Según se dice, todos estos vendedores ambulantes en realidad están controlados y amenazados por mafias, así que el dinero no va para ellos en realidad. No quiso tomar nada, pero se sentó un ratito con nosotros. Según dijo "estoy negro de tanto andar". Me recordó a Shirley Valentine: entre carcajada y carcajada, nos metió verdades como puños. Había una perrita muy mona en la mesa de al lado. Como él dijo (con una gran sonrisa, para que pensáramos que era otra broma) "tiene más papeles y más vacunas que yo". Brutal. También hablamos de economía, y de la locura consumista. Mucha crisis, mucha queja, pero todos con nuestro I-phone 5, nuestras vacaciones irrenunciables, nuestras pijadas...

No paro de pensar en la injusticia: cambiemos, por un momento, posiciones.
Si él hubiera nacido en otra parte (aquí, por ejemplo) y hubiera tenido acceso a una carrera universitaria, o formación, se estaría comiendo el mundo. Tiene ganas, tiene talento. Pero no ha tenido suerte.
Sin embargo, si cualquiera de nosotros hubiéramos corrido su suerte, o similar... ¿Nos quedarían ganas de hacer reír, de reírnos de nosotros mismos, como él? ¿Sonreiríamos perpetuamente? ¿Le echaríamos esos arrestos? ¿O estaríamos llamando a la puerta de la consulta de nuestro médico a por una recetita de Prozac, y quejándonos día y noche?

Creo que es a estas personas a las que merece la pena ayudar. Seguro que con una oportunidad mínima, de las que cualquiera de nosotros hemos dejado pasar, él se agarraría al tren con uñas y dientes y llegaría alto. Y además probablemente ayudaría a que otros pudieran seguir sus pasos. Pero no tendrá esa oportunidad. No ha nacido en el lugar correcto, aunque ahora esté aquí.
Ojalá estuviera en mi mano darle esa opción, ayudarle de alguna manera... Ojalá.

Ayer, nos dijo, era el cumpleaños de su hija. Cumplía 6 años. Está en Senegal, y aunque se le notaba que la echaba de menos... no dejaba de sonreír al hablar de ella.

No sé cómo será su vida. Pero lo que me quedó muy claro es que merece que sea mejor.

Me ha dejado muy tocada: me costó conciliar el sueño (a pesar del vinito) y hoy no dejo de pensar en él. Y me tiene entre la sonrisa y la rabia.

No puedo dejar pasar la oportunidad, al hablar de seres excepcionales (por eso no he puesto "personas excepcionales"), de hablar de los 3 ángeles de la guarda que me acompañan (en este caso, forzosamente, quizá si les dejáramos salir de casa me dejarían tirada... quién sabe). Mariana, Cthulhu y Mordisquitos son las mejores cuidadoras del mundo. Aunque las dos últimas tienen clara preferencia por Dani, no por ello me dejan sola.

Mordisquitos es menos cercana, pero suele estar siempre en la habitación en la que yo esté. Vigilante. Es todo simpatía (y bocaos).

Por lo general, exige poco.

Pero me ha demostrado que, cuando de verdad se la necesita, cuando por ejemplo, tengo un brote gordo... no falla: ahí está, aunque ha dejado claro que los arrumacos no son lo suyo.


De Mariana ya he hablado antes por aquí. Es mi compañerita. Siempre a mi lado, especialmente ronroneante cuando estoy malita. Ahora, por ejemplo,
está dormida a mi izquierda, con medio culete en el teclado.

Ella sí pide: mi compañía. No le gusta que no esté a su lado, perderme de vista. Y, si puede ser sobándola, mejor.

Y de Cthulhu... qué decir. Sólo pide jugar. Mucho, a veces. Pero es su único capricho.

Bueno, y beber agua del grifo.

Siempre digo que es el ser más bueno que he conocido. Se deja quitar la comida, los sitios estupendos que encuentra, los juguetes, la atención... por sus hermanas. Pero ella sigue siendo feliz, siempre la ves en paz, contenta... No se enfada por nada del mundo. Tengo mucho que aprender de ella.


Hay más seres excepcionales a mi alrededor, muchos más. Afortunadamente.
Pero, últimamente, estos son los que más han destacado, y no quería quedarme sin contarlo.


La entrada me ha quedado un poco larga, lo sé... Pero es que hay seres que merecen que nos explayemos cuando hablamos de ellos, como poco.

domingo, 16 de junio de 2013

La espera

Me paso los días esperando.

Cuando me levanto, espero a que la rigidez vaya pasando mientras, después del desayuno, me tomo las primeras 4 pirulas del día (al día tomo 11, sin contar los rescates) y entre que la rigidez cede y estas primeras pastillas hacen sus primeros efectos, pueda empezar a moverme un poquito. Sin excesos y progresivamente, con cuidado, porque lo contrario sólo supondría un paso atrás. Y probablemente un chute de rescate.

Muchas de mis noches están llenas de paseos, lectura, vela... Por lo que no madrugo, precisamente. No es que duerma muchas horas. Las duermo a saltitos, y a deshoras. Como las noches suelen ser dolorosas, recupero sueño en mis siestas (las de después de comer y las "del obispo", que a veces, las noches en las que duermo 3 ó 4 horas y ni siquiera seguidas, no aguanto toda la mañana despierta).
Así que también espero a poder dormirme, o a que las Coca-colas o el té me quiten el sueño y sea capaz de dar pie con bola, si se trata de un día en el que se me acumulen las cosas por hacer.

Otra de mis esperas diarias: a que pase el piquito de fiebre reumática. Lo habitual es que tenga 2 ó 3 piquitos de éstos cada día, de unos 5-10 minutos cada uno, especialmente por la tarde-noche. Pero claro: la fiebre agota. Cuando pasan, se me queda el cuerpo hecho un higo, así que hay que esperar a recuperarse un poquito. Eso cuando la fiebre reumática sigue su patrón habitual. A veces tengo más de 3 picos al día, y a veces no duran 5-10 minutos, sino hasta una hora y media. Eso me deja el cuerpo baldadito.

Una espera tradicional: a que se me pase el mareo. Los mareos para mí son habituales, diarios. Suelen ser breves, pero claro: hay que recostarse y esperar a que el cuerpo se reponga de ellos.

También, cuando tengo que tomar rescate (en el último año es raro el día que no he tomado 1, o hasta 3), hay que esperar que haga su efecto: unos 30 minutos de media. Y rezar por que no me dé uno de los más frecuentes efectos secundarios, los vómitos.

Con todo esto, el día que me resulta productivo puedo marcarlo en el calendario,
para recordarlo durante una temporada. Porque ya no es sólo poder hacer las tareas más básicas (fregar, o poner lavadoras, doblar ropa...).
Es que a veces ni para leer tengo la mente. Mirar Facebook de vez en cuando, que no requiere tampoco estar demasiado espabilada, o actividades similares, son las que llenan esas esperas.

Por todo esto, me resulta doloroso cuando me juzgan por "vaga" (o similares). Sé que, visto desde fuera, puede dar esa impresión. De hecho llevo un tiempo preparando una entrada para este blog relatando ambos puntos de vista, pero me está costando rematarla, hay asuntos que no sé bien cómo tratar o describir.

A todos nos pasa: vemos las vidas ajenas desde nuestro punto de vista, y juzgamos (inevitablemente). Pero inevitablemente también nos colamos una barbaridad en esos juicios, porque, como dice una de esas frases (ñoña, pero cargada de razón) que hemos visto casi todos en nuestro muro alguna vez:


jueves, 6 de junio de 2013

Lo siento, Alejandrito

Esta va a ser la segunda vez en toda nuestra carrera (la tuya como artista y la mía como fan) en la que no voy a ir a ver el concierto que das en la gira al paso por la ciudad por la que vivo.

El primero me pilló en Madrid, ¿recuerdas? Era la gira de uno de tus mejores discos, "El alma al aire". Pero se te ocurrió darlo en el Calderón. Y por ahí no paso (como no sea de largo porque vaya por la M-30).

En esta ocasión me pillas viviendo en Málaga.

Cuando fui a comprar las entradas, aluciné con los precios. La más barata, cerca de 62€; la más cara, 120€. Gracias a Dios podría permitirme el lujo de comprarlas e ir a verte (aunque, como siempre, a base de llamar y escribir a un montón de sitios para saber en cuál de las zonas van a poner la plataforma para minusválidos).


Pero me escocía pagar semejante pastizal, especialmente después de, como seguidora tuya (en Twitter ya no, que eres muuu pesao) haber escuchado y leído entrevistas en las que expresabas tu pena, tu preocupación por la actual crisis en España.
Incluso has propuesto a Rajoy que "paguéis más los que más tenéis". Sobre todo tú: no creo que vaya Mariano a cobrarte en Miami...

Esas incoherencias me han escocido, y solidarizándome con las muchas fans que no van a poder ver tu concierto este año porque económicamente no pueden permitírselo (o, en caso de que puedan ir, muchas van a renunciar a muchísimo para pagar la entrada), he decidido que no voy.
Y me apetece, créeme. Sólo puedo verte en persona una vez cada 2 años, cuando haces gira. Y cantar contigo y con las demás fans, gritar, desfogarme... Compartir, que de eso se trata a fin de cuentas.

Otro pero que pongo a tu actual gira: en una de las canciones, desde la primera vez que escuché "La música no se toca" (el primer día que salió a la venta, como siempre. Compro el disco que saques lo antes que pueda, incluso las ediciones especiales que te sacas de la manga y que varían muy poquito respecto al disco original. Creo que el dinero te está gustando más de lo que esperaba de ti)... como digo, en cuanto escuché la canción "Mi marciana" decidí que no la corearía en el concierto. Porque me pareció machista. Sinceramente, me ofendieron algunas de las cosas que en ella dices, no las esperaba de ti.

Y eso que el último concierto tuyo al que fui, el de la gira "Paraíso Express" fue el mejor de tus conciertos al que haya asistido. Mejor que el de "Más" en Las Ventas, donde estabas casi al alcance de mi mano, después del que me quedó un moratón de guerra en el tórax, de dejarme aplastujar por miles de fans contra la barra de seguridad, que para eso estaba la primera, tras más de 12 horas de espera para entrar...

Como digo, el concierto de hace 2 años fue el mejor. No sólo por ti y tus músicos, que estuvisteis francamente fantásticos, el espectáculo fue alucinante. Una de las cosas que más me gustó del concierto fue la mezcla que hiciste entre tus temas ya clásicos y los del disco actual. Creo que a todas tus fans nos removiste aquella noche muchas cosas, muchos recuerdos.
Además, fue bastante enérgico, marchoso: mucha guitarra eléctrica, mucha percusión. Un espectáculo genial.

Pero cuando digo que fue el mejor concierto para mí, me refiero a la experiencia. Es algo que he contado muchas veces, pero nunca en este blog.

Era el primero de tus conciertos al que acudía en silla. Nada de ir a la arena, nada de pegar botes, nada de tener agujetas una semana, y disfrutarlas cada segundo, saboreando el recuerdo del conciertazo que me las había causado. Debo confesar el apuro que aún me da ir en silla, especialmente a sitios donde la gente va a divertirse y pasarlo bien. Aún me afectan las miradas de lástima.
Llevaba un par de días atormentando a Dani y vecinos con tu disco, lo ponía una y otra vez, a tope, lo cantaba, lo gritaba, y entre canción y canción, no podía resistirme a decir "¡¡¡¡¡AAAAA-LEJAN-DRO!!!!!". ¡Qué ganas tenía de verte! ¡Cómo me latía el corazón!

Y llegó el gran día. Y, como no podía ser de otra manera, me encontraba fatal. Estuve llamando a varias personas para regalar las entradas: no me veía capaz. Pero quienes estaban interesados en ir, claro, ya las tenían. Hasta el último momento estuve intentando que no se desperdiciaran. Al final, Dani me dijo "Mira, vamos a hacer una cosa: vamos, y en cuanto quieras, nos volvemos. Al menos escuchas una canción". Y eso hicimos.
Uno de los momentos más escalofriantes para mí en tus conciertos es el momento en que sales al escenario. Esa emoción, esos rugidos del público. Y, como íbamos bastante tarde, creí que me lo iba a perder. Dani condujo todo lo rápido que pudo, y tuvimos la suerte de poder aparcar en "paralímpicos", justo en la puerta. Enseguida una chica encantadora, de la Cruz Roja, nos llevó hasta la plataforma para minusválidos.
Y justo en ese momento saliste tú. Como si me hubieras estado esperando.

No puedo explicar el pellizco que se me cogió en el pecho. Entre las prisas, el encontrarme tan malita, el verme en la silla y no poder saltar y chillar para desahogar mi histeria... me puse a llorar como una magdalena. Dani, detrás de la silla, ni se enteró. Pero yo no podía parar de aplaudir y llorar. Y venga a llorar.
Como digo, Dani ni se enteró, pero a mi lado había otra chica, más joven que yo, también en silla. Me pareció que su discapacidad no era sólo física, tenía algo más, pero suplía todas esas carencias con un corazón más grande que el escenario en el que tú cantabas.
Yo no podía parar de llorar, y cantar. Y ella cantaba, aplaudía... y me miraba. Como me vio inconsolable, empezó a preocuparse. Casi me miraba más a mí que a ti. Y avisó a su acompañante (creo que era su madre). Su madre, pensando que era una histérica de las que lloran sólo por verte, intentó tranquilizarla. Ella se quedó conforme... de momento. Seguía mirándome, preocupada. Y yo venga a llorar y a cantar.
En una de las canciones "de mechero", una de ésas en las que, las que no llevamos mechero alzamos los dos brazos y los movemos a un lado y a otro, lentamente, al son, ella me cogió de la mano. Y me la apretó, consoladora.
Aún se me saltan las lágrimas (no se me acabaron esa noche, curiosamente) al recordarlo. Durante todo el concierto tuvimos una complicidad preciosa. Inolvidable.



A pesar de esa grandísima experiencia, este año... 
te lo agradezco, pero no.
No me parece ético ir a tu concierto este año. Otra vez será (espero).

domingo, 19 de mayo de 2013

Vecinos indeseables

Somos lo peor. Cotillas, metomentodos... unos auténticos vecinos coñazo.

No conocemos nuestro propio planeta a fondo, ni lo repetamos, y ya estamos dando por saco a los demás: visitas, estudios... y ahora, hasta pretendemos colonizar. Con un par. No tenemos arreglo.

Y encima, vamos de listos: como lo que encontramos por allí no cuadra en nuestro concepto de "habitable", lo damos por inhabitable. Como la posible vida que haya por ahí (que no creo que seamos el único planeta poblado, en ésta u otra galaxia) no se parece a la nuestra, o al concepto al que creemos que debe parecerse... pues no hay. Hale. ¿Y quién nos dice que no haya una posibilidad de forma de vida en el interior de esos planetas, en lugar de en su superficie, por ejemplo?
Es como con lo de los sentidos: como los seres (terrícolas) que analizamos no tengan uno de los 5 sentidos humanos, no tienen ninguno. ¿Quién cree, a estas alturas, que los vegetales no se comunican, no sienten, no perciben? Aunque sea de forma diferente a la nuestra. ¿Quién puede negar que los animales tienen un sentido diferente a los nuestros, tan limitados, que les ayuda a saber cuándo otro ser tiene dolor, por ejemplo?
Pero así somos: antropocéntricos hasta el ridículo.

También está el factor económico: con la pasta gansa que tiene que estar costando todo esto... ¿no podrían aliviarse (si no solucionarse) las penurias que pasan muchos terrícolas (no sólo humanos)? Es insultante (para ellos, supongo).

Además, dado el carácter humano, si ya entre nosotros nos dedicamos a aniquilarnos... ¿qué pueden esperar otros seres si les descubrimos? Nada bueno.

No les hemos encontrado aún, y ya les dejamos recuerdos propios de puerta de retrete de bar de mala muerte... Como para dejarse ver.

¿Qué haríamos en ese caso? ¿Intentar comunicarnos? ¿Para qué?

No es que me parezca mal la exploración espacial, desde un punto de vista científico puede ser muy interesante. Y si nuestro fondo fuera bueno, podría ser hasta productivo para ambas partes. Pero no es así.

Y, como decía al principio... Si no conocemos bien nuestro propio planeta, si no sabemos cuidarlo y tenerlo curioso... ¿a qué vamos a otras partes?

Me recuerda este tema a una vecina que tenía cuando vivía en Madrid: su hijo tenía problemas chungos, pero ella no se daba cuenta (o hacía como que no), eso sí: sabía hasta lo que habíamos desayunado todos los demás, y no paraba de comentarlo, analizarlo, criticarlo...

¿Quién va a querer relacionarse con vecinos así?

sábado, 13 de abril de 2013

Afortunados, a pesar de todo

Entre las personas con las que me relaciono cibernéticamente, hay un grupo de pacientes con los que se puede compartir desde quejas hasta alegrías, pasando por desahogos en los momentos más bajos y chorradas que nada tienen que ver con nuestras patologías.
Unos están peor que otros, unos lo llevan mejor y otros peor. Pero, entre todos, nos arropamos y damos consuelo cuando se necesita.

Y pensando en la fantástica idea que tuvo quien creó este grupo, y divagando, divagando... he llegado a la conclusión de que, dentro de que estamos jodidos, podemos considerarnos afortunados.

No porque haya cosas peores, sino porque, al menos, estamos padeciendo estas enfermedades en una época tecnológicamente avanzada. No hablo sólo de diagnósticos, tratamientos ni todas esas perrerías médicas.
Hablo especialmente de oportunidades para llevar mejor nuestras patologías: desde la red social que nos une y tanto nos ayuda, hasta el teléfono, internet mismo...
Cuando estamos malitos tenemos la opción de hacer la compra por internet; si necesitamos desahogarnos, podemos conectarnos a esta red, o coger el teléfono y llamar a alguien que nos escuche, o que pueda echarnos un cable si lo necesitamos; la mayoría tenemos acceso a un coche si tenemos que ir volando a urgencias...

Alguna vez he pensado cómo sería padecer esta enfermedad, o cualquier otra de las que se recogen allí, ya no sólo en otra época histórica, sino a día de hoy, en cualquier país no desarrollado.



Allí no hay bajas laborales, ni teléfono, ni internet si me apuras. Ni siquiera acceso a medicamentos paliativos efectivos.
Allí hay ajo y agua. Y lo del agua, con suerte. Muchas veces, por no tener, no tienen ni la oportunidad de saber qué les pasa, de ponerle nombre a ese demonio que les está complicando la vida, ese paso tan importante. Por lo general, el momento del diagnóstico de una enfermedad crónica, degenerativa, es, por una parte, muy duro: que te digan que la opción "cuando me ponga bien..." tienes que borrarla de tu cabeza es difícil de asimilar; pero, por otra parte, resulta un alivio bautizar a tu contrincante, saber a qué te enfrentas: la incertidumbre es mucho peor que un diagnóstico indeseado.

Y todos esos beneficios, afortunadamente, están de nuestro lado: pruebas, tratamientos, mantas eléctricas, sillas de ruedas motorizadas, ascensores, telecomunicación... ¿no es genial la cantidad de cosas con las que contamos?
Desde luego, podría haber más. Por supuesto, lo deseable sería que no estuviéramos enfermos. Pero ya que lo estamos... qué fácil lo tenemos. Y, afortunadamente, cada vez más*.



* Hablo de objetos, no de mentalidad social. Ahí, por desgracia, hemos avanzado tirando a poco.

viernes, 29 de marzo de 2013

Nerviosita (como poco)

Desde hace un tiempo, creo que por desgracia, nos estamos acostumbrando (cosa que no creo que sea buena) a, de vez en cuando, leer titulares como estos, estos o estos.

Creo que todos somos conscientes de lo complejo del mundo en que vivimos. Complejo porque los propios humanos lo hacemos así, por diversidad y enfrentamiento de intereses, ideologías y a saber qué más (está claro que las noticias que nos llegan no lo dicen todo, que hay buena parte que nos perdemos).

La base de todos estos conflictos (no sólo estos tan gordos, incluso muchos insignificantes) está, por supuesto, en la falta de respeto, como ya he mencionado por aquí varias veces. En creer que tenemos derecho a imponer ideologías, formas de vida o costumbres por encima de las de otras personas.

Respecto al tema de Corea del Norte, como no entiendo demasiado de política, y menos aún de política de países tan lejanos (no sólo geográficamente), no me siento capaz de hacerme una idea de quién tiene razón y quién no. Pero tengo muy claro algo: en el momento en que todo esto afecte a una sola persona, cuando haya un sólo herido o afectado, el "malo" será el que haya utilizado un arma, y si otro mandatario le sigue, lo será igualmente. Porque no se pelean entre ellos, no se lían a tortas (o a tiros) entre ellos, sino que mandan a que lo haga gente cuyos nombres ni siquiera conocen, que les importan tirando a poco. Cuando cae una bomba en una región, no afecta a quien ordenó tirarla, ni siquiera a su "enemigo" (representado en el mandatario responsable de esa región), sino a personas, animales y plantas que sólo tienen la culpa de vivir allí, o pasar por allí.

A pesar de mi falta de conocimientos políticos, algo de historia he estudiado, y hay algo claro: tras una gran crisis económica, suele venir una gran guerra. Somos tristemente predecibles. Y fue mi gran temor cuando la actual crisis empezó: de una crisis económica, mal que bien se puede salir; de una guerra nuclear a gran escala... lo dudo. Y más cuando esas armas nucleares están en manos de gente fanática, a la que le importa tres pimientos que el planeta, con ellos dentro, se vaya al garete. Aunque al resto de seres que lo habitamos sí nos importe. Ahí entra la falta de respeto.

He leído todo tipo de opiniones, en las últimas horas, respecto al conflicto actual: que si EE.UU. está provocando porque necesita ganar dinero a través de la venta de armas; que si al líder Norcoreano se le ha ido la cabeza; que si se involucraría China, Venezuela, la OTAN... No sé quién tiene razón y quién no. Ni siquiera sé si la tiene alguien.

Pero no puedo evitar, en estos días, sentir inquietud, si no directamente miedo. Y eso es malo: el miedo es la mayor arma de estos mandatarios.

Espero que no quede más que en amenazas y titulares. 
Por el bien de todos.

martes, 5 de marzo de 2013

Perdonad que me queje


Permitidme ser hoy yo quien se queje.

Permitid que, entre una queja y otra de las vuestras, de vuestra gripe, de vuestra depresión porque es martes, de vuestro hastío de los atascos, cuele una mía. Porque necesito quejarme. Necesito expresar y hacer saber que yo también estoy hartita. Hartita de vomitar a todas horas, de levantarme por la mañana (sí, a la hora que me dé la gana) porque no aguanto más tumbada, porque el dolor de cadera, de rodillas y de hombros no me deja seguir durmiendo, a pesar de que, aunque me acosté relativamente tempranito, no he dormido casi (¡y me he levantado a las 11! ¡Un martes!). Me costó coger el sueño, leí casi 100 páginas hasta que pude conciliarlo. Una vez conciliado, me desperté de madrugada, porque me dolían las rodillas de tal forma que no podía seguir durmiendo. Tuve que levantarme a dar un paseo, estirar un poco las piernas, y después volver a leer mientras volvía a coger el sueño. Pude volver a dormirme, y un par de horas después, me desperté con sudores: una pesadilla. La morfina es lo que tiene, que cuando estás despierta tienes alucinaciones (especialmente de noche) y cuando duermes, esas alucinaciones se siguen produciendo en tu mente, pero en forma de sueño. Bueno, de pesadilla más bien. Aún así, pude relajarme. Después de otro paseo, claro. Cuando me acosté, sentí que el mundo se vertía: empecé a marearme de tal forma que tuve que abrazarme a Dani. Eso me ayudó, me tranquilizó. Y me permitió volver a coger el sueño con algo menos de miedo a que se repitiera la pesadilla. Quizá volviera, pero me estaban abrazando… Parece una tontería, pero da seguridad. Permitidme también quejarme porque, al despertar ya por la mañana, no sólo me dolía la cadera, las rodillas y los hombros: prácticamente no podía abrir el ojo izquierdo. Cualquier atisbo de claridad me provocaba un dolor tremendo, y sigo así. He tenido que hacerme un parche casero con un guante de lana y una goma del pelo. Parezco un pirata cutre. Pero bueno, algo me consuela el calorcito que me proporciona. Y evita que la claridad me deslumbre. Algún ratito me he quitado el parche, porque es muy incómodo. Y he comprobado que veo bastante peor por ese ojo: ya está en marcha la “degeneración”. Ya estoy perdiendo visión. Al igual que está en marcha el anquilosamiento, me estoy encorvando cual Igor, y mis extremidades, especialmente cadera y hombros, tienen menos grados en el arco de movilidad que tenía antes. Antes. Cuando estaba bien. 
Cuando sólo tenía dolor. Por no tener, no tenía ni diagnóstico. También está en marcha la transformación de mis manos: ¿habéis visto las representaciones que se suelen hacer de las manos de las brujas, todas torcidas, escamosas y con ampollas (perdón, ampichas)? Pues así se me están quedando. Eso sí: con las uñas siempre pintadas, que la coquetería no perdona. La coquetería intenta aceptar lo que hay, lo que está viniendo, pero le cuesta.

En fin: perdonad toda esta ristra de desgracias, pero necesitaba vomitarlas, al igual que he vomitado el desayuno, y la cena de anoche. 
Pero es que yo también necesitaba quejarme hoy.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Los lunes a la sombra

No pasa un lunes sin que mi muro del facebook se llene de "amargas quejas" por que es tal día. Empieza la semana laboral, para los que aún tienen la suerte de tener un trabajo. Y no me refiero sólo a la crisis.

No se trata de un "y yo más", pero para mí ya no hay lunes. Ni domingos, ni viernes, ni miércoles. Ya no trabajo: no puedo. Y mi "jornada laboral" lo mismo dura 8 horas, que 1 semana, que 2, que 8 meses (como la que me está tocando ahora): según le dé.
A veces envidio esas quejas, no porque lo mío sea "peor", sino porque, aunque parezca mentira, echo de menos el trabajo. Sonará estúpido, pero me gustaba mi trabajo. Tenía sus cosas malas, desde luego, pero en conjunto, me gustaba.
No hace mucho presencié una escena que era normal para mí hace unos años: llegó un mensajero a una oficina, recogieron el paquete, le preguntaron por otra referencia de envío que estaban esperando... Menuda tontería, pero casi me echo a llorar. Echo de menos esa rutina.


Ahora tengo un jefe más déspota que una de las que tenía en mi último trabajo: decide cuándo puedo levantarme de la cama, y cuándo no. Decide cuándo soy capaz de hablar por teléfono y cuándo no. Decide si mis vacaciones pueden coincidir con las de mi pareja y cuándo no. No suelen coincidir, mi jefe es un poco mamón.

Esto no es un "no os deberíais quejar porque hay quien está peor". Para nada. Cada uno que se queje de lo que le tiene harto, que cada vida es un mundo.
Pero sí quería hacer saber, para quienes se quejan con la intención de dar penita, que a veces, según quién le lea y sus circunstancias, lo que dan es envidia... Eso puede ser un halago: siempre se ha dicho "mejor que te tengan envidia a que te tengan pena". Simplemente a veces no se despierta la empatía por el lado que nos gustaría...

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Somos malos

...O, al menos, no somos buenos.

En general, nos mueve la avaricia, la envidia, el egoísmo... Y somos "los reyes de la creación". Vamos arrasando vidas ajenas (de animales, plantas y en casos extremos hasta de otras personas) por hobby, o por aburrimiento.
O, sin llegar a esos extremos, mentimos sobre otras personas sin plantearnos (y si nos lo planteamos, nos la trae al pairo) las consecuencias que ello pueda tener sobre sus vidas; malmetemos contra quien nos cae mal, por la simple diversión de buscarle un problemita; disfrutamos con la desgracia ajena (nos pierde el morbo...).
Desde pequeñitos nos han enseñado que "el hombre es el rey de la creación", ya sea por teorías evolucionistas (se supone que somos el ser más evolucionado de la tierra... poco observadores, u observadores a conveniencia diría yo) o religiosas ("Dios" -el que sea- nos puso a cargo de todo este "jardín". Nos estamos luciendo).
¿Os imagináis un rey (de cualquier país) que se comportara así, con ese descaro? De repente habéis pensado en los reyes de "aquellos países", con sus esclavos y su harén... ¿no?
Pues claro: así nos va.

Nos comportamos mal con los "seres inferiores" (¿inferiores? ¿en serio?... me encanta cuando llamamos "su instinto" a todo lo que se nos escapa) y entre nosotros mismos. De hecho, entre nosotros ya hay seres "superiores" e "inferiores". No me estoy volviendo anarquista. Creo. La estructura jerárquica es necesaria. Pero siempre que sea justa y respetuosa con todos.

Nos falta mucha empatía. Entre nosotros, y hacia el resto de seres con los que compartimos el planeta. Nos creemos que por haber pagado con dinero (sistema inventado por el ser humano) un trocito de tierra, ésta nos pertenece y ya podemos hacer con ella y los seres que contiene lo que nos venga en gana.
Somos muy inteligentes. Lo suficiente como para intentar comunicarnos con otros habitantes del universo, pero también lo suficiente como para no haber hallado la forma de dar voz a los que no se comunican como nosotros, aunque están aquí mismo: animales y plantas.
Probablemente nos venga bien (a nuestro egoísmo).

Todo esto no viene ni a que me esté volviendo pseudo-filósofa ni a que me haya pasado nada concreto últimamente (de hecho, este post lo llevo escribiendo a retales hace semanas): simplemente, cada día estoy más y más quemada... ¿Conocéis esas teorías de sonríe y te sonreirán, lo que das en la vida siempre te vuelve... etc...? Pues he sido tan idiota de creérmelas durante mucho tiempo. Y no funciona. Hubiera sido bonito, pero no. No funciona. Al menos, a mí no me ha funcionado. Y, desde luego, a la inmensa mayoría de los seres no humanos que he ido observando, tampoco les funciona. Me da la sensación de que son una criba para idiotas: el que se la crea, es más fácilmente pisoteable.
Aquí se impone la ley no del más fuerte,sino del más despiadado,del menos empatico,del más egocéntrico. Ésas son las personas que al final se alzan sobre las demás en la práctica. Moralmente no, pero... sinceramente, la moralidad es poco práctica...
¿Quien quiere,a priori,ser un desgraciado... Pero eso si: muy moral?

A la gente "mala" no suelen ocurrirle desgracias... y si les ocurren, como se la suda (por aquello de los sentimientos) pues no pueden llamarse desgracias... inconvenientes, tal vez.
A la gente "buena"... bueno, pues todo lo contrario. Les pierden los sentimientos, y llevan el corazón así, sin protección, y cualquier cosita escuece... Y todos los problemas terminan siendo para ellos.

...Con lo relativamente fácil que es hacer cada uno su vida,simplemente no molestando a los demás... Pero es que hay a quien le gusta.
Nos encanta estar "por encima del bien y del mal". Hacernos valer sobre la vida de otros (humanos, animales, plantas...) nos hace sentir, o pensar, que somos superiores a ellos... Pero si tenemos que valernos de ello es porque, en el fondo, no estamos tan seguros de esa superioridad... ¿No? Cuando tienes que demostrar permanentemente lo "más" (rico, guapo, listo, superior...) que eres, quizá sea porque no estés tan seguro de ello.

En fin: con esta filosofía nos va como nos va. No hablo de desigualdades. Hablo de guerras, de escasez de comida y agua potable, de energía, extinción de especies... Estamos imponiendo tanto nuestra superioridad a todo el planeta, que nos lo estamos cepillando.
En el fondo, veremos que estamos equivocados demasiado tarde... El planeta, nos guste o no, es más que nosotros, puñeteros individuos egoístas que, de tanto pensar en nuestra "superioridad", estamos consiguiendo que no haya planeta habitable... Se demostrará, como digo, que el hombre no es el rey del mundo: el mundo es el rey del hombre (y animales, y plantas)... Su casa. Pero de tanto demostrar que somos más que nuestra casa, nos vamos a quedar sin ella...

lunes, 8 de octubre de 2012

El poderío materno

Hay algo que aprendí hace mucho, vi los primeros casos (crueles incluso a veces) en mi propia familia. Las madres, como seres humanos, tienen defectos, y uno de ellos (que no tienen todas, afortunadamente) es disfrutar del placer, la sensación de poder, que debe suponer dirigir los afectos de otro(s) ser(es) humano(s).

Así, he visto muy cerca cómo alguna madre, por inquina personal o simplemente porque no le caiga bien cierta persona (familiar o no) va dirigiendo y manipulando la información que les llega a sus hijos acerca de esa persona, y poco a poco, por más que la otra persona quiera a esos menores y se esfuerce en demostrarlo, va dando forma a lo que piensa (y por tanto siente) el niño hacia el tercero en discordia, y en la mayoría de los casos afectando a esa relación para siempre.
No sé si en estos casos son conscientes de que, quien resulta más afectado, es el niño, no el objeto de su manía personal (aunque sí le pueda doler algo, desde luego). Quiero pensar que el disfrute de la "orientación afectiva" o la manía a la otra persona no se lo deja ver.

Evidentemente, mi opinión al respecto está entre la repugnancia hacia ese comportamiento materno y la pena hacia las dos partes: madre y churrumbel(es).

Una persona que prioriza sus simpatías personales ante el bien y la correcta educación de sus hijos debe andar
bastante tocada por la zona de la autoestima, y desde luego el ser humano que está formando va a cojear más que yo... aunque no se le note al andar.

Esto vuelve a tocar el tema que muchas veces comento: mi opinión de que los padres biológicos deberían superar las mismas pruebas que los adoptivos para poder quedarse con lo que venga.
En casos como éste, probablemente la madre 
no pasara del primer psicotécnico.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Estoy traumatizada

Vamos, no es nada nuevo... simplemente, una conversación informal que mantuve ayer me puso delante de los ojos lo que ya sabía... pero me hizo verlo con contundencia.

Todos sabemos que hay "lissstos", caraduras, "malasangres" y hasta malas personas por el mundo. Pero ayer me sentí abrumada al darme cuenta de la proporción que hay de ese tipo de personas frente a lo que yo considero normal, es decir, los que vamos a nuestra bola y, si es posible, no puteando al que nos cruzamos. No se trata de ser santo, ni siquiera buena persona. Se trata simplemente de no ser malo, y menos aún sin propósito secundario... vamos: que puedo llegar a entender al que hace daño a otra persona en su carrera por un objetivo (para algunas personas "el fin justifica los medios"). Pero el simple trolleo, el simple te voy a hacer daño porque sí, porque me ha dado por ahí... No me entra en la cabeza, no soy capaz de comprenderlo. Y la abrumadora cantidad de gente que lo practica me bloquea. "Perturbados" siempre ha habido, pero se supone que son una excepción, y que suelen serlo por algún trauma previo o algo así... pero que tantísima gente se dedique a perder tiempo y energías en hacer mal a otros, sin más propósito que ése, ya no es cuestión de "perturbados", sino, quizá, de sociedad, humanidad perturbada... Y aún así me cuesta comprenderlo.

Ya no me voy a poner a hablar de qué tipo de sociedad estamos construyendo, o destruyendo. No voy a darle vueltas a lo que dejamos a las futuras generaciones (que, francamente, queridos, me importa un bledo). Es que en las distancias cortas esto está tomando tintes guerreros.
Si, cuando me cruzo con mi vecino, en lugar de decir "buenos días" y seguir a mi bola lo que hago es mirarle mal, estudiar su vestuario para luego criticarlo con los demás, ponerle la zancadilla o hasta escupirle (no hablemos ya de si va cargado con bolsas ofrecer ayuda ni duros retos similares... no nos vayamos a los extremos, por Dios)... ¿Qué puedo esperar que haga a cambio? ¿Que se aguante? ¿O que la próxima vez que nos crucemos golpee primero?
¿Qué narices nos hemos creído al comportarnos así?

Definitivamente soy demasiado gilipollas para vivir en una sociedad como ésta, porque no valgo (ni quiero valer) para entrar en ese tipo de juego, pero me rodea, me termina afectando porque los demás sí lo practican conmigo (y, como no se la devuelvo, se divierten más y aprietan, aprietan, aprietan...). Si me dejaran tranquila y se limitaran a jugar con quien les fuera la marcha como a ellos, probablemente se divertirían más, encontrarían sus propios retos... Pero no.

Sólo espero que se cansen pronto de mí para esto. Ya que para otras cosas no están ahí, para este tipo de tonterías podrían ignorarme también... aunque supongo que esto es parte del jueguecito...

Cada día tengo menos fe en la sociedad, en la gente que me rodea...
Y eso es triste para alguien como yo (empiezo a entender por qué cada día hay más sociópatas, es una buena protección ante estas actitudes... Pero para eso tampoco valgo).

...Va a ser que sí me estoy volviendo un poquito loca...

viernes, 24 de agosto de 2012

Petición

Tengo prevista otra entrada que ya debería haber publicado sobre una Chupifiesta de Verano que hubo en la urbanización el domingo pasado, pero esta semana no he tenido demasiadas ganas de escribir acerca de fiestas, y menos, como pretendía, en tono de guasa: mi abuelo está bastante malito y no estoy muy guasona que digamos... Así que dadme tiempo, pero todo llegará (con fotos y vídeos incluidos).

Pero antes, dados algunos acontecimientos que están teniendo lugar últimamente (sobre todo en lo que llevamos de verano) y ante todo, porque estoy HASTA LAS NARICES, me gustaría hacer una petición especialmente dedicada a las personas con las que tengo algún grado de amistad y/o intimidad:

Vamos a ver:

  1. Somos todos mayorcitos según Hacienda, que es quien manda para estas cosas; 
  2. Se supone que una relación de amistad o similares tiene una base importante de confianza mutua; 
  3. Vivimos en la era de las comunicaciones, y tengo correo postal, correo electrónico, teléfono fijo, móvil, whatsapp, twitter, facebook, blog y más cosas que ahora no recuerdo. Ah, timbre también, sí. 

En base a esas 3 cositas especialmente... si hay algo que hago/digo o dejo de hacer/decir o llega a ti información de algo así... que te molesta, ofende o toca los cojones, creo que lo suyo es que me lo digas, con cariño, tranquilidad y "de tú a tú".
Si te ha molestado tanto como para sentir algo parecido a la traición es porque consideras que nuestra relación tenía una confianza que traicionar... y si no lo hablas conmigo, estás haciendo exactamente lo mismo: estás traicionando una confianza. Si no, es que está claro que yo tampoco podía confiar en ti.
Una amistad es algo muy bonito, pero tiene altibajos, y hay que cuidarla por las dos partes. Si no, será otra cosa, pero desde luego no amistad.

Ante todo quiero dejar claro que éste no es un mensaje "en clave" para alguien en concreto (si fuera así, me dirigiría directamente a esa persona), más bien es una declaración de intenciones: han ocurrido (tanto a mí como a mi alrededor) suficientes tontadas que se cargan amistades bonitas como para que quiera dejar esto claro.
Si aprecias a alguien, tienes una amistad con esa persona o un proyecto que te merece la pena mantener, no dejes que se enquisten dudas ni rencorcitos que, si se aclaran, se pueden hablar ("oye, para otra que sepas que esto me ha dolido") o hasta aclarar, porque lo mismo hasta estás viendo humo y pensando en fuego cuando se trata de incienso.
Ahora, si das la amistad por finalizada o perdida, quédate con tu run-run y no se lo digas... entonces sí: ¿para qué?

miércoles, 1 de agosto de 2012

Dilema

Lo estás viendo. A cámara lenta.
Una persona a la que quieres se va a pegar la grandísima hostia.
Ha comprado casi todas las papeletas de la rifa. Quedan un par de ellas, y está sacando la tarjeta para comprarlas también. Las quiere comprar. Sabe que sortean algo, pero no estás segura de que conozca el "premio".


Y te lo está contando... "¡¡Voy a comprar otras dos papeletas!!".
Y estás sufriendo.
¿Qué haces? ¿La agarras? ¿Le dices: "esa puerta conduce al coco"? ¿O "cuidadín, que la estás cagando"? ¿O "no sigas así que te la vas a dar"?

¿O esperas abajo con la ambulancia y el maletín de la Señorita Pepis de los primeros auxilios?

¿Cual es la función de una buena amiga? ¿Avisar del peligro, intentar evitarlo, o intentar amortiguar el golpe, o estar ahí para curar las heridas después?
Porque puede incluso ocurrir que, cuando avises, esa persona a la que quieres se sienta intimidada, o sienta que te estás metiendo en su vida más de lo que está dispuesta a permitir... o simplemente esté escuchando algo que no quiere escuchar... y te mande a hacer puñetas. Y tú te quedas sin tu amiga, y ella se queda sin ti y con su inminente hostia. Porque a nadie nos gusta que nos digan que algo que estamos haciendo nos va a llevar al desastre. Somos así.

Este verano han debido ponerse de moda los Conejitos Suicidas, porque, por lo que veo (y eso que no me miro a mí misma), hay varios casos de descarado intento apocalíptico. No sé si es que, como se va a acabar el mundo, se lían la manta a la cabeza, y "a la mierda, que salga el Sol por Antequera", o que con esta crisis... "pues mira, ya que vamos a acabar mal, vamos a empezar a poner de nuestra parte", o qué narices pasa... el caso es que tengo un pellizquito de personas a las que quiero, que están bailando la conga al borde del precipicio, con una curda que ni Britney Spears.

Y yo, mientras, ¿qué hago? Soltar sutiles "Pero ¿estás segura de lo que estás haciendo?" y estupideces similares. No me atrevo a decir las 3 palabras mágicas, por miedo a que esas personas se enfaden:
LA ESTÁS CAGANDO.
Pero de esta forma siento que les estoy fallando como amiga... Es decir: si mi miedo a perder su amistad es más fuerte que las narices para intentar evitar una situación catastrófica para esa persona, estamos hablando de un caso claro de egoísmo, me parece...
Pero aún así no tengo webs.