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viernes, 3 de julio de 2015

LibroVicios

Muchas veces, a quienes nos gusta leer y no solemos tirar de bibliotecas (por afán coleccionista o romanticismo), no nos llega el presupuesto para comprar libros nuevos, o el que buscamos no está disponible en los sitios más habituales. Entran aquí los libros de segunda mano.
Hay varias opciones, como la compra directa en ferias o tiendas especializadas (donde tenemos la posibilidad de "catar" el libro antes de adquirirlo, ver en qué estado está, si se le caen las hojas, huele demasiado a viejo, está pintarrajeado...), o la compra on line. Esta segunda opción, en mi caso, no me había dado, hasta hace unos meses, buen resultado por lo general: libros que llegaban en muy mal estado, sucios (de tocar la cubierta y que se quedaran los dedos manchados), o les faltaban hojas, o...
Pero entonces tuve buena suerte y descubrí LibroVicios. No sólo tienen un catálogo muy amplio, sino que, si no encuentras entre los que tienen disponibles el libro que buscas, puedes pedirles que vayan a cazarlo por ti. Y, cuando te lo envían, viene limpio, cuidado, restaurado si es necesario. En cualquier caso, si el "fallo" no se puede solucionar, te avisan: si lleva alguna hoja pintada, si la cubierta tiene algún desgarrón... No te engañan, vamos. Esto no implica encarecimiento del producto: sus precios son muy competitivos.
Se nota que lleva la tienda gente a la que le gustan los libros: los miman, saben qué títulos son los más buscados y ponen empeño en tenerlos disponibles...
En su amplio catálogo hay libros de segunda mano y descatalogados (en castellano y catalán) y cómics.

Por eso, y porque mucha gente accede a este blog buscando opinión sobre alguna de mis lecturas, voy a añadir un banner en el lateral, para compartir el descubrimiento. No me vayáis a "robar" los libros raros que tengo fichados (pocos, mis lecturas son bastante comunes, pero nunca se sabe)...

lunes, 25 de mayo de 2015

Podría hacer pis aquí

La editorial Lata de Sal ha ampliado recientemente su estupendo catálogo con la edición de este divertido poemario.

Son 60 poemas, divididos en 4 bloques temáticos (Familia, Trabajo, Juego y Existencia) escritos por gatos y traducidos al humano por Francesco Maciuliano, acompañados por tiernas o simpáticas fotografías de gatos que a todos los que tenemos la suerte de convivir con algún felino, o a los que no tienen tanta suerte pero también les gustan, nos sacan, inevitablemente, más de una sonrisa.
De todos ellos, destacaría el titulado "Kubla Kat".

Le pongo, sin embargo, un "pero": el poema que da título e inicia el poemario, aunque es muy simpático, incide en la falsa creencia de que, cuando un gato hace pis fuera de su arenero, lo hace por diversión o venganza... Y no es así: generalmente, es señal de algún problema médico. Cuidado con esto.

Por lo demás, absolutamente recomendable.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Conocer al autor / Sangre de mi sangre

Me ha ocurrido en varias ocasiones: tras leer algún libro autobiográfico o de opinión de algún autor de ficción que me encantaba, le he terminado cogiendo tirria. Y la lectura de sus novelas no me ha vuelto a resultar tan placentera.
Es como si ese acercamiento a su intimidad rompiera una frontera y permitiera pasar justamente lo que menos me gusta del escritor.

Las veces que he buscado este tipo de lectura ha sido intentando escarbar en ese mundo interior del que salió una (o mil) historia que me fascinó o incluso, por qué no, intentando establecer alguna similitud con el mío, para no perder la esperanza de parir, alguna vez, una historia tan maravillosa como la que me haya encandilado.

Por supuesto, con autores más modestos a los que he conocido en persona, ha ocurrido lo mismo: al leer sus libros oía su voz narrando, le veía frente a mí. Y por bien que me caiga a nivel personal, no puedo disfrutar de sus novelas como lo haría si la hubiera escrito un desconocido.

Sé que hay gente a la que le ocurre al contrario: precisamente por conocer al autor en persona, o tener algún dato "especial" de su vida, disfrutan muchísimo más de sus libros. Llegando incluso a magnificar el escrito, una especie de fenómeno fan.
Hay también casos extravagantes de quien colecciona "amigos escritores", como si este hecho diera caché a su persona, pero eso es otro asunto (que no deja de hacerme cierta gracia).

Una cosa es conocer pequeñas pinceladas biográficas (época en que vivió, edad a la que escribió la obra, situación política o incluso familiar en ese momento...), es información que puede resultar valiosa antes y durante la lectura, para interpretarla con mayor exactitud. Después tiene poco sentido, salvo para hacer un análisis profundo; pero otro asunto es ya meternos en su vida, sus opiniones, sus gustos personales respecto a asuntos que nada tienen que ver con la historia que nos cuenta (dentro de que todo está relacionado... Si al autor le gusta el helado de chocolate probablemente en algún momento de la historia un personaje mencionará uno...).

Todo esto viene a cuento de mi última lectura: "Sangre de mi sangre".
Mientras lo leía, he sentido a veces rabia por las ideas sobre educación que expresa, pero especialmente por ciertas circunstancias vitales que no cuadran con la ideología que la autora defiende en algunos artículos de opinión que he leído puntualmente.

En este libro no cuenta una de esas maravillosas historias a las que nos tiene acostumbrados. Es autobiográfica: habla de su experiencia como madre de ¡5! criaturas, de cómo se ha sentido en algunos momentos de la crianza, de anécdotas (¿cómo no va a haber anécdotas de todos los colores con 5 churrumbeles en casa?), de momentos importantes en la educación de sus hijos...
Su narrativa no deja de ser estupenda, pero lo que cuenta no sólo no me ha interesado especialmente, sino que, como digo, en algunos casos, directamente no me ha gustado.
Si tenemos en cuenta que me ha pillado en una época de bajón lector (entre otros)... Tenemos el chasco que me he llevado.

Como decía antes, es muy probable que a otros lectores les encante este libro, lectores que disfrutan indagando en la vida de sus autores favoritos, a los que les supone un aporte positivo. Que incluso, después de su lectura, disfruten mucho más con posteriores lecturas de ficción de Rosa Regás, gracias a haber establecido cierta complicidad a través de este libro (creo que se publican, en muchos casos, con esta finalidad).
Pero en mi caso, entre la temática (no es secreto que tengo instinto maternal en negativo, y que mi relación con los niños intento que sea nula) y que no es ficción, incluso es demasiado personal... No.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Un ataque de lucidez


Una de las lecturas que Silvia Abascal recomendaba en "Todo un viaje" era ésta. Y a por ella me fui.

Desde LibroVicio's me ayudaron a encontrar el libro, y lo he colado (mucho) en mi pila.


Es el relato, en primera persona, del ictus que sufrió la neuroanatomista Jill B. Taylor y los 8 años que tardó en recuperarse casi por completo de sus efectos.

Un libro, me atrevería a decir, de lectura obligatoria para especialistas en neurología, médicos que también tengan alguna relación con esta especialidad (algún paciente con diagnóstico neurológico), familiares y amigos de afectados, afectados, por supuesto, y, en general, todo aquél que quiera saber un poco más. Sobre cómo funciona nuestro cerebro, sobre cómo se puede ayudar a alguien con problemas neurológicos, sobre algo que nos puede pasar a cualquiera (la MAV de la autora no estaba diagnosticada en el momento del ictus, es algo bastante frecuente).

Es, desde luego, una lectura interesante, instructiva e inspiradora. Pero, para qué engañarnos, también me ha hecho tener miedo. Bastante miedo.
No es que no supiera todo lo que puede pasar con un problema neurológico de este tipo. Es que verlo así relatado... Buff. Me ha obligado a ponerme en situación, a ver de cerca en lo que puede transformarse mi vida (al menos durante un tiempo), y me ha hecho sudar frío.

Me ha sorprendido la apertura de la autora, una científica, a la temática de las energías (tema para muchos "magufo"). Aunque antes de su accidente no lo tenía en cuenta, después vio la importancia de la percepción de esta realidad y de su aplicación a nuestro día a día.

Una de las partes más interesantes del libro son los 2 apéndices. En el A, plantea 10 preguntas para situarse en caso de duda. El B, Las 40 cosas que más necesité, me atrevo a transcribirlo aquí por la insistencia de la autora en la difusión de su mensaje. Me parecen 40 consejos interesantísimos, que cualquiera que trate con un enfermo neurológico (familiar, amigo, médico, personal de enfermería, terapeutas...) debe tener en cuenta. Aquí se enuncian, pero desde luego se comprenden mucho más ampliamente con la lectura del libro.

  1. No soy idiota, estoy herida. Por favor, respétenme.
  2. Acérquense, hablen despacio y vocalicen con claridad.
  3. Repítanse que deben suponer que no sé nada, y empiecen por el principio, una y otra vez.
  4. Sean tan pacientes conmigo la enésima vez que me enseñen algo como lo fueron la primera.
  5. Acérquense a mí con franqueza y pongan freno a su energía. Tómense tiempo.
  6. Sean conscientes de lo que me comunican su lenguaje corporal y sus expresiones faciales.
  7. Mírenme a los ojos. Estoy aquí. Vengan a mi encuentro. Anímenme.
  8. Por favor, no levanten la voz. No estoy sorda, estoy dañada.
  9. Tóquenme adecuadamente y conecten conmigo.
  10. Respeten el poder curativo del sueño.
  11. Protejan mi energía. Ni radio, ni televisión ni visitantes nerviosos. Sean breves en las visitas.
  12. Estimulen mi cerebro cuando tengo energía para aprender algo nuevo, pero sepan que una pequeñez puede dejarme agotada rápidamente.
  13. Para enseñarme, utilicen juguetes y libros educativos para la edad adecuada (niño pequeño).
  14. Preséntenme el mundo cinestésicamente. Déjenme sentirlo todo. (Soy otra vez un niño pequeño).
  15. Enséñenme con tareas de visualización e imitación.
  16. Confíen en que me estoy esforzando, sólo que no con su grado de habilidad ni siguiendo su horario.
  17. Háganme pregutnas de múltiples opciones. Eviten las preguntas de Sí o No.
  18. Háganme preguntas con respuestas concretas. Y denme tiempo para buscar una respuesta.
  19. No juzguen mi capacidad cognitiva por la rapidez con que puedo pensar.
  20. Trátenme con suavidad, como harían con un recién nacido.
  21. Háblenme directamente, no hablen entre ustedes de mí.
  22. Anímenme. Confíen en que me recuperaré por completo, aunque tarde veinte años.
  23. Confíen en que mi cerebro siempre puede seguir aprendiendo.
  24. Descompongan todas las acciones en pequeños pasos.
  25. Averigüen qué obstáculos me impiden hacer bien una tarea.
  26. Aclárenme cuál es el siguiente nivel o el siguiente paso, para que sepa a qué aspiro.
  27. Recuerden que tengo que dominar bien un nivel de acción antes de pasar al siguiente.
  28. Celebren todos mis pequeños logros. Eso me inspira.
  29. Por favor, no terminen por mí mis frases ni digan las palabras que no encuentro. Necesito hacer trabajar mi cerebro.
  30. Si no puedo encontrar un archivo viejo, insistan en crear uno nuevo.
  31. Es posible que quiera pensar que entiendo más de lo que entiendo en realidad.
  32. Céntrense en lo que puedo hacer, en lugar de lamentarse por lo que no puedo hacer.
  33. Háganme conocer mi antigua vida. No supongan que como ya no puedo tocar como tocaba antes, ya no me va a seguir gustando la música o un instrumento...
  34. Recuerden que, a falta de algunas funciones, he adquirido otras habilidades.
  35. Manténganme en contacto con mi familia, mis amigos y la gente que me apoya con cariños. Hagan un collage mural de tarjetas y fotos para que yo lo vea. Etiquétenlas para que pueda repasarlas.
  36. ¡Movilicen a las tropas! Formen un equipo para curarme. Avisen a todo el mundo para que puedan enviarme su amor. Manténganlos al corriente de mi situación y pídanles que hagan cosas concretas para ayudarme, como visualizarme tragando con facilidad o balanceando mi cuerpo para sentarme.
  37. Quiéranme por lo que soy ahora. No se empeñen en que sea la persona que era antes. Ahora tengo un cerebro diferente.
  38. Sean protectores conmigo, pero no obstaculicen mi progreso.
  39. Enséñenme vídeos en los que aparezca haciendo cosas, para recordarme cómo hablaba, andaba y gesticulaba.
  40. Recuerden que es probable que mi medicación me deje fatigada, además de reducir mi capacidad de saber qué se siente al ser yo.

martes, 27 de mayo de 2014

La mujer que buceó dentro del corazón del mundo

QUÉ MARAVILLA.

Dentro de que mis últimas lecturas han sido una gran experiencia, ésta destaca sobre todas ellas. Hacía mucho que no leía un libro tan delicioso y duro a la vez.

Esto, claro, ocurre cuando sigues el consejo lector de alguien que sabe mucho del tema. Leí que recomendaba su lectura, en una entrevista, Ana María Matute, y a por él fui.

Qué pena no poder pedirle más consejos, más ideas para mi pila.

Trata el tema del autismo, de la moral ecológica, de las relaciones personales, de por qué nos comportamos cartesianamente cuando, realmente, no tiene mucho sentido. ¿Tu teclado piensa? Y ¿existe? Pues eso.

En primera persona, Karen nos cuenta su interesante biografía, desde su particular punto de vista: es autista.

Algo que ya se probó con éxito con "El curioso incidente del perro a medianoche", pero que creo que aquí se amplía y mejora enormemente. Ya no es un niño quien habla, no hay lugar para el melodrama, sólo para las dificultades propias de su vida. Por tanto, es mucho más fácil empatizar y medir nuestro razonamiento, nuestra forma de actuar, con los de Karen.

Una interesante y apasionante lectura que desde aquí recomiendo. Desde luego, indiferente no deja.

lunes, 19 de mayo de 2014

Todo un viaje

El regalo simpático de los Reyes Majos de este año (vino "disimulado" con la carátula de "Cásate y sé sumisa") ha resultado una estupenda lectura, en el momento ideal.

Tras el último y fortuito diagnóstico de una más de mis "pupas", leer con qué positividad se enfrentó Silvia Abascal a un golpe tan duro ha resultado muy inspirador: sí, es una tragedia (bueno, más bien un putadón), pero a ella le ha servido como plataforma de crecimiento, y le ha plantado cara, desde el primer momento, con un optimismo del que no somos capaces la mayoría de los mortales.

Leer cómo cuenta que se enfrentó a cada paso, no sólo hace que se la admire (más), sino que, en mi caso, he decidido adoptarlo como manual de instrucciones. Cuando tenga que enfrentarme a pruebas, quizá intervención y lo que venga, repasaré sus páginas, sin duda.
Sirva como ejemplo frases como "Puede que el decorado del hospital llegara impuesto desde la producción, pero yo decido si a la enfermedad le doy el papel principal. Casi que no. Para ella, una colaboración especial." Ésa es la actitud.
No sé si yo sería capaz, hay que ser muy especial para tomarte así unas circunstancias tan adversas. Pero desde luego voy a intentarlo.

En realidad, de nada sirve la alarma, el derrotismo... Bueno, sí: sirve para complicar aún más las cosas. Pero es algo innato, y hay que trabajar para que no se asomen a la ventana ante cualquier ruidito.

Con este texto he llorado, he reído (aunque parezca increíble, lo consigue), sonreído MUCHO, me he sentido muy identificada en ciertos pasajes (casi escalofriante la multitud de coincidencias -lugares, fechas...-) y, ante todo, he aprendido y decidido.
He decidido que quiero tomarme las cosas así.

Y me ha admirado, no sólo su actitud, sino la percepción ampliada que ha desarrollado a partir del accidente: sonora y emocional. Una molesta, negativa; la otra... muy útil.
Hasta de los peores momentos se puede extraer algo bueno.

Sin duda, he crecido un poquito de la mano del crecimiento de Silvia Abascal. Una lectura muy recomendable para tomar ejemplo de cómo enfrentarse a las adversidades, no necesariamente cerebro-vasculares.

miércoles, 2 de abril de 2014

La soledad de las parejas

Geniales relatos, genialmente relatados.

No todos, como podría sugerir el título, hablan sobre parejas, aunque sí es el hilo conductor, algo que tienen en común la mayoría de ellos.
Por ejemplo, en "Vestir al desnudo" no hay en la trama principal ninguna pareja como tal, sino una abuela y su nieto invidente.

En los demás, todos en el mismo marco histórico, sí hay más referencias a las parejas (matrimonios en su mayoría), a la galantería (se echa de menos en estos tiempos tan "avanzados"), a la dependencia económica y social de la mujer y al racismo.
El primer relato de esta recopilación, "Arreglo en blanco y negro" es una irónica y divertida historia sobre la "tolerancia" de una mujer blanca hacia los negros, reflejada en su admiración por un artista negro. Su conversación con el anfitrión de una fiesta en honor de este artista acerca de éste y su color y lo poco que le importa, así como el breve diálogo que mantiene con él, son desternillantes. Y la última frase, genial: "¡Oh, cuando le cuente a Burton que lo he llamado "señor"!".

En definitiva, muy recomendable, como todo lo que he leído hasta el momento de Dorothy Parker.

jueves, 20 de marzo de 2014

Sobre el amor y la muerte - Émile Zola

Descriptivo título para esta colección de relatos sobre estos temas.

Dividido en dos partes, una para cada temática, las historias incluidas están ordenadas según el poder adquisitivo de sus protagonistas. Incluyen noviazgos, bodas, matrimonios, agonías y funerales...

Desde luego, no es temática alegre, pero más dramáticas que la temática son las conclusiones: yo aún no llego a tener claro si es mejor vivir estos sucesos siendo muy rico o siendo muy pobre...
Realmente no hace tanto tiempo de esa sociedad que aquí se describe, de las bodas "para unir apellidos", "por la dote" o "por amor" (las menos); de las agonías y funerales en soledad porque los herederos están repartiéndose el botín o porque la familia está buscando la manera de pagarte un médico o de sobrevivir, al menos ellos, consiguiendo algo para comer.

No sólo está colocado el amor en primer lugar porque va, cronológicamente, antes que la muerte. También para contrastar el efecto de las decisiones tomadas en ese aspecto sobre cómo se desarrolla y termina una vida. Quién estará a tu lado (si es que está), cómo y por qué. Si ese final resulta trágico o, por el contrario, un alivio (para quien finaliza o para quien se queda).

Resumiendo: a través de breves relatos con una temática común, hace una crítica social dura, que puede servir, a quien quiera, para tomar nota e intentar hacer las cosas bien en lo referente a su vida.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Los 10 mandamientos para compartir el planeta con los animales que amamos

Una lectura dura, muy dura. Pero absolutamente necesaria.
Tanto, que creo que lo que en este libro se dice debería ser materia escolar obligatoria, con este libro como lectura recomendada.

Y es que somos unos puñeteros bestias, unos descerebrados, por mucho que vayamos de "animales superiores más evolucionados". 
Anda ya.

¿Qué pensarías de alguien que distribuye por su casa un par de periódicos deshojados y pringados con gasolina y, una vez ve su "obra de arte" se fuma un cigarrito delante para celebrar lo bonita que le ha quedado?
Pues eso es lo que estamos haciendo. Todos. Día tras día.
Unos más, otros menos. Pero lo estamos haciendo.

Cuando nos hablan de estos temas, la mayoría pensamos en exageraciones, en activistas obsesionados, incluso en gente que se está lucrando con ello. Y quizá algo de eso haya, no lo descarto. Pero también hay datos. Datos aterradores. Esta misma semana salía la noticia de que Stephen Hawking ha dado la voz de alarma: los recursos de la Tierra, oh sorpresa, son finitos. Y nosotros somos cada vez más, y cada vez menos cuidadosos.
Y no queremos ver.
Esto no es una profecía, no es imaginario. Es absolutamente real. Pero no queremos verlo. Al igual que no queremos leer libros como éste (reconozco que me costó seguir tras algunos pasajes que describían barbaridades especialmente duras). Barbaridades que, si no cometemos directamente, sí lo hacemos de forma indirecta el 99'9% apoyando con nuestro consumo a las industrias que los cometen.
Industrias que se han hecho propietarias del planeta de todos. No sólo de todos los humanos, sino de todos sus habitantes: animales no humanos y plantas incluidos.
Y que están ganando dinero a espuertas. Porque son muy listas. Pero no tanto como para darse cuenta de que ese dinero que están ganando no van a tener tiempo de gastarlo las (sus) generaciones venideras, porque no va a haber dónde.

Ahora estamos de lo más "entretenidos" con la crisis actual, con la política, con las leyes injustas, con los recortes... Pero todo esto nos está distrayendo de lo realmente importante.

Como dice este libro, cada uno, con nuestro granito de arena, podemos hacer. Y muchos poquitos hacen un muchísimo. En política, y en intentar que este planeta siga siendo habitable.
Y estamos obligados a hacerlo. Sobre todo los que están procreando (a los que no vamos a dejar descendencia... nos pillará algo, pero no la hecatombe, al menos eso espero... Pero quien tiene hijos, supongo que deseará que puedan tener un ciclo vital medianamente digno, con algo de esperanza). No sólo porque hemos sido nosotros los responsables de que se esté rompiendo. Sino porque, si queremos que haya un par de generaciones de humanos (y otras especies) más, hay que ponerse manos a la obra YA.

No es activismo, es instinto de supervivencia.

Eso, egoístamente.
Pero es que, además, no tenemos ningún derecho a disponer y torturar vidas ajenas. Ni de otros humanos, ni de ningún animal ni planta. Pero eso no nos entra en la cabeza, de puro superiores que somos. Nos hemos creído los dueños, los únicos con derechos. Y así nos va.

O cambiamos la actitud, o nos vamos a la mierda.
Allá nosotros.
La pena es que haya especies que estén pagando que, hasta ahora, esa decisión la hayamos tomado incorrectamente.



Cambiando un poquito de tema, un fallo grande que le he encontrado a la edición es que no está editado (o al menos no lo especifica) en papel reciclado / ecológico.
Se debería haber cuidado este "detalle".

jueves, 16 de enero de 2014

Ácido sulfúrico

Nueva sacudida. Salvo con "Biografía del hambre", en distintos grados cada libro que he leído de Nothomb ha sido un zarandeo mental.

Éste no es el primero en el que, con la excusa de una historia aparentemente lineal, toca temas de lo más variopintos, la mayoría de ellos, de los que nos afectan de cerca al
común de los mortales. 
Algo así como Carmen Martín-Gaite pero a lo bruto.

De hecho, en "Ácido sulfúrico" se explaya.
La historia en sí habla de "Concentración", un reality-show bastante radical, con unos límites demasiado amplios. Recrea un campo de trabajos forzados nazi. Para que resulte más creíble, los "concursantes" no lo son voluntariamente. Y las penas de muerte son reales. Los vigilantes, llamados aquí kapos, sí están allí voluntariamente.
Es el experimento de Milgram llevado a televisión.
No hay duda de que el poder emborracha. Nos hace sentirnos superiores. Un humano superior a otro. Un humano "vale más" que otro. Qué estupidez ¿verdad?
Como no podía ser de otra manera, bate récords de audiencia.

Incluso los espectadores tienen aquí un papel. No únicamente pasivo, que ya de por sí plantea un dilema moral: ¿ver este programa? ¿colaborar aumentando su audiencia? ¿ser capaz, incluso, de disfrutar viéndolo?
Así que, ¿quién es más responsable moralmente de la existencia y del éxito de este programa? ¿Los espectadores por verlo? ¿Los organizadores por idearlo y producirlo? ¿Los que participan voluntariamente como kapos, cámaras o realizadores? ¿El Gobierno por permitirlo?
Obviamente hace referencia exagerada a los realitys tipo Gran Hermano, incluso a ciertos programas "rosas". ¿Quién es el culpable del éxito de estos programas? ¿Quién el responsable moral último? ¿Quizá "la mayoría silenciosa" que no hace nada por impedir que ocurra, que, aunque horrorizada por lo que ve, se sienta delante de la tele?

Pero en estas no llega a 200 páginas la autora toca, también, otros temas peliagudos. Buena parte de ellos relacionados con "la culpa". ¿De quién es?

A pesar de datar de 2005, las referencias a la crisis económica, política y, según algunos, también de valores que nos está azotando actualmente está omnipresente en este libro. O quizá es que yo lo he querido ver así, estoy condicionada.
Las palabras con las que empieza han traído a mi mente esta situación, en concreto me han hecho pensar en la polémica Ley Mordaza:
"Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo.
No era necesaria ninguna cualificación para ser detenido. Las redadas se producían en cualquier lugar: se llevaban a todo el mundo, sin derogación posible. El único criterio era ser humano".

Algo que también está entre líneas aquí es la posición en la sociedad de cada uno: ¿Quién es el fuerte? ¿Quién el débil? ¿Depende de dónde te toque? ¿De tu actitud? ¿O hay algo más?
¿Somos lo que somos en nosotros mismos, o si nos sacan de nuestro entorno, de nuestra zona de seguridad, no somos así?
De hecho, otro de los dilemas planteados es el voto cualitativo: ¿debe valer más el voto de alguien con más formación, o el de alguien que aporte más -dinero, actividad- al conjunto social, o el de alguien poderoso, o...?
¿Quién es el culpable de nuestro comportamiento ante una situación moralmente complicada? ¿El sistema "creador" o el individuo "creado"? "Nos comportamos así porque la sociedad, el mundo es así". Muchas veces ni nos planteamos que podríamos salirnos del redil y actuar, no como se supone que se actúa en este mundo, ni siquiera como marca (cada vez más estrictamente) la ley, sino como nuestra moral nos dice que deberíamos hacer.

"Presos" y "kapos" se enfrentan a algunas situaciones que plantean este dilema. Ante ellas, pueden agachar la cabeza y pasar desapercibidos, haciendo "lo mismo que los demás", tirar de egoísmo y que cada cual pelee su supervivencia (la ley del más fuerte) o comportarse solidariamente. Pero, ay, esa solidaridad... también puede ser interesada. Una cosa es la solidaridad así, en general "con los niños de África". Otra, la solidaridad con el vecino. Nos motiva más (o menos, depende de la relación entre ambas partes) ayudar a alguien con quien tenemos relación, echar un cable al vecino es menos etéreo que donar 5€ al mes a una ONG (solución mucho más fácil y cómoda, por otro lado) y que ellos se encarguen. ¿Es esa solidaridad, en cierto modo, interesada? ¿Si no conociéramos a esa persona, pero supiéramos de sus problemas, y estuviera en nuestra mano echar un cable, la ayudaríamos igualmente?
Si esa persona en apuros no es consciente de que podemos ayudarla, no nos ve ¿también lo haríamos?

Y, hablando de culpas y moral, no podía faltar el tema teológico... Como dice la autora: "Sería fácil ser Dios si el mal no existiera, pero entonces tampoco habría ninguna necesidad de Dios".

Tampoco podía faltar el tema amoroso, romántico. Hablando de amores, de relaciones humanas, de prisioneros y kapos... también podemos plantearnos, ante ciertos pasajes de esta lectura, preguntas acerca de la naturaleza de la naturaleza del "amor verdadero", sea lo que sea eso.
El amor, de alguna manera, también te convierte en prisionero. Las relaciones sentimentales, al menos la mayoría de las que mantenemos en la sociedad tal como está ahora mismo, llevan implícito un alto grado de posesividad. El amor mejora tu vida, incluso en ciertos casos le da sentido (¿el amor o la persona amada?), te da muchas cosas... Entre ellas, una estupenda ceguera.

He dejado para el final de este ladrillo (casi estoy escribiendo yo más que la propia autora, me parece que me he liado...) mi tema predilecto entre los que ha tratado: el poder de las palabras.
Cómo una palabra puede cambiarlo todo. La palabra elegida, la dicha o la omitida, el momento y el tono en que se diga... Nos condicionan, indudablemente.
Incluso las palabras pueden cambiar cómo nos sentimos, cómo nos relacionamos con nuestro entorno. El tuteo puede implicar confianza o desprecio. Al llamar a alguien de usted, puede que estemos expresándole respeto o temor.
Incluso nuestro propio nombre. Un amasijo de letras, de sonidos, que nos resumen, incluso nos definen. Lo sentimos como si fuera nuestro y, a la vez, cada individuo fuera ESA palabra. Cuando alguien la pronuncia, nos evoca. Cuando nos despojan de él, nos sentimos perdidos. Lo dice fantásticamente la autora, que para eso es La Nothomb: "Habitar unas sílabas que forman un todo es uno de los asuntos más relevantes de esta vida".

En fin: recomiendo enfáticamente la lectura de "Ácido sulfúrico", ya sea de la historia que cuenta (muy entretenida) o de los blancos del interlineado (brutales). Aquí he intentado no hacer ningún spoiler, aunque, como se ve, lo importante en este libro (como en tantos otros) para mí no ha sido el argumento en sí, sino lo que te hace leer. Aunque no esté escrito.


Hay que ver lo que me gusta complicarme. Con lo fácil que hubiera sido, simplemente, disfrutar con la breve lectura sobre un programa de televisión.

PD: Otra collejita a Anagrama por las erratas. En este aspecto, irónicamente, son incorregibles.

miércoles, 15 de enero de 2014

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

Bajo este título podrían, fácilmente, estar varios relatos de humor. Pero nada más lejos: son 20 historias, 20 tristes historias reales, de pacientes con enfermedades neurológicas de todo tipo.
No es, por tanto, un libro de ficción. Tampoco es una lectura triste, ni dramática: el acertado enfoque que le da es optimista y hasta simpático en algunos casos. Simplemente son historiales médicos redactados de forma que cualquiera pueda comprenderlos e implicarse en ellos, como en un relato cualquiera.
Quizá yo los he leído con más interés no sólo porque el tema de siempre me ha atraído (las maravillas de nuestra mente, y hasta dónde puede conducirnos un ligero, milimétrico fallo), sino por los efectos a este nivel que han tenido en mí diversos tratamientos. Os aseguro que da mucho miedo, ya no sólo hasta dónde te puede llevar si evoluciona, sino "quedarte así", simplemente.

Me ha gustado el trato que les da el neurólogo - autor: con cariño, con respeto y ante todo con interés por buscar un tratamiento y que éste tenga las mínimas repercusiones posibles en el paciente (sí, se ve que existen...).

Resalto una cita de Nietzsche que menciona en una de estas historias, una que habla acerca de un paciente con síndrome de Tourette: "He atravesado varios géneros de salud y sigo atravesándolos. Y en cuanto a la enfermedad: ¿no nos sentimos casi tentados a preguntarnos si podríamos arreglárnoslas sin ella? Sólo el gran dolor libera de verdad el espíritu."

Pero la parte que más me ha gustado, por el delicado trato que le da, es la cuarta, la que dedica a lo que él llama "El mundo de los simples". Es decir: los "idiotas", "tontos" o "subnormales" para mucha (demasiada) gente.
A pesar de que el autor reconoce que en un principio le producían cierto rechazo (¿condicionamiento social?), tras tratar con ellos (que suele ser el tratamiento en la mayoría de los casos... no para los "simples", sino para quienes les considera, despectivamente, "subnormales") se dio cuenta de que, a pesar de sus limitaciones (¿quién no las tiene?), tenían áreas en las que podían aportar mucho. Muchísimo. Llegando a ser artistas en algunos casos.

martes, 17 de diciembre de 2013

Leo porque...

En algunos de los blogs que sigo se ha establecido, últimamente, la moda de publicar respuestas a este "cuestionario".
No suelo dar bola a estas cosas, pero en este caso haré una excepción: me ha parecido divertido e instructivo (he sacado varias ideas y conclusiones leyendo las respuestas de otros blogueros).
Como mi forma de administrarme la pila es bastante extravagante, más que "leo un libro porque" es "meto un libro en la cuenta atrás de mi pila porque", salvo excepciones de estado anímico o publicación reciente en castellano de algún Pratchett.
Si alguien más se anima, que me avise, que quiero seguir curioseando.
Leer un libro porque está de moda y, si todo el mundo lo lee, será por algo: 
Diré aquí la trilogía "Millenium". No lo compré yo, sino que fue el premio de un concurso. No me atraía mucho (suelo poner en cuarentena a los top ventas), e iba retrasando y retrasando su inclusión en la cuenta atrás. Un día me decidí (tras varias opiniones favorables de gente en cuyo criterio confío). Pero no... Aún tengo por leer el 3º.


Leer un libro porque es un clásico que no se puede dejar de leer:
Aquí hay muchos que puedo incluir. Pero voy a decir "Los 3 mosqueteros", de Dumas. Por lo mucho que me gustó, y porque me llevó a no parar hasta leer "20 años después" y "El vizconde de Bragelonne". De hecho, aunque no suelo releer (sería indecente, con la pila que tengo), no creo que tarden en volver a pasar por mis manos. 


Leer un libro porque alguien te dice "Como estás deprimido, te va a gustar esto":
Buf. Jejejeje... tosecillas nerviosas... Como soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, hace muchos años que no hago caso de estas recomendaciones...
A pesar de haber descubierto a mi autor favorito por este medio. En una etapa en que estaba hundida y llorosa, macabra perdida pensando todo el día en la muerte, alguien me regaló "Mort". Grandísimo acierto. 

Leer un libro porque le quieres dar otra oportunidad:
Sin duda, "El Hobbit". Me lo regalaron en mi 7º cumpleaños y no entendí ni el primer párrafo. Al juntarme después con algún que otro friki (puntualmente, no suelo rodearme de gente rara...), me insistieron y pensé que lo mismo no estaba tan mal...
No es que siga sin entenderlo, pero no me gustó. Y la película, menos aún. 

Leer un libro porque es fácil:
Aquí sí ha habido algún "salto de pila". En algunos momentos en que tenía la cabeza como una olla exprés, y el siguiente libro que me tocaba por orden de pila era espeso, he seleccionado algo de chick-lit o alguna recopilación de artículos ligeritos, mientras recargaba las pilas mentales para enfrentarme a algo con algo de contundencia. 

Leer un libro porque lo leen tus hijos:
Sustituiré aquí "hijos" por "hermana pequeña", para no dejarlo en blanco.
Se leyó, allá por el 2006, "La piedra de toque", y le gustó tanto que me lo recomendó y prestó. Y, la verdad, me gustó mucho. 

Leer un libro porque te lo regalan:
"Leonor de Aquitania". Una amiga hizo limpia de biblioteca, y me tocaron bastantes (¡gracias, Natalia!). Éste en concreto me gustó mucho, descubrí un personaje histórico al que no conocía y que me pareció muy interesante. 
Por lo general, cuando alguien me regala un libro, me pregunta antes o elige alguno de mi lista de deseos, así que no se puede considerar "espontáneo" si lo he elegido yo previamente...

Leer un libro porque te empeñas:
Cualquiera de Virginia Woolf. Aún así, tengo alguno a medias, porque me cuesta, me cuesta... 

Leer un libro para poder discutir con conocimiento de causa:
Creo que nunca he leído por este motivo.
Quizá podría incluir aquí la colección que estoy haciendo ahora, "Great Ideas". Pero están todos en pila, salvo las "Confesiones de un pecador". 

Leer un libro que te recomienda alguien que puede llegar a gustarte:
Hum... hace años, "La dama del alba". Otro acierto. 

Leer un libro porque es el favorito de tu pareja:
Aquí no puedo poner mucho... alguno de Ciencia Ficción quizá. Por ejemplo "Crímenes bestiales", pero no se puede decir que sea su favorito. No coincidimos mucho en este aspecto.

En general, no elijo los libros en función de estas cuestiones, pero alguno ha caído así, como yo misma he podido recordar rellenando este cuestionario. 
Ha estado bien.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Confesiones de un pecador





Es con lecturas como ésta cuando te das cuenta de hasta qué punto fomenta los prejuicios la educación que, por lo general, recibimos.

Evidentemente, en este libro nos cuenta San Agustín, en primera persona, su "cambio para bien". De ser un joven "crápula" pasó, gracias en buena medida al afán de su madre, al cristianismo más radical, llegando a ordenarse sacerdote y dedicar su vida, su obra y sus pensamientos a su Dios. Su Dios, que viene siendo el mío. El de muchísima gente.



Y por eso esto no nos extraña, y de hecho lo vemos "bien".
Pero, si en lugar de ser el Dios católico al que consagra su vida, es a cualquier otro de los muchos en los que puede llegar a creer la gente de este planeta loco, lo veríamos como lo contrario: un drama (¡está atrapado por una secta! ¡le han lavado el cerebro!) o incluso una enfermedad psiquiátrica (¡delira! ¡se ha vuelto completamente loco!). Por eso me duele no haber podido tener una lectura objetiva. Mucha gente no creyente, o educada en otras creencias, tampoco tendrían esa objetividad: lo verían directamente como algo malo, en lugar de automáticamente bueno. Probablemente.
Debe ser difícil dar una educación (en la familia, en la sociedad y en el colegio) neutral. Pero supongo que la sociedad mejoraría muchísimo si se lograra.

Algo que ha llamado mi atención en este libro es la similitud de discurso, en algunos puntos, con otras creencias.
Por ejemplo, una de las frases, algo así como que alguien "estaba lleno del Señor", es algo que he oído a algunos evangelistas.
Pero lo que más me ha divertido ha sido la de vueltas que le da San Agustín al concepto "tiempo". Llega a la conclusión de que el tiempo no es que no exista, sino que no existe como tal, por sí mismo: es una de las creaciones del Señor.
No hace mucho leí un libro que mucha gente toma a mofa: "Lo que los animales quieren que sepamos". En él, a parte de tratar el tema de la comunicación con los animales vía telepática, habla de todo un sistema de creencias. El mensaje es muy bonito, en el fondo.
Uno de los conceptos en que insiste Dawn Brunke, la autora, respecto a esta ideología, es que el tiempo no existe en realidad. La coincidencia de ambas, al menos desde el punto de vista de San Agustín, me resultó muy curiosa (¿qué puede tener que ver el cristianismo con creer en las energías, o como pueda llamarse esta creencia? En la base... sí, más o menos pueden parecerse. Pero enfrenta en un debate ideológico a un católico con un comunicador animal. Puede ser divertido). Habla también, por supuesto, de la próxima vida (Dawn Brunke defiende la teoría de la reencarnación). Una de las preguntas que se plantea es "¿Y qué es, Señor, lo que quiero decirte, sino que no sé de dónde vine yo a esta vida mortal o muerte vital?".
Bueno, quizá una creencia se base en la otra... Con radicales modificaciones, claro.

Una de las expresiones que más me han alucinado ha sido la demostración de su conocimiento del futuro (o, visto desde otro punto de vista, su increíble ego): hablando de sus escritos, los define como una narración que ha de aprovechar a muchos predicadores. Para pensarlo.

Para finalizar, una anécdota: durante la lectura de estas Confesiones, se ha dado una coincidencia que me ha dejado un poco... turbada. En los días que me ha durado el libro, vimos la película que adapta "El Monje", protagonizada por MI Vincent Cassel. En ella, interpreta al Padre Ambrosio. Curiosamente, esa misma noche, San Agustín me habló de la importante influencia que tuvo el Padre Ambrosio, un obispo al que conoce en Milán, sobre él. Será tontería, pero me dio mal rollito...

lunes, 21 de octubre de 2013

Luciérnagas

Ana María Matute es una de mis autoras favoritas. Especialmente, cuando habla de niños. A pesar de su edad (ha cumplido 88 años, si no me equivoco) tiene más fresca que muchos adolescentes a su niña interior, y recrea el mundo en el que vivimos en ciertas edades con tanta exactitud que no puedes evitar que te traslade a tu propia infancia, a cómo sentías y pensabas... Es como una Tardis, pero personal.


En "Luciérnagas", sin embargo, no habla de niños. Los protagonistas de esta dura historia son jóvenes, a partir de 16 años. Y, por el momento que viven (la historia que aquí cuenta dura los 3 años de Guerra Civil española), si conservaban algo de inocencia, desaparece bruscamente.

Y eso que los personajes principales no saben de qué va aquello. No saben quién pelea contra quién, ni por qué. Sólo saben que tienen miedo, que hay gente (alguna muy cercana a ellos) que muere, que les matan. Saben que hay hambre, penurias. Pero no por qué.
Hubo muchos muertos en aquella guerra. Pero en esta historia habla de las víctimas. Para mí, más víctima es quien estaba allí, simplemente, y le pilló en medio y sufrió sus consecuencias, que quienes murieron defendiendo uno u otro bando (desde luego, no me refiero a los que lucharon obligados, que fueron muchísimos). Quizá esto levante alguna ampicha, pero... así lo pienso.
Esto me ha llamado mucho la atención: a pesar de que la literatura sobre guerras no me gusta, si leo algún libro relacionado con ello intento que sea ensayo (que no profundice demasiado en motivos políticos o ideológicos: no me los creo, ni tampoco en asuntos técnicos o estratégicos) o, como en este caso, relate la parte "humana". Cómo lo vivieron quienes allí estuvieron, qué pensaban, qué sentían, qué les movía a hacer una u otra cosa. Suele interesarme más la parte "sociológica" o "humanista" (no sé muy bien qué término sería el correcto) de todos los grandes acontecimientos de la historia (me cuesta llamar a una guerra "gran acontecimiento", me cuesta) que otros aspectos más técnicos.
Sin embargo, en todo lo que había leído hasta el momento acerca de la Guerra Civil, uno de los bandos figuraba como el "bueno" y otro como el "malo", con mayor o menor descaro. Aquí la autora consigue una objetividad cristalina, su punto de vista no se inclina hacia unos ni otros. Es curioso que alguien que vivió aquella guerra consiga esta objetividad, pero personas de mi generación, que nacimos casi 50 años después de su fin, no sean capaces.
Como decía al principio, su contacto con su niña interior es mayor que la de muchos adolescentes; añado a este "don" el de poder ser objetiva en un tema tan espinoso.

"Luciérnagas" es, por tanto, una historia dura, triste. Hay poco lugar para la ilusión.
Pero me ha maravillado el retrato de la parte que más me interesa: los miedos, las dudas, las inquietudes, de algunas de sus víctimas.

martes, 15 de octubre de 2013

Lolita Butterfly


Tenía que pasar. En algún momento tenía que tropezarme con Lolita Butterfly y hacerme su fan incondicional.

Esta fashion victim de 8 años, que sería la sobrinita ideal de Carlos García-Calvo (sería algo más ideal para ella que para él, probablemente), me ha cautivado.
A pesar de su edad, lo tiene muy claro. ¿Qué va a hacer con su vida? Pues ser I-DE-AL. Por supuesto.
Y lleva muy buen camino, todo hay que decirlo.

Las tiras son muy divertidas (e instructivas, por supuesto), ligeras, con bastante crítica irónica hacia el mundo fashion y, ante todo, a sus "fieles seguidores" o "meros imitadores". Por ellas pasean (con estilo) Lolita, su amiga Maripec, su amigo Gigi, su madre, su abuela...




Y, como he dicho muchas veces, a mí no me gustan los niños. Pero, si me dijeran que, si tuviera una hija, me saldría como Lolita Butterfly... ¡¡ME LIGABA LAS TROMPAS!! ¡Seguro que metía mano en mi armario, y eso sí que no!

Miroteando para hablaros de ella aquí, he visto que tiene incluso un blog, muy divertido también. Y web oficial, por supuesto.

Así que me declaro oficialmente enganchada a sus historias.

Hace unos días también terminé la lectura de "Te vestiré como una reina", lectura que recomiendo, desde aquí, encarecidamente a Lolita (a los demás no mucho, la verdad...). A parte del ya tradicional abuso de extranjerismos que le dan un aire "cool" (o eso piensa el autor), es más de lo mismo: diseñadores, royals, VIPs y presumir de apellidos de familia y relaciones con "lo más granado de la sociedad". Es una lectura curiosa, se aprende algún detalle, pero no imprescindible (¿a que jamás lo hubierais pensado?).

Eso sí: después de haber leído en una misma semana a Carlos García-Calvo y a Lolita Butterfly, a ver quién me aguanta los próximos días...

El guardián entre el centeno

Estoy bastante enfadada. En serio. No entiendo cómo he podido ir relegando esta joya durante tanto tiempo. Por qué dejé que la pereza, ante lo que me parecía que podía ser una lectura densa (los prejuicios, como siempre, haciéndonos cagarla), me haya hecho tardar tanto en disfrutar este imprescindible.

Con ese prejuicio que iba, empecé la lectura como estoicamente, con un suspiro, algo así como "bueno, vamos a por ello". Y no pude parar de leerlo durante horas, sorprendidísima. La historia en sí, si nos ajustamos sólo al argumento, está bien: un chico de buena familia, de Nueva York, se enfrenta al fracaso escolar y sus consecuencias. Su personalidad irresponsable no se manifiesta sólo en su dejadez ante los estudios. Intenta "ser mayor", como casi todos los adolescentes, pero se le va un poco de las manos. Además, su carácter, bastante paranoico, le hace rechazar todo lo que encuentra: sus compañeros de internados varios, los colegios en sí, los profesores, la mayoría de las personas con las que se encuentra cuando toma la loca decisión de huir... Es un chico, evidentemente, con problemas de adaptación a todo.

Pero su verdadera maravilla reside en la narración: en primera persona, Holden nos hace partícipes de su aventura, de los problemas que ha ido teniendo a lo largo de sus 16 años (escolares, familiares y personales), con su propio estilo, sin prescindir del vocabulario y las muletillas de un adolescente de aquella época. Estas páginas son su narración, es decir: se ciñen a su punto de vista, a su concepción de cómo son las cosas.

No sé por qué tenía la seguridad de que tenía película, pero parece ser que no (aunque he leído que en 2010 dijeron que iban a adaptarlo). Desde luego, llevar a la gran pantalla esta historia no es difícil. Lo que tiene que ser imposible es transmitir lo que compone su encanto real: su vocabulario, su monólogo, su ritmo. Quizá algún genio lo consiga, pero desde mis limitados conocimientos e imaginación, creo que la historia debería quedarse para ser leída.
Eso sí, TIENE que ser leída.

domingo, 13 de octubre de 2013

Memorias de una viuda

Lo bueno de cenar con gente interesante es que, además de divertirte, sueles volver a casa con nuevas ideas para tu pila (de libros, de series, de películas, de museos, de ciudades...). Lo malo, es la duda que siempre pende sobre mi cabeza: "Vale, me lo recomienda porque a ella le ha encantado, pero el nivel cultural de esta persona está a años luz del mío. ¿Lo sabré disfrutar yo? Es más ¿Lo entenderé?"

Borricota de mí, nunca había oído hablar de Joyce Carol Oates. Después de conocerla y haber leído este libro de memorias, me parece imperdonable.
Pero ya se está solucionando. Creo que me atreveré con algo de su ficción pronto.

El título nos da una buena pista del argumento: la autora enviuda, y plasma en estas páginas en qué se convierte su vida a partir de ese momento.

Puede parecer muy trágico, muy "melodramático", pero es algo real, por lo que una inmensa mayoría del mundo ha pasado o pasará.


De hecho, la tristeza está presente. Pero lo que he percibido (aunque es posible que no haya llegado a entenderlo bien, como decía al principio) es más una "tristeza-vacío", que una "tristeza-drama-desolación".
Por supuesto que llora, que sufre... Eso es lo lógico y normal. Pero, al expresar cómo son sus días, da la sensación, más que de desconsuelo, de estar perdida en un mundo desierto e inmenso. Cada uno afronta las cosas de una manera.
Pero me parece admirable (a mí, que no he pasado por ello) cómo, a pesar de su tristeza, de su sensación de pérdida, sigue adelante, va reponiéndose poco a poco, con muchísimo esfuerzo, a la tragedia, y consigue mantener una cotidianidad: comer, socializarse, seguir con su trabajo, hacer los innumerables trámites que el fallecimiento de un marido conlleva.
Tiene el impagable apoyo de muchos amigos (no todo el mundo tiene esa suerte), un trabajo que puede ayudarla a evadirse (o exorcizar al basilisco que la acosa desde el fondo de su mente), su "supervivencia económica" no está amenazada por la pérdida...
Pero, a pesar de todo eso, resulta muy duro.

Hay cabida, como no podía ser de otra manera, a muchos recuerdos, que nos esbozan cómo ha sido su matrimonio. A mí me ha parecido demasiado feliz, pero es lo que pasa cuando pierdes a alguien (por muerte o ruptura): de repente sus defectos se evaporan. Le echas terriblemente de menos. Y claro, añoras todo lo bueno que tuviera, no sus "puñeteras manías"...
De hecho, se da cuenta de que, tras 47 años y 25 días de matrimonio, en el fondo no conocía del todo a su marido. Y ése es el mayor drama.

Algunas frases de este libro se me han quedado en forma de "espinita mental", pero hay una, un "consejo-ánimo" que le da una amiga, que me ha dejado patidifusa... Es muy bruto, pero está cargado de verdad. Esta amiga sabía de qué hablaba, ya que ella también es viuda. Joyce y Ray eran un matrimonio feliz y muy apreciados en general. Y esta amiga, tras el pésame, le dice: "¡Sufre, Joyce! Ray lo merecía". Brutal.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Se llamaba Luis

La ventaja de los cuadernillos "Mini Letras" es que te permite leer algo cortito de autores que, si no conoces, son un buen aperitivo para decidir si te metes en algo más extenso con ellos o no les das otra oportunidad.

Con "Sólo pienso en ti" decidí que quería leer más, mucho más de Marina Mayoral. Y ya me he puesto a la tarea.

"Se llamaba Luis" es la historia de un joven drogadicto, seropositivo. Su originalidad reside en la forma en que te presentan su historia: no se sabe hasta bien avanzado el libro, pero Aurelia, la dueña de la casa donde trabaja limpiando la madre de Luis, decide contar su historia, a través de las historias que le van revelando diversos personajes de su entorno: su madre, sus hermanos, sus cuñadas, sus hijos...

Cada capítulo es un punto de vista.
Empieza con el más extenso: Rosa, la madre de Luis, habla de sus 4 hijos, su matrimonio, su vida... Divaga, centrándonos en el marco en que ha crecido y vive Luis, poniéndonos en antecedentes. Así podemos hacernos una idea (es inevitable: cuando alguien cae en esta tragedia, siempre se busca una explicación, un motivo... La desgracia que le ha hecho preferir una muerte lenta y muy jodida).
Pequeño inciso: respecto al tema drogadicción, hay algo que nunca he sido capaz de comprender, y es el aumento de enganches en situaciones de crisis como la que vivimos en este momento en España. Hasta el más necio sabe que, aunque te ayude a evadirte momentáneamente (no lo sé, no he probado el caballo, pero es lo que dicen), a la larga no es que sea muy bueno, y además es difícil salir de ello. Para colmo, económicamente es la ruina del drogadicto y su entorno. Y hay mucha (demasiada) gente que, para evadirse de esos problemas económicos y sociales, se da a la heroína. ¿Por qué?

Bueno, continuando con el libro, no hago ningún spoiler que no haga el título al decir que el último testimonio (eso sí: mejor no diré quién es, pero resulta bastante dramático) habla de él ya en pasado. Todos los anteriores hablan de un Luis aún vivo, aunque casi todos lo lamentan: es un muerto viviente.

Como lectura me ha gustado, por cómo está tratado (sin artificios ni más melodrama que la propia situación, que ya es bastante), y por cómo escribe la autora. Definitivamente, tengo que leer más cositas suyas.
Sin embargo, no me parece lectura juvenil, al menos no para menores de 15 años. Está editado por Anaya, dentro de la colección "Espacio abierto" (es decir, juvenil), pero no estoy segura a partir de qué edad recomiendan esta colección. Es un libro que regalaría a alguien de mi entorno, pero como digo, no menor de 15 años (y aún así, en algunos casos no menor de 17...).

jueves, 26 de septiembre de 2013

Me vestiré de medianoche



Para terminar la trilogía de Tiffany Dolorido y la saga de los Nac Mac Feegles, Pratchett ha salido con una novela redonda. Con un final redondo, de esos que no siempre se le han dado muy bien.
Aquí lo borda.

Tiffany ya ha crecido y se ha establecido como bruja de la Caliza.

Por si eso no fuera poca tarea, un ser de otra dimensión y otro tiempo, movido por el rencor y servido por la mentira, viene a darle aún más quebraderos de cabeza. Además, en una época en la que le viene fatal: hay una muerte, con su funeral, y una boda del barón con una tal Leticia un poco bruja (¡¿¡!?!) y una futura suegra también brujeril, pero sin magia ni escoba (¡sobre todo sin escoba, por Om!).

Es una historia divertida, aunque no desternillante. Me ha parecido muy, muy buena, me ha encantado. Como me encantaron los anteriores libros de Tiffany Dolorido, "Un sombrero de cielo" y "La corona de hielo".

Como en buena novela sobre jovencitos, protagonizada por una jovencita, hay cabida para tratar sentimientos y preocupaciones que nunca antes habían sentido. No sería muy realista si no. ¿Mundodisco? Bueno, aceptable... ¿Magia? ¿por qué no...? ¿Los Nac Mac Feegles? Eso ya es más raro, pero algún ejemplar habrá... pero ¿Quinceañeros sin hormonas? Eso sí que sería descabellado e increíble.

Ha habido un momento durante la lectura, cuando describe al monstruo al que se tiene que enfrentar en esta ocasión, el Hombre Astuto, que no he podido evitar acordarme de Paulo Coelho en "Aleph". Demasiadas similitudes. Pero el copyright de ambas es de 2010... hum... Así que siempre flotará esa duda sobre mí.

Hace mucho, mucho tiempo, en un foro sobre Mundodisco, periódicamente se repetía la pregunta "¿Con qué novela empiezo?". Creo que Tiffany Dolorido es la respuesta definitiva, y la edad para la que está indicada la correcta. Pero he tardado en descubrirlo.

martes, 24 de septiembre de 2013

Las catilinarias

Hace un tiempo, en uno de mis posts sobre Miss Historias (no recuerdo cuál), hablaba de las maldiciones que me habían echado mis hadas madrinas. Entre ellas, la que más me complica la vida es la educación. Y sobre ello, entre otras cosas, se detiene este libro. ¿Hasta dónde nos puede llevar, a los malditos con la educación y el respeto hacia los demás, cruzarnos con una persona (con suerte sólo una) que ni tiene educación ni respeta? ¿Dónde está nuestro límite? ¿Somos capaces de hacerlo respetar?

Ya he comentado dos casos similares que, hace no demasiado, me han afectado en este sentido (Gabriella: desde aquí te pido clases particulares para hacer respetar mi tiempo y mi espacio). Personas que entran en tu vida y, aprovechando esa educación, esos modales, toman posesión de tu casa, tu tiempo y sobre todo de tu paciencia (que se agota inevitablemente).

La mayoría somos vecinos, y tenemos vecinos. Cuando ambas partes están en el mismo "bando eduacional" todo se mantiene más o menos en equilibrio. Es cuando cada uno pertenece a un bando diferente cuando vienen los problemas. Y esos problemas siempre son para la persona educada.

Los textos de Amélie Nothomb suelen resultarme tremendamente empáticos: tiene facilidad para tocar la tecla emocional que se proponga con sus palabras. Leyendo sus libros, puedes sentir alegría, amor, egoísmo extremo, desesperación... En este caso, presiona varias.
Durante la primera mitad de esta breve narración te exaspera. No me ha resultado difícil dejarme llevar por los sentimientos de Émile, uno de los protagonistas, ante las visitas de un vecino pesado, maleducado y desesperante. Quizá en esta ocasión lo ha tenido fácil conmigo: no ha necesitado que me meta en el personaje, con hacerme recordar ciertas situaciones (afortunadamente zanjadas) me ha puesto de los nervios.
Un vecino autoinvitado que invade la intimidad de los nuevos habitantes de la casa de enfrente (elegida, curiosamente, por su lejanía del mundanal ruido para pasar sus últimos años tras la jubilación), una visita molesta y maleducada, voluntariamente insensible a las indirectas. Y un involuntario anfitrión incapaz, por educación, de mandarle al guano o, simplemente, hacer respetar su espacio.

Hacia la mitad de la historia Émile y Juliette, su mujer, reaccionan: resulta muy divertida la escena de la cena de vecinos.

Y a partir de ella se empieza a comprender el por qué del carácter del "verdugo" (como ellos le apodan). Conocen su realidad, y casi hasta le comprenden... si no fuera porque no sólo es verdugo de sus vecinos.
La bondad (por fondo y porque les han educado en ella) de este matrimonio les lleva a entrometerse en una situación ajena, como antes se metiera el vecino en su casa. Y a actos bondadosos, pero crueles.
Y hasta aquí puedo leer sin hacer demasiado spoiler.


Este libro no sólo me ha dado material sobre el que reflexionar (como todos los de la autora, por inverosímil que sea el argumento), sino que me ha dado ideas, herramientas para afrontar y gestionar posibles situaciones similares en las que puedo volver a encontrarme. Lástima no haberlo leído antes.