sábado, 13 de octubre de 2012

El Apagón

Bueno, pues otra vez al Alameda anoche... a ver si sacan la tarjeta de fidelización pronto y me dan puntos para una Coca-Cola y esas cosas que nos hacen ilusión a las coleccionistas de tarjetas fidelizatorias.

"El apagón" es una obra divertida, una comedia de enredo con un tipo de humor simplón, muy "Benny Hill". Es decir, humor del de desconectar el cerebro, olvidarse de preocupaciones, complicaciones ni complejidades argumentales y reírse. (Había un señor un par de filas detrás de nosotros que debió estar al borde del infarto por carcajada. Le iba a dar algo.)
A mí no es el tipo de humor que más me gusta (soy algo especialita y repelente, ya sabéis), pero aún así pasé un buen rato, no me reí de continuo, pero algún punto sí me hizo soltar la carcajada, y ante todo me divirtió el show que montan, y la estupenda interpretación de la que hacen gala.

Uno de los motivos que me movió a comprar la entrada, al leer el argumento, es ver cómo podían hacer entender al público (sin decirlo directamente) que, aunque el escenario estuviera iluminado, ellos estaban en pleno apagón y no veían ni torta: no se veían ni unos a otros. Es algo que desde el minuto 1 queda claro gracias al juego de luces invertidas: cuando se supone que ven, está a oscuras, y cuando se supone que no ven nada, está perfectamente iluminado... cuando se supone que ven un poquitín hay penumbra.

También me parecía interesante ver cómo se supone que actuamos cuando creemos que no nos ve nadie, y ahí la interpretación resulta un pelín exagerada para mi gusto. Debo decir que, salvo el papel del padre de la novia, un militar de mal carácter, que me pareció ya demasiado-demasiadísimo, los personajes están fenomenal, y de ellos destacaría el papel de la vecina, Miss Furnival, bordado por Aurora Sánchez, y el de Harold, interpretado por Diego Molero, que, para mi gusto, ilumina la obra desde que aparece: hasta que llegó su turno de salir a escena para mí la obra no era demasiado divertida, salvo por algún golpe de Miss Furnival... pero desde que llegó Harold, el vecino... mejoró enteros.

Ver a uno de los GRANDES (para mí), Gabino Diego, encima del escenario, también tenía su aquel, y la verdad es que no defrauda nada: está absolutamente metido en el papel, en ningún momento me dio la sensación de interpretación (salvo cuando "se caía" y esas cosas, claro), y eso, para mí, define a un actorazo. Como ya me he soltado, y me he aficionado a saludar a los artistas al final, me hubiera encantado quedarme a saludarle a él, pero tenían otra función una hora después: no procedía.
(Para los que veáis Modern Family: 
Gabino Diego es Luck de mayor... ¿que no?)

La obra dura en torno a una hora y media, y como digo, es un continuo de golpes de humor simplón: no paran en ningún momento.


Bueno, y por petición del público inauguro etiqueta en el blog: Crítica gastronómica.
Y aprovecho que anoche salí para incluirla aquí:
Estuve en un local de Benalmádena que me gusta bastante, por su ambientación y por su carta. La atención es muy buena también.

Se llama "Érase una vez...". Con ese nombre, claro, es ideal para ir después del teatro...

Siempre que voy allí pido la Fideuá "00" al nero di sepia con gambas pil-pil con una copita de buen vino. Y algo más, generalmente, pero ése es "el obligado".

Tienen cocina original y de calidad tanto para picotear como para sentarse a comer "con cuchillo y tenedor" y terminar hartito. La vinoteca es muy buena, y también tienen cocktails, que aún no he probado, pero no será por falta de ganas. Espero no tardar en hacerlo.

Así que, si pasáis por Benalmádena, os recomiendo que hagáis paradita allí.

lunes, 8 de octubre de 2012

El poderío materno

Hay algo que aprendí hace mucho, vi los primeros casos (crueles incluso a veces) en mi propia familia. Las madres, como seres humanos, tienen defectos, y uno de ellos (que no tienen todas, afortunadamente) es disfrutar del placer, la sensación de poder, que debe suponer dirigir los afectos de otro(s) ser(es) humano(s).

Así, he visto muy cerca cómo alguna madre, por inquina personal o simplemente porque no le caiga bien cierta persona (familiar o no) va dirigiendo y manipulando la información que les llega a sus hijos acerca de esa persona, y poco a poco, por más que la otra persona quiera a esos menores y se esfuerce en demostrarlo, va dando forma a lo que piensa (y por tanto siente) el niño hacia el tercero en discordia, y en la mayoría de los casos afectando a esa relación para siempre.
No sé si en estos casos son conscientes de que, quien resulta más afectado, es el niño, no el objeto de su manía personal (aunque sí le pueda doler algo, desde luego). Quiero pensar que el disfrute de la "orientación afectiva" o la manía a la otra persona no se lo deja ver.

Evidentemente, mi opinión al respecto está entre la repugnancia hacia ese comportamiento materno y la pena hacia las dos partes: madre y churrumbel(es).

Una persona que prioriza sus simpatías personales ante el bien y la correcta educación de sus hijos debe andar
bastante tocada por la zona de la autoestima, y desde luego el ser humano que está formando va a cojear más que yo... aunque no se le note al andar.

Esto vuelve a tocar el tema que muchas veces comento: mi opinión de que los padres biológicos deberían superar las mismas pruebas que los adoptivos para poder quedarse con lo que venga.
En casos como éste, probablemente la madre 
no pasara del primer psicotécnico.

jueves, 4 de octubre de 2012

Mi botón "secreto"

Bueno... "secreto"-"secreto" no es... Y desde ya digo que, a quien le guste la idea, la puede copiar sin problema... A mí me resulta práctica.

Todos tenemos gente en nuestra vida que, o no aporta nada, o lo que aporta no es agradable, interesante, productivo... ni positivo en ninguna de sus facetas. Y cada uno decide qué hacer con esas personas, qué puesto darles en su vida: enemigos, molestias, amargura... o hasta disfrute, que de todo hay en la Viña.

Hace ya un tiempo yo activé un botón dentro de mí que cierra compuertas. Cuando me topo con alguien así en mi vida, simplemente presiono y la compuerta se cierra (cuando me lo puedo permitir, claro).

Familiares, vecinos, amigos que desengañan o que simplemente van dejando de serlo, que la amistad no tiene por qué ser eterna...

Me gusta tener la relación más agradable o interesante posible con quien me relaciono, o al menos que esa relación aporte algo: no siempre es el dulce lo que ayuda a crecer. Cuando veo que no es así... a veces lo intento por otro camino, o a veces directamente "cierro compuertas". Según mis ganas, mi interés en la
relación en particular y otros muchos factores.

Que cierre compuertas no implica enemistad, odio, venganza, enfado ni nada. En realidad es exactamente eso: no implica NADA. Ni bueno ni malo. Simplemente, mantengo a esa persona fuera de mi vida (lo más "fuera" que permitan las circunstancias).
Curiosamente, me he encontrado con reacciones algo extrañas: a veces, una vez cierro compuertas, la otra parte me declara la guerra (a la que no suelo responder, ya no me merece la pena), o se dedica a intentar hacerme saltar, Dios sabrá por qué... ¿Qué interés pueden tener en ello? Bah, cosa suya.

Como experta cabezona, suelo tardar en tomar la decisión, a veces tengo que tener delante de mí un póster 3D que enumere los motivos por los que esa persona no me interesa en mi vida. A veces tardo demasiado. Hasta sufro en vano por ser lenta. Pero mis compuertas, una vez cerradas, es dificilísimo volver a abrirlas. Al igual que me cuesta decidir cerrarlas, me cuesta decidir abrirlas. Y si imperiosos tienen que ser los motivos que me lleven a pulsar el botón... mucho más imperiosos tienen que ser los que me hagan cambiar de idea, porque para cerrar compuertas tengo botón, pero volver a abrirlas... tiene que ser a pulso. De hecho, creo que sólo he cambiado de idea 2 ó 3 veces en mi vida.

A mí me funciona, me siento en paz: cuando decido que no me interesa seguir manteniendo el contacto con alguien, no me convierto en su enemiga, ni me peleo, ni me dedico a eternizar la relación puteándonos mutuamente y convirtiéndola en una guerra interminable. Eso supone un desgaste tremendo. No. Cuando veo que alguien no me interesa cerca, cierro compuertas, y a otra cosa, mariposa.

Ah, nuevamente quiero especificar (para evitar malos entendidos debidos a extrañas susceptibilidades) que este post no va dirigido a nadie en concreto. Es un tema del que he estado hablando con una amiga, y me ha apetecido escribir un post sobre ello. No es una indirecta para nadie.
Yo no envío indirectas: 
o digo las cosas directamente, o cierro compuertas.

miércoles, 3 de octubre de 2012

La tienda de los suicidas

Compré este libro con ganas: había leído muy buenas críticas, hubo una temporada en que me lo cruzaba por internet, en revistas, en las librerías... Un exitazo, vamos.
Y no sé si es que está absolutamente sobrevalorado, si es que ha tenido la mejor campaña de promoción del mundo literario, o que yo he subido demasiado el listón (que tampoco me extrañaría: los 3 últimos libros que me he leído no los he comentado por aquí porque me han parecido flojuchos-flojuchos).

En el caso de "La tienda de los suicidas" debo decir que empezaba en un término medio: desde ahí podía subir mucho o bajar
mucho. Una pena que le diera por lo segundo. 

La temática elegida es peligrosa: pocos escritores (que yo haya leído hasta el momento, sólo Terry Pratchett) han conseguido tratar la temática mortuoria con gracia auténtica, el humor negro no es una herramienta fácil, y elegirlo puede hacernos triunfar o fracasar estrepitosamente, no suele dejar indiferente.
En este caso, la idea "base" me ha parecido simpática: con una buena dosis de talento y buen estilo narrativo, se podía sacar algo bueno de ahí.
Pero de estilo narrativo no me ha parecido que vaya sobrado, aunque haya escrito (y publicado) más libros a parte de éste: no suele ser una buena unidad de medida del talento literario... algún autor conozco con casi 10 libros en el mercado que deja mucho que desear...
Y en cuanto al talento... pues bueno: si lo tiene (que puede ser), mientras escribía este libro le abandonó. Quizá después lo haya recuperado, esto del talento va así...

También puede ser que, después de tanta promoción y buena crítica, esperaba muchísimo más de esta lectura. No esperaba un Dumas, ni mucho menos, pero sí algo ingenioso, con más "chicha".
Bueno: otro chasco a la colección.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Mentiras, medias verdades, cuartos de verdad


Conocía ligeramente las viñetas de Eneko (aunque no les ponía nombre), pero no había leído ninguna especialmente buena, casualmente.
Cuando vi este volumen en una tienda, lo ojeé y me sorprendió gratamente: decidí llevármelo.

Lo que más destaca de esta recopilación de viñetas es el nivel tan alto de expresividad que se puede llegar a alcanzar con algunos trazos esquemáticos y un título. Sólo con eso se puede hacer reír, se puede sorprender, se puede hacer una crítica profunda que a otros les llevaría un par de horas de discurso, se puede hacer pensar... Pero hay que tener el talento para saber qué trazos mezclar con qué títulos.



Son viñetas muy agudas, muy expresivas y muy críticas.



viernes, 28 de septiembre de 2012

Más allá de la imaginación

Después de la experiencia de "No vengas solo" debo reconocer que iba con miedito.

Vamos, hasta el punto de que, cuando empezó la función y apagaron del todo las luces, me agarré a la mano de Dani como si me fueran a hacer la cera, o algo.

Pero este espectáculo es completamente diferente, no da miedo, aunque sí intriga mucho. Y, de la forma que tenemos de ser muchos humanos, que vamos "a pillar", pues te fijas, y te fijas, a ver si pillas el truco, porque lo que hace... vamos, tiene que tener truco. Porque la telepatía y esas cosas... no existen, todos lo sabemos, es evidente. Pero claro... con los "trucos" de este espectáculo (¿o son demostraciones de algo...?)
nos demuestra que algo "raro" sí existe... ¿O sólo son buenos trucos?

Es un show muy interactivo, el público participa en buena medida, pero como mucho te pones nervioso, no da miedo ni hace nada desagradable. Eso sí: si os saca, intentad no estar nerviosos, porque eso le complica a él el desarrollo del espectáculo (ayer una de las chicas que participó estaba nerviosísima, y bueno... se notó en el ritmo).

Hay un par de números que me impactaron especialmente, porque ya no se trata de "adivinar" lo que alguien está pensando, o un objeto que esté escondiendo... ya se trata de manipular su mente. Hacer creer a alguien que se le está tocando, cuando ni por asomo, por ejemplo... O hacer que alguien piense en algo a decisión del "manipulador". Me hace plantearme... ¿a cuántos de estos estímulos estamos expuestos cotidianamente sin, desde luego, ser conscientes de ello?

Si en el show que vimos el año pasado salí con el corazón encogido, anonadada, con miedo incluso... de éste he salido dándole muchas vueltas a la cabeza... ¿Cómo? ¿Dónde ha podido estar el truco en este caso? En este asunto quizá tenga un cómplice, o parece que lo había visto antes... Pero en este otro... ¿cómo narices lo ha hecho? ¡No hemos podido ser los únicos que compraran la entrada y que todos los demás estuvieran compinchados! No debe salir rentable, y menos al precio que han puesto las entradas (se agradece, en los tiempos que corren).

Y digo "el show que vimos el año pasado" y no "el show del año pasado" porque, si no me equivoco, va con varios shows a la vez por diferentes ciudades: aquí está (hasta el domingo, creo) con "Más allá de la imaginación", pero sigue representando otros shows, como el "No vengas solo" en otras, en la misma temporada. Eso sí que es un buen truco, y ya no como mentalista, sino como artista, en este caso, sí que me pregunto
¿CÓMO NARICES LO HACE?

Bueno, y para dar un poquito de envidia, diré que después tuvimos el placer de saludarle e inmortalizar el momento:

Qué chiquitita soy, leche...

Espero volver a verle pronto en el Alameda, y con otro show no-de-miedo, 
a ser posible.
Los que tengáis oportunidad, no os lo perdáis, porque se pasa un rato muy divertido, no es una tarde tirada.


domingo, 23 de septiembre de 2012

Estoy traumatizada

Vamos, no es nada nuevo... simplemente, una conversación informal que mantuve ayer me puso delante de los ojos lo que ya sabía... pero me hizo verlo con contundencia.

Todos sabemos que hay "lissstos", caraduras, "malasangres" y hasta malas personas por el mundo. Pero ayer me sentí abrumada al darme cuenta de la proporción que hay de ese tipo de personas frente a lo que yo considero normal, es decir, los que vamos a nuestra bola y, si es posible, no puteando al que nos cruzamos. No se trata de ser santo, ni siquiera buena persona. Se trata simplemente de no ser malo, y menos aún sin propósito secundario... vamos: que puedo llegar a entender al que hace daño a otra persona en su carrera por un objetivo (para algunas personas "el fin justifica los medios"). Pero el simple trolleo, el simple te voy a hacer daño porque sí, porque me ha dado por ahí... No me entra en la cabeza, no soy capaz de comprenderlo. Y la abrumadora cantidad de gente que lo practica me bloquea. "Perturbados" siempre ha habido, pero se supone que son una excepción, y que suelen serlo por algún trauma previo o algo así... pero que tantísima gente se dedique a perder tiempo y energías en hacer mal a otros, sin más propósito que ése, ya no es cuestión de "perturbados", sino, quizá, de sociedad, humanidad perturbada... Y aún así me cuesta comprenderlo.

Ya no me voy a poner a hablar de qué tipo de sociedad estamos construyendo, o destruyendo. No voy a darle vueltas a lo que dejamos a las futuras generaciones (que, francamente, queridos, me importa un bledo). Es que en las distancias cortas esto está tomando tintes guerreros.
Si, cuando me cruzo con mi vecino, en lugar de decir "buenos días" y seguir a mi bola lo que hago es mirarle mal, estudiar su vestuario para luego criticarlo con los demás, ponerle la zancadilla o hasta escupirle (no hablemos ya de si va cargado con bolsas ofrecer ayuda ni duros retos similares... no nos vayamos a los extremos, por Dios)... ¿Qué puedo esperar que haga a cambio? ¿Que se aguante? ¿O que la próxima vez que nos crucemos golpee primero?
¿Qué narices nos hemos creído al comportarnos así?

Definitivamente soy demasiado gilipollas para vivir en una sociedad como ésta, porque no valgo (ni quiero valer) para entrar en ese tipo de juego, pero me rodea, me termina afectando porque los demás sí lo practican conmigo (y, como no se la devuelvo, se divierten más y aprietan, aprietan, aprietan...). Si me dejaran tranquila y se limitaran a jugar con quien les fuera la marcha como a ellos, probablemente se divertirían más, encontrarían sus propios retos... Pero no.

Sólo espero que se cansen pronto de mí para esto. Ya que para otras cosas no están ahí, para este tipo de tonterías podrían ignorarme también... aunque supongo que esto es parte del jueguecito...

Cada día tengo menos fe en la sociedad, en la gente que me rodea...
Y eso es triste para alguien como yo (empiezo a entender por qué cada día hay más sociópatas, es una buena protección ante estas actitudes... Pero para eso tampoco valgo).

...Va a ser que sí me estoy volviendo un poquito loca...