Sigo consumiendo, a sorbitos pequeños y espaciados en el tiempo, esta Joya, repleta de relatos magistrales del gran genio Gianni Rodari.
Es muy difícil destacar, entre tanto bueno, alguno. Dejarse atrás otros puede ser pecado.
En estos relatos se encuentran no sólo historias, sino frases geniales, como por ejemplo "Mientras hacen proyectos para el futuro, cae de nuevo la noche. La noche es así, no hace más que caer; hay que compadecerla" y un poco más adelante, en el mismo relato ("Los misterios de Venecia o por qué a las palomas no les gusta la naranjada"): "Los dos expertos vuelven a la luz. Se alza el alba, que es estupenda alzándose... No ha fallado ni una sola vez desde que el mundo existe". ¡Me encanta!
Pero, de vez en cuando, se supera a sí mismo y te encuentras, dentro de lo bueno, la excelencia.
Fue lo que me pasó con "Me marcho con los gatos", y lo que me ocurrió la otra noche al leer "La muñeca de transistores". Habla de un regalo de Navidad (un tanto mágico, pero eso no es raro en el mundo de Rodari) para la niña Enrica: una muñeca. Pero como digo, peculiar. La muñeca aprende, y en función de ello se comporta. A Enrica le han enseñado a base de regañinas y en una dirección "clásica": las niñas juegan a ser mamás y los niños al fútbol (más o menos).
La muñeca aprende y reacciona. Y los padres de Enrica lo ven. Ven cómo Enrica está repitiendo sus errores al educar a su muñeca, y que la muñeca está saliendo respondona y haciendo tambalearse los principios de esa educación de Enrica. Y... bueno, hasta aquí puedo contar, no quiero destripar aún más.
El caso es que me ha parecido un maravilloso relato sobre la educación, y me apetecía destacarlo sobre los demás. Aunque sea pecado.
sábado, 19 de enero de 2013
jueves, 17 de enero de 2013
Brillante como una cacerola
Estupenda edición para estos 4 relatos dirigidos al público juvenil, pero aptos para disfrutarlos con cualquier edad.
Es la historia inversa de "La bella y la bestia". Viene a decir que todo hastía, incluso la belleza. De hecho, creo que la belleza es apreciable precisamente por su carácter excepcional: si sólo vemos cosas bellas en la vida, lo que termina por llamarnos la atención es lo no bello (como al príncipe Pin Yin).
Es el que más me ha gustado, con diferencia.
Un políglota "holandés errante" acoplado en un tren nos hace terminar el relato con una amplia sonrisa, si no con una buena carcajada.
"Leyenda quizá un poco china"
Es la historia inversa de "La bella y la bestia". Viene a decir que todo hastía, incluso la belleza. De hecho, creo que la belleza es apreciable precisamente por su carácter excepcional: si sólo vemos cosas bellas en la vida, lo que termina por llamarnos la atención es lo no bello (como al príncipe Pin Yin).
"El holandés ferroviario"
Es el que más me ha gustado, con diferencia.
Un políglota "holandés errante" acoplado en un tren nos hace terminar el relato con una amplia sonrisa, si no con una buena carcajada.
"De mejor calidad"
Habla de un asesino en serie (por hobby) que, por azar, aprende que hay cosas que se disfrutan más a poquitos, pero buscando la calidad (como con el vino...).
"La existencia de Dios"
Viene a confirmarnos lo que sospechamos: que en realidad no "nos peleamos" por nuestro Dios, sino por tener o no la razón sobre el criterio de los demás. Es divertido y clarificador.
Lo que no me han gustado demasiado han sido las ilustraciones de Kikie Crèvecoeur: trazos demasiado gruesos, imágenes simplonas pero malamente reconocibles.
Varada tras el último naufragio
Una historia buena, pero tirando a normalita.
Habla sobre la tristeza y el amor en varios de sus formatos, de la forma de enfrentarse, diferente en cada uno, a las inevitables crisis gordas en este aspecto.
Lo que es muy destacable son los personajes: curradísimos, complicadísimos todos los protagonistas, no sólo por su complejidad interior, que sí, son tela, sino por el complicado momento que pasan los 5 (1 de ellos ausente durante toda la novela).
La característica principal de esta novela es la forma en que está escrita: está afrontada como línea de pensamiento, no hay puntos "y seguido". Los únicos puntos son puntos "y aparte", que son los que distinguen entre uno y otro capítulo. Es decir: entre un punto y otro puede haber hasta 11 páginas (o más...).
No paraba de repetirme, durante la lectura "menos mal que no me pusieron un párrafo de este libro para analizar en Lengua en Selectividad". Aún estaría allí...
De hecho, el último capítulo (21 páginas) no sólo no tiene puntos: tampoco tiene comas. Resulta muy original, sí, pero agotador como lectura.
Una palabra que repite quizá demasiado es "superfarolítico". Me ha llamado la atención que llegara a abusar de una expresión tan poco habitual.
Hay un fragmento de párrafo que me ha llamado especialmente la atención. Me ha hecho sentirme muy identificada (y no, no es porque mencione gatos), no he podido dejar de pensar por qué vericuetos vitales habrá pasado esta mujer para describir tan bien los sentimientos más profundos de unos y otros personajes, tan diferentes en el fondo entre ellos...
En este fragmento habla de Clara, un personaje algo pegote pero que tiene su razón de ser en el argumento final:
"(...) y piensa Clara que tal vez fue demasiado larga la espera, demasiado profundo el desamor acumulado -¿quién dijo alguna vez que el pasado podía no ser irreversible?-, crónico e incurable y letal ya el daño, porque nada hay tan dañino como el desamor y no existe rehabilitación ni esperanza de dicha para los gatos famélicos y vagabundos que han deambulado demasiado tiempo de ventana en ventana, de tejado en tejado, que se han visto demasiadas veces excluidos y rechazados, que han sentido demasiadas veces contra el hocico sensible el golpe frío y duro de los cristales al cerrarse, mientras se adormecen junto al fuego, sobre cojines de terciopelo, sobre colchas de raso, los lustrosos, los gordos, los prepotentes gatos de interior, los detestables animalitos domésticos y amaestrados, y sus dueñas bonitas (que tanto se parecen a la Reina de los Gatos) les pasan cariñosas una mano por el pelo sedoso, y miran distraídas hacia la ventana, mientras llueve fuera toda la tristeza del mundo sobre los gatos tontos y enamorados, y de nada puede servir ya que cierto día una mujer más indulgente o comprensiva o distraída o bondadosa les deje penetrar al fin por la ventana, que les disponga un rincón cerca del fuego, y un platito de leche, y les dirija incluso unas frases amables, porque allí más que nunca habrán de sentirse los gatos excluidos y rechazados y preteridos y descontentos y ávidos e insaciables.
Habla sobre la tristeza y el amor en varios de sus formatos, de la forma de enfrentarse, diferente en cada uno, a las inevitables crisis gordas en este aspecto.
Lo que es muy destacable son los personajes: curradísimos, complicadísimos todos los protagonistas, no sólo por su complejidad interior, que sí, son tela, sino por el complicado momento que pasan los 5 (1 de ellos ausente durante toda la novela).
La característica principal de esta novela es la forma en que está escrita: está afrontada como línea de pensamiento, no hay puntos "y seguido". Los únicos puntos son puntos "y aparte", que son los que distinguen entre uno y otro capítulo. Es decir: entre un punto y otro puede haber hasta 11 páginas (o más...).
No paraba de repetirme, durante la lectura "menos mal que no me pusieron un párrafo de este libro para analizar en Lengua en Selectividad". Aún estaría allí...
De hecho, el último capítulo (21 páginas) no sólo no tiene puntos: tampoco tiene comas. Resulta muy original, sí, pero agotador como lectura.
Una palabra que repite quizá demasiado es "superfarolítico". Me ha llamado la atención que llegara a abusar de una expresión tan poco habitual.
Hay un fragmento de párrafo que me ha llamado especialmente la atención. Me ha hecho sentirme muy identificada (y no, no es porque mencione gatos), no he podido dejar de pensar por qué vericuetos vitales habrá pasado esta mujer para describir tan bien los sentimientos más profundos de unos y otros personajes, tan diferentes en el fondo entre ellos...
En este fragmento habla de Clara, un personaje algo pegote pero que tiene su razón de ser en el argumento final:
"(...) y piensa Clara que tal vez fue demasiado larga la espera, demasiado profundo el desamor acumulado -¿quién dijo alguna vez que el pasado podía no ser irreversible?-, crónico e incurable y letal ya el daño, porque nada hay tan dañino como el desamor y no existe rehabilitación ni esperanza de dicha para los gatos famélicos y vagabundos que han deambulado demasiado tiempo de ventana en ventana, de tejado en tejado, que se han visto demasiadas veces excluidos y rechazados, que han sentido demasiadas veces contra el hocico sensible el golpe frío y duro de los cristales al cerrarse, mientras se adormecen junto al fuego, sobre cojines de terciopelo, sobre colchas de raso, los lustrosos, los gordos, los prepotentes gatos de interior, los detestables animalitos domésticos y amaestrados, y sus dueñas bonitas (que tanto se parecen a la Reina de los Gatos) les pasan cariñosas una mano por el pelo sedoso, y miran distraídas hacia la ventana, mientras llueve fuera toda la tristeza del mundo sobre los gatos tontos y enamorados, y de nada puede servir ya que cierto día una mujer más indulgente o comprensiva o distraída o bondadosa les deje penetrar al fin por la ventana, que les disponga un rincón cerca del fuego, y un platito de leche, y les dirija incluso unas frases amables, porque allí más que nunca habrán de sentirse los gatos excluidos y rechazados y preteridos y descontentos y ávidos e insaciables.
domingo, 13 de enero de 2013
Corto cuentos
Como bien dice su título, ésta es una estupenda edición de cuentos muy muy cortitos, fantásticamente ilustrados, y en su mayoría con un potente mensaje.
Todos tienen un mensaje muy directo (no hay lugar para más), pero expresado con sutileza. Eso, en 4 líneas (es lo que ocupa cada cuento), es digno de admiración.
Me han gustado todos, pero si tuviera que destacar uno, elegiría "El monstruo Pelusa".
Tremenda verdad sobre los miedos y las criaturas que (¿) los producen (?).
Todos tienen un mensaje muy directo (no hay lugar para más), pero expresado con sutileza. Eso, en 4 líneas (es lo que ocupa cada cuento), es digno de admiración.
Me han gustado todos, pero si tuviera que destacar uno, elegiría "El monstruo Pelusa".
Tremenda verdad sobre los miedos y las criaturas que (¿) los producen (?).
sábado, 12 de enero de 2013
De acuerdo, Jeeves
Cuando descubrí la obra del Maestro entré sedienta de más a varios foros de internet a preguntar por obras similares de otros autores.
Recibí varios consejos, pero no fue hasta bastante tiempo después que se me ocurrió leer alguna entrevista buscando sus fuentes. Y en una de ellas descubrí que uno de los Maestros para el Maestro era P. G. Wodehouse. Así que compré varios libros suyos.
No he encontrado lo mismo, ni de lejos, pero sí he intuido de dónde ha cogido parte de su inspiración, y cómo no, me he divertido. No hasta la hilaridad que puede provocar Mundodisco, pero sí lo suficiente para leer más de este autor.
Uno de los primeros que leí fue "¡Pues vaya! (Lo mejor de P. G. Wodehouse)", compuesto por varios fragmentos de alguno de sus libros.
Ahora le ha tocado el turno a una novela completa, de pe a pa, y sigo con la misma sensación: novelas frescas, con un claro protagonista (Jeeves, el estirado e inteligente mayordomo de Bertie Wooster), pero varios personajes secundarios con un importantísimo papel en la trama. Entre ellos el propio Bertie, su tía Dahlia (en la que sí he encontrado una posible fuente de inspiración para algún personaje importante de Mundodisco: Yaya Ceravieja) y las 2 parejas que fomentan todo el enredo a resolver (con diferentes grados de éxito, según la técnica usada).
Es una comedia de enredo situada en los años 20, con todos los ingredientes para divertirse con ella.
El personaje de Jeeves me chifla: su forma estirada de hablar, su mala leche aplicada con una finísima educación, y su inteligencia para resolver cualquier problema cotidiano (o algo excepcional), y quedar siempre bien. No puedo decir lo mismo de su "señor": el personaje es también muy bueno, pero bastante zafio, vago (pertenece al Club de los Zánganos) e imprudente. Y suele terminar pagándolo.
Recibí varios consejos, pero no fue hasta bastante tiempo después que se me ocurrió leer alguna entrevista buscando sus fuentes. Y en una de ellas descubrí que uno de los Maestros para el Maestro era P. G. Wodehouse. Así que compré varios libros suyos.
No he encontrado lo mismo, ni de lejos, pero sí he intuido de dónde ha cogido parte de su inspiración, y cómo no, me he divertido. No hasta la hilaridad que puede provocar Mundodisco, pero sí lo suficiente para leer más de este autor.
Uno de los primeros que leí fue "¡Pues vaya! (Lo mejor de P. G. Wodehouse)", compuesto por varios fragmentos de alguno de sus libros.
Ahora le ha tocado el turno a una novela completa, de pe a pa, y sigo con la misma sensación: novelas frescas, con un claro protagonista (Jeeves, el estirado e inteligente mayordomo de Bertie Wooster), pero varios personajes secundarios con un importantísimo papel en la trama. Entre ellos el propio Bertie, su tía Dahlia (en la que sí he encontrado una posible fuente de inspiración para algún personaje importante de Mundodisco: Yaya Ceravieja) y las 2 parejas que fomentan todo el enredo a resolver (con diferentes grados de éxito, según la técnica usada).
Es una comedia de enredo situada en los años 20, con todos los ingredientes para divertirse con ella.
El personaje de Jeeves me chifla: su forma estirada de hablar, su mala leche aplicada con una finísima educación, y su inteligencia para resolver cualquier problema cotidiano (o algo excepcional), y quedar siempre bien. No puedo decir lo mismo de su "señor": el personaje es también muy bueno, pero bastante zafio, vago (pertenece al Club de los Zánganos) e imprudente. Y suele terminar pagándolo.
jueves, 10 de enero de 2013
Balance del año que ha terminado
...No es demasiado tarde, ¿no?
Ya sé que tendría que haberlo hecho hace unos días, pero estaba
De todas formas, tampoco hay tanto que "balancear": el año pasado terminó en positivo. Gané algunas cosas (poder adquisitivo, no... pero no todo es eso cuando, afortunadamente, se tiene para cubrir mínimos) y perdí otras. Pero hasta alguna de esas pérdidas han contado como suma, porque cuando pierdes algo que no merecía la pena, terminas ganando.
Así que me doy por satisfecha con 2012.
A este año nuevo le pido que sea, por lo menos, igual de bueno.Que siga sumando mucho, restando poco (y cosas poco importantes) y sigamos manteniendo el tipo, que no es poco pedir.
Que lo bueno que ha venido se mantenga, y que lo malo que se ha ido, también se mantenga (lejos). Que lo que tenga que irse no valga la pena, y, por supuesto, algunas buenas lecturas, muchos buenos ratos, buena compañía y algún momento memorable (tampoco muchos, que ando justita de fósforo).
Que las personas a las que quiero no sufran (no demasiado al menos), y las demás, si es posible, tampoco.
Y por idealizar un poco (que me está quedando esto muy realista), que aprendamos de una vez por todas a compartir el planeta con los demás seres vivos que lo habitan (igual que nosotros).
miércoles, 9 de enero de 2013
Cuando nos hacemos "mayores" (mentalmente)
...Que no es lo mismo que haber madurado.
No me considero una persona inmadura. Al menos, no del todo.
Pero, a medida que pasa el tiempo y tenemos más claras nuestras ideas, optamos por una u otra opción, algo que no implica necesariamente descartar la validez de otras opciones, otras formas de pensar o hacer.
Cuando somos pipiolos somos como una esponja: todo nos parece válido, o al menos potencialmente válido; las formas de pensar o comportarse novedosas nos fascinan (de ahí que muchos se pasen de originales en ciertas etapas); todo es valorable, posible, una alternativa a tener en cuenta. Pero llevo un tiempo observando a personas algo mayores que yo, o más maduras, como se quiera ver. Personas con las ideas claras, con una escala de valores perfectamente definida. Supongo que eso les ayudará mucho en su vida: debe ser muy práctico tener todo clarísimo y poder tomar decisiones y emitir juicios en cuestión de segundos. La batidora debe haberse detenido para siempre en sus cabezas. Pero también les debe limitar mucho: todo lo que no se ajuste a sus cánones está mal.
Hay una diferencia, para mí (de momento...) entre madurar y envejecer. Todos hemos oído hablar de "ancianos" muy jóvenes, y de casos inversos. Creo que la diferencia radica en la tolerancia. Tú puedes tener las ideas muy claras, pero no por eso invalidar todo lo que no se ajuste a ellas. Simplemente, tomarlas como otra forma de hacer las cosas, que no se ajusta a tu forma.
Creo que hay dos formas de evolucionar: madurar o envejecer.
Envejecer implica rigidez. Madurar, flexibilidad.
Yo trabajo por conducirme hacia la segunda, pero no sé dónde acabaré...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


