No, no, no. Y varios reglones seguidos de "noes".
Si es que cuando dicen que "los experimentos en casa y con agua oxigenada", es por algo.
Pero claro: una va a la Fnac, ve en "novedades" un libro que lleva por subtítulo "notas caninas" y que, según la contraportada, habla de un perro ciego y que tiene cierto tinte humorístico, y lo compra.
Y un buen día le llega el turno en la pila.
Y hasta que termina el libro no deja de arrepentirse de haberlo comprado. De hecho, no sé ni cómo he terminado de leerlo. No es que sea atroz. Pero es mediocre tirando a malo.
La estructura es de capítulos cortitos, casi independientes unos de otros aunque con cierta línea argumental que los mantiene unidos. Esa línea argumental va sobre muertes, quizá accidentales, quizá no.
Respecto al humor... es como las trazas de cacahuete en las salchichas... quizá estén por ahí, pero no son fáciles de localizar.
Lo que más me ha chirriado han sido los saltos en los tiempos verbales: hablándote de un mismo momento, igual te lo escribe en presente que en pasado pretérito, que vuelve al presente...
En fin, que dudo que vuelva, al menos por un tiempo, a comprar un libro a ciegas (como Apio): sin referencia ninguna al libro ni al autor.
Por cierto: en google he visto que lo más destacable de este autor es ser el premio Nuevo Talento Literario Fnac 2011 (precisamente por este libro) y el ilustrador de "Millenium". No vuelvo a fiarme de los premios Fnac.
domingo, 17 de marzo de 2013
Aleph
Hacía eones que no leía a Coelho. Como para mucha gente, un libro que me impactó mucho cuando era bien jovencita fue "El alquimista". A partir de ahí leí otros suyos, quizá el que más me gustó fue "Verónika decide morir".
Pero un día le llegó el turno a "La quinta montaña" (creo... ¿O fue "El peregrino de Compostela"?... bueno, da igual) y me saturó mucho. Así que no leí nada más suyo.
Y en mi pasado cumpleaños me regalaron este libro.
Como historia, es interesante: habla del viaje en el Transiberiano del autor, de las paradas, la gente con la que se encuentra por el camino en sus firmas de libros y posteriores fiestas... Es decir: aisladamente, como argumento, está bastante bien.
Luego, si se quiere, se puede ver más allá, aprender algo o tomar notas de carácter espiritual, aunque no te identifiques con esa creencia, esa forma de pensar, no deja de ser curioso saber cómo piensan y sienten otras personas.
Es curioso, pero dejé de leer a un autor que más o menos me gustaba (salvo la excepción mencionada), con cuyos libros disfrutaba, en buena medida por el "qué dirán". Muchas personas de las que me rodeo de unos años a esta parte (muy leídas y muy "escribidas" la mayoría) rechazan a Coelho, no sé si habiéndole leído o no, o quizá sólo han leído algún artículo o fragmento, porque le toman por un "palabrero", alguien que se aprovecha de los momentos bajos de sus lectores escribiendo lo que quieren leer, lo que les gustaría escuchar: que todo va a ir bien, que hay un Dios... Algo en la línea de la autoayuda. Pero eso me parece una tontería muy grande. Me refiero a dejar de leer algo por ese motivo.
Así que, cuando me regalaron el libro, me hizo mucha ilusión, no sólo por el regalo, sino porque suponía volver a tomar contacto con el autor.
Es verdad que todo el realismo mágico, a gente muy escéptica, le chirría mucho. Pero qué narices... yo no soy escéptica. Al menos, no tanto, o no en esa línea.
Y la lectura me ha venido genial para retomar esa parte de mí misma que tenía orillada.
Alguna vez lo he comentado por aquí: no tengo unas creencias firmes, definidas. Tiendo al catolicismo, quizá por la educación recibida en los colegios, pero no descarto otras posibilidades, o variaciones dentro de las corrientes. No me gusta descartar nada, porque tan incierto es que hay Dios como que no lo hay; que es mujer como que es hombre; que es cruel y vengativo como que es todo bondad... De hecho, me gusta, por lo general, saber lo que piensan los demás a nivel teológico o espiritual, me resulta muy curiosa la variedad de formas que puede adoptar. La de Paulo Coelho no deja de ser una más, pero gracias al éxito de sus libros, quizá con más repercusión que otras.
Pero un día le llegó el turno a "La quinta montaña" (creo... ¿O fue "El peregrino de Compostela"?... bueno, da igual) y me saturó mucho. Así que no leí nada más suyo.
Y en mi pasado cumpleaños me regalaron este libro.
Como historia, es interesante: habla del viaje en el Transiberiano del autor, de las paradas, la gente con la que se encuentra por el camino en sus firmas de libros y posteriores fiestas... Es decir: aisladamente, como argumento, está bastante bien.
Luego, si se quiere, se puede ver más allá, aprender algo o tomar notas de carácter espiritual, aunque no te identifiques con esa creencia, esa forma de pensar, no deja de ser curioso saber cómo piensan y sienten otras personas.
Es curioso, pero dejé de leer a un autor que más o menos me gustaba (salvo la excepción mencionada), con cuyos libros disfrutaba, en buena medida por el "qué dirán". Muchas personas de las que me rodeo de unos años a esta parte (muy leídas y muy "escribidas" la mayoría) rechazan a Coelho, no sé si habiéndole leído o no, o quizá sólo han leído algún artículo o fragmento, porque le toman por un "palabrero", alguien que se aprovecha de los momentos bajos de sus lectores escribiendo lo que quieren leer, lo que les gustaría escuchar: que todo va a ir bien, que hay un Dios... Algo en la línea de la autoayuda. Pero eso me parece una tontería muy grande. Me refiero a dejar de leer algo por ese motivo.
Así que, cuando me regalaron el libro, me hizo mucha ilusión, no sólo por el regalo, sino porque suponía volver a tomar contacto con el autor.
Es verdad que todo el realismo mágico, a gente muy escéptica, le chirría mucho. Pero qué narices... yo no soy escéptica. Al menos, no tanto, o no en esa línea.
Y la lectura me ha venido genial para retomar esa parte de mí misma que tenía orillada.
Alguna vez lo he comentado por aquí: no tengo unas creencias firmes, definidas. Tiendo al catolicismo, quizá por la educación recibida en los colegios, pero no descarto otras posibilidades, o variaciones dentro de las corrientes. No me gusta descartar nada, porque tan incierto es que hay Dios como que no lo hay; que es mujer como que es hombre; que es cruel y vengativo como que es todo bondad... De hecho, me gusta, por lo general, saber lo que piensan los demás a nivel teológico o espiritual, me resulta muy curiosa la variedad de formas que puede adoptar. La de Paulo Coelho no deja de ser una más, pero gracias al éxito de sus libros, quizá con más repercusión que otras.
Chucho "a su manera"
Hace unos días me enteré de que Chucho volvía a dar un concierto en Málaga. En la Sala María Cristina. Y no lo dudé: tenía que ir, estuviera de salud como estuviera (como muchos sabéis, yo llevaba unos días muy, muy chunga. Pero aunque estuviera agonizante no me lo hubiera perdido). Obligatorio.
Así que fuimos el pasado jueves (en este caso, Dani se ha librado, y ha venido conmigo mi madre, que está aquí de visita unos días), con tiempo, aunque no tanto como hubiera querido porque algo tenía que descansar antes. Iba con un poco de ansia porque creí que íbamos a quedarnos sin entradas: sólo se vendían a partir de una hora antes del concierto en la misma taquilla, e imaginé que habría cola antes de que la abrieran. Pero no sólo no ha llenado, sino que hemos podido sentarnos en primera fila. ¿Qué os ha pasado, malagueños?
Según el programa, el repertorio incluía a Bach, Beethoven, Chopin, Albéniz, Lecuona, Debussy, Korsakov, Gershwin, Ellington y Bebo. Todos ellos versionados por Chucho Valdés. Como le han presentado, el pianista más grande en activo. Estoy completamente de acuerdo: te hace vivir la música, incluso a los clásicos, cuya partitura no suele variar entre uno y otro intérprete, y a los que estamos más que acostumbrados a oír, les da su toque, ese toque que hace que la música esté viva y que tanto me gusta.
En el repertorio, como homenaje al nuevo Papa, ha incluido un tango: "El día que me quieras". Delicioso.
Esta vez no he podido ver sus manos, como me gusta por el vértigo que produce; pero sí sentir la música, muchas veces aceleradísima en los agudos y más lenta, muchísimo más en los graves, te da una idea de la maestría de este hombre, aunque no sepas tocar el piano ni entiendas demasiado de música.
Con dejarte llevar, cerrar los ojos y vibrar con su música, tienes un rato de disfrute garantizado.
Me gustaría destacar alguna de las piezas, pero es que cada una tenía su "aquél", cada una en su medida ha sido fascinante.
La sala en que actuó también merece mención aparte: un edificio del siglo XV precioso, con las paredes de mármol y unos frescos en el techo divinos. Merece la pena ir a verla.
Ha sido, en fin, un concierto maravilloso. Quizá no tanto como el que ofreció hace casi un año en Alhaurín de la Torre, después del que me costó mucho dormir por cómo se apoderó la música de mí. Pero más que "no tan maravilloso" ha sido... diferente: menos vibrante, pero delicioso. No me canso de escucharle, especialmente en directo.
Así que fuimos el pasado jueves (en este caso, Dani se ha librado, y ha venido conmigo mi madre, que está aquí de visita unos días), con tiempo, aunque no tanto como hubiera querido porque algo tenía que descansar antes. Iba con un poco de ansia porque creí que íbamos a quedarnos sin entradas: sólo se vendían a partir de una hora antes del concierto en la misma taquilla, e imaginé que habría cola antes de que la abrieran. Pero no sólo no ha llenado, sino que hemos podido sentarnos en primera fila. ¿Qué os ha pasado, malagueños?
Según el programa, el repertorio incluía a Bach, Beethoven, Chopin, Albéniz, Lecuona, Debussy, Korsakov, Gershwin, Ellington y Bebo. Todos ellos versionados por Chucho Valdés. Como le han presentado, el pianista más grande en activo. Estoy completamente de acuerdo: te hace vivir la música, incluso a los clásicos, cuya partitura no suele variar entre uno y otro intérprete, y a los que estamos más que acostumbrados a oír, les da su toque, ese toque que hace que la música esté viva y que tanto me gusta.
En el repertorio, como homenaje al nuevo Papa, ha incluido un tango: "El día que me quieras". Delicioso.
Esta vez no he podido ver sus manos, como me gusta por el vértigo que produce; pero sí sentir la música, muchas veces aceleradísima en los agudos y más lenta, muchísimo más en los graves, te da una idea de la maestría de este hombre, aunque no sepas tocar el piano ni entiendas demasiado de música.
Con dejarte llevar, cerrar los ojos y vibrar con su música, tienes un rato de disfrute garantizado.
Me gustaría destacar alguna de las piezas, pero es que cada una tenía su "aquél", cada una en su medida ha sido fascinante.
La sala en que actuó también merece mención aparte: un edificio del siglo XV precioso, con las paredes de mármol y unos frescos en el techo divinos. Merece la pena ir a verla.
Ha sido, en fin, un concierto maravilloso. Quizá no tanto como el que ofreció hace casi un año en Alhaurín de la Torre, después del que me costó mucho dormir por cómo se apoderó la música de mí. Pero más que "no tan maravilloso" ha sido... diferente: menos vibrante, pero delicioso. No me canso de escucharle, especialmente en directo.
Espero tener pronto una nueva oportunidad de asistir a otro de sus recitales.
domingo, 10 de marzo de 2013
Ordeno y mando
El relato chirría un poco por lo inverosímil de la historia. Pero, aún así, engancha. Mucho. Tanto, que tuve que leérmelo de una sentada, aunque terminé a una hora indecente de la madrugada.
Si no me equivoco, es el primer texto sin tintes autobiográficos que le leo a Amèlie Nothomb. Y no sólo eso, sino que se mete en la piel de un hombre, de, eso sí, la misma edad que la autora. Entre la primera persona narrativa masculina y lo rarísimo, casi descabellado, de las situaciones que describe, más de una vez pensé que me debía haber equivocado al sacarlo de la pila, debía haber cogido uno de Frédéric Beigbeder, pues desprende cierto aroma a los libros que he leído de este otro autor.
Pero, a pesar de lo raro de las situaciones y de sus resoluciones más que fantasiosas, me ha gustado, y he disfrutado leyéndolo.
La historia empieza en una cena, en la que otro invitado le dice a Baptiste Bordave, el protagonista, que "si un invitado muere repentinamente en su casa, sobre todo no avise a la policía". A partir de ahí, Baptiste se ve envuelto en una espiral de sucesos casi paranormales (que no quedan todos bien explicados, todo hay que decirlo) que le llevan a un cambio radical de vida.
No es, ni de lejos, el libro que más me ha gustado de la Nothomb, pero debo reconocer que no he podido parar de leerlo. Aunque espero que la próxima historia que caiga en mis manos esté mejor cerrada.
Si no me equivoco, es el primer texto sin tintes autobiográficos que le leo a Amèlie Nothomb. Y no sólo eso, sino que se mete en la piel de un hombre, de, eso sí, la misma edad que la autora. Entre la primera persona narrativa masculina y lo rarísimo, casi descabellado, de las situaciones que describe, más de una vez pensé que me debía haber equivocado al sacarlo de la pila, debía haber cogido uno de Frédéric Beigbeder, pues desprende cierto aroma a los libros que he leído de este otro autor.
Pero, a pesar de lo raro de las situaciones y de sus resoluciones más que fantasiosas, me ha gustado, y he disfrutado leyéndolo.
La historia empieza en una cena, en la que otro invitado le dice a Baptiste Bordave, el protagonista, que "si un invitado muere repentinamente en su casa, sobre todo no avise a la policía". A partir de ahí, Baptiste se ve envuelto en una espiral de sucesos casi paranormales (que no quedan todos bien explicados, todo hay que decirlo) que le llevan a un cambio radical de vida.
No es, ni de lejos, el libro que más me ha gustado de la Nothomb, pero debo reconocer que no he podido parar de leerlo. Aunque espero que la próxima historia que caiga en mis manos esté mejor cerrada.
Los funerales de la esperanza
Siguiendo con la colección "Mini letras", que me ha ayudado a mantener la cuota de autoras sin traducir en mi pila hasta que he podido ir reponiendo, le ha llegado el turno a una de mis autoras favoritas (cuando escribe ficción... sus artículos en prensa no me seducen demasiado): Rosa Regás.
Se recogen aquí, como en otros volúmenes (por decir algo, pero más bien se les puede llamar cuadernillos) de la misma colección, tres relatos de la autora.
El que más me ha gustado, con diferencia, ha sido el primero, que da título al cuadernillo: "Los funerales de la esperanza".
Habla en él de la desdichada vida de una mujer que, desde la Guerra Civil hasta nuestros días, repasa ese periodo de nuestra reciente historia a través de la fantasía de la protagonista por el vestido que elegiría llegado el momento de su esperanza: el funeral de su marido.
Me ha gustado mucho cómo repasa los sueños de las mujeres en esas décadas a través de los personajes femeninos famosos, quienes les hacían soñar ya no con llegar a ser como ellas, sino con poder vestir, aunque sólo fuera una vez en la vida, como sus ídolos.
El segundo relato, "La casa", es, más que una narración, una reflexión sobre lo que puede llegar a ser una casa para su habitante, la importancia de planificarla y soñarla en función de la vida que se quiere llevar mientras se habite, y cómo puede influir el no hacerlo en nuestra vida.
El tercero, "El sombrero veneciano", también relato, es el que menos me ha gustado, porque me ha parecido poco elaborado: unos hechos muy concretos, pero con intenciones muy someramente plasmadas. No todos los grandes autores pueden ser maravillosos siempre.
martes, 5 de marzo de 2013
Perdonad que me queje
Permitidme ser hoy yo quien se queje.
Permitid que, entre una queja y otra de las vuestras, de
vuestra gripe, de vuestra depresión porque es martes, de vuestro hastío de los
atascos, cuele una mía. Porque necesito quejarme. Necesito expresar y hacer
saber que yo también estoy hartita. Hartita de vomitar a todas horas, de
levantarme por la mañana (sí, a la hora que me dé la gana) porque no aguanto
más tumbada, porque el dolor de cadera, de rodillas y de hombros no me deja
seguir durmiendo, a pesar de que, aunque me acosté relativamente tempranito, no
he dormido casi (¡y me he levantado a las 11! ¡Un martes!). Me costó coger el
sueño, leí casi 100 páginas hasta que pude conciliarlo. Una vez conciliado, me
desperté de madrugada, porque me dolían las rodillas de tal forma que no podía
seguir durmiendo. Tuve que levantarme a dar un paseo, estirar un poco las
piernas, y después volver a leer mientras volvía a coger el sueño. Pude volver
a dormirme, y un par de horas después, me desperté con sudores: una pesadilla. La
morfina es lo que tiene, que cuando estás despierta tienes alucinaciones
(especialmente de noche) y cuando duermes, esas alucinaciones se siguen
produciendo en tu mente, pero en forma de sueño. Bueno, de pesadilla más bien.
Aún así, pude relajarme. Después de otro paseo, claro. Cuando me acosté, sentí
que el mundo se vertía: empecé a marearme de tal forma que tuve que abrazarme a
Dani. Eso me ayudó, me tranquilizó. Y me permitió volver a coger el sueño con
algo menos de miedo a que se repitiera la pesadilla. Quizá volviera, pero me
estaban abrazando… Parece una tontería, pero da seguridad. Permitidme también
quejarme porque, al despertar ya por la mañana, no sólo me dolía la cadera, las
rodillas y los hombros: prácticamente no podía abrir el ojo izquierdo.
Cualquier atisbo de claridad me provocaba un dolor tremendo, y sigo así. He
tenido que hacerme un parche casero con un guante de lana y una goma del pelo.
Parezco un pirata cutre. Pero bueno, algo me consuela el calorcito que me
proporciona. Y evita que la claridad me deslumbre. Algún ratito me he quitado
el parche, porque es muy incómodo. Y he comprobado que veo bastante peor por
ese ojo: ya está en marcha la “degeneración”. Ya estoy perdiendo visión. Al
igual que está en marcha el anquilosamiento, me estoy encorvando cual Igor, y
mis extremidades, especialmente cadera y hombros, tienen menos grados en el
arco de movilidad que tenía antes. Antes. Cuando estaba bien.
Cuando sólo tenía
dolor. Por no tener, no tenía ni diagnóstico. También está en marcha la transformación
de mis manos: ¿habéis visto las representaciones que se suelen hacer de las
manos de las brujas, todas torcidas, escamosas y con ampollas (perdón,
ampichas)? Pues así se me están quedando. Eso sí: con las uñas siempre
pintadas, que la coquetería no perdona. La coquetería intenta aceptar lo que
hay, lo que está viniendo, pero le cuesta.
En fin: perdonad toda esta ristra de desgracias, pero
necesitaba vomitarlas, al igual que he vomitado el desayuno, y la cena de
anoche.
Pero es que yo también necesitaba quejarme hoy.
lunes, 4 de marzo de 2013
Excusas para no pensar
No sigo especialmente a Punset. De hecho, creo que sólo he visto una vez su programa, y ha sido en televisión a la carta (su horario de emisión coincide con "Salvados" y no suelo perdérmelo... Además, no sabía ni cuándo se emitía: no veo demasiado la tele). Fue, por supuesto, un programa en el que hablaba sobre el bienestar animal, no hace demasiado.
Me compré este libro por curiosidad.
Y me ha gustado bastante, a pesar de que el texto no me ha parecido que se corresponda demasiado con el título ni casi con el subtítulo (aunque sí con
Como digo, me ha gustado bastante la experiencia: va de lo global a lo concreto. Empieza hablando del universo, del big bang. Es decir: empieza por el principio. Después llega hasta nuestro planeta, el megacontinente Pangea, el origen de la vida por aquí y de los homínidos... Y va desglosando información científica, pero explicada muy llanamente, para que hasta mentes como la mía lo entiendan y asimilen.
A partir de la segunda mitad del libro llega a la actualidad, habla de la actual crisis, del poco caso que los políticos hacen a las expericencias científicas (filosóficas, sociológicas, biológicas, psicológicas...) y lo mucho que podrían ayudar en la solución. Pero creo, humildemente, que es porque simplemente no les interesa, de momento, que se solucione.
De vez en cuando me gusta leer algo de ensayo, o divulgación, no sólo ficción, y me gusta que me pongan fácil la lectura: me echa mucho para atrás cuando se utilizan muchos tecnicismos que no se explican y que, para seguir el texto, tengo que investigar por mi cuenta. Así que quizá repita con el autor.
Especialmente me ha gustado la parte dedicada a la educación: me ha resultado instructiva e interesante, incluso he sacado alguna idea para, sin churrumbeles ni nada, aplicar en mi vida para solucionar algún conflicto.
Me compré este libro por curiosidad.
Y me ha gustado bastante, a pesar de que el texto no me ha parecido que se corresponda demasiado con el título ni casi con el subtítulo (aunque sí con
la reseña de la contraportada).
Como digo, me ha gustado bastante la experiencia: va de lo global a lo concreto. Empieza hablando del universo, del big bang. Es decir: empieza por el principio. Después llega hasta nuestro planeta, el megacontinente Pangea, el origen de la vida por aquí y de los homínidos... Y va desglosando información científica, pero explicada muy llanamente, para que hasta mentes como la mía lo entiendan y asimilen.
A partir de la segunda mitad del libro llega a la actualidad, habla de la actual crisis, del poco caso que los políticos hacen a las expericencias científicas (filosóficas, sociológicas, biológicas, psicológicas...) y lo mucho que podrían ayudar en la solución. Pero creo, humildemente, que es porque simplemente no les interesa, de momento, que se solucione.
De vez en cuando me gusta leer algo de ensayo, o divulgación, no sólo ficción, y me gusta que me pongan fácil la lectura: me echa mucho para atrás cuando se utilizan muchos tecnicismos que no se explican y que, para seguir el texto, tengo que investigar por mi cuenta. Así que quizá repita con el autor.
Especialmente me ha gustado la parte dedicada a la educación: me ha resultado instructiva e interesante, incluso he sacado alguna idea para, sin churrumbeles ni nada, aplicar en mi vida para solucionar algún conflicto.
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