lunes, 25 de mayo de 2015

Podría hacer pis aquí

La editorial Lata de Sal ha ampliado recientemente su estupendo catálogo con la edición de este divertido poemario.

Son 60 poemas, divididos en 4 bloques temáticos (Familia, Trabajo, Juego y Existencia) escritos por gatos y traducidos al humano por Francesco Maciuliano, acompañados por tiernas o simpáticas fotografías de gatos que a todos los que tenemos la suerte de convivir con algún felino, o a los que no tienen tanta suerte pero también les gustan, nos sacan, inevitablemente, más de una sonrisa.
De todos ellos, destacaría el titulado "Kubla Kat".

Le pongo, sin embargo, un "pero": el poema que da título e inicia el poemario, aunque es muy simpático, incide en la falsa creencia de que, cuando un gato hace pis fuera de su arenero, lo hace por diversión o venganza... Y no es así: generalmente, es señal de algún problema médico. Cuidado con esto.

Por lo demás, absolutamente recomendable.

martes, 13 de enero de 2015

El pequeño placer de cerrar puertas

Los finales no siempre son amargos o tristes. O, aunque lo sean, pueden suponer, también, un poco contradictoriamente, un alivio o, simplemente, una mejora en nuestra vida.

Hay varios tipos de cierre...

Está el involuntario, que es el que peor se lleva. Cuando la situación o persona que hay al otro lado es quien cierra la puerta, en ocasiones acompañándose de un empujón. Eso duele, generalmente.

También está el sonoro portazo. Puede ir acompañado de una significativa y placentera tirada de llave al río. Alivia temporalmente, te quedas muy a gusto, pero a la larga puedes terminar por arrepentirte de ese final.

Por otra parte, mi favorito, el método que más empleo particularmente, es "la muerte lenta". Alejarse de puntillas mientras la inercia, o la corriente, o lo que sea, termina de cerrar suavemente la puerta. Sin escándalos.

Otra forma es la despedida cordial, si no decidida por ambas partes, sí cuenta con un factor que, a medio y largo plazo, las favorece. Un "Chao, que te vaya bonito" hace que no deje un recuerdo demasiado irascible en ninguna de las partes.

En fin, existen tantos finales como relaciones (amistosas, amorosas, laborales o de cualquier tipo).

En estos principios de año muchos nos hemos hecho propósitos que implican ese cierre. Yo me estoy poniendo manos a la obra, y el alivio que me está haciendo sentir me hace arrepentirme de no haberlo hecho antes. Pero también es verdad que, si no hubiera esperado tanto, no hubiera llegado a ciertos puntos de saturación y ese cierre no hubiera sido tan placentero.

Cuando es voluntario y meditado ¡qué bien sienta un au revoir!

domingo, 14 de diciembre de 2014

Delicioso Martirio en el Echegaray


Con sus gafas de sol y su peineta, y un precioso vestido-túnica sencillo, y por supuesto, con su voz, llenó el escenario del Echegaray.
"Sólo" acompañada por Raúl Rodríguez a la guitarra y una mesa camilla con una botellita de agua y una esponjita para el sudor.
Y se nos comió el alma.
En algo menos de 2 horas que supieron a poco (por mí hubiera estado 12 horas escuchándola), nos hizo reír, estremecer, llorar de emoción y llorar de risa.
Una montaña rusa emocional musicada.

Era la primera vez que veía a Martirio en directo, a pesar de que llevo muchos años admirándola. Espero que no sea la última, porque ha sido uno de los mejores conciertos de mi vida.

La excusa para dar el concierto era "presentación" de su último disco, "De un mundo raro. Cantes por Chavela", que salió el año pasado. Lo compré el mismo día que salió a la venta, y en cuanto llegó a casa, lo puse. Y me hizo estremecer.
Si con esa primera escucha ya me emocioné, ayer, en el teatro, sentí durante el repertorio del disco lo mismo que esa primera vez pero multiplicado por mil.
Pero aparte de cantar por Chavela cantó por Sabina, por Concha Piquer, por Martirio (desde luego) y hasta la Bien pagá en inglés. Y entre canción y canción nos habló, nos contó, nos hizo reír con sus divertidas ocurrencias y explicaciones.

Martirio suda arte.
Cualquiera, por buena voz y años de conservatorio que tenga, se pondría en ridículo si se atreviera con ese repertorio. Pero ella no. Ella hace que te metas en la canción, en la melodía, en la historia. Juega con tus emociones como un reo. Cada uno de sus conciertos es comparable a una exposición en un museo, pero para los oídos. Alimenta el alma.
Y es que no vale con saber cantar, con tener bonita voz. Tienes que tener ESE arte.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Conocer al autor / Sangre de mi sangre

Me ha ocurrido en varias ocasiones: tras leer algún libro autobiográfico o de opinión de algún autor de ficción que me encantaba, le he terminado cogiendo tirria. Y la lectura de sus novelas no me ha vuelto a resultar tan placentera.
Es como si ese acercamiento a su intimidad rompiera una frontera y permitiera pasar justamente lo que menos me gusta del escritor.

Las veces que he buscado este tipo de lectura ha sido intentando escarbar en ese mundo interior del que salió una (o mil) historia que me fascinó o incluso, por qué no, intentando establecer alguna similitud con el mío, para no perder la esperanza de parir, alguna vez, una historia tan maravillosa como la que me haya encandilado.

Por supuesto, con autores más modestos a los que he conocido en persona, ha ocurrido lo mismo: al leer sus libros oía su voz narrando, le veía frente a mí. Y por bien que me caiga a nivel personal, no puedo disfrutar de sus novelas como lo haría si la hubiera escrito un desconocido.

Sé que hay gente a la que le ocurre al contrario: precisamente por conocer al autor en persona, o tener algún dato "especial" de su vida, disfrutan muchísimo más de sus libros. Llegando incluso a magnificar el escrito, una especie de fenómeno fan.
Hay también casos extravagantes de quien colecciona "amigos escritores", como si este hecho diera caché a su persona, pero eso es otro asunto (que no deja de hacerme cierta gracia).

Una cosa es conocer pequeñas pinceladas biográficas (época en que vivió, edad a la que escribió la obra, situación política o incluso familiar en ese momento...), es información que puede resultar valiosa antes y durante la lectura, para interpretarla con mayor exactitud. Después tiene poco sentido, salvo para hacer un análisis profundo; pero otro asunto es ya meternos en su vida, sus opiniones, sus gustos personales respecto a asuntos que nada tienen que ver con la historia que nos cuenta (dentro de que todo está relacionado... Si al autor le gusta el helado de chocolate probablemente en algún momento de la historia un personaje mencionará uno...).

Todo esto viene a cuento de mi última lectura: "Sangre de mi sangre".
Mientras lo leía, he sentido a veces rabia por las ideas sobre educación que expresa, pero especialmente por ciertas circunstancias vitales que no cuadran con la ideología que la autora defiende en algunos artículos de opinión que he leído puntualmente.

En este libro no cuenta una de esas maravillosas historias a las que nos tiene acostumbrados. Es autobiográfica: habla de su experiencia como madre de ¡5! criaturas, de cómo se ha sentido en algunos momentos de la crianza, de anécdotas (¿cómo no va a haber anécdotas de todos los colores con 5 churrumbeles en casa?), de momentos importantes en la educación de sus hijos...
Su narrativa no deja de ser estupenda, pero lo que cuenta no sólo no me ha interesado especialmente, sino que, como digo, en algunos casos, directamente no me ha gustado.
Si tenemos en cuenta que me ha pillado en una época de bajón lector (entre otros)... Tenemos el chasco que me he llevado.

Como decía antes, es muy probable que a otros lectores les encante este libro, lectores que disfrutan indagando en la vida de sus autores favoritos, a los que les supone un aporte positivo. Que incluso, después de su lectura, disfruten mucho más con posteriores lecturas de ficción de Rosa Regás, gracias a haber establecido cierta complicidad a través de este libro (creo que se publican, en muchos casos, con esta finalidad).
Pero en mi caso, entre la temática (no es secreto que tengo instinto maternal en negativo, y que mi relación con los niños intento que sea nula) y que no es ficción, incluso es demasiado personal... No.

lunes, 10 de noviembre de 2014

MiMascota Málaga 2014

Hace ya unas semanas, el domingo 19 de Octubre, estuvimos en la feria MiMascota de Málaga. No era la primera vez que íbamos, pero sí ha sido, con diferencia, la más decepcionante. Hasta el punto de que no creo que volvamos, a no ser que sepamos a ciencia cierta que ha cambiado MUCHO.

Para empezar, la organización no sabía absolutamente nada de "mascotas" (que mira que odio el término, pero eso ya es manía muy personal).

En lo tocante a los animales allí "expuestos" (primer error: quienes queremos a los animales no soportamos verles como mercancía. Cierto es que mucha gente fue a ver "lo bonito que es este ejemplar de tal raza", "lo gracioso que queda un Collie con el pelo verde y rizado", "trajecitos y zapatitos para perros y gatos" o exhibiciones de habilidades cuasihumanas en animales no humanos). Se notaba a la legua que esos animales estaban sufriendo. En jaulas reducidas y con una higiene más que deficiente, solos, rodeados de gente que se acercaba e intentaba tocarles y con un ruido ambiental más propio de una discoteca que de un palacio de congresos. Se me ha quedado clavado en el corazón el caso de un gatito, bien joven, que maullaba desesperado dentro de un transportín porque se habían llevado a su hermano y estaba asustadísimo. En este caso, fue en la exposición de Royal Canin. Negativo gordo para ellos. Pero la mayoría estaban así. Muy deprimente.

Otro aspecto que me desagradó enormemente: la venta ilegal de cachorros. No sé si la organización estaba al tanto de ello (supongo que inicialmente no), pero no era algo difícil de controlar, si se hubiera querido.
Por ejemplo, mientras miraba un stand, se me acercó una mujer y me puso en el regazo (yo iba en mi silla) un tembloroso cachorrito de perro. De alguna raza, probablemente, pero no suelo mirar esas cosas, salvo que sea muy evidente. Me lo ofreció, y le pregunté si lo daba en adopción. Por supuesto, la respuesta fue que no, que lo vendía, como a sus hermanos.

En lo tocante a los stands, la feria me resultó desangelada en comparación a otras veces que hemos ido. Me encantaría tener una relación de las marcas que han decidido no estar en esta ocasión, especificando sus motivos: si han sido meramente económicos (no sé el precio de poner un stand allí, pero supongo que en muchos casos no resultará ya no rentable, sino viable) o más éticos: si, al ver el trato que allí se da a las "mascotas", han renunciado a participar. Me gustaría tener esa relación para, precisamente, confiar en esas marcas ausentes en la feria por el segundo motivo.
No quiero con esto decir que todos los que estuvieron allí aprueben el enfoque y el trato a los animales.

Un claro ejemplo de una firma respetuosa y amorosa con los animales es el stand de MiMiga (para muestra, un botón: lo que su responsable está haciendo con Leo). MiMiga crea joyas muy ponibles (y preciosas) de todo tipo: colgantes de plata con formas felinas, camisetas bordadas personalizadas en función del número de gatos que quiera representar cada cual, el color... y la novedad: pulseras, colgantes o pendientes con bolitas hechas a partir de pelo (no arrancado ¡desde luego!, sino del que se les cae con el cepillado, por ejemplo) de nuestras mascotas (gatos, perros, conejos...). Puede sonar excéntrico, pero el resultado no es sólo bonito y simpático: resulta emotivo. Por ejemplo, para cuando, por desgracia, cruzan el arco iris.
Pero también para llevarles siempre cerquita.
No hace mucho Dani me regaló una de estas pulseras. Como pensábamos que este otoño (parece que el asunto se retrasa) me ingresarían durante más días de los que nos gustaría, él sabía que durante ese tiempo lo peor para mí sería, no ya los asuntos médicos, sino lo muchísimo que nos echaríamos de menos mutuamente las gatas y yo. De ellas se encargaría él, pero para mí pensó una manera de que pudiera tenerlas cerca durante esos días y, de sus sesiones de peinado, guardó pelo de cada una y se lo hizo llegar a MiMiga.

El resultado, esta preciosa pulsera, que no he podido evitar estrenar antes del ingreso.

Tienen muchísimas más cositas. La que más llamó mi atención (me la pido, por cierto) fue una bolita de cristal que contiene las bolitas de pelo.


Volviendo a los puntos negativos de la feria, la actitud de muchos de los visitantes humanos (permitían el acceso de "mascotas"). TODOS los "propietarios" (otro término que no) de perros, y la mayoría de los no-propietarios, conocen su obligación de llevar bolsitas para recoger las caquitas de sus perros, al menos fuera de su casa. En su casa, que hagan lo que les plazca. Bueno, pues había que ir esquivando. Había tramos en los que parecía que se estaba jugando a la rayuela.

El ruido que he mencionado antes, desde luego, también afectaba a los animales "visitantes": la mayoría estaban desconcertados, entre el jaleo y el exceso de estímulos, a los que muchos temían.

Aquí vuelve a entrar la organización: vamos a ver, ya nos ha quedado claro que los que consideran "mercancía" (los expuestos) les importaron un pimiento. Pero los visitantes, vía los humanos que les acompañaban, son potenciales clientes (lo que realmente les importa). No hay que ser experto para saber que la sensibilidad auditiva de los animales caninos es mucho más alta que la de los animales humanos. ¿Qué establecimiento que quisiera agradar a sus clientes no tendría en cuenta algo así?

Volviendo a los propietarios, y esto ya es opinión muy personal, algunos llevaron a sus perros para una sesión de peluquería (pero no para un corte o un lavado que les pudiera beneficiar, sino para que les pusieran rulos, tintes extravagantes o crueldades semejantes... ¡¡ponéoslos vosotros en el mismísimo, dejad al perro!!) o concursos de belleza...

También aquí había excepciones, desde luego.
La casualidad quiso que nos encontráramos con dos personas a las que me gustaría poner como ejemplo de adopción responsable.
Hace bastantes meses, entre varios, les intentamos convencer para que adoptaran un gato (o 2, o 3...). No hubo tutía.
Pero no se han quedado solitos, y hace un par de meses dieron El Gran Paso: adoptaron a Fantasma, un galgo al que, hasta ese momento, la vida no había tratado bien.
Por este motivo, los inconvenientes de su incorporación a la familia no se han limitado a los habituales (adaptación mutua, cambio de vida, obligaciones...). Su salud y, ante todo, sus miedos (pánicos, por lo que pude ver en MiMascota... con el rabito entre las piernas, las orejitas hacia atrás, pegadito a lo que pudiera parecer una pared...) están suponiendo un arduo trabajo para los humanos que, aún con todo esto, han tenido la fortuna de incorporarle a su vida. De todo esto dan cuenta en el diario que publican con sus avances, sus retrocesos y que ya tiene un montón de seguidores que, día tras día, nos alegramos con sus progresos y nos "añusgamos" con sus recaídas.

En resumen: gracias a MiMiga y a ellos, la feria tuvo también su punto positivo.

lunes, 20 de octubre de 2014

Chucho Valdés y amigos ----- Homenaje a Bebo Valdés


Aunque ya han pasado casi 3 días, aún estoy flotando. Como siempre que voy a un concierto de este Maestro.
Cada uno de los que he tenido la suerte de presenciar es especial y diferente. Pero todos me dejan vibrando por dentro durante días.

En este caso, se trataba un concierto especial para Chucho Valdés, porque, aparte de ser benéfico (a beneficio de Cudeca -con quienes suele colaborar- y Una luz para Ezequiel), se trataba de un concierto homenaje a su padre, el grandísimo Bebo Valdés.
Por tanto, aunque siempre toca con el alma (y se nota... Lo transmite), aquí también puso el corazón.
Y todo eso, junto con la maravillosa música (aunque me parece muy limitado llamar "música" a lo que crea Chucho Valdés cuando toca el piano, porque supera ese término con creces, es más bien magia), flota en el ambiente, y hace que no sólo  disfrutes las dos horas del concierto, sino que, como decía antes, varios días después aún esté en el cuerpo, en la mente de los asistentes.

En el escenario estaban con Chucho Valdés The Afro-Cuban Messengers, que le acompañan en su último disco, Border-Free, y en su gira. Ya les vimos tocar juntos en El Portón del Jazz de Alhaurín de la Torre hace un par de años. El conjunto que forman me fascina, pero claro... Desde nuestro palco en el Tívoli (es lo que tiene que ir sobre ruedas... que no se puede acceder a muchos patios de butacas, y te ponen en muy buenos sitios, lo que se agradece), tenía un ojo puesto en la esquizofrenia manual de Chucho Valdés, que no deja de fascinarme por más veces que le vea tocar, y el otro en Dreiser Durruthy Bombale, de quien me declaro fan absoluta. Si a esto le sumamos que, al son de la música, había otro artista, a la izquierda del escenario, en este caso de la pintura, Noé, que también les ha acompañado en otros directos, haciendo una performance de la que resultó un precioso retrato de padre e hijo... Pues tenía los ojos como Marujita Díaz. El cuadro resultante me encantó. Empezó dibujando algo que parecía abstracto, pero que luego resultó este retrato que comento. Pero claro, lo pintó "al revés": hasta que dio los últimos retoques, las cabezas dibujadas estaban invertidas... Me hubiera gustado mucho pujar por el retrato (la puja también era benéfica), pero a la salida llevábamos algo de prisa: teníamos frío y mis manos, entre los aplausos y la bárbara humedad que hizo (Chucho Valdés tuvo que pasar un paño a las teclas en alguna ocasión, para que sus dedos resbalaran bien), no estábamos para "paraditas". Una pena.


Aparte de Noé, como artistas invitados-colaboradores, estuvieron Yamila Hernández Becerra, Genara Cortés, Celia Flores, Estrella Morente y Javier Ojeda: Para todos los gustos, de todos los colores.

Como guinda, cantaron todos juntos "Lágrimas Negras". Aquí hubo un pequeño fallo, y es que el micrófono de Estrella Morente no funcionó. Una lástima. Pero me hubiera parecido un bonito gesto, y más teniendo en cuenta que el concierto era benéfico, que alguna de sus compañeras se acercara para cantar las dos con uno que sí.
Ese mal sabor de boca nos lo quitó otro artista invitado, al que no esperaba ni el mismísimo Chucho Valdés: un espontáneo del público se subió a "bailar" mientras los artistas cantaban y tocaban. Momentazo de gloria.

Como suele ocurrir, y más teniendo en cuenta la humedad y el fresquito que hacía, al día siguiente pagué las consecuencias, pero mereció la pena. 
Tanto, que si me dijeran que mañana repiten, no me lo pensaría dos veces y volvería.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Un ataque de lucidez


Una de las lecturas que Silvia Abascal recomendaba en "Todo un viaje" era ésta. Y a por ella me fui.

Desde LibroVicio's me ayudaron a encontrar el libro, y lo he colado (mucho) en mi pila.


Es el relato, en primera persona, del ictus que sufrió la neuroanatomista Jill B. Taylor y los 8 años que tardó en recuperarse casi por completo de sus efectos.

Un libro, me atrevería a decir, de lectura obligatoria para especialistas en neurología, médicos que también tengan alguna relación con esta especialidad (algún paciente con diagnóstico neurológico), familiares y amigos de afectados, afectados, por supuesto, y, en general, todo aquél que quiera saber un poco más. Sobre cómo funciona nuestro cerebro, sobre cómo se puede ayudar a alguien con problemas neurológicos, sobre algo que nos puede pasar a cualquiera (la MAV de la autora no estaba diagnosticada en el momento del ictus, es algo bastante frecuente).

Es, desde luego, una lectura interesante, instructiva e inspiradora. Pero, para qué engañarnos, también me ha hecho tener miedo. Bastante miedo.
No es que no supiera todo lo que puede pasar con un problema neurológico de este tipo. Es que verlo así relatado... Buff. Me ha obligado a ponerme en situación, a ver de cerca en lo que puede transformarse mi vida (al menos durante un tiempo), y me ha hecho sudar frío.

Me ha sorprendido la apertura de la autora, una científica, a la temática de las energías (tema para muchos "magufo"). Aunque antes de su accidente no lo tenía en cuenta, después vio la importancia de la percepción de esta realidad y de su aplicación a nuestro día a día.

Una de las partes más interesantes del libro son los 2 apéndices. En el A, plantea 10 preguntas para situarse en caso de duda. El B, Las 40 cosas que más necesité, me atrevo a transcribirlo aquí por la insistencia de la autora en la difusión de su mensaje. Me parecen 40 consejos interesantísimos, que cualquiera que trate con un enfermo neurológico (familiar, amigo, médico, personal de enfermería, terapeutas...) debe tener en cuenta. Aquí se enuncian, pero desde luego se comprenden mucho más ampliamente con la lectura del libro.

  1. No soy idiota, estoy herida. Por favor, respétenme.
  2. Acérquense, hablen despacio y vocalicen con claridad.
  3. Repítanse que deben suponer que no sé nada, y empiecen por el principio, una y otra vez.
  4. Sean tan pacientes conmigo la enésima vez que me enseñen algo como lo fueron la primera.
  5. Acérquense a mí con franqueza y pongan freno a su energía. Tómense tiempo.
  6. Sean conscientes de lo que me comunican su lenguaje corporal y sus expresiones faciales.
  7. Mírenme a los ojos. Estoy aquí. Vengan a mi encuentro. Anímenme.
  8. Por favor, no levanten la voz. No estoy sorda, estoy dañada.
  9. Tóquenme adecuadamente y conecten conmigo.
  10. Respeten el poder curativo del sueño.
  11. Protejan mi energía. Ni radio, ni televisión ni visitantes nerviosos. Sean breves en las visitas.
  12. Estimulen mi cerebro cuando tengo energía para aprender algo nuevo, pero sepan que una pequeñez puede dejarme agotada rápidamente.
  13. Para enseñarme, utilicen juguetes y libros educativos para la edad adecuada (niño pequeño).
  14. Preséntenme el mundo cinestésicamente. Déjenme sentirlo todo. (Soy otra vez un niño pequeño).
  15. Enséñenme con tareas de visualización e imitación.
  16. Confíen en que me estoy esforzando, sólo que no con su grado de habilidad ni siguiendo su horario.
  17. Háganme pregutnas de múltiples opciones. Eviten las preguntas de Sí o No.
  18. Háganme preguntas con respuestas concretas. Y denme tiempo para buscar una respuesta.
  19. No juzguen mi capacidad cognitiva por la rapidez con que puedo pensar.
  20. Trátenme con suavidad, como harían con un recién nacido.
  21. Háblenme directamente, no hablen entre ustedes de mí.
  22. Anímenme. Confíen en que me recuperaré por completo, aunque tarde veinte años.
  23. Confíen en que mi cerebro siempre puede seguir aprendiendo.
  24. Descompongan todas las acciones en pequeños pasos.
  25. Averigüen qué obstáculos me impiden hacer bien una tarea.
  26. Aclárenme cuál es el siguiente nivel o el siguiente paso, para que sepa a qué aspiro.
  27. Recuerden que tengo que dominar bien un nivel de acción antes de pasar al siguiente.
  28. Celebren todos mis pequeños logros. Eso me inspira.
  29. Por favor, no terminen por mí mis frases ni digan las palabras que no encuentro. Necesito hacer trabajar mi cerebro.
  30. Si no puedo encontrar un archivo viejo, insistan en crear uno nuevo.
  31. Es posible que quiera pensar que entiendo más de lo que entiendo en realidad.
  32. Céntrense en lo que puedo hacer, en lugar de lamentarse por lo que no puedo hacer.
  33. Háganme conocer mi antigua vida. No supongan que como ya no puedo tocar como tocaba antes, ya no me va a seguir gustando la música o un instrumento...
  34. Recuerden que, a falta de algunas funciones, he adquirido otras habilidades.
  35. Manténganme en contacto con mi familia, mis amigos y la gente que me apoya con cariños. Hagan un collage mural de tarjetas y fotos para que yo lo vea. Etiquétenlas para que pueda repasarlas.
  36. ¡Movilicen a las tropas! Formen un equipo para curarme. Avisen a todo el mundo para que puedan enviarme su amor. Manténganlos al corriente de mi situación y pídanles que hagan cosas concretas para ayudarme, como visualizarme tragando con facilidad o balanceando mi cuerpo para sentarme.
  37. Quiéranme por lo que soy ahora. No se empeñen en que sea la persona que era antes. Ahora tengo un cerebro diferente.
  38. Sean protectores conmigo, pero no obstaculicen mi progreso.
  39. Enséñenme vídeos en los que aparezca haciendo cosas, para recordarme cómo hablaba, andaba y gesticulaba.
  40. Recuerden que es probable que mi medicación me deje fatigada, además de reducir mi capacidad de saber qué se siente al ser yo.