lunes, 11 de octubre de 2010

Un rayo de sol (oh-ohoh)

A veces las cosas se complican mucho. Y por lo general, todos solemos estar encabronados, ocupados o a nuestra bola. Cuando te vienen torcidas y te ves rodeada de lo normal es desolador. Eso sí: no te das cuentas que para los demás tú también has formado parte de ese "lo normal" cuando han tenido un mal momento.
Pero de repente un día te vienen mal dadas y te topas con alguien que hace que lo veas todo menos difícil, que se empeña en abrir ventanas cuando se cierran las puertas, que siempre muestra un tono animado (y no porque no tenga sus propios problemas, ojo). Entonces aprendes a valorarlo, lo agradeces infinitamente. Es un auténtico lujo.
Qué pena que el día a día haga que olvides tus propósitos de no ser nunca más "lo normal" en este sentido.

Estos días se está complicando muuuuucho el tema de la asociación. Más trabajo, más movidas, nuevas puñaladas, nuevos apuñaladores, mismos apuñalados... Y como siempre, la persona que siempre ha visto un rayito de sol colándose entre la negrura y nos lo ha señalado a los demás es quien está ahí, arrimando el hombro y animando. Y no porque no se haya llevado palo, y no porque el otoño no le esté afectando, y no porque no tenga sus propios problemas... Joder, así da gusto. Qué envidia, ojalá fuera la mitad que él en este sentido.

domingo, 10 de octubre de 2010

Qué casualidad

Mira que intento esquivarla, pero me voy topando con ella por donde voy. 

Primero, la asociación, de la que no me veré libre por más que lo estoy intentando...

Después, mi madre me envía casualmente este vídeo:

Y ayer, en el lugar de reuniones, leyendo cuentecitos de Celia (Elena Fortún), resulta que la malísima bichejo se llama "María Mercedes Carmona". 

Esto se está convirtiendo en algo enfermizo... 


¡¡Quiero salir de esta pesadilla!!

jueves, 7 de octubre de 2010

Los aires acondicionados

Es una de mis cruzadas personales. Cuando lo ponen, generalmente es altísimo (aunque es verdad que este año esto ha sido menos frecuente ¡vamos avanzando!).
El problema es cuándo lo ponen: En mayo, aunque haga frío y no proceda ¡es mayo! Ya toca. Y lo ponen. Y en octubre, aunque haga más calor que en mayo o en junio... ¡es octubre! Y te asas, como hoy. Es algo que no entiendo, y que me cabrea no sólo por el absurdo gasto energético (¿se dice así?) y el cambio climático y blabla, sino por los efectos perniciosos que tiene sobre el cuerpo: los cambios drásticos de temperatura, los enfriamientos... y aunque no tenga lógica, los dolores: las personas con enfermedades reumáticas sentimos dolor cuando nos exponemos al aire acondicionado. No sé por qué es, y me gustaría. Pero mientras lo sé y no lo sé, me gustaría que se respetara e intentara moderar. Pero ¡ay! Con "respeto" y "moderación" hemos topado, amigo Sancho...

miércoles, 6 de octubre de 2010

No valgo nada

Vale. Estoy de acuerdo. Soy una mierda. Pero ni aún así merezco que el cariño que se me de o las relaciones interpersonales que se establezcan conmigo sean por misericordia.
Y no soy ninguna santa. Ni muchísimo menos perfecta. Pero no por no ser perfecta merezco un trato despectivo ni que se pisoteen mis sentimientos.
Antes que eso, prefiero estar absolutamente sola, que es como me estoy quedando. Ok. Lo admito. Siempre que tenga cerca a mis gatas, puedo con eso y con mucho más.
Quiero que quien esté cerca de mí (amigos, pareja, familia o lo que sea) sea porque quiere estar a mi lado, y estar bien. Mamoneos, puñaladas, pisoteos, tramas y fustigaciones no van conmigo, ni tengo ninguna obligación (ni gana) de aguantarlos. A amigas ni a absolutamente nadie, por más que le quiera. Y si eso va a implicar que me quede sola, pues adelante con ello.
Toda mi puta vida he sido el felpudo del entorno. Eso no quiere decir ni que esté dispuesta a seguir siéndolo ni que lo vaya a hacer. ¿Será que sólo atraigo a mi lado a gente con ganas de dar cera? ¿O que se atreven conmigo porque me dejo por pura necesidad? ¿Y será por eso que hace ya unos meses las ratas están abandonando el barco? ¿Porque ya no me dejo? Pues a saber.
Lo que me jode de todo esto es que no se me hace callo. Cada nuevo desengaño, cada nueva puñalada sigue doliendo como la primera, la de quien la de. Y eso significa que soy gilipollas, no aprendo a no confiar en la gente, a no hacerme ilusiones. En cuanto alguien me tiende una mano se me hace el culo pepsicola y ya me creo que me brindan una amistad, una relación, la reparación de un vínculo familiar o uno nuevo... ¡TONTA! ¡SO TONTA! ¿Por qué iba a querer nadie hacer eso? ¡Ni que lo valiera!

domingo, 3 de octubre de 2010

Confirmando teorías

A veces da rabia que las teorías más pesimistas se cumplan, pero cuando se confirma, al menos sabes a qué atenerte.
Yo cada día tengo mayor seguridad acerca de mi imbecilidad y de la tendencia, desde este verano, al absoluto aislamiento social que me espera. ¿Tendrán relación? Pues lo mismo. Eso debería decirlo alguien más listo, ¿no?

viernes, 1 de octubre de 2010

Buenos días, señor ministro

Hasta los mejores autores tienen algún bodrio. Y este es el caso de este libro de Luis del Val.
Después de haber leído maravillas como "Los caballos cojos no trotan" y haber disfrutado con sus cuentos (tanto "de Mediodía" como "de Medianoche"), así como con "Las amigas imperfectas" (con un regustillo a "Nubosidad Variable", de Carmen Martín Gaite), "Volveremos a Venecia" y algo menos con "Los ejecutivos también sueñan", con "Buenos días, señor ministro" me he llevado un tremendo chasco. Tanto el argumento como los nombres propios (y aprovecho para colar aquí también la edición, que ¡vaya erratas!) me parecen una tomadura de pelo. Lo he terminado por respeto a ese favoritismo que profeso a Luis del Val, y porque he disfrutado con su narrativa, su amplio vocabulario, saboreando sus frases... Y me ha divertido la crítica a la clase política. Pero realmente, ni lo recomiendo, como otros muchos suyos, ni guardaré especial buen recuerdo de esta lectura.

Un momento difícil

Cuando quieres ayudar o consolar a alguien y no sabes ni por dónde empezar. Sabes que alguien a quien aprecias lo suficiente como para comerte así la cabeza lo está pasando mal, necesita un cable por tu parte... pero no sabes ni por dónde empezar, y por exceso o por defecto la puedes cagar pero bien. ¿Por qué no nos enseñan estas cosas en Urbanidad? Está fenomenal saber redactar telegramas de pésame y decir las palabras apropiadas a... yo qué sé, tu jefe o alguien con quien no tengas una vinculación personal. Pero cuando es alguien más cercano, pero quizá no lo suficiente como para conocerle hasta el punto de saber qué necesita en ese momento (eso son muchos años de relación estrecha y no siempre da tiempo) ¿qué haces?

Ayer en el tanatorio, con Josi y Eli, me sentía así, y ahora en el entierro me pasará lo mismo. Y en las semanas o meses venideros, va a ser igual: ¿Les llamamos? ¿Les dejamos en paz? ¿Qué les proponemos? En fin, espero estar a la altura de las circunstancias y que tengan de nosotros todo el apoyo que necesiten, y lo que es más importante, en la forma en que lo necesiten.