miércoles, 15 de junio de 2011

Las personas que hablan a gritos

Me molesta soberanamente. Si no hay medio-sordos en la conversación... ¿para qué gritar tanto? ¿Para que se enteren los demás? Bueno, es que, en realidad, a los demás les importa un pimiento... siento ser portadora de esta noticia, pero así es...

Y eso en Málaga es el pan nuestro de cada día. Hasta en las salas de espera de los ambulatorios. Y lo llevo... mal, mal, mal, mal... bueh, decir mal es decir poco.


Para colmo, en esta casa me ha tocado aguantar 2 exponentes no ya de gritones, sino de gritones maleducados, que ya es el colmo. Porque sí: hay gente que habla a gritos porque es a lo que está acostumbrado, lo que le han enseñado, lo que hace todo el mundo en su entorno... y cuando se relaciona en otros ámbitos, o cuando les haces notar que pueden molestar, habla con normalidad.
Pero hay quien no: en el piso de al lado, siendo las paredes de papel de fumar y estando separados por una de esas paredes su comedor y nuestra habitación, hubo una familia que venía ocasionalmente, pero cuando venía era insufrible: hablaban PERMANENTEMENTE a gritos. Ellos, los niños y las visitas. Y cuando discutían ya es que se enteraban hasta 3 pisos más abajo. Y eran parlanchines. Y trasnochadores. Insufrible. Fue una época en que creí volverme loca, les deseé lo peor: sacaron lo peor de mí. Además, por la medicación NECESITO dormir, y no poder, estar agotada, aguantando dolores... No sé si os imagináis en el punto que te pone. Fui a hablar con ellos, pedirles por favor que no hablaran tan alto, y no sólo se cabrearon, sino que me amenazaron. A partir de ahí, llevé el asunto con ayuda de policía, comunidad... y nada: ellos nos amenazaron (directamente y a través de "mensajes" a la chica de administración de la comunidad), se dedicaron a llamar a nuestro timbre cada vez que pasaban o cuando se aburrían, hablaban aún más alto y ponían la música aún más alta (reaggeton, por Om!), decían que era racismo (eran colombianos: con la palabra racismo se les abren las puertas que es un primor)... hasta vinieron a exigirme que dejara de molestarles con mis quejas. Cuando terminéis de reír, continuamos.
Bueno, Dios y el señor embargador me han quitado esta cruz de encima.

Y ahora, cuando estaba encantada porque iba a tener un veranito sin voces, resulta que retoman la obra del edificio de enfrente (abandonada desde hace unos años). Y hay ruidos de obra de 8 de la mañana a 6 de la tarde, parando de 2 a 3 o así. Y hay mugre y polvo por todas partes: terraza, coches... con la fresquita que está cayendo, como se te ocurra abrir la ventana en horario de obra, se te llena la casa de polvo. Eso en un 8º: no quiero pensar en los del 2º. Pero eso no es lo peor. Es incómodo, pero soportable. Lo peor es un obrero que tienen, que al nacer, en lugar de darle un azote seguro que le tuvieron que pegar dos hostias para que callara. No sólo porque hable alto (que sí, lo hace, permanentemente, a todas horas, con frases cortas o largas, y cuando no tienen nada que decir, pues canta: desde el toro enamorado de la luna hasta sevillanas: un repertorio digno de Radiolé): es que habla alto pero con una voz aguda, de pito, de esas que se te meten en el cerebro y dan vueltas y vueltas... yo creo que es el hermano pobre de Terelu. Bueno, pues en lugar de hacer como otras vecinas, que le gritan desde la ventana "cállate de una vez, todos los putos días igual..." pues he optado por la burocracia, y así me va: he ido a hablar con el jefe de obra, con los propios obreros, he llamado a la constructora... Nada. El tío además se encabrona y lo hace más, y más alto. En mi caso, porque necesito dormir (y dejar de oír esa puta vocecita), pero ¿y el currito que se ha pasado todo el santo año amargao, que tiene sus 15 días de vacaciones, se viene aquí a descansar, y se encuentra este panorama? Yo no entiendo cómo el jilguero éste sigue vivo. En serio. Si a éste tío, en sus vacaciones, le hacen algo así, estoy convencido de que no se queda parado. Pero cuando nos quejamos los demás, le molesta. Y se pone chulo: eso es lo mejor. Y bueno, supongo que en este caso no me acusarán de racismo. Aunque no descarto estar cometiendo homofobia. Con esa voce-ci-ta...



En fin... no sé cómo se combaten estas cosas, pero si alguien tiene una idea, que me lo diga.
La opción "liarme a garrotazos hasta dejarle afónico" está admitida en caso extremo.



16 comentarios:

  1. Pues vaya tela marinera... no es más sino una falta de educación tremenda que tenéis que sufrir el resto por obra y gracia de este energúmeno... que aún se creerá gracioso... no se que decirte... lo de quejarte a la constructora y demás es lo que yo habría hecho.. y si no da resultado... pues no se.. pero maldita la gracia la verdad... ánimo... y espero que tengas una farmacia cerca para comprar tapones.. pero es indignante que terminéis con tapones por la falta de educación de otros.. un beso guapa (lourdes)

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  2. Bueno... o se ha quedado afónico, o ha rectificado, o ya no trabaja aquí: a Juan (inevitable saber su nombre, desde el 8º del bloque de enfrente) sólo se le ha oído el viernes a primera hora de la mañana. Ni después ni en todo el día de hoy hemos tenido noticias de Juan el Vocecita. La felicidad existe.

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  3. Estoy empezando a preocuparme: sigue callado.
    Estoy por asomarme al balcón y gritar... "¡JUAAAAAAANNNN! ¡¿ESTÁS BIENNNN?!"

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  4. parece que el vudú ha funcionado...
    jejeje

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  5. No es por nada pero hay gente como yo que habla muy alto y no se da cuenta. Lo mismo tiene un problema de sordera. A mí de pequeña me operaron para que no me quedase literalmente sorda (de hablar por signos de las infecciones auditivas q tenía) y desde entonces hablo a gritos. Yo no me doy cuenta y no lo hago a malas. Cuando ya me paso mucho, me lo dicen e intento bajar el tono.
    Pero hay que pensar que no siempre es mala educacion. Sólo lo dejo caer.

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    1. Bueno, si te das cuenta, es lo primero que he puesto...

      Por cierto: al piso de al lado se ha mudado una pareja, y al menos ella es malagueña de las gritonas (y cuando no habla, taconea). Estamos buscando piso.

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  6. La gente que habla a voces es insufrible y unicamente se podria "disculpar" en caso de sordera. El resto estoy convencido de que son seres de apariencia humana escapados de una cuadra....

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  7. Yo tengo un hermano que habla a voces todo el día y estoy en la habitación de al lado.
    Encima, mis padres, como están en el salón, dicen que no molesta.
    Para mí es un sinvivir, porque me gusta escribir y dibujar y necesito hacerlo concentrada.
    Cuando digo esto, se ríen de mí y, encima, el que lleva las de ganar, es mi hermano.
    Encima, se le oye hasta con tapones puestos y no para de hablar ni medio segundo, TODO el puto día(perdón, pero ya estoy harta), hasta la 1 de la mañana, que, encima, tengo que esperar a que se acueste él, porque no me deja dormir.
    Luego claro, se gasta la batería del teléfono, pero, es que, el niño está hablando con sus amigos, porque, encima, está jugando a la play.
    No, no es que tenga una conversación normal, es que es sobre el juego, encima.
    A mí me está volviendo majareta.

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    1. Jo, Aida, te compadezco...
      Espero que uno de los dos os podáis emancipar pronto, porque se ve que la situación no va a cambiar. Luego os llevaréis de lujo, ya verás, cuando pase este problema de convivencia.
      Sé de qué hablas, porque he vivido muchos años con mi abuela, antes de que se pusiera audífono, y algunos días terminé hasta llorando de desesperación.
      Mucho ánimo, no hay mal que 100 años dure ;)

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  8. Yo tengo unas vecinas y como gritan para todo gritan, estarán enfermas de algo yo digo que eso no es normal,,,,, fastidian

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  9. las personas que gritan cuando hablan lo hacen porque en realidad entre ellos no se tienen ningún respeto y si no que los lleven a una cena de médicos o gente asi educada a ver si se ponen a gritar cuando tengan que exponer algo

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  10. Encuentro en estos nuevos tiempos, dentro de nuevos círculos sociales en mi vida, una tendencia realmente absurda y triste: hablar con un tono de voz sumamente bajo para no molestar al otro.
    Me asombró en un principio ser un invitado de una cena en la que se me llamara la atención por mi forma de hablar, que sin lugar a dudas desentonaba con las formas y costumbres del entorno. Y entonces comencé a pensar diversas cosas al respecto.
    Inmediatamente me vino a la mente la imagen de las antiguas familias, grandes en número, reunidas en torno a la mesa los domingos y analizando un poco la imagen caí en la cuenta que hablar a los gritos lejos de ser una actitud troglodita o arcaica significaba una sola cosa: unión.
    En las antiguas familias se hablaba a los gritos, porque en una mesa de veinte o más personas la conversación era una sola para todos. No importaba si el que hablaba era el muchachito, o el abuelo o el padre, todos querían ser parte de esa única conversación que hacía del almuerzo dominguero un motivo más de unión, por lo que se hablaba a los gritos para dar cuenta de una punta de la mesa a la otra que al hablar estábamos abiertos a recibir una respuesta y que invitábamos a cualquiera a unírsenos a la celebración. Existía una necesidad de que el de la otra punta me escuchara, tanto como lo hacía la persona que se sentaba a mi lado.

    Hoy, en varios hogares, encuentro que los jóvenes están divididos en un solo grupo de elite (con suerte, cuando ese grupo no está dividido en subgrupos) y los mayores en otro grupo, y en cierto punto hay que agradecer si los niños deciden sentarse a la mesa a comer (hágase hincapié en que ellos deciden si sentarse o no a comer). De manera que en una reunión de veinte personas es necesario que se hable en un tono sumamente bajo para no entorpecer la conversación del grupito de al lado, y también para que no escuchen lo que tenemos que decir a nuestro grupo.

    ¡Qué triste que además de hablar casi en silencio para no molestar al otro nos veamos forzados por los demás, en una era de democracia y supuesta libertad, a hablar como si de pronto tuviéramos miedo de los que decimos, como si nos viéramos temerosos a recibir una respuesta del grupito de al lado, hablando casi en secreto como si ocultáramos cosas terribles!
    Por eso voy a defender toda mi vida esta actitud tan saludable de expresarme sin miedo, con confianza y sin tapujos a viva voz, por mucho que personas que se sienten sofisticadas con esta nueva forma de expresión vacía me miren de reojo. Porque además te miran considerando que no sos digno de compartir la mesa con ellos.
    Bueno, probablemente esta clase de gente no sea digna de escuchar lo que tengo para decir con toda seguridad, de forjar una relación conmigo considerando que la comunicación es la base de toda relación.
    Por tanto me siento bendecido al entender que me expreso a los gritos de forma natural porque poseo un conjunto de valores que se pierden día a día, pero que no van a morir en tanto sigamos hablando sin miedo. Por eso hablo a los gritos.
    Hablo a los gritos porque creo en la unión.
    Hablo a los gritos porque así puedo comunicarme.
    Hablo a los gritos para invitar a los demás a unirse a mi conversación, porque no mezquino para nada mi palabra y mi oído.
    Hablo a los gritos porque tengo seguridad de lo que digo.
    Hablo a los gritos porque quiero que si me escuchan y me estoy equivocando me lo hagan saber.
    Y en último lugar, pero en principio también, hablo a los gritos sencillamente porque puedo.

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    1. Gracias a Dios que no te tengo de vecino..

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  11. Jajajajajajaja Me encanta, Gabriel. Fantástico.
    ¡Pedazo de ego!
    Lamento hacerte saber que, con esa presentación, me la trae al pairo lo que tengas que decir (tan importante, según tú). Si empiezas con una falta de respeto a personas que ni conoces, simplemente no me interesa. ¿Quién te dice que no hay cerca una persona, por ejemplo, con migraña, a la que tu importante mensaje taladra la cabeza y aumenta el dolor, o con sus propios problemas? (Sí, hay gente por el mundo con sus propias preocupaciones, que nada tiene que ver con lo que tú tengas que decir)
    En esa cena que mencionas, quizá otra persona tenía interés en hablar de otro tema. Pero tenía que prevalecer el tuyo ¿por qué, exactamente?

    Celebro no ser digna de escuchar tu mensaje.

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  12. ese tipo de gente a la que describes es a lo que yo llamo "los happy" o los "hakunna matatta" tienen un grave problema de adaptación al medio aunque parezca que el problema lo tenemos nosotros, ellos no sienten ni padecen, pero hacen sentir y padecer, yo tengo debajo de mi ventana un parking de propietarios con tres conserjes, hay dos que como la seda, educados y responsables, hacen su trabajo sin molestar, pero hay un tercero que necesita además destacar y ofrecer un exceso de servicialísmo que le lleva a tener que "a parte" de dar los buenos días, mantener largas conversaciones con todos los propietarios de las que parece sentirse muy implicado y comprometido, pero en realidad lo que hace es molestar, porque lo hace a voces y a cualquier hora del día, es como tener un loro en una jaula las 24h. Tiene una especie de código particular con los que son como él, que cada vez que entran y salen se despiden o saludan tocando el cláxon, en fin, sin más, desearnos a ti y a mi una buena lotería para poder irnos a vivir a lo más lejos posible de toda esta gente, porque cambiar, no van a cambiar.

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    1. Jajajaja ¡Me encantan esos motes!
      Y no me hables de conserjes... Que menuda tengo encima...
      Fíjate a qué punto de desesperación he llegado en algún momento, que, como tú, deseaba que me tocara la lotería para huir... O que les tocara a ellos, para que se fueran a vivir al Caribe... El caso es poder dormir y, ante todo, no enterarme de vidas ni conversaciones que me importan 3 pimientos ;)
      Ánimo con tu conserje ¿no has pensado escribir a la comunidad de vecinos para que le den un toque? Por lo general se lo pasan por el forro cuando se les da, donde no hay mata no hay patata, pero lo mismo tienes suerte...

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