jueves, 4 de octubre de 2012

Mi botón "secreto"

Bueno... "secreto"-"secreto" no es... Y desde ya digo que, a quien le guste la idea, la puede copiar sin problema... A mí me resulta práctica.

Todos tenemos gente en nuestra vida que, o no aporta nada, o lo que aporta no es agradable, interesante, productivo... ni positivo en ninguna de sus facetas. Y cada uno decide qué hacer con esas personas, qué puesto darles en su vida: enemigos, molestias, amargura... o hasta disfrute, que de todo hay en la Viña.

Hace ya un tiempo yo activé un botón dentro de mí que cierra compuertas. Cuando me topo con alguien así en mi vida, simplemente presiono y la compuerta se cierra (cuando me lo puedo permitir, claro).

Familiares, vecinos, amigos que desengañan o que simplemente van dejando de serlo, que la amistad no tiene por qué ser eterna...

Me gusta tener la relación más agradable o interesante posible con quien me relaciono, o al menos que esa relación aporte algo: no siempre es el dulce lo que ayuda a crecer. Cuando veo que no es así... a veces lo intento por otro camino, o a veces directamente "cierro compuertas". Según mis ganas, mi interés en la
relación en particular y otros muchos factores.

Que cierre compuertas no implica enemistad, odio, venganza, enfado ni nada. En realidad es exactamente eso: no implica NADA. Ni bueno ni malo. Simplemente, mantengo a esa persona fuera de mi vida (lo más "fuera" que permitan las circunstancias).
Curiosamente, me he encontrado con reacciones algo extrañas: a veces, una vez cierro compuertas, la otra parte me declara la guerra (a la que no suelo responder, ya no me merece la pena), o se dedica a intentar hacerme saltar, Dios sabrá por qué... ¿Qué interés pueden tener en ello? Bah, cosa suya.

Como experta cabezona, suelo tardar en tomar la decisión, a veces tengo que tener delante de mí un póster 3D que enumere los motivos por los que esa persona no me interesa en mi vida. A veces tardo demasiado. Hasta sufro en vano por ser lenta. Pero mis compuertas, una vez cerradas, es dificilísimo volver a abrirlas. Al igual que me cuesta decidir cerrarlas, me cuesta decidir abrirlas. Y si imperiosos tienen que ser los motivos que me lleven a pulsar el botón... mucho más imperiosos tienen que ser los que me hagan cambiar de idea, porque para cerrar compuertas tengo botón, pero volver a abrirlas... tiene que ser a pulso. De hecho, creo que sólo he cambiado de idea 2 ó 3 veces en mi vida.

A mí me funciona, me siento en paz: cuando decido que no me interesa seguir manteniendo el contacto con alguien, no me convierto en su enemiga, ni me peleo, ni me dedico a eternizar la relación puteándonos mutuamente y convirtiéndola en una guerra interminable. Eso supone un desgaste tremendo. No. Cuando veo que alguien no me interesa cerca, cierro compuertas, y a otra cosa, mariposa.

Ah, nuevamente quiero especificar (para evitar malos entendidos debidos a extrañas susceptibilidades) que este post no va dirigido a nadie en concreto. Es un tema del que he estado hablando con una amiga, y me ha apetecido escribir un post sobre ello. No es una indirecta para nadie.
Yo no envío indirectas: 
o digo las cosas directamente, o cierro compuertas.

1 comentario:

  1. No sé por qué me he imaginado que tus compuertas son como la nave de Darth Vader que se abren y se cierran a su paso. Claro que tu serías un Darth Vader rosita :P

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