martes, 6 de marzo de 2012

¡¡HE GANADOOO!!

Seguro que ha habido tongo, pero yo me voy a callar por la cuenta que me trae...

Así que, coincidiendo con la temática de la entrada anterior en este blog sobre "Las mejores historias sobre gatos", y juro por mis niñas que ha sido casualidad, mi relato "Secreto profesional" ha sido el más votado en la primera edición del concurso Besos de Gato (el nombre de la protagonista fue cambiado para mantener el anonimato, o algo). Así que me pongo la medallita, subo la cabeza hasta el límite del esguince cervical, y os lo cuelgo aquí, animándoos a participar en próximas ediciones del concurso (que es por una buena causa).

Espero que os guste a los que no lo hubierais leído:


SECRETO PROFESIONAL

Me llamo Noelia y soy enfermera.

Vivo con mis dos hermanas:
Mi melliza, que es cantante… de heavy, para horror de mis oídos cuando le da por componer o por ensayar… Con lo que me gusta a mí la música más comercial… no sé… Alejandro Sanz, Pereza, La Casa Azul… Pero hay que respetarla: es su pasión. Bueno, el heavy, y los macarrones. Le pierden.
Y la pequeña, que es… joven. Aún se está buscando. Y espero que se encuentre pronto, porque sé que en el fondo es buena chica, pero a veces le dan unos arranques… me desespera, y tengo que ponerla en su sitio.
A las dos las quiero mucho en el fondo, pero la convivencia no siempre es fácil.

Como os decía, soy enfermera. Y, modestia aparte… de las buenas, de las cotizadas. Y es que una tiene sus secretillos profesionales…
Cuando era muy pequeña estuve muy enferma. Y creo que de ahí salió mi vocación. Entendí lo importante que es que te cuiden bien en un momento delicado, y no sólo “técnicamente”… Ahí está mi táctica: los cuidados no se terminan con la medicación, los masajes o las terapias médicas… para cuidar bien a un paciente, hay que quererle. Cuando estamos enfermos, estamos en desventaja, y sentirte querido y protegido es muy importante. Que te cuiden distintas enfermeras a turnos no te da esa seguridad, y transmite precisamente lo contrario, es decir: yo voy a hacer mi trabajo técnico hasta que termine mi turno. Y después ¿qué? En las escuelas de enfermería deberían incidir mucho en empatía, en psicología… cosas que las máquinas no pueden hacer.
Ahora estoy cuidando a una chica que es un poco rara, pero generalmente no da demasiada tarea. Está sola la mayor parte del día, así que mis cuidados se basan en la compañía. Por lo general está tranquila, a veces hasta alegre (cantamos, y hasta algún bailecillo nos hemos echado)… Pero a veces se pone triste y necesita mucho cariño. Ahí le canto algo suave, e intento no dejarle pensar demasiado, distraigo su atención con varias técnicas que me voy sacando de la manga…
Tiene una enfermedad que afecta a sus articulaciones… es muy dolorosa, pero no es constante, tiene sus picos: cuando no está muy mal hace una vida medianamente normal, se vale por sí misma… Pero cuando le aprieta el dolor lo pasa bastante mal… Ahí también hay que distraer su atención del dolor: leemos juntas, o intento que se relaje y duerma…
Claro, con tanto cuidado hemos intimado, y me cuenta sus cosillas… cuando tiene un secreto, o cuando está contenta… cuando algo le preocupa (aunque esto suele tardar en contármelo), o cuando se siente triste… Pero sobre todo cuando se enfada… ahí ¡no hay quien la calle!
Le gusta mucho hablar por teléfono. Y de escuchar esas conversaciones también me entero de algunas cosillas. Aunque me hago la longuis, y como si no… Con el tema del teléfono tengo que regañarle a veces: abusa. Y claro, la postura no es buena siempre… y  no es bueno para su cuello. Y… bueno, para qué nos vamos a engañar, también es que yo entonces me aburro un poco…
Hay algo que no comprende: necesita reposo. Y tengo incluso que enfadarme con ella a veces, porque insiste en salir, durante todo el día en ocasiones, y ¡no es bueno para ella! Pero cuando se le mete en la cabeza, por más que le regañe, no hay tu tía: sale, y sale. Claro, luego vuelve hecha polvo. Cansada. Dolorida. Se quiere tumbar. Y ahí tiene que ir Noelia detrás con sus cuidados especiales, ¿no? ¡No hay derecho! Algunas veces, en estos casos, me hago la remolona: que aprenda a hacerme caso ya, hombre. Siempre termino por ir a consolarle, a darle cariñito… pero dejando constancia de que me tiene muy enfadada.
Algunas noches le aprieta mucho el dolor, y se despierta de madrugada. Sobre todo le duele la cadera en esas ocasiones. Entonces le acompaño a dar un pequeño paseo por la casa, para estirar la zona. Y de vuelta a la cama, con la mantita eléctrica, después de haber tomado algún analgésico. Y hasta que le hace efecto y puede volver a dormir, ahí está, leyendo. Es en esos momentos en los que tengo que aplicar mi técnica secreta. Es muy efectiva, pero como digo, es secreta… Así que la revelaré aquí, pero bajito, no se entere nadie más: consiste en aplicar calor corporal en la cadera y, hasta que se duerme, emitir un suave pero constante ronroneo.


lunes, 5 de marzo de 2012

Las mejores historias sobre gatos

Llevo una rachita... 
No sé si es por el brote, no sé si es por la gripe, no sé si es por el gobierno... el caso es que no me centro. Así, en varias cosas en general. Y a mi faceta lectora, pues también le ha pillado, claro. No iba a ser menos. También en esta faceta ha influido otro factor: el listón estaba MUY alto. Mis dos últimas lecturas (completadas) fueron de Terry Pratchett y de Carmen Martín Gaite. Y superar eso es difícil.

He dejado a medias (bueno, ni "medias", a primeras) un par de libros: "Gilead", del que leí unas 60 páginas, y que me aburrió soberanamente. La historia en la contraportada prometía, pero claro, así resumida. Cuando la contraportada se extiende sólo en texto, no en argumento... pues ya se puede escribir bien, que no hay tu tía: aburre.
El otro libro que he dejado ha sido "Gógol en el Palacio de El Pardo". Tenía buena pinta cuando lo compré, lo prometo. Tenia pinta de divertido. Un tocho de más de 1.000 páginas, ya podía serlo. O ameno, al menos... Pero no pasé de la primera parte (unas 60 páginas también). El caso es que no estaba mal, algo rimbombante la redacción, pero era parte del humor (aunque mucho seguido se hacía pesado). Pero cuando vi que iba a pasar las siguientes 1.000 páginas leyendo acerca de la desaparición de las partes pudendas de Doña Carmen Polo... se me hizo cuesta arriba. Como chascarrillo puntual, si está bien llevado, puede ser gracioso... basar el argumento de semejante tocho en este asunto... no lo vi nada atractivo. Y lo dejé. Quizá debí darle una oportunidad, quizá salvaba la situación honrosamente. Pero no era el mejor momento: probablemente en otra ocasión, cuando tenga más paciencia lectora.

El siguiente en la pila (es posible que estos problemas me vengan por mi rigidez en el orden de la pila) ha salvado la situación: "Las mejores historias sobre gatos", una buena recopilación de Siruela. Cómo no iba a leer yo este libro: impensable. Y no sé si son las mejores historias escritas sobre gatos, pero desde luego la mayoría son bastante, bastante buenas.

Destacaría, por su intensidad, "De cómo una gata hizo de Robinson Crusoe", de Charles G. D. Roberts; "El gato que caminaba solo", de Kipling, que habla de la "creación" de los estatus actuales de cada especie; "La infancia de la señorita Churt", de Buckley, por su sensibilidad en un ambiente "diferente"; y, por supuesto, "El paraíso de los gatos", de Émile Zola, del que no hace mucho hablé por aquí; y "El gato de Cheshire", de Lewis Carroll, que ya había leído en su momento cuando leí Alicia, pero esta vez me ha cautivado especialmente, y en uno de cuyos fragmentos me gustaría recrearme aquí:

- Minino de Cheshire -comenzó a decir tímidamente, pues no tenía ni idea de si le gustaría aquel nombre; pero el Gato ensanchó un poco su sonrisa. "Adelante, de momento está satisfecho", pensó Alicia, y prosiguió así-: ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo tomar desde aquí?
- Eso depende básicamente de adónde quieras ir -repuso el Gato.
- Me da igual ir a un sitio que a otro... -dijo Alicia.
- Entonces te vale cualquier camino -replicó el Gato.
-...siempre y cuando acabe por llegar a alguna parte -añadió Alicia a modo de explicación.
-Bueno, siempre acabarás por llegar a alguna parte si andas lo necesario -concluyó el Gato.
Como le pareció que aquello no admitía réplica, Alicia aventuró otra pregunta:
- ¿Qué clase de gente vive por aquí?
- En esa dirección -dijo el Gato, señalando con la pata derecha- vive un Sombrerero; y en esa dirección -levantó la otra pata- vive una Liebre de Marzo. Ve a visitar al que prefieras; los dos están locos de remate.
- Pero yo no quiero mezclarme con locos -le advirtió Alicia.
- Ah, eso no podrás evitarlo -repuso el Gato-, aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
- ¿Cómo sabes que estoy loca? inquirió Alicia.
- Tienes que estar loca -dijo el Gato-, para haber venido aquí.

En resumen, todos los relatos de este libro recogen la forma de ser de los gatos de forma maravillosa, muy precisa.

Por hacer la puñetada y ponerme un poco ñoña, diría que el que menos me ha gustado ha sido el último: "Espejo, el gatito", de Gottfried Keller, al que he encontrado demasiado enrevesado y no tan realista respecto al carácter de los felinos.

En resumen: un libro muy interesante, de lectura muy amena, y que recomiendo a los que les gustan los gatos y a los que no.



En todo este tiempo de abandono lector también ha habido lugar para el cómic, aunque sólo uno, que no he estado para excesos: "¡La crisis está siendo un éxito!", de Manel Fontdevila. 


Lo he encontrado divertido, muy acertado, conciso y muy afilado...

Me ha hecho especialmente un retrato de Cándido y Toxo, "Los sindicalistas", de los que pone (mientras intentan ahogarse uno a otro y también a ZP): "¡LUCHAN CONTRA EL GOBIERNO! ¡VIVEN DEL GOBIERNO! ¡NO SE PIERDA ESTE EMOCIONANTE COMBATE!" 

En general las tiras están bien, pongo por aquí otra "simpática"...


sábado, 25 de febrero de 2012

QUE APAGUÉIS LOS MÓVILES EN EL TEATRO

COÑO.

Por lo que tengo visto, pedirlo por favor hasta el momento no da resultado.



Anoche estuve viendo Shirley Valentine (sí, otra vez, ¿qué pasa? Es que es MUY buena). Y a lo largo de la representación, se escucharon hasta 5 móviles. Ya está bien. Y nadie dijo nada (yo me quedé, como siempre, con las ganas, pero no me atreví: todavía me hubieran contestado mal). Eso sí, el sonido (necesario porque ese teatro es muy grande) falló los últimos minutos del primer acto, la actriz subió su tono de voz, y sí hubo quejas de "¡No se escucha!". Para matarnos a todos.

Estoy convencida de que, si al primero que le suena el móvil le llega el conserje y le echa del teatro, los demás no hubieran sonado. 

Estamos por civilizar. Ya jode que suene el móvil en sitios como el cine (que hay hasta quien lo coge), donde perjudicas a todos los demás espectadores que han pagado una entrada, al igual que tú. Pero en un teatro estás, además, poniendo en juego la concentración de los actores, y encima en casos como éste, cuando es un monólogo, ya ni te cuento. Somos muy endebles con algunas cosas. Y ésta es una de ellas.

Me encantaría tener el coraje de, al próximo que le suene el móvil durante una representación teatral (que me lo cruzaré, estoy convencida), levantarme de mi asiento y decirle algo, o simplemente acercarme a su butaca y, para no joder aún más al resto, simplemente mirarle a 5 centímetros de su cara, con el bastón firmemente cogido. Pero no lo tengo. Una pena.

lunes, 20 de febrero de 2012

Sólo soy una persona

No sé si alguien recuerda o conoce la estupenda canción de Mecano con ese título... a mí siempre me ha gustado:


La recordaba el otro día a cuenta de una observación que me hicieron... En el momento no supe contestar... como siempre me pasa. De haber tenido más chispa (y menos vergüenza) hubiera cantado esta canción... Hubiera estado bien.

No soy un árbol. Eso es lo primero que quiero dejar claro. "Sólo soy una persona"; y por tanto tengo la facultad de cambiar de hábitat si el que tengo me es hostil, por ejemplo, o si simplemente me apetece. Mucha gente valora la inmovilidad: la casa de toda la vida, los amigos de toda la vida, la ropa de toda la vida, la música de toda la vida... Cueste lo que cueste. Ni siquiera se plantean si todo eso les gusta: no, es que es lo que tiene que ser. Y si ellos son felices así, pues ole.
En mi caso soy más culo inquieto:
Si parte de mi familia considero que no se porta bien conmigo, o simplemente no me gusta estar a su lado, pues tener lazos sanguíneos no quiere decir que estamos cosidos, oye...
Si tengo una oportunidad laboral, o personal, o me va más el clima de otra ciudad o incluso país, pues aunque haya vivido todo el resto de mi vida "aquí", ¿por qué no voy a ir? 
Si estoy rodeada de personas que no son mis amigas, o con las que no tengo demasiado en común (porque cada rama crece pa' un lao', por ejemplo), o con las que ya no me siento tan a gusto como antes... pues oye, no tengo por qué mantener la costumbre de estar con ellas, ¿no? Además, siempre me ha gustado conocer mucha gente, ir picoteando, cada persona es un mundo y tiene algo que descubrir, que ofrecer... algunas son (para mí) flor de un día, y otras no me cansarían en 3 vidas a su lado.
Bueno, y así respecto a casi cualquier aspecto de la vida que se pueda plantear.

Parece que el cambio implica que lo que se deja atrás se autodestruirá en cuanto nos demos la vuelta, es como si hubiera ese miedo. Y no, qué va. Y en algunos casos, aunque sea así no se pierde, para qué nos vamos a engañar. 
No implica que cualquier novedad sea bienvenida, o cualquier cambio hecho a ciegas... sólo un poquito de flexibilidad, especialmente en las áreas que no nos tienen muy contentos.
Avanzar siempre da miedo, el paso en falso, la incertidumbre del futuro... pero a mí me da más miedo pudrirme inmóvil (aunque algunos cambios, debo reconocerlo, me ha costado mucho tiempo decidir realizarlos y dar el paso).

domingo, 19 de febrero de 2012

Cuentos Completos de Carmen Martín Gaite

No sé por qué me he asombrado, porque no se podía esperar otra cosa, pero aún así, sólo puedo decir: 
QUÉ MARAVILLA DE LECTURA.

Especialmente los primeros relatos... Bueno, y los últimos, y los del medio... He disfrutado con estos cuentos... como cada vez que leo algo de esta mujer, qué narices. Sus novelas son profundas, aunque algunas puedan aparentar superficialidad. Pero sus relatos son intensos, te hablan de cosas muy cotidianas... ¡tremendas todas!

Por supuesto, los argumentos no lo son todo... la forma de escribir de Carmen Martín Gaite es embriagadora... es como oler una flor de aroma muy intenso, como probar un buen vino de Toro, como tocar arena de la playa con los ojos cerrados... Una gozada, vamos.
Un ejemplo:
"Uno no se explica por qué muchas veces que quiere gritar la voz no le viene; se le estanca como en las pesadillas, cuando lucha por despertarse, y en cambio un día, de repente con la mayor naturalidad, sin pretenderlo, sin que aparentemente haya cambiado ninguna cosa, la voz acierta a salir como por un grifo abierto y alcanza a salpicar vigorosamente a todas partes, y se ve lo fácil que era."

Tengo varios pasajes como éste marcados. Es algo que no suelo hacer, pero con este libro no he podido remediarlo... con post-it señala páginas y un lápiz marcando sólo el inicio y el fin de lo que quiero resaltar... porque esto es algo para coger de vez en cuando y volver a disfrutar... Es como tener en tu casa un ramo de rosas y no acercarte de vez en cuando a olerlas. Pecado.

lunes, 13 de febrero de 2012

No empieza muy bien la semana...

Espero que mejore, porque estoy, a primera hora del lunes, más quemada que muchos domingos.

Una de las cosas que me tienen quemada no tiene que ver directamente conmigo. Tiene que ver con una persona a la que quiero mucho. Alguien le está haciendo un daño irreparable, y me jode. Así de claro. Hay personas con muy "mala uva", que no reparan en el daño que hacen con tal de satisfacer su rabia... y su avaricia. Y si reparan en ello, les importa un pimiento.
Le han denunciado por algo que no ha hecho, pero como no hay pruebas ni testigos, y la otra parte sí ha presentado pruebas (falsas), pues lo tiene crudo. Y le puede amargar los próximos 5 años fácilmente. Y tendría que pagar una indemnización a la denunciante, que es lo que, me parece, le interesa.
Yo no estuve allí cuando pasó, pero pongo la mano en el fuego por que no fue como dice "la denunciante". Conozco a la otra persona. Y no es que no la crea capaz de semejante disparate. Pero sí tiene la honradez suficiente como para, en caso de haberlo hecho, dar la cara y contarlo. Y no ha sido así. No es perfecta, pero lo que desde luego no es, es mala persona. Cuenta con todo mi apoyo, y estoy intentando mandarle todas las buenas vibraciones posibles que, por desgracia, es lo único que puedo hacer por ella ahora.



Me da muchísima rabia tener las manos atadas. Tanto para evitar lo que probablemente ocurra, como para inflar (y esta vez de verdad) a la causante de tanto daño.
Sé que la vida se lo va a devolver, y que va a pagar lo que está haciendo... pero ¿quién borra lo que está pasando y, en caso de condena, va a pasar, la otra parte?
Me queman estas cosas, no puedo evitarlo.



El otro tema que me tiene en el disparadero viene del pasado pasadísimo.
Hace mucho, muchísimo tiempo, escribía. Y de estas que te crees que lo haces bien, y algunas personas te alimentan esa creencia, y te metes en el mundillo.
Bueno, entre otras cosas, participaba en una tertulia, que tenía una revista, "Trampolín". Ahí publicaba algunas cosillas. Peeeeeeeeeeroooo... A la hora de transcribir para edición, pues los responsables de la publicación hacían las modificaciones que se les ponían en la mismísima punta, y no consultaban. Y ahí aparecían, cosas que había escrito yo, pero que no eran lo que yo había escrito. Y firmado por mí.

El caso es que hay alguien a quien quería regalar algunas de estas revistas, a raíz de ciertas conversaciones que hemos tenido últimamente.
Y he seleccionado algunos ejemplares, y pensado "antes de pasárselas, voy a corregirlas, para que ponga lo que yo quería poner de primeras, no lo que se inventaron otros". Y estoy del hígado. De verdad. Releer esas correcciones, alguna de ellas realmente infame, me pone de muy mala leche. En algunas, quizá intentaban cuadrar la métrica (intentando pensar muy bien de ellos), pero en otras, da la sensación de que ellos hubieran querido escribir eso, y lo que hacen es dar su toque. Y me revienta. Sobre todo porque van firmadas por mí.

Pero bueno... tomaré tila, morfina y un par de patxaranes, y corregiré todas las revistas que aún me quedan. Así no me llevo otra vez este sofocón cuando quiera volver a echar mano de ellas.

Lo malo es que les prohibí expresamente, cuando por este motivo básicamente dejé el grupo, publicar nada más mío... pero alguien de mi entorno se erigió en mi representante por su cuenta y riesgo, y me da que permitió y hasta alentó que sí publicaran, ocultándomelo, por supuesto.

Intentaré no pensar demasiado en ello.

viernes, 10 de febrero de 2012

Dinero a mansalva



Un visionario. Este hombre es un visionario. Escribir en 2007 las causas y posibles consecuencias (¡y hasta posibles soluciones!) de la actual crisis económica es como para quitarse el sombrero (valga la redundancia). 


Mundodisco está evolucionando y creciendo, qué duda cabe. Y el trocito que se refleja aquí, es muy diferente al de los primeros libros, a pesar de la importancia en el argumento de la Universidad Invisible. 



Es una gozada contar con un mayor protagonismo del patricio, aunque el señor Doblado y los Espléndido no me han hecho especial gracia. Como personajes están bien, le vienen al argumento al pelo, pero no son especialmente hilarantes. Don Tiquismiquis sí me parece una aportación valiosa, mira tú por donde. Espero volver a encontrármelo por Mundodisco.

Me ha encantado, en la portada, el cameo de la Muerte. Genial.

Ahora, como siempre, a esperar pacientemente al siguiente...